EDITORIAL

Lunes 21 de Enero de 2002


La casa del escritor

Junto a un par de personas, entre ellas un profesor español de visita en Chile para dictar un seminario sobre Heidegger, estuve hace muy poco en Valparaíso. Durante todo el día paseamos por los lugares más típicos del puerto, incluyendo un almuerzo en el célebre café Turri, una navegación por la bahía e innumerables subidas y bajadas en los tradicionales ascensores de la ciudad.

Pero el viaje a la costa no acabó únicamente allí, puesto que, por esos azares del destino, coronamos la jornada en Quintay, en la residencia de Ignacio y Jacqueline Balcells, conocida con orgullo por todos los habitantes de la zona como la casa del escritor.

Fuimos cálidamente acogidos por los dueños de casa y la conversación, al ponerse el sol, transcurrió contemplando una impresionante vista del mar y de la caleta de Quintay, un marco realmente hermoso en un entorno de gran tranquilidad natural.

Era un instante que bien merecía detenerse, al igual que todos los momentos en que la vida adquiere encanto y trascendencia. Y el hogar del escritor de Quintay invitaba a permanecer por mucho tiempo, quizás porque las personas que viven retiradas en el silencio, consagradas a la reflexión y a la creación, favorecen aspectos esenciales de una existencia propiamente humana.

Ésa es una morada hecha de libros y sencillez, la misma que permite prescindir de elementos innecesarios. En ocasiones, sin buscarlo, nos hallamos con algunos individuos más callados que poseen un peculiar talento: que nada les sobre excesivamente.

RODERICUS




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