EL SÁBADO

Sábado 12 de Abril de 2008

nicolás Massú en la intimidad
Volveré a estar arriba

Tras una temporada de malos resultados, el tenista se confiesa con "Sábado", reflexiona sobre su futuro, dice que algún día le gustaría ser capitán de Copa Davis, que espera vivir seis meses en Miami y seis en Chile y que el amor verdadero aún no ha llegado a su vida. "De mí nunca nadie va a escuchar que estoy mal". POR
Por Luis Miranda Valderrama

Nicolás Massú baja su mirada hacia el polvo de arcilla del Court Central del Estadio Nacional. Sus ojos buscan los desniveles producidos por el duro entrenamiento matinal del equipo chileno que se prepara para la Copa Davis, contra Canadá. Los ojos de Massú escrutan la superficie, sus pies parchan las irregularidades y comienza a darle bote a la pelota. Está serio y poco comunicativo. El día anterior terminó contrariado por las preguntas que la prensa le hizo sobre su rendimiento personal, en baja, durante los últimos meses, por lo que ha decido que lo mejor es jugar callado.

Levanta el brazo y golpea la pelota fuerte hacia Hans Polidnik, el debutante juvenil con quien entrena. La raqueta toma contacto con la pelota, pero no va al lugar deseado. El silencio es total.

–Por qué no te vas un rato a la chucha, imbécil –se dice.

El capitán de Copa Davis, Hans Gildemeister, lo mira y no dice nada. Nicolás empareja la superficie de la cancha.

–Llevo 10 años jugando al tenis y no tengo la cancha que merezco, huevón –dice–. Pero vamos, dale. Sigamos.

Hace menos de un mes, en la etapa clasificatoria del torneo del master Miami, Nicolás intuyó que sería su despegue definitivo. Simplemente, "lo sentía". Había hecho un buen torneo de Acapulco y en Las Vegas e hizo un excelente partido contra Carlos Moyá. Además estaba entrenando tranquilo y bien. Sin embargo, perdió con Diego Hartfield un jugador al que por ranking debía ganar. Aquel fue su punto de inflexión. Nicolás Massú salió de ese partido descompensado: no lo podía creer. Frustrado, caminó por un bosque que se encuentra detrás del complejo tenístico. Su madre, Sonia, lo acompañó. "Conversé con mi mamá, ella me escuchó y yo me desahogué. Y después quedé más tranquilo. El apoyo de la familia es fundamental, sin ellos yo no jugaría como juego", dice.

Massú sabe que éste es un mal momento. Oscuro, difícil, inconfortable. A nadie le gusta perder y menos a él, que siempre ha querido vencerlos a todos, incluyendo a sus fantasmas, a sus limitaciones y a su falta de confianza. Y le molesta que todos aquellos que vibraron con sus triunfos lo olviden y se pregunten si él ya se convirtió en un deportista en decadencia que ya no dará más satisfacciones. "Ayer leí en el diario que decía que estamos (con González) en una curva en bajada. Pero eso lo leí también hace tres años. Dicen 'esta es su ultima gran oportunidad' como si tuviéramos 35 años. Me da lata. Tenemos 28 recién cumplidos. Tenemos por lo menos cinco o seis años de un gran nivel. No tiene que ser este año. Cuanto antes, mejor. Pero es como ponernos una pistola en el pecho, una presión tremenda. Y en la cancha no puedes jugar después. Pero tratamos de no escuchar no más".

El día domingo previo a la Copa Davis, Nicolás amaneció con 39 grados de fiebre y no pudo ir a entrenar. El lunes en la tarde, sin embargo, y con la llegada de Fernando González, ha comenzado a mejorar sus golpes. La mirada siempre seria y concentrada. De pronto, un golpe poco feliz y maldice. Fernando lo estimula a seguir. Y Nicolás responde luchando con el rival de siempre, en la cancha y en su mente. Una relación de pares, y de amigos.

Cuando niño hubo una película que marcó la vida de Massú: Rocky IV. Vería esa película una y otra vez y se encantaría con la lucha, el trabajo y el regreso de un campeón. Podría decirse que éste es un momento de esos. Regresar a la gloria. Volver y querer.

"Yo soy un guerrero. Soy un gladiador. La lucha es parte de mi vida. Por eso me gusta Rocky, porque él decide pelear una vez más. Yo he tenido éxitos en la vida, pero éste es un momento bajo. Eso lo sé mejor que nadie. Pero sé que estoy haciendo las cosas bien. Sé que las cosas mejorarán. Yo volveré a estar arriba, con los mejores tenistas del mundo".

Una cosa más le regaló Rocky a Nicolás. Desde que comenzó a ser profesional, el tenista oye una música que lo motiva siempre, 10 minutos antes de un partido. Al principio era en un walkman y ahora es en un I–pod. El efecto es siempre el mismo. "Escucho 'Eyes of the tiger', del grupo Survivor. Con ella entro con ganas de ganar. Desde chico me sentí así, con ganas de ganar todo lo que pueda".

–Todo el mundo sabe que no está en un período exitoso. Pero ha vivido el éxito y el fracaso intensamente. ¿Cómo enfrenta las dos situaciones?

–Desde que tengo uso de razón he sabido que los buenos momentos no son para siempre. En mis mejores momentos sabía que había que disfrutarlos porque las cosas iban a cambiar. Mientras más dure, mejor. Y si es para siempre, mejor. Pero se aprende de los momentos malos. En mi profesión es importante que te vaya bien porque uno depende de su confianza. No es como el fútbol, donde uno depende de otros. Eso fue fundamental para mí en la elección del tenis sobre el fútbol, yo soy el único responsable si gano o pierdo. La responsabilidad de estar solo frente al mundo me gusta. Desde chico supe que mucha gente iba a opinar de mi carrera y no tenía que preocuparme.

–¿Qué le pareció una carta en el diario en la que se pedía que se retirara?

–Esas criticas me provocan.... (se queda callado un momento). Te digo, y es algo que me enseñaron de chiquitito, que si yo no fuera lo positivo que fui y no hubiera enfrentado mi vida como lo he hecho, nunca hubiera logrado todo lo que logré. A mí me enseñaron a luchar contra la vida. Vengo de familia luchadora. Soy un guerrero. Entonces, que ahora vengan a criticar esas mismas personas que antes, cuando era exitoso, celebraban y celebraban... Claro, entiendo. En este país son tan pocos los deportistas de éxito que no te permiten un bajón. Pero el gran luchador es la persona que se levanta de los momentos malos.

Para entender a Nicolás Massú hay que conocer a su familia: dos hermanos, un padre de origen palestino y una madre cuyo padre, húngaro, debió soportar la persecución a los judíos en la Europa de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, Ladislao Fried fue quien lo llevó al tenis e hizo que se encantara con ese deporte desechando su paso como futbolista en las infantiles de Everton. De su abuelo también heredó su capacidad de sobreponerse a cualquier hecho, incluso la muerte de una familia entera en Auschwitz.

"Yo no hablo mucho de eso, de mi abuelo y su pasado porque él sufre por ello. Su cumpleaños es especial para todos. No celebra. Pero él fue muy importante en mi niñez, como mi papá, mi mamá y mis hermanos, pero de él saqué esa fuerza que uno debe tener para avanzar en la vida. Me cuesta y no me gusta pensar en que a mi familia le pudiera pasar algo. Ellos saben que son muy importantes para mí".

–¿Le afectan los problemas personales?

–Claro, pero hay que aprender, y yo separo. Hay mucha gente en el deporte que no separa, pero una cosa son los problemas y otra es la confianza de ganar el partido. Yo, gracias a Dios, tengo todo bien. En este momento en mi vida, de verdad, estoy súper feliz. Lo único que me falta para que todo sea perfecto es que empiece a ganar mas seguido. De mi nadie va a escuchar que estoy mal. Puedo estar destruido en mi camarín, con mi entrenador y en medio de mi familia, pero salgo con la frente en alto. Así me criaron. Es la forma como creo que uno tiene que aceptar la vida.

–La gente cercana a usted dice que es muy autoexigente. ¿Esa actitud no le ha provocado malas jugadas en el tenis?

–En este deporte, dejar toda una adolescencia de lado y tantas cosas, tu familia, para viajar, etc... Para ser tenista hay que tener su pequeña dosis de locura. Y así soy. Mi personalidad me ha hecho hacer cosas como, por ejemplo, aguantar tanto tiempo en las Olimpiadas. Debe ser que luché tanto cuando era mas chico, viajaba todos los días de Viña, Villa Alemana, saliendo del tenis al colegio, casi no dormía... Ese grado de locura, de autoerigirme, es mi manera de ser.

–Pero eso le ha pasado la cuenta.

