EL SÁBADO

Sábado 11 de Noviembre de 2006

Los candidatos olvidados

Desde 1989 ha habido cuatro elecciones presidenciales. Todos saben qué fue de los vencedores, pero ¿y los otros?
Por Josefa Ruiz Tagle

Mientras los candidatos son candidatos dicen que serán servidores públicos toda la vida. Pero tras la derrota, muchos vuelven silenciosamente a sus casas y profesiones. Comprensible, considerando que las heridas de campaña pueden ser tan profundas como las de guerra.

Hay los que se sienten satisfechos a pesar de no haber ganado porque buscaban poner ciertos temas en la agenda y nada más. Hay también quienes sufrieron de tal modo que aún tienen envenenado el corazón. Y están los que nunca más quisieron hablar. En sus casas y oficinas conversamos con los que estuvieron dispuestos.

Después de Patricio Aylwin, en 1989, el segundo más votado fue Hernán Buchi, ex ministro de Hacienda del gobierno militar.

El tercero fue Francisco Javier Errázuriz, alias Fra Fra: el candidato de los pollitos. Lo de los pollos partió una Noche de Gigantes en la que Mario Kreutzberger le preguntó cómo había forjado su fortuna. El candidato contó su leyenda: a los 8 años, al morírsele unos pollitos, comprendió el valor del estudio y el esfuerzo en cualquier empresa. La anécdota motivó carcajadas por doquier, ya que se pensó que el candidato hacía alarde de un pasado humilde que no tenía. Pero a Fra Fra no le importó. Que se rieran de él era lo de menos, lo peor aún estaba por venir.

Soy un romántico perdido, por eso entré en política, afirma hoy el empresario ­cuyo negocio más famoso, aunque no por ello el más rentable, es la cadena de supermercados Unimarc­ en su atiborrada oficina de la calle Agustinas. Por todos lados hay papeles en el suelo, sobre su escritorio, en los estantes. También recuerdos de su candidatura a la presidencia y de sus años como senador. Aunque lo pasó pésimo, aún funcionan como símbolos de estatus y está orgulloso del apoyo que logró: En una campaña de dos meses, con tres infartos y tres bypass, obtuve más de un millón de votos.

A pesar de los costos en dinero y salud, Fra Fra siguió participando en política. Creó un partido: la Unión de Centro-Centro (un partido de errazuristas) y volvió a las pistas como candidato a senador cuatro años después, por rabia y por orgullo.

Ocho años fue senador, aunque en 1998 fue desaforado para investigarlo por delitos de secuestro y agresión contra un abogado de Endesa que ingresó a un fundo de su propiedad. Sólo pudo retomar su función poco antes de concluido su período.

¿Qué pasó con la UCC? Se transformó en la UCCP, la Unión de Centro-Centro Progresista y presentó en 1999 a Arturo Frei Bolívar a la presidencia.

El partido ya no existe. Muchos de ellos, al igual que yo, se retiraron de la política porque les pareció una cochinada, dice Errázuriz. ¿A dónde se retiró? Al edificio en el que opera su holding, Grupo Errázuriz. Desde allí controla sus negocios que van desde la minería al retail.

Menos pasión hubo el 93. Poco estaba en juego, todos esperaban que Eduardo Frei fuese el vencedor. A pesar de ello se presentaron seis candidatos. Frei ganó con el 57 por ciento de los votos. Lo siguió Arturo Alessandri Besa, un senador independiente con lazos familiares tan imponentes como los de Frei, proclamado por el pacto Unión por el Progreso.

Alessandri obtuvo sólo el 24 por ciento de los votos, la votación más baja de la derecha desde la recuperación de la democracia. Mi candidatura tuvo muchos problemas: empezó tarde y fue pobre. El ambiente era imposible. Más que aspirar a ganar, tuve que trabajar para apoyar a los candidatos al parlamento, explica.

Con todo, el balance que hace hoy, a sus 83 años, es positivo. Siempre es agradable para el ego que gente le dé su apoyo a uno. Aunque sea poca. Me permitió conocer Chile. Me decían el candidato voraz, porque me comía todas las empanadas. No tuve problemas ni nada. Alguien dijo que fue la elección más fome de la historia. Y es que tuve la suerte de tener como contrincante a Frei, un caballero, relata en su impecable oficina del barrio El Golf.

La candidatura de Alessandri fue un pequeño lapsus en su senaduría, que duró desde 1990 hasta 1998. Recuerda con admiración a los senadores designados, especialmente a William Thayer y Olga Feliú. De hecho, cree que es una institución que debiera ser repuesta y se queja de que todo tenga que ser tan democrático.

