REVISTA DE LIBROS

Sábado 8 de Diciembre de 2001

Escritores viajeros
El misterioso llamado del mar

Desde siempre, las intrincadas costas y las inmensidades oceánicas han inspirado a la literatura. En Chile, Ignacio Balcells, con su reciente publicación de "La Mar", se inscribe en esa tradición.
Con el libro La Mar (Andrés Bello, 2001), Ignacio Balcells retoma la posta literaria de los viajes marítimos, tanto chilenos como universales. Famosas son las descripciones del italiano Antonio Pigafetta sobre los Gigantes Patagones y sus costumbres, volcadas en su obra Primer viaje en torno al globo, a partir de la vuelta al mundo que realizó junto a Hernando de Magallanes entre 1519 y 1522. En el texto - traducido al español por José Toribio Medina, en 1882- se puede leer: "(Magallanes) había resuelto abrirse un camino que ningún navegante había conocido hasta entonces; pero se guardó bien de dar a conocer este atrevido proyecto...". Así, la aventura siempre es, en primer lugar, un secreto. Charles Darwin también dejó plasmado su paso por los mares de Chile, realizado entre 1832-1835, en el libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo.

Sin duda, Balcells ha incorporado esta tradición a su vida y en sus libros, los que hablan fundamentalmente de su relación con el mar, ya sea a bordo de un barco por los distintos mares del mundo o recorriendo caletas ignotas de nuestro litoral.

En esta bitácora de viaje que Balcells tituló como La Mar, escrita a bordo de una camioneta denominada "concha" - pues en ella el autor escuchó los ecos del Océano Pacífico al recorrer la costa nacional- , encontramos pasajes alusivos al hundimiento del navío Wager, hecho ocurrido en 1741 al Sur del Golfo de Penas y narrado luego por John Byron en sus memorias de aquel viaje, El naufragio de la fragata Wager. También hallamos capítulos olvidados de la literatura chilena, como es el caso de Mar hondo (1949), de Sady Zañartu, que Balcells cita para continuar dialogando con narraciones que lo han acompañado durante años. Lo mismo hace con los testimonios de los navegantes del siglo XVIII que recorrieron las zonas australes, por ejemplo, al insertar pasajes del Diario de exploraciones, del español José de Moraleda, quien describe la ruta de los canales del Archipiélago, en el año 1793.

La travesía, tras los preparativos en Santiago, prosigue en el norte del país, donde conoció a payadores, poetas populares y pueblos fantasmas de la época esplendorosa del salitre. Siempre yendo de caleta en caleta, el recorrido se interna después en la zona sur y al final concluye en Rapa-Nui. En medio de su viaje, Balcells se pregunta: "¿Quién sabe hoy que al descanso de la marea, cuando el agua deja en descubierto la playa, se lo llamaba descarnar? ¿O que a la línea de flotación de las embarcaciones se la conocía por la lumbre del agua? (...) Tenemos una tradición marina, y aun una tradición marina principal. Pero si la poesía ha desamparado el mar, ¿cómo va a dejar de ser una pura suma técnica el depósito inmenso de cartas, bitácoras, derroteros, tratados, artes, regimientos, etcétera? ¿Quiénes van a hacer de esa masa alimento de la fantasía marina que nos falta?".

El libro es una especie de poliedro frente al mar que nos permite diversas lecturas. Por lo mismo, no sólo se encuentran rasgos biográficos del autor y detalladas descripciones de geografía, en los casi 200 capítulos que contiene, sino también hallamos formas y costumbres de vida que aún resisten a la tempestad del tiempo.

Chile, el mar y el hombre

No es difícil encontrar antecedentes de Balcells en autores chilenos. Benjamín Subercaseaux (1902-1973), otro de nuestros escritores dotados de sensibilidad marítima: "El hombre tiende a olvidar el mar que le sabe a espíritu y prefiere adentrarse en la tierra, que imagina sólida y tibia como su propio cuerpo".

Miguel Serrano, en virtud de su poética del inconsciente, se volvió al mar. Siguiendo la ruta de los primeros exploradores españoles y holandeses, quienes en el siglo XVI se enfrentaron a lo desconocido en nuestras costas australes, se embarcó en 1947 en la ya mítica segunda expedición nacional al continente Antártico, a bordo de la fragata "Covadonga", episodio que después inspiró su libro Quién llama en los hielos (1957).

Serrano cuenta: "En la Antártica fue donde experimenté por primera vez la soledad. Una soledad que no era producida por lo externo, sino que provenía del interior. Cuando llegué a la base O' Higgins, ya en el interior del continente helado, me dirigí hacia la planicie congelada a enterrar un mensaje para los sobrevivientes de una edad perdida".

Entre los escritores del mar, otro sintió el llamado de los océanos australes: Salvador Reyes (1899­1970). La jornada de Reyes fue a bordo del petrolero "Maipo". A través de su bitácora, fechada día a día y publicada en 1956 con el título de El continente de los hombres solos, reconstruye la historia de los lugares que va descubriendo y de los navegantes que antes emprendieron el trayecto. Cuando cruza el Círculo Polar, intenta imaginarse a los antiguos viajeros desconectados de la civilización durante meses, o incluso años, y evoca el Sortilegio del Polo Sur, que, según él, ha fascinado a tantos "valientes capitanes".

En suma, tanto en Serrano como en Reyes, la clave es la relación del mar con el lenguaje. Y tal vez porque es una travesía que nunca acaba, su eco ha surgido continuamente en nuestra literatura, como en Francisco Coloane, Augusto D' Halmar o Luis Enrique Délano, por mencionar a algunos más. A esta destacada lista se suma ahora Ignacio Balcells.


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Escritores del mar.-  Ignacio Balcells ha incorporado esta tradición en su vida y en sus libros.
Escritores del mar.- Ignacio Balcells ha incorporado esta tradición en su vida y en sus libros.
Foto:El Mercurio


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