DEPORTES

Sábado 11 de Julio de 2009

El sorprendente dueño de Unión Española:
El Florentino Pérez de Independencia

¿Cómo un principiante en materias futbolísticas lleva a un equipo al borde del descenso hasta pelear el título en menos de un año? Pues pensando como el presidente de Real Madrid, inspirándose en Villarreal y gastando plata, mucha plata. Esta es la trama desconocida de por qué la historia de Jorge Segovia, el enésimo mecenas que aparece en el balompié chileno, puede terminar bien.  
Rodrigo Fluxá N. No es llegar a Madrid y reunirse con Florentino Pérez, pero a Jorge Segovia le hizo falta un par de llamados y, poco después de decidirse a comprar Unión Española, visitó al presidente de Real Madrid durante casi dos horas en su despacho.Muy reservado, el mandamás rojo dice que no reproduce, por ética, sus conversaciones privadas, pero no hay que ser un genio para adivinar el tono de la charla que sostuvo con el timonel merengue.El presidente de Unión Española se declara un admirador del estilo agresivo de negocios que Pérez ha impuesto en el fútbol y que tiene revolucionado al mercado europeo."En su primer mandato, llevó al equipo de facturar 130 a 500 millones de euros al año, gracias a contrataciones como las de Zinedine Zidane y Ronaldo, posicionando al Madrid como la marca más reconocible de España. Y ahora, por ejemplo, reúne a 90 mil personas en la presentación de Cristiano Ronaldo y pone a la venta 250 mil camisetas. Apuesta en grande", asegura.El jerarca rojo cuenta que Pérez conoce el caso de Unión Española y que tratará de concretar una visita de Real Madrid a Chile. No se ufana de su nivel de contactos, pero es la prueba patente de un triunfo familiar: sus dos abuelos eran profesores de clase media en un pequeño colegio madrileño inaugurado en 1898 con el nombre de SEK (San Estanislao de Kostka). Cuando el propietario decidió cerrar el establecimiento, los Segovia invirtieron todos sus ahorros y lo compraron para evitar quedar en la calle.Eran años duros para la familia, y empeoraron con la Guerra Civil: Felipe, padre del hoy presidente de Unión, tuvo que ir al frente por tres años a alfabetizar, y su mujer se quedó en casa tratando de mantener el negocio a flote.Al término de la guerra, el SEK fue de las pocas entidades que recibieron a profesores de izquierda, ganando cada vez más fama en España por los buenos resultados de sus alumnos. El padre inició la expansión del negocio en Madrid, hoy convertido en un imperio educacional que tiene universidades y colegios en más de diez países, y con inversiones avaluadas en cientos de millones de dólares.Jorge Segovia estudiaba historia del arte a fines de los setenta cuando su progenitor sufrió un infarto, por lo que tuvo que dejar la universidad y liderar los negocios de la familia. Salvó la situación y en 1982 se embarcó en un proyecto personal: internacionalizar la marca SEK. Eligió Chile para empezar, en la primera de las casualidades que lo llevarían a ser el timonel de Unión: el embajador chileno en la capital hispana tenía a sus hijos en el colegio de los Segovia y les recomendó probar suerte en estos pagos.Una herida abiertaEn pleno gobierno militar, sus primeros años en el país fueron difíciles, pues coincidieron con la crisis económica del '82. Por aquel tiempo, iba y venía desde España. Nacido en el seno de una familia con intereses más bien culturales, su relación con el fútbol se reducía a un par de asistencias como espectador al Santiago Bernabéu y al Camp Nou.Por lo mismo, cuando a comienzos de los noventa, residiendo en Santiago y habiendo fundado la primera universidad del conglomerado en el país (1990), visitó el Santa Laura y la impresión no fue de las mejores. De hecho, en los ocho años siguientes apenas volvió dos veces.En ese lapso tuvo sus hijos en Chile y monitoreó desde el país el crecimiento de la empresa, que abrió centros educativos en latitudes tan disímiles como Hungría y República Dominicana. Entonces vivió, también, uno de sus momentos más duros: el diario El Mundo publicó un reportaje sobre una "guerra" entre él y su padre (Felipe) por el control de las siglas de la compañía y las inversiones en