Hoy todo le parece mal. El desorden, la falta de autoridad, la falta de todo. Estoy indignado, afirma. Mira con sus ojos transparentes y continúa: Voy a escribir un artículo sobre la desintegración moral de la República, señala.

Pero lo cierto es que desde que dejó de ser senador no ha participado en ningún debate público. Volvió al estudio de abogados creado por su abuelo, Arturo Alessandri Palma, en 1893, y se dedica estrictamente a su profesión. Dice que escribe todos los días unas cartas terribles mientras se ducha. Y que las olvida al llegar a la oficina.

Otro candidato de la derecha se presentó a esta elección: José Piñera. Su candidatura independiente obtuvo el 6 por ciento de los votos.

La izquierda extraparlamentaria tuvo una importante votación el 93. Sumados, los candidatos de izquierda obtuvieron más de un 11 por ciento de los votos. Si bien no parece mucho, es más del doble de lo que han obtenido desde entonces.

La mayor sorpresa la dio Manfred Max Neef. El autor de la tesis economía a escala humana regresó del exilio como Premio Nobel Alternativo, un galardón que los chilenos conocemos gracias a él. Quizás por eso se le acercaron varios movimientos sociales a pedirle que fuera candidato. Comenzó un trabajo de un año con grupos ambientalistas, feministas y sindicatos.

Si obtuve toda esa votación fue porque era el único que podía responder con total honestidad. Desde el comienzo dije que no quería ser Presidente, sino poner ciertos temas en la agenda. Eso te hace más creíble. Por eso me apoyaron los jóvenes.

Pero no todo era pura creatividad. Llegó un momento en que ya no era capaz de escucharme una vez más. Atroz. Y es que como candidato tenía que representar al personaje Max Neef, repetir una y otra vez el mismo mensaje. Eso puede llegar a ser terrible. O sea, el mayor problema de Max Neef durante la campaña fue el propio Max Neef, la máscara que había creado.

Quienes lo apoyaron en ese tiempo fueron llamados los mosquitos, en alusión a una metáfora usada por el candidato: la única forma de vencer a un rinoceronte (el sistema imperante) es actuando como una nube de mosquitos, capaz de enloquecerlo.

¿Los mosquitos se sentirán decepcionados por la desaparición de su liderazgo? Sí, pero no iba convertirme en gurú. El movimiento tiene que hacer su propio esfuerzo. Además, no podía darme el lujo. Toda mi vida he vivido de mi sueldo, explica.

Después de ser candidato fue rector de la Universidad Austral, donde trabaja aún. Desde allá cuenta que su economía a escala humana es aplicada en diversas comunidades africanas y europeas. En Chile no: Porque nadie es profeta en su tierra.

Los humanistas también aspiraban sólo a poner ciertos temas en la agenda, pero fueron opacados por el carisma de Max Neef. Por primera vez, presentaron a un candidato a la presidencia: Cristián Reitze, un ingeniero que obtuvo únicamente el 1 por ciento de los votos. Pese a eso, Reitze recuerda positivamente aquellos días: Fue una cosa extraordinaria. Siempre hemos tenido mucha actividad, pero ahora se le sumó la exposición.

Le costó, sí, adecuarse a las formalidades. No sabía qué hacer con la escolta que le fue impuesta. Se moría de vergüenza al llegar a las ciudades con un auto policial adelante y otro atrás, como un todopoderoso. Hasta que consiguió que les dejaran uno solo, y sin sirena.

¿Rabia? Sí. La impotencia de ver cómo los partidos del sistema multiplicaban su mensaje y a nosotros no nos alcanzaba la voz. Uno sabe que es así, pero es distinto vivirlo, cuenta mientras prende un cigarrillo y toma un sorbo de café en el living de su casa de Las Condes.

Después de la campaña, el humanista siguió haciendo lo que había hecho hasta entonces: trabajar junto a su hermano en Automotoras Reitze y participar en el Partido, en primera, segunda o tercera fila.

Por último, el PC hizo un gesto raro: presentó a un sacerdote como candidato. Si bien éste desató críticas, con el 4 por ciento, Eugenio Pizarro obtuvo más votación de la que tendría más adelante Gladys Marín. Tratamos de comunicarnos con el padre Eugenio, sin éxito. Al preguntar por él en el PC nos dijeron: ¿Eugenio Pizarro? No lo conozco. Al explicarles de quién se trataba, recomendaron llamar a la Iglesia. En el Arzobispado de Santiago informaron que el sacerdote está con ministerio libre, lo que significa que puede ejercer pero no tiene parroquia ni colegio.

