WIKÉN

Viernes 16 de Abril de 2010

 
La pasión por La Roja llega al cine

El documental chileno "Ojos rojos" no sólo sigue los triunfos de la selección de Marcelo Bielsa. También muestra cómo masticamos la derrota y nos volvemos locos con la efímera victoria. Esta la historia de tres jóvenes, que a punta de esfuerzo hicieron un seguimiento de ocho años, porque tenían un sueño: documentar, al fin, un final feliz para el balompié chileno.  
Por Ernesto Garratt Viñes ¿DÓNDE ESTÁ MI HAPPY END? El inicio de "Ojos rojos" comienza con un final. Un final triste. El documental que siguió religiosamente durante ochos años a la selección chilena de fútbol -y que se estrena el 6 de mayo con 25 copias en cine- parte con la muerte del sueño de clasificar para el Mundial de Alemania en 2006. Las cámaras de Ismael Larraín, Juan Pablo Sallato y Juan Ignacio Sabatini -los tres directores, los tres amigos- se meten en el camarín de los dirigidos del, por ese entonces, director técnico Nelson Acosta y lo que muestran en medio de camisetas sudadas, zapatillas esparcidas por el piso, pelotas dando botes solas, es la derrota en su máxima expresión. Los once de Chile acaban de perder el cupo para la fiesta germana y Mauricio Pinilla mira al suelo, el futuro capitán, el arquero Claudio Bravo está como desorientado y Matías Fernández agarra sus cosas y sólo atina a irse para su casa.Recuerda Ismael Larraín sobre la sensación de registrar ese aciago instante: "Fue terrible, esperábamos un final feliz y poder clasificar a Alemania. Esa era la imagen ideal para concluir la odisea de Acosta y nuestro documental. Pero no se dio. Fue un final triste", dice y sí, lo que sintió, sintieron todos, fue que ese fracaso era como su propia derrota. Era tirar tres años de grabaciones al tacho de la basura. Porque hasta ese momento, ese fatídico 12 de octubre de 2005, él y sus dos socios, amantes del fútbol, del cine, de la imagen en movimiento, del balón en movimiento, habían invertido más de mil intensos días para levantar algo inédito en el cine chileno: hacer un documental sobre la selección chilena y mostrar, de paso, cómo vivimos el fútbol, las muchas derrotas y los pocos triunfos alojados en nuestro ADN deportivo. Por eso, el trío había mojado la camiseta, había hecho cientos de seguimientos y sacrificios, había aguantado portazos, movido cielo y tierra para concretar los viajes a diversos destinos del continente y había vencido muchos obstáculos para ganarse la confianza de los jugadores, de Acosta y lograr ser invisibles y no ser notados por Rodrigo "Kalule" Meléndez o el mismo director técnico a bordo de un bus o en medio de un entrenamiento.Esta serie de imágenes, de la antigua Roja, de la que falló, son un tesoro y un acierto que repletan los primeros veinte minutos de "Ojos rojos", gracias a una cámara notablemente intrusa, a centímetros de los jugadores y sus rutinas en Barranquilla, Colombia, donde se jugaron el pescuezo. Vemos, por ejemplo, a Jorge "Mago" Valdivia llamando desde el lobby del hotel a la habitación de sus compañeros, mientras éstos, Matías Fernández y "Kalule", dejan sonar el fono porque están embobados jugando Playstation sentados en la orilla de la cama y pegados frente a la TV.Uno de los codirectores, Juan Pablo Sallato, comenta cómo consiguieron ser así de invisibles, así de omnipresentes: "Para esas clasificatorias fueron 18 fechas y conseguimos a punto de trabajo y ser mateos ese nivel de acercamiento a partir de la fecha 16", recuerda y entonces, cuando vino el final triste de 2005, comentan los cineastas, el documental se murió. O más bien dejó de respirar por un rato. Pero los tres amigos, los tres cineastas, no se dieron por vencidos. Dice Sallato: "Teníamos más de 90 horas grabadas de material de una historia sobre la derrota y buscamos aire nos dijimos: tenemos que grabar y contar la otra cara de la moneda".Tomando aire, lamiéndose las heridas, los tres amigos comprendieron que ese instante no era más que el primer tiempo de un partido difícil de ganar, pero que querían conquistar y que para eso había que jugar un segundo tiempo -otros cuatro años- tan largo e intenso como el que acaban de vivir. Es fácil de imaginar: música épica de fondo y de nuevo a la cancha. Recuerda el codirector Ismael Larraín: "Tuvimos que hacer la pega dos veces, convencer otra vez a la nueva dirigencia de la ANFP, al nuevo equipo y cuerpo técnico. Tuvimos que empezar de cero".Y así lo hicieron con "La Roja" de Bielsa. Pegados como si fueran su sombra, grabaron, registraron y, como los cineastas mismos aclaran, reinterpretaron con la grandeza que sólo puede dar el cine, el final feliz que tanto demoraron en encontrar. Este es el making of de un "partido" con un total de 250 horas grabadas que a ellos y a Chile entero nos cambió la vida.

