REVISTA YA

Martes 20 de Abril de 2010

Directora de presupuesto:
Rosanna Costa: La mujer de las finanzas chilenas

Siempre ha cultivado un perfil bajo, pero logró ganarse la extrema confianza del Presidente Sebastián Piñera. Y tras años detrás de las bambalinas de la gestión de las políticas económicas del país, asumió uno de los cargos de mayor responsabilidad del momento. Detallista hasta el exceso y transversalmente respetada, Rosanna Costa es considerada una de las economistas que más saben de temas presupuestarios. Hoy, sin embargo, enfrenta un gran desafío: demostrar que también puede influir en el mundo político.  
Por Daniela Mohor W. Fotografías: Carla Dannemann. Maquillaje: María José Larraín. En su casa, Rosanna Costa tiene tres cuadernitos café que conserva como verdaderos tesoros. Son pequeños, tienen la tapa corrugada, están unidos por pequeños espirales, y una caligrafía infantil llena sus páginas. Ahí, en esos tres libritos, no hay cuentas ni balances contables. Tampoco hay planillas Excel ni cartas Gantt. Pero sí hay medidas: las que requiere la mejor receta de lasaña de su abuela, el risotto que preparaba su mamá o la malaya heredada de su bisabuela.

-Son recetas de tradición familiar. Cosas que aprendí a hacer con mi mamá y que ella aprendió de mi abuela. Las cocinábamos juntas y yo las copiaba en esos cuadernos. Me gustaba mucho cocinar y lo hice hasta después de que me casé. Ahora esos cuadernos son más bien un recuerdo -dice la nueva directora de Presupuestos, sentada en su amplia y luminosa oficina del Ministerio de Hacienda.

Hace muchos años que Rosanna Costa ya no cocina. No le alcanzan las horas del día. En las estanterías que bordean su escritorio, informes de finanzas públicas, libros de estadísticas, el macizo bloque de la Ley de Presupuesto 2010 y fotografías de su marido y de sus dos hijos, en todas las edades, llenan las repisas. Hace poco más de un mes, esta economista de la Universidad Católica, conocida por su manejo acucioso de los temas presupuestales, se convirtió en la segunda mujer de Chile (la primera fue Victoria Arellano a fines de los 60) en asumir éste, uno de los puestos de mayor responsabilidad del gobierno. Y desde entonces, su ritmo de trabajo, habitualmente intenso, se ha hecho más pesado aún. Sus jornadas comienzan antes de las ocho de la mañana y se han prolongado muchas veces hasta pasada la medianoche. La premura de la reconstrucción después del terremoto obligó a un reajuste en el presupuesto nacional, que contempla incluso una alza de impuestos. Nada que le quite el sueño a Rosanna Costa.

-He dormido bien, pero han sido hartas horas de trabajo -dice-. Había un determinado programa de gobierno, que habíamos estudiado, que venía hecho, que estaba evaluado y calendarizado. Y todo eso tuvimos que revisarlo.

Rosanna Costa, la mujer que maneja las finanzas del país, se mueve con delicadeza y femineidad; sonríe a menudo y sus ojos, pequeños pero de un azul intenso, dejan entrever una mujer algo misteriosa. Entre sus defectos enumera ser intensa, trabajólica, impaciente, detallista a veces hasta el exceso y dice que le costó resignarse a delegar.

Su mirada se retrae apenas siente que uno quiere acercársele mucho. No es una figura conocida a nivel masivo. Pese a llevar varios años de influencia en el mundo de las finanzas públicas -primero como jefa del área monetaria del Banco Central y luego como asesora legislativa y directora del programa económico de Libertad y Desarrollo-, se ha preocupado de mantener un bajo perfil. No le gustan la figuración ni las preguntas demasiado personales. Pero desde todos los sectores políticos la indican como una de las pocas personas en Chile que más saben de tramitación presupuestal. Experta en el área fiscal, laboral y tributaria ha expuesto en numerosas oportunidades en las comisiones de Hacienda de la Cámara y del Senado. Durante el gobierno de Michelle Bachelet también participó en comisiones, como la de Equidad o de la Reforma Previsional y fue una de las principales figuras del Grupo Tantauco. Además, fue durante varios años integrante del Consejo de la Alta Dirección Pública.

