VIDA CIENCIA TECNOLOGÍA

Viernes 6 de Agosto de 2010

El real riesgo de la huella virtual:
Lo que las personas muestran de su vida en la red queda grabado para siempre

La imposibilidad de borrar los archivos que se suben a internet a lo largo del tiempo abren el cuestionamiento sobre qué sucede con la privacidad.  
Gabriela Bade y Amalia Torres Nombres completos, teléfonos, direcciones, fotos e información de los amigos. Los datos de cien millones de usuarios de Facebook quedaron al descubierto luego que la semana pasada un experto en seguridad los dejara al alcance de todos.

Su fin era demostrar que las personas no son cuidadosas con su privacidad: permiten que el resto vea sus perfiles y obtenga información privada tanto suya como de sus amigos. Y parece que tenía razón.

El ánimo de compartir experiencias en las redes sociales y estar en línea permanentemente, tienen a la red llena de información. Esta puede hacer que más de alguno se arrepienta de haberla subido. Los datos que se llevan a la web son como un tatuaje: no desaparecen nunca y en cualquier momento pueden ser usados en su contra.

¿Un ejemplo? A un psicoterapeuta canadiense se le cerraron (y para siempre) las puertas de Estados Unidos porque en internet había un artículo suyo de hacía 30 años en el que hablaba de su experimentación con LSD. También hay casos de personas que son despedidas de sus trabajos por fotos poco decorosas en Facebook, o por comentarios inapropiados en Twitter.

"Hay que aprender a vivir en un mundo en el que no vamos a poder borrar nuestra huella digital. Pero diría que es una característica más bien positiva que se pueda saber la historia de cualquier persona en forma rápida. Antes se podía controlar y ocultar información, hoy no. Es una oportunidad para ser una sociedad menos hipócrita y aprender a aceptarnos con todo lo que hemos hecho", dice José Miguel Piquer, académico del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Chile.

Soledad Ferreiro, directora de la Biblioteca del Congreso Nacional, también cree que no es tan malo el lado perenne de la vida digital. "Lo bueno de que no se pueda borrar lo que se sube a internet es que las sociedades pueden reconocer su historia. Hay una democratización de la información". Sin embargo, agrega, es importante tener claro cuál es la fuente de los datos.

La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos también parece valorar el registro y, de hecho, anunció que guardará todos los twitteos que se hayan posteado desde la apertura de esta red de microblogging, en 2006.

Y aunque los riesgos son reales, Piquer defiende la tecnología y dice que prefiere que exista, a restringir su uso sólo porque puede ser mal utilizada. Sin embargo, advierte, es clave que las personas piensen mucho lo que van a subir a la red. "A mis hijos siempre se los digo, aunque sé que no les importa mucho el futuro por ahora".

Con él coincide el abogado Rodrigo León, quien apunta que es responsabilidad de cada usuario leer a conciencia los contratos de privacidad de las redes sociales, por ejemplo.

Otro problema para mantener la privacidad es cuando una persona sube información o fotos de un tercero. De esos límites es que internet todavía parece no hacerse cargo.

"La ley sobre protección de datos personales establece que las personas deben autorizar el uso de ese tipo de información, pero también que si los datos personales están en una fuente de uso público ese derecho está restringido", explica el abogado Rodrigo León.

Defensores virtuales

La desprotección que rige hoy en internet está provocando que surjan instancias para defender el honor de las personas.

En Estados Unidos, por ejemplo, existe el proyecto Reputation Defender ( www.reputationdefender.com ), que rastrea en la web las informaciones que ofendan a una persona, y se contacta con los sitios aludidos para pedirles que las retiren. Además, puede bombardear con información positiva de una persona y hacer que sus aspectos negativos sean difíciles de encontrar en una búsqueda de Google. Eso sí, el servicio es pagado y cuesta desde 14,95 dólares mensuales.

En Argentina también existe una campaña por la caducidad de la información en internet. Se llama "reinventando el olvido" (http ://por-el-olvido.wikispaces.com/ ) y busca que las informaciones de la web "tengan fecha de vencimiento, como la leche".

 ResponsablesLos jóvenes de entre 18 y 29 años están más conscientes sobre qué compartir en sus perfiles online que las personas mayores, según una investigación del Pew Research Center (EE.UU.). Borran los posteos indeseados, sacan sus nombres de fotos que les parecen inadecuadas y ven con quién comparten tal información.



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