REVISTA DEL DOMINGO

Domingo 24 de Mayo de 2009

ANTHONY ASAEL Y STÉPHANIE RABEMIAFARA:
El mundo con ojos de niño

192 países, 300 salas de clases, 160 mil fotografías y 18 mil dibujos es el balance de cuatro años de viaje promoviendo el intercambio cultural entre los niños del mundo. Una iniciativa de dos jóvenes que quedará plasmada en un libro con el que esperan recaudar los fondos para seguir educando a través del arte.

Por Andrea Vergara E.

La aventura de Anthony Asael y Stéphanie Rabemiafara comenzó en Chile, en 2004, cuando ambos decidieron dejar sus trabajos para recorrer el mundo durante cuatro años. Los dos eran grandes viajeros, habían estado en más de cincuenta países, y durante sus periplos les había llamado la atención lo poco que se conocen los países, incluso limítrofes. "Y que en vez de ser curiosos el uno del otro, se tengan miedo", dice Anthony, 34 años, belga, ingeniero comercial y fotógrafo, y un convencido de que ese desconocimiento es el origen de la intolerancia.

"Cada uno por su lado, siempre tuvimos la idea de hacer un proyecto en que pudiéramos mostrarle a la gente de un país cómo viven en otros países", cuenta Stéphanie, de 24 años, quien nació y vivió en Madagascar hasta los 18, cuando se trasladó a Bélgica para estudiar en la universidad. Entonces unieron experiencias, sueños y ahorros para crear la organización sin fines de lucro Art in All of Us (www.artinallofus.org). "Elegimos trabajar con niños porque tienen menos prejuicios frente a lo desconocido", explica Anthony. Fueron niños de entre ocho y doce años, "ya que es mucho más fácil trabajar con ellos que con adolescentes, ésa es su edad creativa, donde no tienen barreras como la timidez", agrega.

Durante casi un año prepararon el viaje y definieron un itinerario muy detallado, con visitas programadas con al menos tres o cuatro meses de anticipación y estadías cortas en cada lugar. Establecieron que visitarían los 192 estados miembros de las Naciones Unidas, que en cada uno de ellos asistirían a un colegio u orfanato para realizar talleres artísticos con los niños (a veces visitaron más de uno), que viajarían juntos a todos los destinos a menos que por razones de fuerza mayor (falta de presupuesto o problemas para conseguir visa) tuvieran que separarse, que dentro de las regiones se movilizarían por tierra para abaratar costos, que su presupuesto diario por persona sería de diez dólares (incluyendo comida y alojamiento) y que, al final del viaje, publicarían un libro con la experiencia. La Fundación América, institución que impulsa iniciativas culturales y que es presidida por el fotógrafo Roberto Edwards, se comprometió a auspiciar su diseño.

Antes de partir mandaron más de 600 cartas a empresas e instituciones en busca de financiamiento. Pero les fue mal. "No creyeron que fuera un proyecto posible, era algo muy grande", recuerda Anthony. De todas formas decidieron partir, tenían sus ahorros de diez años de trabajo y la confianza de que en el camino conseguirían apoyo. La Unicef fue de gran ayuda en la tarea de contactarlos con algunos colegios y se hizo cargo del envío de todo el material que fueron recopilando –miles de dibujos y poesías– hacia Chile, país en el que se diseñó el libro, que estará disponible en noviembre en francés y, el próximo año, en inglés.

"Cientos de voluntarios en el mundo nos ayudaron a recaudar fondos o fueron traduciendo las poesías. Voluntarios que llegaron a nuestro sitio web, a los que no conocemos y ni siquiera hemos visto", destaca Stéphanie.

"Cuéntame sobre tu país"

A través de un taller de fotografía, dibujo y poesía, la pareja invitó a más de 18 mil niños a contar cómo es su país y cómo viven. Cada taller terminaba con un juego en que les mostraban el material recopilado y los niños tenían que adivinar de qué países se trataba.

"Muy rara vez presentaron a su país de manera pesimista. En general, fueron súper positivos", dice Stéphanie. "Me sorprendió mucho que en Tuvalu, por ejemplo, una isla perdida en el Pacífico en que no había nada, ellos escribieran: nuestro país es genial porque tenemos todo lo que necesitamos".

En países africanos, con fuertes campañas contra el sida, o en Afganistán, donde se combate duramente el cultivo del opio, los niños hablaron de eso en sus trabajos. Uno dibujó la flor del opio y una mano con un lápiz empuñado como arma. "Algo muy simbólico, como que la cultura viene a matar los cultivos del opio", reflexiona Stéphanie.

De Sudamérica recuerdan la especial relación que percibieron entre los niños y sus profesores. "En otros países es un trato muy jerárquico, pero en este continente no", dice Anthony. "Aquí los abrazaban, les decían profe, y eso nunca lo habíamos visto".


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República de Sudán fue el último país africano que visitaron. Esta imagen es de junio de 2008.
República de Sudán fue el último país africano que visitaron. Esta imagen es de junio de 2008.


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