España. La herida aún no cicatriza para el dirigente de Unión: "Estuvo todo sacado de contexto, no hubo ninguna guerra con mi familia. Demandé al diario. La información fue completamente falsa. Se retractaron", advierte Segovia.El artículo del periódico detallaba una disputa judicial entre ambos y citaba a una vocera de Felipe Segovia, la que hablaba de una "usurpación del nombre" de parte del hijo.El reputado periodista de El Mundo José Manuel Vidal llevó la investigación: "En ese punto no se hablaban. Había una odiosidad de ambos lados. El periódico jamás tuvo que retractarse, porque todo lo que aparecía era verdad. Hablé con el mismo Jorge. No eran muy conocidos en España en ese entonces, pero el enfrentamiento del padre con el hijo llamó la atención", rememora.Lo concreto es que la empresa SEK está separada en dos independientes: la de Jorge, que incluye los negocios del exterior; y la de su progenitor, en España, conducida por su única hija: Nieves.Felipe no quiere hablar de Jorge: consultado por "El Mercurio", el departamento de comunicaciones de su empresa emitió la siguiente respuesta: "Sobre la organización en Chile no hacemos declaraciones, ya que funciona como empresa diferente".Así llega a UniónEn plena disputa familiar, Segovia dejó Chile en 1998 para ir a vivir durante diez años en Boca Ratón (Florida, EE.UU.), donde inauguraría otro colegio. Se adaptó rápido a Norteamérica, pero como él mismo cuenta, todo cambió después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York."Los extranjeros empezamos a tener muchos problemas, a ver malas caras. Eran detalles: no me querían renovar la licencia de conducir o cada vez que entraba me preguntaban a qué venía, teniendo visa de trabajo".El año pasado regresó a Chile, y de nuevo a radicarse. A los pocos meses, durante un almuerzo, un contertulio le comentó sobre el delicado presente de Unión Española, que entonces estaba declarada en quiebra. Segovia preguntó quién estaba a cargo y se topó con el nombre de Salvador Calera, a quien conocía de sobra. De hecho, le había vendido un departamento antes de trasladarse a Estados Unidos."Cuando nos reunimos pensamos en un auspicio de la universidad o que comprara un número de acciones, pero él quería comprarlas todas", recuerda el ex regente.Los dirigentes de Unión chequearon sus antecedentes y se sorprendieron: un año antes había vendido el 80% de su universidad en Segovia (España) en 46 millones de euros. Liquidez no le faltaba. Se aseguraron, además, que su interés no fuera sólo una excusa para adquirir los terrenos de Santa Laura, como ocurría con otros interesados. Por lo mismo, entregaron en concesión el estadio, con una opción de compra recién a partir del undécimo año. Segovia dice que no sabe que hará en una década más, pero que lo lógico sería comprarlo."La negociación fue corta. Se estableció en 2.500 millones de pesos. La única condición que puso es que no quería hacerse cargo de ninguna deuda del club (que ascendían a los 3.500 millones)", recuerda Alfonso Lobato, mano derecha de Calera, quien tuvo que pedir un préstamo personal por casi 400 millones para cumplirle a Segovia. En ese punto, la apuesta del comprador parecía comercialmente inexplicable para un hombre muy hábil en los negocios. ¿Por qué tomar una empresa que había generado semejante hoyo? Él quería, antes que nada, posicionar a la universidad en el grueso del público, una de las tareas incompletas de su gestión. Acertó medio a medio: según un estudio que encargó, el nivel de reconocimiento a la marca SEK subió de 4 a 68 por ciento. Y eso antes de la actual campaña de los rojos. Las matrículas aumentaron en 2.100, lo que puede, o no, tener relación con el fútbol, pero sí representa ingresos.El aprendizajeSegovia se preparó. Viajó incluso con la selección chilena a España para ver, in situ , cómo funcionaba su otro gran espejo: Villarreal. "Si no hubiese pensado en grande hace diez años, no estaría jugando la Champions League", dice.Su aterrizaje no fue sencillo. Con un estilo personalista, se metió de cabeza en un negocio del que no conocía las particularidades.Su primera decisión fue contratar a Jorge Garcés como DT, pese