REVISTA DE LIBROS

Domingo 24 de Febrero de 2008

Superior por donde se mire


Estelario es un libro mayor de la cultura y de la poesía chilenas. Una obra superior por donde se la mire. Un "otro" idioma implacable que se afina en nuestros huesos y nos dice nuestras búsquedas. Escrito de cara al mar, registra las estelas de nuestra sensibilidad y los bandazos de nuestros vuelos y caídas. Sí, lo leo como un libro nacional, lo escucho como una enorme sinfonía interpretada en los abismos y en las alturas del país con los instrumento de nuestros delirios y desgracias. Incluso cuando el poeta habla de sus amigos, habla también de nuestro destino, incluso cuando elabora su propio dolor levanta también nuestras pérdidas, y se convierte así en trasunto de nuestro propio idioma deseado. Consolídase entonces lo que Waldo Rojas le pide a la escritura: ser el "lugar" mismo del pensamiento, una lengua que dice lo que no sabe decir, una especie de "voz de todos" por la que se derrama y desborda una identidad, una clave secreta que de repente se nos devela. Léase al respecto este esclarecedor poema: "PUEBLO DE CHILE. Es un pueblo muy extraño / de casas sin ventanas / en que la luz entra por la puerta // La hospitalidad es necesaria // Porque sólo cuando alguien llega / los que están adentro / pueden verse unos a otros / en la casa del chileno". Así, el mejor texto del libro, "A una ciudad de palomas", un poema largo y hermoso, se erige en mi conciencia y en mis músculos y en mis nervios y en mis glándulas... como una enorme metáfora del devenir nacional, como un tropos de nuestros vaivenes, de nuestras vagancias y de nuestros anclajes históricos, al mismo tiempo que como una estremecedora cartografía de todo mi itinerario personal: "Cada paloma en la bandada / tiene, tras los ojos, seis alas: / tres blancas, una negra, una tullida / y una que es de todas / que es la quilla de la bandada. / Cuando una paloma pierde / la quilla en pleno vuelo / tropieza consigo misma / se va a pique, toca fondo / y en su cuerpo se ahoga". Como se ve, estamos en presencia de la precisión, de esa exquisita escaramuza verbal que consiste en poner a hablar al idioma en otro idioma, pero manteniéndonos a flote en sus nuevos significados, insertos en esas inaugurales y recónditas profundidades de las palabras, con el oído pegado con asombro a sus nacientes latidos vitales. Se cumple aquí toda la vocación final de las estéticas enunciada por Blanchot: "La obra es obra sólo cuando deviene la intimidad abierta de alguien que escribe y de alguien que la lee, el espacio desplegado por la contestación mutua del poder de decir y del poder de oír".

"En 2005 -como dice Leonidas Emilfork en el Postfacio- (a Balcells) la muerte se (le) precipita en sus pulmones" y, por lo tanto, esta obra es póstuma. Sin embargo, nadie está más vivo que él. O como dice el propio Balcells: "De la muerte de uno / nace todo mi además".

Finalmente, destaco el excelente trabajo de edición y producción de Martín Gubbins, Leonidas Emilfork y Beuvedráis, porque un poemario como este se merecía todo el cariño y oficio aquí desplegados.

Ignacio Rodríguez

EstelarioIgnacio Balcells

Beuvedráis Editores, Santiago, 2007, 180 páginas, $7.000

Poesía


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