Frescas en la memoria están aún las elecciones del 99. Son aquellas en las que Ricardo Lagos le ganó a Joaquín Lavín en segunda vuelta.

Gladys Marín, la candidata y líder del Partido Comunista, era el principal referente de la izquierda extraparlamentaria. El 3 por ciento de los votos que obtuvo en esa elección no guarda proporción con las muestras de cariño que hubo el año pasado tras su muerte.

Ella y Sara Larraín fueron las primeras mujeres en presentarse a la presidencia. Fue súper bonito ir con la Gladys. Ella tenía una experiencia salvaje, cuenta Sara. Otra que no tenía afán electoral, según lo que cuenta en su pequeña oficina de la ONG Chile Sustentable. Menos mal, porque sólo sacó el 0,4 por ciento de los votos.

Un grupo de personas provenientes del PS, el PC, la Izquierda Cristiana y el movimiento ecologista le propuso ser candidata. ¿Por qué a ella? Porque trabajábamos hace tiempo en una agenda país que abarcaba una gran diversidad de temas de políticas públicas. Probablemente podía hablar con propiedad porque dominaba los temas de campaña.

Cuenta también que en su casa no fue fácil. Mis hijos no querían ver a un periodista más. Y eso que yo intenté ser cuidadosa. Igual, vas al supermercado, la gente te reconoce y los niños se atacan.

También hubo problemas con Manuel Baquedano, su ­actual­ ex marido. A pesar de que fue uno de los que le propusieron lo de la candidatura, a la hora de los quiubos se sintió abandonado. Es difícil para cualquier persona que esté en la vida pública, pero para las mujeres probablemente lo es aún más. Tienes la cabeza instalada en otra cosa, por lo que la dedicación a la pareja disminuye. No tienes tiempo y, cuando lo tienes, se lo dedicas a los niños, relata, eligiendo las palabras con cuidado.

Luego de la campaña, Sara siguió trabajando en su pequeña ONG. Publican libros y han servido de apoyo a La Moneda en el manejo de la crisis energética.

El candidato permanente, así se describe Tomás Hirsch. A pesar de que obtuvieron sólo el 0,5 por ciento de los votos, Hirsch es el único, además de Lavín, que se ha repetido el plato. Y es también un gran entusiasta de las campañas. En efecto, las han convertido en un estilo de vida. Tengo claro que no voy a ganar. Pero también tengo claro que sería muy bueno que ganara. En este sentido mis candidaturas no son testimoniales ni saludos a la bandera. Mi proyecto lo comparto con mucha gente. No es chacota. No me cabe duda de que alguna vez vamos a llegar a La Moneda. ¿Iluso? Quizás. Pero, al menos, tras aliarse con el Partido Comunista y otras organizaciones más pequeñas, aumentó su votación cinco puntos porcentuales en seis años.

Con su hermano, Tomás tiene hace más de 20 años un estudio fotográfico, hoy dedicado a la impresión de gigantografías digitales. Su mujer, Juanita Vergara, tiene un centro de tratamientos pospartos. Como hay mujeres pretenciosas en Chile, le va muy bien, dice y se sirve una segunda taza de café en la moderna sala de su casa de Las Condes, con pintura contemporánea y amplios ventanales que dan a un jardín agreste con piscina.

Arturo Frei Bolívar es el más enigmático de todos los candidatos de estos tiempos. Ex militante de la Democracia Cristiana, llega en 1990 al Senado por la región del Biobío. Poco después de terminar su período, este primo hermano del presidente cobró notoriedad al visitar a Pinochet en Londres. La visita no fue bien recibida en la DC y Frei se vio forzado a renunciar al partido. Acto seguido, fue proclamado candidato a la Presidencia por la Unión de Centro Centro Progresista.

Después de esa incursión y posterior derrota ­obtuvo el 0, 3 por ciento de los votos­, volvió a ejercer su profesión de abogado y creó una empresa consultora que se dedica a la certificación de ISO 9000, una normativa internacional para productos agrícolas. Estoy muy bien, muy tranquilo. Feliz de la vida dedicado a mi empresa. Además estoy leyendo y escribiendo, señaló.

¿Fue su campaña a la Presidencia una experiencia traumática? No, de ninguna manera traumática. Al contrario, me di el gusto de hacer lo que hice, fue su última y escueta declaración. Aunque la candidatura le significó romper de manera radical con gran parte de la familia Frei y con sus amigos de toda la vida en la Democracia Cristiana. Después de eso, se retiró de la vida pública y nunca más quiso aparecer.


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Arturo Alessandri Besa
Arturo Alessandri Besa
Foto:José Alvújar


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