-Del conjunto de personas que ingresaron con la nueva administración en el gobierno, es probablemente una de las mejor preparadas, porque si bien no ha tenido cargos públicos, sí ha participado en una serie de instancias que la han acercado mucho a la gestación y ejecución de políticas públicas y ese conocimiento es muy valioso -dice Mario Marcel, quien fue director de Presupuestos de Ricardo Lagos.

Es la persona de la Coalición por el Cambio que más conoce la realidad de todos los ministerios, las necesidades de platas que tienen, qué proyectos han sido bien evaluados, cuáles tienen que ser descontinuados, cuánta plata puede gastar el Estado y de dónde viene esa plata.

-Es muy privada. Es calladita, discreta -asegura la senadora Evelyn Matthei, quien iba dos años más arriba que ella en la universidad y ha coincidido con ella en su trabajo legislativo.-En la política donde los egos son tan superlativos, ella nada: Hace su trabajo con mucha convicción, pero no es de las que se autovenden; nunca se ha marqueteado. El liderazgo que ha obtenido es por la calidad de su trabajo y no por miles de conexiones o por ser amiga de medio mundo. 

La cultura del ocio productivo

Rosanna Costa tiene 52 años y asegura que siempre le atrajo la economía. Por eso fue algo natural que escogiera estudiar Ingeniería Comercial en la Universidad Católica al salir del colegio. Hay quienes dicen que fue por la profunda admiración que siempre le tuvo a su padre, Horacio Costa, quien también pasó por esa escuela. Ella se limita a confirmar que lo quería mucho y que él trabajó durante muchos años en Enap. Nada más. -Yo desde muy chica quería algo parecido a esto, no hubo muchos cambios en mi selección de profesión. No sé si fue porque seguí a mi papá, ni cuándo se convirtió en algo mío, pero fue algo muy estable en el tiempo. Nunca recuerdo haber querido estudiar otra cosa -dice.

En la universidad fue una alumna destacada. Optó por enfocarse en la economía antes que en la gestión y cuando terminó su tesis, a principios de los 80, la invitaron a trabajar en el Banco Central. Partió en el departamento de cuentas nacionales y luego pasó al de estudios, donde fue jefa del área monetaria. La institución estatal fue un espacio en el que la actual directora de Presupuestos calzó perfectamente. Matea, de una rigurosidad que casi bordea la obsesión, perseverante, ordenada y trabajólica, era capaz de madrugar en el banco si las cuentas de un balance no le cuadraban para encontrar qué ítem no encajaba. Y, en el departamento de estudios, se comenta, que hoy aún se siguen usando los archivadores con datos meticulosamente organizados que ella le dejó a su sucesora, cuando se fue en 1992.

