WIKÉN

Viernes 9 de Abril de 2004

El informe Gnecco

En los últimos tres años Luis Gnecco pasó de ser el chistosito de la tele a uno de los actores dramáticos más solicitados de Chile.

Verónica Guarda

Luis Gnecco se parece mucho más, en la vida real, a los personajes que está realizando desde hace un par de años en el teatro que a la imagen de payaso que uno podría tener de él, gracias a los innumerables programas de televisión en los que hizo de chistosito.

Tímido, dice él. Y siempre así. Pero ahora, cuando tiene cuarenta años, y tras quince en el humor, Gnecco ha empezado a mostrar su veta dramática y con ella, de paso, ha empezado a recibir más aplausos que nunca antes.

Con "Búfalo Americano", la obra del director y dramaturgo norteamericano David Mamet, estrenada hace un par de semanas, vuelve a reafirmar este nuevo aire que le llegó a su carrera - ya sin televisión- . En realidad, dice Gnecco, ahora lo pensaría dos veces antes de volver a hacer un programa de humor. Después de tantos ensayos y errores se dio cuenta de que el teatro es el que le está dando las satisfacciones que le importan.

La historia personal de Gnecco dice que después de pasar tres años estudiando Licenciatura en Biología en la Universidad de Chile (deprimido porque pensaba que era tonto: simplemente era incapaz de entender los procesos moleculares), se dio cuenta de que el científico Humberto Maturana, uno de sus profesores, se reía todas las clases cuando imitaba a alguno de los profesores de la escuela, o se paraba al lado de su escritorio a contarle un chiste.

"Así de perdido estaba antes de entrar a estudiar teatro", cuenta el actor con anteojos de marco grueso. "Pero tenía claro que me gustaba hacer reír, que siempre era el chistosito de la clase. Y que además no me costaba nada hacerlo".

Entre ese chistosito de la clase y el papel que encarna ahora "Búfalo Americano" hay un mundo de diferencias. "Teach (su personaje) tiene una actitud parecida a la de James Gandolfini en Los Sopranos", le digo. Gnecco baja la cabeza hacia un lado y comenta que en realidad le gusta el trabajo de Gandolfini pero que no se inspiró en él para este personaje. Y que si ganara la décima parte de lo que gana el intérprete de Tony Soprano, sería más gratificante aún la comparación.

Luis Gnecco ganaba bastante cuando combinaba los programas de humor con las teleseries. Ahora no le pasa así. Ha tenido que medir los gastos y ordenarse. Una tarea difícil para alguien, como él mismo se define, está acostumbrado a vivir en un estado de caos permanente. De hecho hubo varias veces en las que hizo programas por la plata. "El sucio dinero", dice el actor que el año pasado tuvo su última incursión fallida en Canal 13 con Ríete.con. Una producción que optó por un humor más intelectual y críptico y que el canal eliminó con un chasquido de dedos de su programación.

- ¿Volverías a hacer un programa así por la plata?

- No por ahora- dice el actor que en los últimos tres años se ha dedicado a hacer teatro como no lo hacía desde fines de los ochenta.

Sin ser un tipo particularmente alto o particularmente gracioso, algo que resalta estas características tiene Luis Gnecco cuando actúa. "Me han dicho varias veces que me veo corpulento sobre el escenario", cuenta. Esta presencia especial cuando está en una obra que también reconocen otros actores que han trabajado con él. "Lucho tiene esa capacidad de verse más gordo, más flaco, más alto o más bajo de acuerdo a lo que necesita su personaje". dice la actriz Rosita Nicolet, que trabajó junto a Gnecco en "La Lechuga" (2003). "Me recuerda tanto a Tootsie de Dustin Hoffman, que desborda por su versatilidad. Porque es algo así lo que pasa con él: hace lo que quiere sobre el escenario".

La veta cómica la viene desarrollando de antes. "Yo siempre he sido simpatiquito sobre el escenario, porque en la vida real soy un tipo más bien callado y tímido. Pero el humor con cierto peso que tiene uno, se da también porque yo traspaso algo de amargura al actuar", dice el actor. Lía Jelín, la directora de "Todos tenemos problemas sexuales", obra en la que Gnecco volvió a las tablas después de casi diez años, le decía que era un "capo cómico", por la ironía que ponía a sus personajes.

Gnecco juega bastante mientras prepara uno. Se da libertad para armarlo, sobre todo cuando se trata de un trabajo teatral. "Soy bien mirón además. Casi peligrosa y groseramente mirón y eso también ayuda", agrega. "Pero lo más importante es que tengo buena oreja musical y eso es vital para la comedia. Si no tienes ritmo y pulso musical, estai mal. La comedia es una cosa de precisión milimétrica. Tienes que saber dónde entrar, cuándo seguir y cómo construir rítmicamente para lograr una reacción del público. Es decir, das con el tono que estás buscando: por ejemplo, para imitar a un viejo cuico, dices tu frase y esperas que venga la reacción del público antes de continuar. Al final llegas a manejarte tan bien en eso que sabes cómo va a responder el público después de tu intervención".