EL ÉXITO ES UNA DECEPCIÓN. Ismael Larraín, Juan Pablo Sallato y Juan Ignacio Sabatini -los tres con actuales 31 años- se conocen desde que, literalmente, tienen memoria. Siempre se han visto y han sido amigos más o menos en los mismos escenarios: en los salones o patios del colegio Saint George y cómo no, en la cancha de fútbol. "Somos peloteros", cuenta Juan Ignacio Sabatini, hijo del director de teleseries Vicente Sabatini y quien siempre juega en la cancha desde la defensa. El medio campo es para Ismael Larraín y el atacante es Juan Pablo Sallato. Aunque los tres estudiaron oficios distintos -Sabatini, audiovisual; Sallato, arte y Larraín, publicidad-, el trío ya era una unidad en esto del cine, cuando a inicios de los 2000 y bajo la lluvia del Festival de cine de Valdivia, decidieron hacer el documental sobre La Roja. "Estábamos presentando un cortometraje en el Festival y ahí mismo nos preguntamos por qué no hacíamos un documental sobre una de nuestras pasiones, el fútbol. La idea era seguir a los jugadores y mostrar lo que nunca muestra la televisión o los medios de comunicación", dice Sabatini hijo.Ese fue el pitazo inicial de una larga campaña, cruzada por el tesón, la obsesión y la pasión, que los ha tenido en los últimos años de sus vidas detrás de los jugadores de La Roja, contra viento y marea. "Hicimos de todo para reunir fondos, incluso hacer videos institucionales. Eso fue hasta que Chile estuvo a punto de clasificar, porque ahí la cosa mejoró", recuerdan. Ellos, que crearon la productora Bandolero para este emprendimiento y que tuvieron que sumar cuatro años más, a los cuatro originales, entienden lo que es sobreponerse a la adversidad. Y tiene mucho que decir sobre el tema. De hecho, una de las puntas de lanza de su trabajo, más que mostrar los goles entrando al arco -que están, por supuesto- es tratar de reflexionar sobre cómo los chilenos asumimos y hemos vivido el triunfo y el fracaso.Dice Sabatini: "Por eso para nosotros fue importante usar la frase de Marcelo Bielsa, que abre 'Ojos rojos' y que dice 'el éxito es una decepción', porque eso define que estos buenos ratos son un minuto de fama no más". Juan Pablo Sallato complementa: "La derrota tiene más matices, en la victoria todos somos amigos, pero cuando las cosas no van bien uno ve las reacciones reales de la gente". En este sentido, "Ojos rojos" sigue, como espera todo buen fanático del deporte rey, las jugadas y la pasión de la cancha, pero además intenta elevar la discusión ("sin ser pretenciosos", dicen los autores) de lo que significa para tipos grandecitos, peludos y machitos pasar de la euforia total al llanto más trágico dependiendo de si una pelota entra o no al arco rival.Querían entender cómo uno se apasiona con el fútbol y nos creemos lo mejor cuando ganamos tres partidos seguidos y cómo no valemos nada cuando perdemos tres seguidos. Para eso entrevistaron a apasionados del fútbol conocidos y desconocidos: anónimos taxistas argentinos, al Presidente de Bolivia, Evo Morales, quien dice que le debe al fútbol el estar en la presidencia; al desaparecido Julio Martínez, a escritores como el uruguayo Eduardo Galeano, a intelectuales del fútbol como el respetado académico de la U. de Chile Eduardo Santacruz. Todo con la idea de tratar de entender uno de los más grandes misterios humano: la pasión por una pelotita que rueda sobre el pasto. Dice Juan Pablo Sallato: "Nos gustó ese sentido democrático de las declaraciones donde todas tenían el mismo peso, lo que dice un Presidente y lo que dice un taxista. Y además, nos encontramos con una de las sorpresas de este documental".Y toma aire para hablar de uno de los personajes "reales" más entrañables que aparecen en "Ojos rojos": Sergio Riquelme, autodenominado el reportero más sacrificado de Chile. "Es el locutor de la radio El Lago de Futrono (93.3 en el dial sureño), viaja con súper poca a plata a Santiago y es como nuestro álter ego en la película", dice Juan Pablo Sallato sobre las muchas apariciones de éste y sigue: "Es nuestro álter ego porque al igual que a él, nadie nos pescaba, trabajábamos desde la periferia mediática y fuera de la información principal". Sergio Riquelme, con sus atinados comentarios, simpleza y desplante, refleja la verdadera pasión por el fútbol y no necesariamente la que aparece en todas partes. Y ésa fue una de las pistas que siguieron estos cineastas para mostrar en cine lo que millones de chilenos ya habían visto en sus televisores, una y otra vez en las repeticiones de los noticiarios y matinales. "Queríamos hacer nuestra propia reinterpretación de lo que hemos visto", dicen los realizadores.

HECHO PARA EL CINE. Ismael Larraín, Juan Pablo Sallato y Juan Ignacio Sabatini tenían claro lo que no querían hacer ni poner en su documental. Después de ver la farandulera "Ojos azules", el documental galo sobre la selección de fútbol francesa, al trío le quedó más que claro que "Ojos rojos" no era el lugar para el voyerismo ni el excesivo detalle en las vidas privadas de los jugadores o el plantel técnico. Dice Sabatini: "Quisimos enfocarnos en el fútbol solamente. En la televisión estamos invadidos por los realities, que ahora le dicen docurrealities y hay un agotamiento de ese formato (...) Queríamos más que nada convertir este trabajo en una experiencia sensorial para disfrutarla en la sala de cine. Si la hubiéramos hecho para la TV, claro, hubiese sido de otra forma. Pero como esta fue una película realizada para ser vista en cine es que usamos técnicas y códigos menos tradicionales".Y así es. "Ojos rojos" no sigue los dictámenes de un documental típico. Para empezar no hay una voz en voz en off relatando lo obvio, sino que los encuadres y planos se encadenan con libertad a la espina dorsal de la narración, que es la cronología de las fechas jugadas por la selección. Algunas de las secuencias se intercalan con declaraciones de fanáticos, hay acciones paralelas en bares, el juego en el estadio y dichos de Marcelo Bielsa sacados de conferencias de prensa. Porque aquí, más que revelar o desclasificar secretos en torno a Marcelo Bielsa, los documentalistas quisieron insinuar atmósferas y graficar la pasión en abstracto desde un prisma personal y puramente cinematográfico.Dice Sabatini: "Por eso decimos que esto es estrictamente una reinterpretación de la clasificatoria. La tomamos y vemos de una manera distinta, no con el registro objetivo de las transmisiones televisivas". El codirector habla respecto de chorezas visuales como pinchar a un jugador, Matías Fernández, cuando lanza un tiro libre y en vez de seguir la trayectoria del gol hacia el arco, elegir que la cámara se quede con la reacción del jugador. "Para nosotros fue súper crucial ver una película francesa del cineasta Douglas Gordon". Esta película se llama "Zidane", fue seleccionada en el Festival de Cannes de 2006, y es una mezcla de documental e instalación de arte conceptual que logró seguir con 17 cámaras -dirigidas por el fotógrafo de "Delicatessen"- cada movimiento, cada gesto, cada acción y reacción de Zidane durante un partido entre el Real Madrid y el Villarreal en 2005."Es una maravilla de película, una preciosidad de obra de arte que compró el MoMa de Nueva York y que nos marcó y dio una pauta a seguir", dice Juan Pablo Sallato, quien como el sujeto licenciado en arte del grupo y el más permeable a estas nuevas apuestas formales, es una de las cabezas responsables de una estética más osada pero, a la vez, más atractiva. ¿Ejemplo? Durante el mítico gol de Fabián Orellana contra la poderosa Argentina, la pantalla se divide en varios cuadros que forman una nueva cancha, como si fuera un collage rearmado en el cine. Se ve lindo, avant-garde, artístico, pero eso no quita que volvamos los pies a la tierra y que se muestre una entrevista a Orellana y que hable de lo mucho que maduró tras el celebrado tanto: "Antes no me tomaba en serio esto, pero después me di cuenta de que con mis dos piernas podía salvar a muchos".Aquí el fanático del fútbol no es olvidado en ningún momento y de hecho hay factores que potencian el hecho de sentirse en la cancha. Comenta Sabatini: "En algunas jugadas quitamos el sonido ambiente y subimos el volumen a los latidos de corazón, a las pisadas y al balón deslizándose sobre el pasto, porque así es como se siente cuando juegas, cuando estás en la cancha. Hicimos todo esto para potenciar y convertir esta película en una experiencia cinematográfica única e irrepetible".-¿Y qué fue lo más duro de todo este rodaje tras ocho años de trabajo?Juan Ignacio Sabatini: "Yo creo que saber dejar tus sentimientos de lado cuando La Roja metía un gol. En los primeros años la cámara se movía. Pero en la segunda etapa aprendimos a controlarnos. O sea, cuando Orellana metió el gol contra Argentina, no se nos movió un pelo. Yo quería puro gritar de alegría, pero hubo que aguantarse no más".Ya pueden gritarlo en la sala de cine. Más ahora que tienen el final feliz que tanto buscaron. Aunque aún no saben si irán a Sudáfrica. "Estamos viendo, pero con lo que tenemos estamos bien". Lo que pasa allá es otro cuento. Éste ya tiene el cierre ideal.

Vea trailer de "Ojos rojos" en http://emoltv.emol.com 

 


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Juan Ignacio Sabatini, Juan Pablo Sallato, Ismael Larraín.
Juan Ignacio Sabatini, Juan Pablo Sallato, Ismael Larraín.
Foto:Fotos: Carla Dannemann/ Producción: Mónica Marchant


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