-Siempre nos reímos con la Rosanna y la Cecilia (Feliú, actual gerenta de recursos humanos del banco), porque todas somos tan mateas que las anécdotas que recordamos de esa época llegan a ser fomes. En esa época nuestro jefe, Patricio Rosende, nos metió a todos en la cabeza un concepto que se llamaba "ocio productivo". La idea era que si no tenías nada que hacer, en vez de leer o de escuchar música, usaras ese tiempo para hacer algo útil para tu trabajo. Y nosotras con la Rosanna llegamos a la fomedad máxima de empezar a leer y entender los compendios de las normas de cambio internacionales -recuerda Mariela Iturriaga, una de sus amigas cercanas que trabaja hoy en política financiera en el banco.En esos tiempos ya, la directora de Presupuestos se hizo notar por su calidad de negociadora. Una de las tareas que le tocó en los 80 fue coordinarse con el Fondo Monetario Internacional y manejar los límites impuestos en el área monetaria, en el marco del programa económico acordado por Chile con el organismo. En ese período, viajaban misiones del FMI a Chile para revisar el estado de las finanzas del país y se dedicaban a analizar todos los datos de los que disponía el Banco Central: las balanzas de pago, las tasas de crecimiento, las operaciones diarias, semanales y mensuales de los principales indicadores financieros de la banca. Quienes trabajaban con Rosanna Costa entonces cuentan que, apenas llegaban, ella demostraba su capacidad de manejar situaciones complejas, haciendo todo un juego de acuerdos que le permitía lograr plazos favorables para el banco. La economista siguió desarrollando esa capacidad de negociación en los 90, cuando abandonó el Banco Central para convertirse en directora del programa económico de Libertad y Desarrollo. Ahí le tocó asesorar a numerosos parlamentarios de la Alianza en temas presupuestarios, y se ganó un respeto transversal en el mundo político por sus conocimientos y su estilo poco confrontacional. Pese a su cercanía con la entonces oposición, figuras de la Concertación aseguran que muchas veces fue más fácil llegar a acuerdos con ella que con representantes de la UDI o RN, que tiene un estilo que apunta a sacar la tarea en la que está concentrada, aunque se trate de temas fronterizos desde el punto de vista ideológico.

-Creo que la visión que mucha gente tiene de ella es de una persona tremendamente dura. Es una persona fuerte, negociadora, que en las reuniones de trabajo no se apoca con nada, pero detrás de eso es extremadamente cálida. No es conflictiva -dice Bettina Horst, actual directora de Libertad y Desarrollo.

Hoy, sin embargo, esas virtudes podrían no bastarle. En el mundo de las finanzas, no falta quien se cuestione si seguirá logrando afirmarse en un gobierno en el que hay más personeros con un perfil económico y empresarial que en las administraciones de la Concertación.

-Para ella el desafío principal es cómo asentar su autoridad y responsabilidad en un área en la cual va a haber muchas más opiniones sobre los temas fiscales que lo que ha habido en los gobiernos anteriores. Si bien ella tiene mucha llegada con algunos parlamentarios y algunas autoridades del gobierno de la Coalición por el Cambio, por otro lado hay todo un mundo más político donde no es evidente cuánta influencia pueda tener. Están por probarse sus habilidades políticas -dice un economista que prefirió mantener el anonimato.

El primero en involucrarse mucho en esos temas sería el propio Presidente, con quien Rosanna Costa asegura tener una "muy buena relación", pese a su alto nivel de exigencia. Lo conoció cuando él era senador y ella participó en discusiones presupuestarias y mantuvieron vínculos profesionales desde entonces. En 2006, el Mandatario aseguró en un artículo publicado por "El Mercurio" tenerle "mucho aprecio y cariño" y afirmó que la consideraba "una mujer súper inteligente, seria, profunda, que se mete en las cifras, que se ensucia las manos".

-Él confía mucho en ella. Rosanna, por su forma de ser, no es de las personas que dicen sí a todo, sino que también pone su punto de vista y eso la llevó a cultivar más la confianza de Sebastián Piñera. Ella le dice a quien sea lo que opina. Es respetuosa de la autoridad, pero no le tiene miedo y, por lo tanto, siempre se hace escuchar -dice Bettina Horst.

La felicidad no llueve

Rosanna Costa dice haber aprendido a asumirse tal como es. Asegura ser mala católica por su inconstancia y que le ha costado aceptar los grandes dolores que le tocó enfrentar. Como la muerte de sus padres y otros que prefiere no revelar.

-Al final, me adapto, pero al principio me cuesta. No soy una persona que cuando enfrenta la adversidad se queda sentada a llorar, sino que agarro mis fuerzas y lucho para salir adelante y después, a lo mejor, me puede bajar la reacción -dice.

Asumirse como es le tomó cierto tiempo. En 1992, por ejemplo, dejó el Banco Central porque pensó que en su nuevo puesto tendría más tiempo para dedicarle a la familia. Pero, a poco andar, se dio cuenta de que el problema no era el trabajo, sino ella. Siempre le dedicaba muchas horas a lo laboral.

