REPORTAJES

Domingo 29 de Mayo de 2005

FRANCISCO VIDAL, NUEVO MINISTRO DEL INTERIOR:
El portavoz

Repitió de curso por culpa de trabajos manuales. Estuvo dos años en la Escuela Militar, fue escolar derechista y terminó como simpatizante comunista en el Pedagógico.

RODRIGO BARRÍA REYES

Francisco Javier Vidal Salinas es un buen ejemplo de que, en el escalamiento del Everest de los cargos del poder, la insistencia y perseverancia suelen recompensar. El hombre es un tipo que se ha cincelado en la política a punta de constancia.

De hecho, no le importó haber conseguido un mísero 6% en la elección municipal del '92 en Las Condes.

Quizás esa porfía tenía que ver con que Vidal tenía clarísimo que su consagración sólo llegaría cuando se convirtiera en el portavoz del gobierno.

El hombre no quería ser presidente de partido, ni parlamentario ni funcionario de repartición.

No. Él sólo tenía un peculiar sueño: convertir su a veces fruncida boca en contenedor de la "verdad oficial" de La Moneda.

Maldito trabajo manual

Riquelme 523. La vieja calle del centro de Santiago vio aparecer a Francisco Vidal cuando su madre andaba por los 40. En esa casona de dos pisos, el niño apareció como un "accidente" de gestación cuando la familia ya parecía definida con tres pequeños: Adriana (casada con el ex ministro de Salud Julio Montt), Paulina (que murió hace tres años) y Gonzalo (un ex DC que se convirtió en simpatizante UDI y que fue el último alcalde designado en Concepción por Pinochet).

Su padre, Carlos, era un empleado bancario que terminó su vida laboral en una empresa constructora. El hombre no era masón, pero sus opciones políticas siempre estuvieron cerca del radicalismo. Su madre, Cecilia (90 años), era una dueña de casa católica, más cercana al ''progresismo" del padre Hurtado que al conservadurismo puro.

Mal enseñado, mimado y desordenado. Así era "Panchito-Javier".

Estudió en el Liceo Alemán. Ahí, el niño fue uno del montón. En lo único que sí sobresalió fue en su ineptitud con las manos. Su tortura académica no era química ni física, sino cuando en el calendario escolar aparecía "trabajos manuales".

Era incapaz de cualquier coordinación hasta en la más simple actividad de carpintería. Un divorcio con la motricidad fina que hasta le hace complicada la simple tarea de sacar de su lugar y reemplazar una ampolleta quemada.

El tema de su aversión a trabajos manuales no fue menor: repitió 8° básico tras fracasar en todas las tareas que se le encomendaron en esa asignatura.

De derecha a izquierda

Una de las actividades que más esperaba el pequeño Francisco se producía cada mes de septiembre, cuando el niño acudía con su madre a las calles del centro a ver el paso de las tropas que desfilaban en el Parque OHiggins.

Sentado en la vereda, Vidal fue poco a poco soñando con que algún día sería él el que pasaría por ahí vestido con un uniforme.

En realidad, el adolescente no tenía más que un único aunque potentísimo pariente relacionado con el Ejército: un primo hermano de su padre había sido comandante en jefe de la institución.

Por eso no hubo mucha conmoción cuando, a los 15 años, avisó que quería ingresar a la Escuela Militar.

Su buena conducta apenas lo hizo tener dos días de arresto en su trayectoria militar de dos años, pero la dura disciplina del lugar hizo mella en el joven, por lo que pidió la baja.

De su paso por los cuarteles, Vidal aún atesora la manía del orden, los zapatos lustrados, las uñas cortas y limpias y las irrenunciables duchas.

Y el hombre se ha encargado de aplicar esa herencia castrense en su casa. Ahí, sus tres hijos jamás pudieron interponer ante el padre una excusa para no entrar a la tina, y las uñas del más chico de sus hijos, de 12 años, son constantemente monitoreadas por el padre.

Después de la Escuela Militar, Vidal no fue aceptado en el Liceo Alemán, por lo que terminó en el Liceo 11 de Las Tranqueras, en Vitacura, donde fue compañero de Eduardo Bonvallet.

Fue en el liceo donde Vidal se emparentó de manera definitiva con la política. Fue gracias a un compañero, el que lo invitó a incorporarse a las filas juveniles del Partido Nacional.

Vidal pronto estuvo a cargo de la organización de los estudiantes de colegios particulares de la Juventud Nacional.

Eran otros tiempos. Era cuando Francisco Vidal marchaba junto a Andrés Allamand mientras en la vereda de enfrente lo hacía Camilo Escalona.

Los papás de Francisco Javier se habían separado hacía años, su madre se había vuelto a casar y el muchacho, tras su paso por la milicia, optó por no regresar donde mamá, sino que ir a vivir con su hermana mayor, Adriana.

El adolescente quería estudiar derecho, sociología o historia. El puntaje le alcanzó para historia en el Pedagógico. Ingresó el '74 a estudiar. Y pronto pasó desde la derecha escolar, donde estaba instalado, a las fronteras universitarias del PC.

Vidal se convirtió en profesor, y apenas hizo algunas clases en el Manuel de Salas y el Liceo 7 de hombres. Nunca más estuvo en una sala de colegio.

Sin mariscos ni cajeros

El "profe" se especializó en historia contemporánea y comenzó a incrementar una abultada colección de libros, que hoy llega a los tres mil 100 ejemplares.

Durante casi dos décadas enseñó cada año a cuatrocientas féminas en el Manpower, en la Universidad Central y a los estudiantes de periodismo de la Universidad Andrés Bello.

Han sido precisamente las aulas las que han permitido a Francisco Vidal potenciar esa vocación argumentativa y explicativa que exhibe donde se instala.

Sus claves son saber bien las ideas que se quieren exponer, tener la información necesaria y decirlas con simpleza.

Pero junto a la academia, Vidal fue escalando a paso lento, pero seguro, en el mundo político del PPD, al que ingresó el año '87.

En realidad, las hizo todas. Fue jefe de base, presidente comunal en Las Condes, candidato a alcalde, presidente de los profesionales PPD, encargado de la campaña parlamentaria de su partido y vicepresidente de la colectividad.

Estuvo, por ejemplo, como jefe de campaña de María Antonieta Saa en su elección como diputada el '93. Ahí, recorriendo La Pincoya, los pobladores le advertían a la candidata que Vidal, con su pelo liso claro y ojos azulados, parecía infiltrado UDI.

Probablemente, la gran fortaleza de este hombre es conocer a la perfección el intrincado armado municipal y regional del país, especialmente después de haber estado a cargo de la Subsecretaría de Desarrollo Regional.

Pero fue en la vocería del gobierno de Lagos donde el hombre se consagró. En el siempre complicado arte de explicar como favorable hasta el revés más evidente, Vidal hizo escuela.

Hoy, el Ministerio del Interior es un agregado a una carrera política constante y, extrañamente, carente de ego personal.

Impensadamente, Vidal hasta se convertirá en vicepresidente cuando Lagos salga de viaje.

No importa. Francisco Javier seguirá viviendo en su casa de siempre, allá arriba en Colón, aborreciendo los pescados y mariscos, siguiendo con su récord de no haber ingresado en su vida a un cajero automático, con un celular que no usa nunca, apenas conociendo cómo funciona un computador, con su cuaderno de cuentas hogareñas y junto a sus fieles dos o tres cajas de nicotina diaria.



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Quienes lo conocen aseguran que jamás se ha creído la muerte.
Quienes lo conocen aseguran que jamás se ha creído la muerte.
Foto:Héctor Aravena


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