–Claro que me ha pasado la cuenta. Y también me ha hecho ser muy cerrado, escuchar poco al entrenador o a mi familia. Pero no ha sido por porfiado, sino las ganas, ¡las ganas de querer ganar! y de ver que uno puede. Entonces no escuchas. Pero vas aprendiendo. En esta misma entrevista, a los 20 años, te habría dicho otras cosas. Pero han pasado 8, 10 años desde que empecé con el profesionalismo, y he aprendido mucho. A lo mejor ahora no estoy pasando un momento bueno, hace 8 años habría estado vuelto loco, buscando razones., bajoneado, sin entender. Pero ahora estoy muy calmado. Sé que es sólo un momento.

–¿Ha llorado después de una derrota?

–Si, habré llorado como unas diez veces en toda mi carrera. Es difícil acordarse de la más dura. A los 17, 18, 20 habré llorado un par de veces, pero son tantos partidos que uno se acuerda de las últimas veces no más (se queda callado).

–¿Cuál fue la última?

–Cuando perdí en Viña. Ahí llore. Sentía que iba a ganar, ya llevaba dos finales. El cuadro de los jugadores era difícil, pero en años pasados ya había ganado dos finales jugando tenis normal. Lo mismo: jugué un set, pero no pude seguir la misma senda. Un problema de confianza, ¡qué quieres que te diga! El hecho de querer ganar, el codiciar una cosa, te termina pasando la cuenta. Y ahí te empiezas a preguntar, por qué, y uno no entiende.

–¿Cómo es convivir con la soledad que se vive en el tenis?

–Uno se acostumbra. Es una actividad de personas solas y eso lo sabes desde que empiezas. Te pones duro. Es una forma muy distinta a la vida común, pero a los 28 años no me complica.

–¿No le hace falta estar con una mujer?

–Esa pregunta la hubiera respondido distinto hace unos año. Y ahí me doy cuenta de que he madurado. Antes hubiera dicho que no era importante tener una polola, pero ahora lo he pensado y creo que no sé. Tuve una polola y todos los saben, una niña sueca que vino a Chile. Y podría decir que es la mujer con quien más tiempo he estado. Porque nos estuvimos viendo como tres o cuatro años. Pero a esa relación la mató la distancia. Ella en Suecia y yo en Chile, era muy difícil que se mantuviera. Pero no podría decir que es el amor de mi vida o la mujer más importante. Es que no me ha tocado. Si tu sacas la cuenta de esos cuatro años, fueron sólo días los que estuvimos juntos. Me siento bien al estar solo, aunque no descarto nada. El día que llegue una polola, llegará.

–¿Cuál es su meta futura?, ¿llegar a los top ten?

–No voy a estar tranquilo hasta estar allí, de nuevo. Si no lo logro, no me quedaré sin luchar. Pero confío en lo que pueda hacer. No voy a parar hasta lograrlo. Quiero estar arriba, bien arriba. Tengo que ir de a poco. Primero estar rápidamente dentro de los 50. Y, de allí, estar dentro de los primeros 20. Y en ese lugar puede pasar cualquier cosa. Yo estuve allí. Fui nueve en el mundo. No es algo nuevo. Sé qué es lo que se necesita para estar y mantenerme. Y esta Copa Davis me puede ayudar. Y si no es así, será la siguiente. Jugar por Chile es lo máximo.

–¿Qué pasará cuando se retire del tenis?

-Todavía me quedan más años de tenis. No le he meditado demasiado, no me ha llegado el momento. He conversado con ex tenistas que me cuentan que cuando se han retirado han sentido un vacío. Que cuando se levantan y quedan desocupados sienten que les falta una cancha, el público, el jugar. Otros terminan sin querer saber nada del tenis, porque terminan cansados de este mundo. Depende. Pero yo creo que voy a extrañar el tenis. Me gusta y voy a seguir ligado. Quizás como capitán del equipo de Copa Davis, o enseñando a los más chicos. O teniendo un centro deportivo como Iván Zamorano. Lo que tengo claro es que voy a vivir en Chile y en otro país. Viviré seis meses aquí y otros seis meses en Miami. No me gustaría estar en el mismo lugar siempre.

–¿Qué le gustaría que dijeran de usted una vez que ya no esté participando en el tenis profesional?

–Siempre escucho, "¡vamos Nico, de vuelta arriba!". O cuando me dicen "eres un grande...". Cuando me retire o muera me gustaría que la gente me recordara como un deportista que hizo todo por su país. Un gladiador y una mejor persona. Pero aún me queda mucho por hacer.


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Foto:JOSE ALVUJAR


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