VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 8 de Enero de 2005

Socorro para el santuario

Un deterioro que podría acabar con la Basílica San Alfonso.
Texto, Soledad Salgado S. / Fotografías, José Miguel Pérez

De aquellos años en que las familias adineradas de la capital residían en enormes casonas en las calles aledañas al Club Hípico, y en que la Basílica del Perpetuo Socorro ­ubicada en Blanco Encalada 2950­ se llenaba de fieles, al punto de tener que ocupar el balcón del segundo nivel a la hora de la misa o para las Novenas, ya no queda mucho. Sólo la silueta esbelta y solitaria del templo, cuya arquitectura neogótica es fiel reflejo de una época de gran influencia europea, pero que ha quedado olvidada con el éxodo de la población.

- Además de que la gente se trasladó a otros sectores de Santiago, hacia acá no hay un gran flujo de personas como ocurre en el centro, por ejemplo. Eso hace que las empresas no se interesan por contribuir a reparar este lugar. Lo que antes eran grandes mansiones, hoy son institutos y mucha bodega­, comenta el Padre Pedro Irizar CSrR, Superior Provincial de los Misioneros Redentoristas en Chile.

El templo cumplió en diciembre cien años desde la bendición y colocación de la primera piedra. Y, aunque a simple vista se ve imponente y rico en ornamentos, está mostrando daños por mala impermeabilización, al grado de sufrir el desprendimiento de piedras desde el balcón de la fachada. Dato no menor si se piensa que está a 25 metros de altura. También se ha soltado el revestimiento en las torres, lo que podría provocar la caída de los adornos. "Lo que pasa es que el fierro se oxida por las lluvias y expulsa el cemento, lo cual es muy peligroso para las personas que asisten al templo. Además está el problema de las palomas, cuyos desechos tapan las bajadas de agua. También es necesario mejorar el sistema eléctrico y reparar las tejas que son de cobre y plomo", agrega. Un último presupuesto, que sólo contempla el arreglo del exterior, es de $25 millones, cifra que los Misioneros Redentoristas no tienen.

Un lento andar

Si la Basílica ha sobrevivido sin ninguna restauración importante en sus cien años de vida, seguramente se debe a su fuerte estructura de hormigón armado ­es el primer templo hecho de este material­ y su cielo de fierro.

El cemento era prácticamente desconocido en el Chile de entonces, pero se optó por su utilización debido a que el terremoto de principios del siglo XX obligó a reformular los planos. El arquitecto fue el religioso Gerardo Kuvekaers, el "hermano Gerardo", quien antes había diseñado también las Iglesias del Perpetuo Socorro en Paris y Madrid, y quien formó una generación de quince hermanos arquitectos y constructores que aplicaron las nuevas técnicas constructivas en nuestro país. El religioso Joaquín Chardin, de la misma congregación del Santísimo Redentor y especialista en cemento, viajó especialmente para solucionar la instalación de las ojivas que exigía el estilo gótico del volumen. Él fue quien realizó la puerta ornamental de la sacristía, hecha de encina, y todo el cemento elaborado (ventanas, torres y balaustradas). Luego el "hermano Huberto", cuyo apellido de civil era Boulangeot, actuó como constructor y arquitecto en terreno durante los veinte años que tardaron los trabajos.

La construcción no fue fácil, sobre todo porque se vivía en Chile la tremenda crisis económica del salitre. "Muchas veces ellos pensaron cómo a hacer este inmenso templo con el caos económico que existía, pero optaron por construirlo y así dar trabajo a muchos cesantes, incluso se hacían ollas comunes para los trabajadores y sus familias", comenta el padre Irizar.

Desde San José de Maipo se trajeron en carretas tiradas por bueyes, los bloques de las altas columnas de piedra monolítica que embellecen el interior del templo, y que luego fueron talladas y pulidas in situ. La Primera Guerra Mundial contribuyó al retraso de la edificación, ya que obstaculizó la importación de materiales. Según cuenta el padre Irizar, los hermosos vitrales que rodean el altar alcanzaron a ser traídos de Francia y Alemania, pero los conflictos mundiales detuvieron los envíos y toda la nave central, lo mismo que el rosetón de la fachada, debió quedar con vidrios transparentes.

Aún así la Basílica era admirada por su belleza y el público se detenía a observar las columnas, los vitrales, los confesionarios de roble americano y el órgano francés, declarado Monumento Histórico. También destaca el Altar Mayor, una obra de mármol y bronce traída de Bélgica, que lleva al centro una imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro a la que está dedicado el templo, y que es una réplica de la original que está en Roma.

El trazado original incluía la presencia de cinco naves, pero finalmente sólo se usan tres ya que dos fueron tapiadas para servir como bodegas o simples pasillos. La fachada se articula en tres niveles, con rosetón al centro y dos torres, similar a los exponentes franceses; y, al más puro estilo gótico, cuenta con una galería de circulación en el segundo piso, conocido como triforio.

Lamentablemente la falta de mantención podría destruir este tesoro santiaguino, y con ello sepultar la tradición religiosa de la Virgen del Perpetuo Socorro. La misma que incluso animó a los combatientes de la Guerra del Pacífico que la lucían en escapularios, poco antes de construirse el templo.


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La basílica posee tres naves, aunque el trazado original contemplaba cinco. Interiormente, tiene un largo de 60 metros.
La basílica posee tres naves, aunque el trazado original contemplaba cinco. Interiormente, tiene un largo de 60 metros.
Foto:José Miguel Pérez


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