a ser resistido por los hinchas, por recomendación de los antiguos dirigentes."Era un caballero y aunque sabía muy poco de fútbol no se interponía en nada. De hecho, me ofreció sacar a dos o tres jugadores emblemáticos pero conflictivos, y yo no quise. Quizás fue mi gran error", dice hoy el técnico, aún cesante tras su traumática campaña."Su contratación fue claramente un error", admite Calera. "Pero no es para culpar a Jorge: al comienzo todos los empresarios cometen equivocaciones cuando empiezan en un ámbito nuevo. Aprendió mucho de esos meses", añade.Garcés trajo diez futbolistas nuevos. Todos sabían que había dinero fresco y un patrón sin las mañas de los dirigentes más antiguos. Y todos, obviamente, intentaron sacar una buena tajada: el plantel, de hecho, se resintió con las diferencias de sueldo entre los recién llegados y los que estaban de antes. Los representantes también olfatearon e intentaron pasar goles: "Hubo incluso una charla en el plantel en la que alguien del cuerpo técnico dijo textual: 'Acá hay mucha plata y tenemos que aprovechar mientras dure'", revela una fuente que vivió de cerca ese fracasado proceso.El ex seleccionador nacional naufragó en medio de rumores de motines del plantel. Lo que más enojó a Segovia fueron los actos de indisciplina, incluido uno vergonzoso, que incluía una historia de jugadores pasados de copas orinando en las bañeras de hidroterapia recién instaladas en el remozado Santa Laura, una afrenta directa a los nuevos tiempos en Plaza Chacabuco. La situación atentaba directamente a la imagen de seriedad con la quería relacionar a la universidad. Dos deportistas fueron despedidos en una medida ejemplarizadora. "A la larga no estuvo mal, rayamos la cancha sin contemplaciones", valora el presidente.Contra la violenciaEl mandamás de Unión no ve necesariamente como algo malo su ignorancia en los "códigos del fútbol". Está convencido de que, en el fondo, es como cualquier otro rubro.Su bandera a largo plazo es la erradicación de las barras bravas. Las considera grupos de "delincuentes, salvajes y culpables de que el negocio del fútbol no despegue". Cuando amenazó con disputar la final sin público realmente lo consideraba. O ahora: dejar sin estadio en Santiago a la Universidad de Chile, no es una venganza por los escupitazos que recibió en Santa Laura, es más bien una lección.En el amplio universo de sus inversiones, Unión representa un porcentaje bajísimo, aún cuando haya subido la plantilla casi al triple, sin perjuicio de que él sólo reconoce que la aumentó en 70 por ciento.Seguirá siendo un negocio menor aún cuando realice su último plan: hacer de Unión el Real Madrid de Chile, llenándolo de estrellas que supongan beneficios más allá de los futbolístico. Estudió la viabilidad de levantarle al Udinese a Fabián Orellana, le entregó un cheque en blanco al agente de Waldo Ponce y llamó al directivo de Villarreal José Manuel Llaneza para conseguir el préstamo de Matías Fernández."Me lo dijo: si era necesario gastar dos o tres millones de dólares en un jugador joven, lo iba a hacer", confiesa Calera.Por ahora, los tres futbolistas aludidos dieron las gracias y le respondieron que no: que Unión no estaba en sus planes cercanos. Pero Segovia, en alguna de sus oficinas, ya piensa en el próximo paso. Y lo piensa como le gusta: en grande.10 milLos dólares mensuales de sueldo de Raúl Estévez el mejor pagado del plantel."Dicen que Garcés no cumplía con el perfil universitario, pero cumplía con el de obtener resultados a un corto plazo"."Tengo una gran simpatía por Florentino. Admiro mucho su gestión en Real Madrid"."Unión no es un hobby . Coleccionar estampas sí lo es"."Unión estuvo a un centímetro de irse a la Primera B. Con variantes así, cuesta mucho planificar a largo plazo en el fútbol". 

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<STRONG>Su primera apuesta</STRONG> como DT fue Jorge Garcés, quien fue despedido en el Clausura 2008. Luego, vino un repunte notable.
Su primera apuesta como DT fue Jorge Garcés, quien fue despedido en el Clausura 2008. Luego, vino un repunte notable.
Foto:cristian soto


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