-Yo entendí hace mucho rato que soy así, que siempre persigo una meta, y la persigo y la persigo y cuando lo logro ya tengo otra. No puedo pelear mucho contra eso, tengo que tratar de dosificarlo y esa ha sido mi pelea permanente: tratar de compatibilizar eso con lo más personal, que mi vida del trabajo no le reste riqueza a mi vida en la casa.

Rosanna Costa nació en Viña del Mar, pero se crió en Santiago, cerca de Vespucio con Bilbao. Tiene una sola hermana, menor, y guarda recuerdos de una infancia tranquila, moldeada por la cultura laica y mixta del colegio San Gabriel y los valores que le inculcaron sus padres.

-Ellos siempre me dijeron: no importa qué, pero hazlo bien. El primer valor de una persona es lo que tú eres y no lo que ven los demás. También me decían que la felicidad no llueve, sino que uno la acoge aprendiendo a disfrutar de los momentos buenos y que eso hay que enseñárselo a los hijos también.

Ella tiene dos, María Inés, de 21 años, y Pedro, de 19. Ambos ya salieron del colegio y estudian Psicología y Diseño de videojuegos, respectivamente. Junto a su marido, Pedro Mujica, ingeniero civil que trabaja en la constructora Gardilcic, son, según dicen sus cercanos, el "centro de equilibrio" de Rosanna.

-Ella es muy italiana, muy afectiva con sus niños y su familia. Ellos son su foco. Todo lo demás se arregla- dice Cecilia Feliú-. Aquí en el banco trabajaba mucho, pero siempre estaba preocupada, llamando para la casa. Es muy mamá gallina.

La economista asegura no tener un carácter explosivo. Tampoco es extrovertida. Nunca fue de ir a fiestas, de grupos grandes de amigos y hasta hoy se siente más cómoda en reuniones más íntimas con sus amistades más cercanas, conversando de cosas privadas.

Sin embargo, cuando se trata de defender los intereses de sus hijos, se le quita lo medida que puede parecer. En el Banco Central, son pocos quienes no recuerdan la pelea que ella dio para que no se cerrara la sala cuna de la institución.-Fue una cosa muy visible y se hizo famosa en esa época (principios de los 90) por sus discusiones con el gerente de recursos humanos de entonces. En el mundo economista era obvio que no era rentable porque recibía pocos niños. Como estaba en el centro la gente no llevaba a sus guaguas, por miedo al esmog o porque les resultaba más cómodo que les dieran la plata y las llevaran cerca de su casa. Pero ella no quería que la cerraran. Abría la boca en las asambleas y decía lo que pensaba. No tiene pelos en la lengua para decir las cosas -recuerda Cecilia Feliú.

La directora de Presupuestos se acuerda perfectamente de ese episodio.

-Fue una pelea personal -dice divertida -. Yo nunca quise dejar a mis hijos en la casa mientras eran chicos porque pensaba que un grupo de personas que los cuidara era más seguro que una sola que no se sabe cómo va a reaccionar al momento de los quiubos. Y a la gente de la sala cuna yo la conocía y me sentía tranquila con mis hijos ahí.

Rosanna Costa no habla más de sus hijos. Asegura cuidarse mucho de exponer a su familia por el cargo que tiene ella, pero muestra con orgullo las fotos que tiene de ellos en su oficina. Están Pedro y María Inés de guagua, niños, y adolescentes. Cuando le preguntan si en la casa es ella quien lleva la economía doméstica, estalla en una carcajada.

-¡Tengo separación de bienes! -replica divertida.Y agrega:

 -No. Mi marido también paga cuentas. Los dos sabemos exactamente lo que hay y lo que no.

 


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"No soy una persona que cuando enfrenta la adversidad se queda sentada a llorar, sino que agarro mis fuerzas y lucho para salir adelante".
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