REVISTA DEL DOMINGO

Domingo 2 de Marzo de 2008

Silver Wind:
El crucero boutique

¿Cómo es navegar en uno de los cruceros más elegantes, exclusivos y premiados del mundo?.
Por Sebastián Montalva W., desde el Silver Wind. Fotografías: Juan Francisco Somalo.

¿No trajeron tuxedo?, pregunta el garzón a la entrada del restaurante.

La verdad es que no. Por esta vez el esmoquin lo dejamos en casa. Sólo trajimos terno y corbata. Y resulta que para la cena de hoy, en el elegante crucero Silver Wind que acabamos de abordar: everybody is wearing tuxedos. Así es que, suponemos, hoy no podremos saborear el carpaccio de pato con foie gras, los caracoles de Bourgogne, el fondue méridionale o los fetuccini con prosciutto y crema que ofrece el menú de la noche.

Pero no es así. Amablemente y sin un gesto, Francisco, el garzón, nos hace pasar a una de las mesas y avisa que acaban de llegar dos nuevos comensales. Estamos en el restaurante La Terraza, uno de los tres del crucero Silver Wind, que cada día sirve platos típicos de distintas regiones de Italia y Francia, y recién comenzamos a apreciar las bondades del servicio autodefinido como "seis estrellas": apenas nos sentamos aparecen tres garzones, uno que nos da la bienvenida y nos explica en qué consiste la carta de hoy, otro que se presenta como nuestro sommelier para esta noche, y el tercero que está a cargo de servir el espumante, el vino tinto o el vino blanco que elijamos.

Éste es uno de los cuatro barcos de la compañía Silversea, que ha sido considerada ocho veces como "la mejor línea de cruceros pequeños del mundo" por la revista Condé Nast y varias otras publicaciones especializadas en viajes de lujo. Silversea pertenece a la familia romana Lefebvre, que desde 1990 está en el negocio de los cruceros con la idea de enfocarse en el segmento de ultra lujo (al igual que sus competidores: Seaborn, Crystal y Regent). Y eso se nota: el Silver Wind es un elegante barco para sólo 296 pasajeros, que opera con el sistema todo incluido, pero a un nivel mucho más elevado (por algo se pagan unos 600 dólares por noche). Algunos ejemplos: todos los cuartos estándar tienen vista (la mayoría además cuenta con terraza), camas queen size, baños completos equipados con productos Acqua di Parma y Bvlgari, living con sofá de tres cuerpos, armario, escritorio, televisión satelital, DVD y frigobar. Y las suites, ni hablar: mucho más grandes (hasta 122 metros cuadrados), tienen comedor y servicio de mayordomo quien se encarga desde desarmar la maleta hasta atender cualquier requerimiento. Además, el room service es 24 horas: es decir, uno puede pedir al cuarto lo que sea y a la hora que sea, desde el desayuno hasta una selección de quesos y champaña francesa sin costo adicional. Y el personal tiene la obligación de aprenderse el nombre de cada pasajero en al menos 24 horas desde que se embarcó, según consta en el decálogo de servicio que todos deben memorizar y que la tripulación se encarga de exigir para mantener el nivel de atención que sus exclusivos pasajeros demandan.

Hall of fame

El Silver Wind comenzó a navegar en 1995. En Sudamérica lo hace con un rutero que va de Buenos Aires a Valparaíso, pasando por las Islas Malvinas, el Estrecho de Magallanes y los fiordos chilenos, Laguna San Rafael incluida.

Nosotros lo tomamos en Punta Arenas. En nuestra ruta van 195 pasajeros, en su mayoría estadounidenses e ingleses, aunque también australianos, canadienses, finlandeses, polacos, austriacos y rusos. Hay también una pareja de mexicanos, del DF, los únicos huéspedes latinos del barco. Casi todos empresarios retirados y tan potentados como para darse este tipo de lujos. Vamos viendo: en este barco ha navegado gente como Isabella Rossellini (es uno de los rostros de la compañía, e incluso diseñó una de las suites que lleva su nombre y patentó una de las pastas del menú), Jimmy Connors, Paul Anka y, en esta ocasión, dicen algunos tripulantes, el propietario de la segunda mayor fortuna de Texas, entre otros.

El Silver Wind es más que nada un hotel cinco estrellas flotante. En esta parte de Sudamérica, el trayecto se ve beneficiado con preciosas vistas de los fiordos y canales patagónicos, glaciares milenarios como el Pío XI o el San Rafael, y navegaciones por las míticas aguas del Estrecho de Magallanes o del Golfo de Penas; pero en realidad lo más destacable es la calidad de sus servicios hoteleros. Las paradas son cortas (no duran más de un día), y además de seguir relajándose con algún tratamiento en el spa o viendo cualquiera de los 519 devedés disponibles, cada día hay charlas relativas a la historia del sitio que se visita, catas de vino, clases de cocina, juegos de bridge o backgammon. Y por la noche, espectáculos artísticos: desde conciertos de violín y piano a shows de magia en el anfiteatro, a cargo de profesionales traídos directamente del Off-Broadway.

