WIKÉN

Viernes 15 de Septiembre de 2006

Shakira devela sus secretos

Los boletos para ver las caderas de Shakira se agotaron tan rápido en Nueva York, que hubo que programar otro concierto. Porque la gira que traerá en noviembre a la cantante a Santiago ha sido tan exitosa como su canción "Hips don´t lie'' en tierras americanas. Ahora sólo queda saber si la colombiana podrá desmarcarse del rótulo de exótica y mantenerse en la cima. ¿Pero tiene sentido hacerlo? Habrá que ver.
José Manuel Simian
Enviado especial Nueva York,
Estados Unidos.

Este verano hubo dos canciones que sonaron incesantemente en las calles de Nueva York. "Crazy", de Gnarls Barkley, y "Hips Don't Lie", de Shakira y el rapero Wyclef Jean. Se la podía escuchar desde los taxis, saliendo por las ventanas de los edificios de clase media y obrera, en los timbres de los teléfonos celulares, o incluso en una versión blanqueada, cantada por y para niños ("Kids don't lie"). Alguna gente ya no la soportaba más, pero no hay canción del verano que no termine sus días así.

Pocas veces las fechas coinciden de manera tan exacta. Hace medio siglo - los primeros días de septiembre de 1956- Elvis Presley realizaba la primera de sus presentaciones en el show de Ed Sullivan, transmitido desde Times Square. La leyenda cuenta que en esa ocasión, las cámaras sólo lo enfocaron de la cintura hacia arriba, para que las familias estadounidenses no vieran sus escandalosos movimientos de caderas. Pensando en este verano y luego mirando la gente que ingresa al Madison Square Garden, no es exageración decir que los boletos se agotaron, precisamente, para ver a Shakira sacudir sus caderas como sólo ella puede hacerlo, casi tanto como para escucharla cantar.

La idea no es antojadiza: cada vez que se la menciona frente a un estadounidense, se recibe a cambio un comentario sobre el zangoloteo de sus huesos pélvicos. La prensa ha hecho lo suyo también intentando explicar su éxito aunando su sabor exótico con la calidad de la música, como si fueran parte de un mismo elemento químico. Pero como en este negocio no hay inocentes, debemos decir que el éxito definitivo de Shakira no llegó sino hasta principios de 2006, cuando, en vista de que decaían las ventas, se relanzó "Oral Fixation Vol.2" agregándole la cancioncita hecha a la medida de su cintura.

Y, claro, el camino al poco común crossover al mercado anglosajón ya estaba aplanado gracias al éxito que Shakira había tenido con "Laundry Service" en el 2001, el todavía fresco "Livin' La Vida Loca" de un tal Ricky Martin (¿fue canción del verano, del invierno o del purgatorio?) y la locura desatada en el último año por el reggaetón, considerado latino, a pesar de todo.

De los hispanos... nada. Hoy es el jueves 7 de septiembre y una masa humana ingresa lentamente al estadio que sus administradores promocionan incansablemente en las afueras y por pantallas gigantes como el recinto más famoso del mundo. El público que arrasó con los 15.000 asientos y forzó a que se agregara un show para el día siguiente está compuesto en partes más o menos iguales por hispanos y angloparlantes, quienes están deseosos de ver a Shakira Isabel Mebarak Ripio, una colombiana nacida en Barranquilla, que a los 8 años ya había escrito su primera canción, que a los 10 estaba lanzada a los concursos de talentos y a los 18 ya era éxito en Latinoamerica y España, gracias a su disco "Pies descalzos" y a la canción "Estoy aquí" (1997). Luego vendrían su más famoso disco, "¿Dónde están los ladrones?" (1998), su ineludible "Ojos así", los Grammy, el Unplugged para MTV, las clases de inglés, las traducciones de éxitos inicialmente escritos en español, el pelo teñido de rubio, el romance con De la Rúa Jr., y un largo etcétera, que la llevó a estar aquí en el escenario más importante de la multirracial y cultural Nueva York.

Y a pesar de que no es el debut de Shakira en el Garden, ahora hay un cambio: es la primera vez que tanto la imprescindible revista "Time Out" como el tradicional "Village Voice" lo han escogido como uno de los conciertos de la semana.

El "Oral Fixation Tour" ya lleva algunas fechas en la zona triestatal conformada por Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, pero buena parte del público (mayoritariamente femenino) ha llegado a la isla de Manhattan desde el otro lado del río Hudson. Se siente la expectación en el aire, mientras muchos colombianos (se calcula que unos 77.000 viven en la ciudad) se hacen notar con banderas y poleras de fútbol, además de su suave y bien pronunciado acento. En una ciudad que es sinónimo de inmigración y donde la defensa de los indocumentados es no sólo visible sino poco resistida, el triunfo de una hispana en el mundo anglosajón es celebrado como prueba de una verdad irrefutable.

No todo es simpatía, sin embargo. Esta mañana uno de los principales periódicos en español de la ciudad publicaba una nota indignada, en la que aseguraban que la organización del concierto no se había molestado en entregarle pases a la prensa hispana, y ni siquiera les había notificado formalmente del evento. Algunos periodistas se quejaban de que la cantante de Barranquilla parecía haberse olvidado de que ellos la entrevistaban mucho antes de que fuera la estrella de eventos como los premios MTV, entregados hace dos semanas en la ciudad, y para los cuales hasta el alcalde Bloomberg le dio públicamente su voto.