Luis Gnecco estudió un poco de flauta, un poco de trompeta y sabe un poco de piano. En su vida ha hecho varias cosas así, hasta la mitad. Entre ellas estudiar actuación, porque tampoco terminó en la escuela de Fernando González, cosa que el director le enrostra hasta el día de hoy, cuenta.

Pero entró a trabajar a la televisión el año 1985 y desde entonces el tiempo se le fue haciendo poco para hacer otras cosas. Primero con las teleseries y desde el 87' con programas de humor como "De Chincol a Jote".

"Yo era bien chico y poco opinante cuando entré a trabajar", dice. "Todos mis compañeros de trabajo eran mayores que yo y todavía existían directores con sus tremendos egos, que te agarraban a garabatos si no hacías algo bien. Era pavoroso todo eso. Yo lo archivé y me costó bastante dejarlo de lado, hasta ahora, que trabajo cada vez más con gente de mi generación con la que puedes compartir una mirada. Por lo demás, me doy cuenta que quiero dedicarme más a mi cuento. A ser actor. A no ser que me ofrezcan millones y millones... Seamos honestos. Uno hace muchas cosas por plata", se ríe.

Una de las cosas que Luis Gnecco siguió haciendo por la plata fue el programa de humor "El Desjueves", que comenzó a principios de los 90'. Fue en la época en que se asociaron junto a Cristián García-Huidobro y Roberto Poblete, en este espacio en el que los tres tenían un rol de animador/comediante, que ahora lo pone un poco nervioso.

"El primer año del programa fue bastante bueno y tuvimos nuestro éxito. Pero siento que nunca me manifesté ni di mi punto de vista y que lo que vino después fue basura. ¿Por qué seguí ahí? Por comodidad, por inmadurez, porque ganaba plata... Pero creo que no volvería a algo así. De hecho cuando me llamaron para estar en el "Vamos Chile" no quise hacerlo por ningún motivo y desde entonces me he distanciado bastante de ellos también", dice.

Gnecco piensa un rato mirando al suelo. "Ya tiré la esponja con la idea de hacer humor en la tele, porque para que sea algo bueno necesitas un espacio propio, disponer de tus ideas y eso es difícil o imposible de obtener".

Después de tres años sin fines de semana y reajustando su presupuesto, ha logrado un reconocimiento de la crítica (lo nominaron a un premio Apes), y de sus pares. Volvió a trabajar con Alfredo Castro en la obra "Devastados", con quien no hacía nada desde la época del Teatro de La Memoria (1987), cuando actuó en "La Manzana de Adán".

Francisco Melo, que compartió roles con él en este montaje de Sarah Kane, habla sobre la libertad y la naturalidad que tiene como actor para enfrentar un personaje. "Incluso en esta obra, que era bastante difícil, Lucho tenía esa capacidad de ser fresco y vital. Su falta de pudor quedó claro cuando al tercer ensayo se sacó toda la ropa, como diciendo aquí estamos y dándonos el pie de empelotarnos nosotros también. De transitar con libertad por parajes complicados que tenían nuestros personajes", recuerda.

Luis Gnecco tiene una particular forma de tartamudear cuando enfatiza una idea. Esa es una de las cosas que lo acusa de seguir siendo un tipo bastante acelerado, a pesar de este cambio de rubro en su vida profesional. Solo eso, en realidad, porque caminando por Providencia sin apuro con su camisa a cuadros y las llaves de la casa en la mano, se nota la calma que ha decidido ponerle a su vida. Llegar a los cuarenta años también le parece reconfortante porque le ha costado mucho salir del huevo. Siente que ahora ve las cosas con más claridad, "confío más en mis piernas y dónde pararme, sin necesidad de planificar todo para adelante", dice.

Búfalo Americano

David Mamet decía "aplomo, arrojo, esperar el pie del compañero y decir bien tu texto", y en esta versión local del trabajo del dramaturgo y director norteamericano, los tres actores sobre el escenario cumplen bastante las instrucciones originales de la obra de 1979.

Luis Gnecco (Teach), Pedro Vicuña (Donnie) y Francisco Pérez-Bannen (Bobby), son tres tipos decadentes y mafiosos que tienen una relación bastante dependiente. La acción ocurre durante un día en el que tratan de dar un golpe y robar unas monedas antiguas a un coleccionista pero el trabajo se va haciendo cada vez menos posible durante la noche y salen a flote sus miedos y frustraciones.

Cristián Marambio dirige este montaje que es una buena muestra del trabajo de Mamet, que ha sido reconocido mundialmente por sus textos y sus películas.

"Búfalo americano"

Teatro Alcalá (Bellavista 97, 732 7161). Viernes y sábado a las 21:30 hrs., $7.000 y $5.000 estudiante y tercera edad. Sábado a las 20:30 hrs., y domingo a las 20:00 hrs., $5.000 y $3.000 estudiante y tercera edad.



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Foto:José Luis Rissetti


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