Daniel Soto es uno de los charlistas invitados del barco. Es chileno y trabaja para Santa Alicia, una viña de Pirque que no vende en Chile sino que exporta toda su producción. Soto se crió en Australia, habla perfecto inglés y tiene un espacio en el crucero para hablar de vinos, principalmente chilenos. Ésta es su cuarta vez en el Silver Wind, aunque también ha estado en otros cruceros de lujo haciendo lo mismo. Es decir, Soto puede comparar con propiedad. "Este barco es de otro nivel", asegura durante el almuerzo, saliendo de Puerto Chacabuco. "Eso se ve sobre todo en el servicio y la comida que te ofrecen. Todo es de lujo. Quienes están aquí no son nuevos ricos ni nada por el estilo. Ésta es gente de verdad de mucho dinero".

Cocina mundial

Si no fuera por la comida y el servicio a bordo, el viaje en el Silver Wind tal vez no sería tan memorable. De los tres restaurantes, incluso hay uno que pertenece a la categoría Relais & Chateaux, denominación que agrupa a varios de los mejores hoteles y restaurantes del mundo. Se llama Saletta y es el único que tiene cargo adicional: por 200 dólares por persona, los comensales pueden tener un menú de degustación de cinco platos y cinco etiquetas de vinos premium, franceses, italianos, norteamericanos y españoles.

Los otros dos restaurantes, La Terraza y The Restaurant, cambian el menú cada día. El primero, ya se dijo, está especializado en cocina italiana; el segundo tiene a veces cocina española, griega, chilena. De todo un poco. Repasemos un menú cualquiera: cuatro opciones de aperitivos, entre ellos un salmón ahumado con caviar; cuatro alternativas de intermedio, como consomé de trufas; cuatro recomendaciones del chef, David Bilsland, entre ellas un camarón tempura con salsa de crustáceos; cinco fondos, como el filete de trucha a la parrilla con reducción de vino tinto. Todo acompañado de vinos, chilenos y argentinos sobre todo. Y además, una carta exclusiva para postres.

Un atentado a las dietas, por cierto, pero que puede controlarse: junto con esta bomba de calorías hay varias opciones vegetarianas y livianas en calorías. Y también se puede optar por un moderno gimnasio disponible en la novena cubierta, con máquinas de última generación, ventanales para ver el paisaje y Helga, una rubia instructora rumana, oriunda ni más ni menos que de Transilvania. Así, ¿quién tiene ganas de bajarse?

Escalas

En Punta Arenas: sugerimos darse una vuelta por el bar y restaurante con más estilo de la ciudad, La Luna. Tiene una llamativa decoración (hay hasta una silla y una mesa colgando del techo), buena cocina (la especialidad es el chupe de langosta, por 6.950 pesos) y mapas donde los comensales pueden marcar el lugar de donde vienen. Y ya están repletos de banderitas. O'Higgins 1017;

www.laluna.cl

En el mar: en este trayecto conviene estar atento a por lo menos tres hitos: el imponente glaciar Pío XI, que se ve a metros de distancia; el pequeño Puerto Edén, para ver aunque sea a lo lejos uno de los pueblos más aislados e inaccesibles de Chile; y la muy famosa –aunque no por eso menos destacable– laguna San Rafael, hasta donde se llega en catamarán, incluido en el itinerario.

En Puerto Chacabuco: no le diremos que siga comiendo, pero sí le recomendamos tomarse un trago en el Hotel Loberías del Sur, donde lo sirven con "hielo milenario" traído directamente de la laguna San Rafael. Además, el bar tiene gran vista hacia el fiordo de Aysén.

Navegar

El Silver Wind navega casi todo el año por distintas rutas. En estos momentos, marzo, se encuentra en el Caribe, realizando el itinerario que parte y termina en San Juan de Puerto Rico y pasa por las islas de St. Lucia, Barbados, St. Bart y Antigua, entre otras. De allí se irá al Mediterráneo, continuará por el norte de Europa, el Báltico y África, para volver nuevamente a Sudamérica, entre noviembre y marzo. Otros barcos de la flota que hacen estos recorridos son Silver Cloud (similar), Silver Shadow y Silver Whisper (un poco más grandes).

La ruta descrita en este reportaje pertenece al tramo Buenos Aires-Santiago, que dura 16 días y cuesta desde 10.365 dólares por persona. Incluye todo menos los traslados aéreos. La próxima salida está programada para el 4 de enero de 2009. Contacto en Chile, tels. 754 6822, 754 6823 y 754 6833; www.silversea.com




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El elegante Silver Wind es un barco italiano, que navega desde 1995.
El elegante Silver Wind es un barco italiano, que navega desde 1995.


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