La parte que le toca. Suena la música en el Madison Square Garden. Una larga introducción precede a "Estoy aquí". Shakira aparece en escena: viste un peto brillante y pantalones negros sueltos. Se ve más baja sobre el escenario de lo que uno espera, y no se pondrá zapatos durante todo el concierto. El público está entregado desde el vamos, y Shakira sonríe y hace reverencias. Para la segunda canción ("Te dejo Madrid") se enciende una impresionante batería de luces, y la colombiana toca la armónica y hace gala de su tonificado abdomen junto a sus célebres caderas.

"Hola, Nueva York. Es bueno estar de vuelta. Este es el trato: yo voy a hacer la parte que me toca, cantar y bailar, pero quiero pedirles un favor", dice, ahora en un trabajado inglés. "¿Pueden hacer feliz a una mujer?", haciendo ahora una pausa para la tensión. "Bueno... ¡Quiero que la pasen bien! ¡Porque estamos en el Madison Square Garden y hay pocas cosas mejores que ésta!", remata, como certificando su triunfo. Pero suena desganada, como la mejor alumna del curso que recibe el premio que nadie más podía ganar y que, al pasar al frente, ya está pensando en otra cosa. (Al día siguiente, una de las críticas de "The New York Times" interpretará su fría comunicación con el público como una atractiva indiferencia, leerá el concierto en esa clave, e intentará explicar así su sorprendente éxito bilingüe).

Ahora toma una guitarra eléctrica y canta en inglés por primera vez ("Don't bother"). El show no se detiene. Cuando todavía no se acaban los aplausos, Shakira y sus músicos están sentados sobre el borde del escenario, con instrumentos acústicos. Es el turno de "Antología". "Esta canción la escribí a los 17 años, porque a los 15 ya me había enamorado", lanza coqueta, para aclarar, acto seguido, que en verdad su primer romance fue a los 4. Y es un buen momento para enfatizar el lado más íntimo de su repertorio, porque Shakira parece dar lo mejor de sí como cantante en las baladas, cuando la fragilidad de los instrumentos acústicos y el no estar bailando le permiten concentrarse en su voz. Pero el momento es breve, porque de inmediato suena "Hey you", y Shakira ya está haciendo de sexy bailarina de cabaret, jugueteando con el pedestal del micrófono, empujándolo con el cuerpo y rozando el entretenimiento para adultos. Todos sus movimientos, incluso cuando corre de un lado al otro del escenario, parecen perfectamente estudiados. Sin embargo, lo que se le puede reprochar en gelidez, lo compensa en parte con su impecable entrega: Shakira es una bomba de bailes y gestos, que no deja espacio del escenario sin cubrir.

Vuelve a tomar la guitarra acústica: "Esta canción la escribí en la playa, en Colombia" y entona "Inevitable". Arriba de nuevo: sigue "Si te vas", en la que regresa al contoneo de serpiente sobre las tablas. Finalmente, parecen juntarse los dos extremos: la mujer que mueve las caderas como Salomé con la que puede cantar de una manera sorprendente.

Y el concierto continúa cuando la pantalla del fondo se llena de sombras e interpreta "Obtener un sí", resaltando sus aires brasileños, y cuando sorprende presentando a su gran amigo Alejandro Sanz para cantar juntos "La Tortura". El español se lleva una gigantesca ovación al aparecer con su guitarra sobre los hombros, pero se va a los camarines apenas termina la canción. Todo pasa muy rápido, incluyendo el nuevo cambio de ropa. Ya vendrán su versión odalisca, la deportiva y la interpretación en inglés de "Suerte". Luego, otra lograda interpretación para "La pared", sólo con un piano, a la que le siguen "Underneath your clothes" (que "The New York Times" considerará una versión de "Eternal Flame", de The Bangles), "Pies descalzos", "Sueños blancos" y "Ciega sordomuda".

Sin lucir cansada por las casi dos horas que lleva el espectáculo, Shakira se despide de manera poco convincente, pretendiendo que todo ha terminado. La gente sabe que no es cierto, pero la pasa bien aplaudiéndola.

Entonces, Shakira vuelve al escenario como en cámara lenta y todos la miramos presentar a Wyclef Jean y cantar "Hips don't lie". Ocho odaliscas vestidas de naranjo coronan los tres minutos de adrenalina. Entonces, mientras el ya caliente aire del estadio se llena de confetti y Shakira celebra su triunfo, todo el verano parece repetirse en un momento, hasta el minuto final. Al día siguiente - ya está dicho- "The New York Times" celebrará el espectáculo; los diarios hispanos lo cubrirán con cierta distancia o se limitarán a reproducir los cables de las agencias. Pero en el estadio, Shakira se ha ido a camarines y, tal como en el escenario, probablemente ya esté pensando en el paso siguiente.

¿Y ahora qué? El éxito obtenido por Shakira en el mundo anglosajón no es casualidad ni se debe exclusivamente a una canción. Sin embargo, en el mundo del pop nada está garantizado: el 31 de agosto pasado fue la gran decepción de los premios MTV al ganar sólo una de las siete estatuillas a las que estaba nominada. Para mantenerse en el lugar que ocupa actualmente, la colombiana tendrá no sólo que seguir grabando éxitos, sino también ser capaz de desmarcarse de sus caderas, so pena de convertirse en una nueva Carmen Miranda, la brasileña a la que Hollywood celebró y luego enmarcó para siempre en el rol de latina exótica con un frutero en la cabeza. Pero una cosa quedó clara luego de verla en el Madison Square Garden: la ambición y la capacidad para seguir subiendo le sobran. Y el mundo está mirando.

Escuche "Hips don't lie"


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir



[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales