REVISTA DEL CAMPO

Lunes 21 de Julio de 2003

PERSONAJES DEL RODEO II: EL ARREGLADOR
Aprendí a la fuerza

Ruperto Valderrama tiene 73 años y en 1947 arregló su primer caballo. Este cinco veces campeón de Chile en rodeo, hoy vive en San Fernando, tiene 68 hectáreas en Camino a la Montaña y muchas historias por contar.
Juan Pablo Salgado

"Mi afición por los caballos no nace de una. Me pude haber ido a trabajar a Santiago, porque un primo me ofreció una pega en el Banco de Chile. Estaba terminando el colegio, pero opté por irme al campo. Era el mayor y tenía que ayudarle a mi papá. Le dije a don René Urzúa, un amigo suyo, que me buscara algo, aunque fuera cuidando chanchos.

"Me fui con un gran hombre: Guillermo Cardemil. Estuve a prueba tres meses administrando una hacienda de 5 mil cuadras. Le puse harto empeño y quedé. Es que mi papá siempre me decía que no se podía ser gerente altiro, primero había que ser obrero. Me ayudó mucho mi tatita Dios, porque yo soy muy católico.

"El primer caballo que arreglé fue en 1947. Una yegua que yo mismo le puse el nombre: 'Posturita', porque era muy puesta y encachada para correr. Con ella fui vicecampeón de Chile.

"Aprendí casi a la fuerza. Viendo a mi papá, Manuel Jovino Valderrama, que era muy bueno y nunca lo nombran. No me gustaban los caballos, porque mi papá era brusco para enseñarme: me gritaba y retaba. Imagínese que cuando llegaba del colegio, me sacaba al campo a topear y yo, por poca visión y habilidad, no atajaba el novillo cuando había que hacerlo y se me iba a las acequias. Y vamos retándome.

"Para poder enseñar a un caballo, lo más importante es el cariño. Si uno lo trata mal, no se saca nada. Con cariño, el caballo aprende mucho más. También es importante tener paciencia y repetirle los ejercicios una y otra vez.

"Lo más difícil son los primeros años. A uno el amansador le tiene que entregar el caballo bien manso. Ahí lo agarra uno y le enseña cosas en las que el amansador no puede meterse: a hacer el número ocho y a ponerse rápido para las vueltas, por ejemplo. Cuando ya están volviendo bonito, arrastrando las patas y están bien dóciles; se empiezan a topear a todo campo. Después de eso, cuando el manco ya sabe lo que tiene que hacer con el novillo se mete a la medialuna. Y no es nada de fácil, porque hay que arreglarlo para que la atajada sea suavecita y no se resienta.

"Hoy los caballos salen más rápido. Aunque reconozco que saqué caballos de la noche a la mañana. Depende, eso sí, de la docilidad. Pero es un mal aprovechamiento, porque se le exige mucho para que premie y por eso se cabrea. A mí me pasó con dos o tres. Ahí, usted lo suelta por lo menos un año sin tirarlo a la medialuna y empieza de nuevo con el trabajo. Con los años madura y se acostumbra de a poco. Y si no se cansa ni suda, al caballo le va gustando. Así lo hago yo por lo menos.

"Lo que más me gusta es cuando el caballo vuelve a la rienda. Si no lo hace, es un burro con un novillo. El caballo tiene que tener una boca de oro y hay que hacérsela para que sea dominable.

"La estampa de un caballo es muy importante. No puede ser cabezón ni tener el cogote invertido. Debe ser completo: buenas bases en los cascos y un pisar firme. Tiene que ser admirado por todos. Orejitas cortas, la cola frondosa, una tusa ancha y poca cerneja.

"Con los buenos resultados se me empezaron a abrir muchas puertas. ¿Cuándo lo dejé? El arreglador no muere nunca, mientras tenga vida. Pero, oficialmente, fue después de trabajar con "Chalito" (Gonzalo Vial hijo), hace ocho años.

"Mi mayor alegría es haber sacado muchos caballos, como doce o quince campeones de Chile y muchos más. Empezar a acordarme de eso es imposible. Tendría que sentarme un día entero con libros, un cuaderno y lápiz a hacer memoria.

"Como arreglador cumplí un ciclo muy positivo y estoy muy contento con esta vida. Tengo una gran mujer y chiquillos maravillosos. No puedo pedir más".

Fútbol, boxeo e hípica

"Me tuve que retirar del colegio y, por ser el mayor, hacerme cargo de la panadería: abría el salón muy temprano y a las seis repartía panes. Trabajaba mucho. Después me arranqué al campo.

"No soy muy vividor. Aunque cuando hay que serlo, soy pelusón. Me encanta el fútbol y hasta el día de hoy, a los 73 años, juego por los viejos cracks en San Fernando. Y estuve a punto de irme a la Católica. Yo estaba en la selección adulta de Molina, pero me cambiaron la edad, porque yo sólo tenía 16. Era arquero y delantero. Fui compañero de Guillermo Díaz (N. de la R.: delantero que jugó el Mundial de 1950) y jugué contra Audax Italiano, Santiago Morning y la Católica.

"También practiqué boxeo y estuve en dos campeonatos juveniles, representando a San Bernardo Central. Eso fue antes del fútbol, como cuando tenía trece años.

"Además corrí mucho a la chilena y tuve un pie en el Club Hípico. Mi papá quería que me quedara ahí. Pero un padrino no quiso. Imagínese, sería preparador de caballos de carrera a la chilena. Estuve muy metido, pero cuando me fui a San Bernardo lo olvidé y después, en Molina, no solté más los caballos de rodeo.

"Soy hijo ilustre de Curicó, tengo la medalla de oro Luis Cruz Martínez. El alcalde era un señor Rojas, debió haber sido el año 1963, por ahí. También me dieron un diploma, sale su nombre, pero está tan borrado, que ya no vale la pena tenerlo colgado. Igual es un muy bonito recuerdo".


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir

  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales