REVISTA YA

Martes 14 de Junio de 2005

Papás de clanes femeninos:
Benditos entre todas las mujeres

Papás de clanes femeninos.
Texto: Magdalena Andrade N. Fotografías: Héctor Yañez

Juan José Irarrázaval, 50 años, gerente de una corredora de seguros 5 hijas

"su mundo es fascinante"

"Mi papá siempre tuvo la preocupación de que yo tuviera un hijo, un heredero, pero para mí nunca fue un tema", confiesa Juan José Irarrázaval, padre de cinco hijas entre 16 y 24 años. Cuando se proyectaba con una familia, su único deseo era que fuera numerosa, tal como la suya, donde es el séptimo de nueve hermanos, sólo dos de ellos mujeres.

Hasta el tercer embarazo de su mujer pensó que podría ser hombre, pero cuando vino el cuarto, sólo esperaba que fuera mujer, para tener únicamente niñitas en la casa. Nunca ha echado de menos al heredero, porque todos sus panoramas los puede compartir con ellas. "Las niñas acompañan porque quieren ir, no porque es el panorama del papá, como podría pasar con los hombres".

Goza al máximo con la presencia de cada una de sus hijas y sus costumbres, muchas de ellas divertidas para él: "Su mundo es fascinante. Los viernes en la noche hay un despelote de pinturas en el segundo piso, no sólo de mis hijas, sino de las amigas. El intercambio de ropa es infinito: de repente creo que hay un supermercado en la casa. También tienen toda una rutina de belleza: se sienta una, la otra la pinta, una tercera opina... Mi señora y yo dormimos en el primer piso y ellas en el segundo, entonces en las noches sentimos conversaciones de lo más entretenidas. Muchas veces me dan ganas de levantarme e ir yo también a la conversa".

Proveniente de un clan eminentemente masculino, se sorprende al enumerar cada detalle que hace que el suyo sea un hogar influenciado por la presencia femenina. "En mi casa un artículo de primera necesidad es el secador de pelo, que para mí siempre había sido completamente inútil. Es lo primero que echamos en la maleta cuando vamos de viaje. Otro tema importante es qué bálsamo vamos a comprar, algo que a mí no puede importarme menos".

También tuvo que dejar de lado el bochorno que le provocaba en un principio entrar en la sección femenina de las tiendas. "Uno al principio se siente incómodo, entre puros calzones de señora, comprando el que me habían encargado". Ahora es erudito en tallas y modelos, además de ser experto en temas propiamente femeninos. "Mi relación con ellas es franca y directa. Tenemos varias instancias de acercamiento, donde tocamos todos los temas sin pudor. No soy caluguiento ni extremadamente cariñoso, pero sí tengo claro que hay otras mil formas de hacerles sentir que las amo", confiesa.

Al igual que los otros papás, Juan José destaca como una gran ventaja el que las mujeres sean más apegadas que los hombres al hogar. Por eso, define a su familia como "un hogar para adentro", ya que "las niñitas no salen, acá es donde siempre llegan todos. Me encantaría que cuando ellas se vayan, no pierdan la costumbre de acercarse a la casa, y seré aún más feliz si también traen a su familia".

Alfonso Dulanto, 61 años, ministro de Minería 5 hijas

"ellas siempre vuelven al hogar"

Pese a que se crió con su madre y su abuela, el actual ministro de Minería reconoce que antes de que nacieran sus cinco hijas - entre 10 y 33 años, fruto de dos matrimonios- , sabía muy poco del mundo femenino. Hoy es el único hombre entre su señora, su madre, sus "niñitas" y sus dos nietas. "Tener un hombre nunca ha estado en mi agenda de problemas. Quizás en el segundo matrimonio me planteé la idea de un niño, pero las dos chicas son tan fantásticas, que no tendría ninguna razón para seguir pensando en eso. Lo único que puedo decir es que me muevo en un mundo distinto, y siempre les digo a mis chiquillas: Si yo hubiera tenido un papá ministro me hubiera gustado saber sobre la experiencia, qué problemas se tienen..., pero ellas nunca me preguntan", cuenta con cierta nostalgia. A pesar de ello, la experiencia de tener sólo hijas lo fascina. "Las chiquillas son súper cariñosas, mucho más que los hombres. Forman un ambiente más grato para vivir: se meten dentro de mi cama, me abrazan, me dan besos. No tengo claro si los chiquillos hacen eso, porque no tengo la experiencia, pero ellas son así". Siente que aún no sabe mucho de mujeres, pero una de las cosas que ha aprendido es el manejo de la sensibilidad femenina. "De repente mi mujer me dice: Es que no puedes decirle eso, porque la vas a herir. Yo me eduqué con tres hermanos y nos decíamos todas las cosas del mundo, pero con las mujeres hay que irse con cuidado". También le cuesta tocar temas más íntimos con ellas. "Lo que yo puedo aportar es ser un ejemplo para ellas, un padre con ciertos valores éticos, enseñarles a preocuparse por cosas que vayan más allá de uno".

Con las chicas ha podido ser un padre muy presente, pero con las tres más grandes le tocó el papel de padre separado. Los viajes al extranjero con ellas han sido la instancia para compartir más. "Imagínate un padre solo con tres niñitas a su cargo". Hoy es tan cercana la relación que para él es un tema cómo será cuando ninguna esté a su lado. "Estoy muy contento de que sean mujeres, porque ellas, a diferencia de los hombres, siempre vuelven al hogar".

Rodrigo Cooper, 47 años, abogado 5 hijas

"Todas tienen su gracia"

"Cuando vives con puras niñitas tienes dos opciones: o te involucras plenamente en su vida o te dejan fuera". Así de categórico es Rodrigo Cooper, abogado y padre de cinco hijas entre 6 y 18 años. "Tienes que buscar cómo insertarte en una realidad absolutamente femenina. A mí me cuentan cosas que a niñas de familias mixtas les daría pudor decirle al papá. Si no, estaría aislado en mi propia casa".

En estos años Rodrigo ha aprendido de moda, comidas y de lo trascendental que puede ser el teléfono y el pelo limpio. "En mi casa se nota que hay muchas mujeres en la cuenta del teléfono, en las duchas. Mis hijas se levantan por lo menos media hora antes cuando les toca lavarse el pelo". Y el aprendizaje sigue. "Les gusta más la ropa que les regalo yo que la mamá. Es que ella compra lo que le gustaría que las niñitas usen, y yo lo que sé que les gusta. Es cosa de ser observador; algunas prefieren las poleras con tiritas, otras con escote, y hay una que siempre quiere pantalones". Cuenta que comparte todo el tiempo que puede con sus hijas. Además de llevarlas al colegio, es de los que las acompaña a comprar mostacillas para collares a Patronato y, sagradamente, se turna para salir a comer con una de ellas cada dos semanas. "Fue el consejo de un amigo y se me hizo costumbre. Voy con una de las niñitas donde ella quiera. A una le gusta la carne, a la chica la comida chatarra, a otra el sushi y a otra pizza".

Acerca de la crianza, explica que con ellas hay que ser más cuidadoso, sobre todo en lo que se les dice. "Las niñitas se dicen pesadeces, son irónicas y pueden estar tres días enojadas, porque me dijiste ayer que el pinche no me quedaba bien. A un hijo le dirías directamente déjate de pelotudeces, con ellas no. Hay que tener un lenguaje, y debes saber escuchar". Además, Rodrigo dice que las niñitas son una inversión: "Si logro llegar a viejo creo que la familia se va a mantener, y que cuando ellas se casen, en vez de perderlas vamos a ganar cinco hijos. Soy un agradecido por la familia que tengo. Todas tienen su gracia, y la mía es llegar a conocerlas y compartir una vida con ellas".

Cristián Lara, 40 años, subgerente de área 5 hijas

"las niñitas son mi chochera"

Sus cinco hijas, entre 3 y 10 años, son su más absoluta pasión. Tanto, que le encanta volver temprano de su trabajo para jugar a las barbies y al restorán. De sus "niñitas", lo que más disfruta es lo extremadamente cariñosas que son con él. "Son súper apegadas a mí. Van todas al lado mío. Unas se me agarran del brazo, otras de las piernas", cuenta.

En un principio echó de menos un partner "con quien hacer cosas de hombres, ir al estadio, un tema que a las niñas no les interesa para nada, porque son más delicadas y sensibles". Esa sensibilidad, cree, las hace ser más complicadas: "Si uno les habla un poquito más fuerte, te dicen: yo no soy tu hija, yo no te quiero. Cuando pelean entre ellas se dicen cosas tremendas. Los hombres, en cambio, dan un par de combos, lloran un rato y siguen jugando".

Le encanta que sean alegres, sociables, ruidosas, desordenadas, y le llama la atención su excesiva elocuencia. "Las niñitas son, lejos, mucho más habladoras que los niños. Tienen una ansiedad permanente de comunicarse. A todas les gusta hablar, y tú tienes que escucharlas en el minuto, porque si no, se sienten. Son, además, vanidosas: se pasan mirando al espejo, algo increíble para lo chicas que son".

Como son pequeñas, su interacción con ellas se remite más al juego y a compartir actividades como ir al cine o salir a andar en bicicleta. Por ahora le gusta así; la sola idea de que crezcan lo intimida. "Trato de hacerme la idea de que me falta más de lo que realmente me falta para verlas grandes. Me pongo a pensar cuando tengan pololo y no sé cómo voy a reaccionar. No va a ser un tema fácil, porque las siento muy mías". Lo que sí tiene claro es que sus niñitas van a estar a su lado, "hasta que me muera. Lo veo en mí y en mi señora. Mis hermanos y yo nos hemos ido alejando de mi casa, en cambio mi mujer no hay día en que no hable con su mamá".


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Foto:Héctor Yañez


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