ENFOQUES

Sábado 30 de Marzo de 2002

SERIE GRANDES ESTAFAS. Capítulo VII, 'Escudos con destino a Green Cross':
Billetes, a la cancha

Fernando Jaramillo aprovechó su cargo como subtesorero del Banco Central para sustraer 264.900 escudos y destinar parte de ellos a financiar actividades de la rama de fútbol del club deportivo Green Cross. Al ser descubierto intentó huir hacia Argentina pero fue capturado cerca de la frontera.
Patricia Vildósola Errázuriz

El amor al fútbol fue lo que habría llevado a Fernando Jaramillo Phillips a sustraer billetes aprovechando su puesto en el Banco Central, para traspasarle una parte a su adorado club - Green Cross- , que en esa época atravesaba por un mal momento en lo económico.

Todo fue descubierto cuando el lunes 25 de septiembre de 1961 los funcionarios del Banco Central realizaron un arqueo extraordinario dispuesto por la superioridad de la institución. El Martes 26, a las 10:00 am., al proceder a revisar paquete por paquete de billetes, el revisor observó que algunos fajos no eran iguales a los demás.

Una investigación más profunda mostró que en ellos había cartulinas blancas - de las que se usaban para indicar el valor del dinero- en lugar de billetes de 10 escudos. Al continuar su trabajo y darse cuenta que había más fajos extraños, el inspector dio aviso inmediato a la gerencia del Banco. Pronto se descubriría que faltaban 264.900 escudos de billetes listos para ser entregados a circulación.

Los ejecutivos de la entidad sospecharon de inmediato de Fernando Jaramillo Phillips, segundo subtesorero, quien tenía entre sus funciones trabajar dentro de la bóveda, teniendo normalmente a su cargo entre 10 y 15 millones de escudos para ser entregados a los bancos de Santiago.

La operación 'reemplazo'

La bóveda del Banco contaba con dos combinaciones y un sistema de relojes que impedían que dichas combinaciones funcionaran cuando lo hacían los relojes. Las claves sólo las conocían el tesorero y el subgerente administrativo, por lo que para cualquier acción debían estar ambos presentes. Pero, además, todo indicaba que el sistema no había sido manipulado ni alterado, por lo que el robo no podía haber sido realizado por una persona externa, ni en horas de la noche.

La tesorería del instituto emisor funcionaba con un tesorero y dos subtesoreros, cada uno con su propia caja, separadas por rejas dentro de la bóveda. Uno de estos últimos era Fernando Jaramillo Phillips, funcionario de carrera que había ingresado a la institución en julio
de 1942.

Tras haberse desempeñado en distintos puestos, incluido el de cajero de otra áreas, había llegado al de subtesorero en 1957.

En este último cargo, Jaramillo tenía a su cargo una caja de diez o quince millones de escudos para efectuar los cambios a los bancos. Su 'oficina' dentro de la bóveda estaba rodeada de rejas y nadie más podía entrar en ella, a excepción del revisor.

Los fajos de billetes se disponían en una estantería que tenía alrededor de dos metros y medio de largo, en rumas de diez paquetes, formando así un gran block de dinero.

Durante los arqueos el revisor miraba los grupos de fajos y examinaba algunos. Sin sospechar que pudiera haber algo anormal, contaba los paquetes en forma general. De esto se aprovechaba Jaramillo para sustraer algunos fajos, los que reemplazaba por cartulinas con igual forma y tamaño.

Sabiendo que no había revisión alguna a la salida - pues se entendía que el cajero respondía por el dinero a su cargo, controlado por los inspectores revisores que actuaban en cualquier momento- , Jaramillo sustraía los billetes durante sus horas de trabajo.

El revisor general del Central hacía los arqueos una vez al mes, en distintos días, además de otros sorpresivos.

Precisamente, eso es lo que se desarrollaba ese lunes 25 de septiembre de 1961 y que llevaría a descubrir, al día siguiente, que faltaban los 264.900 escudos.

Persecusión en helicóptero

Dado que el martes 26 Jaramillo no se había presentado a trabajar, los gerentes del Banco lo llamaron a su casa. Pero, como no fue posible ubicarlo, se avisó al Servicio de Investigaciones para que iniciara su búsqueda.

El lunes, al darse cuenta de que sería descubierto, Jaramillo había decidido huir hacia Argentina, a través del paso del Yeso, en el Cajón del Maipo. Para ello solicitó la colaboración de la auxiliar de tesorería, Clemencia Garrido Negri, y contrató los servicios de tres baqueanos de San Gabriel, los hermanos Doroteo, Casimiro y Antonio Martínez, quienes se encargarían de guiarlo en el cruce fronterizo a través de la cordillera.

Para hacer más factible la fuga había pasado dinero a su amigo y directivo de Green Cross, John Arthur Aránguiz, para que comprara víveres, moneda extranjera y cancelara a los arrieros que lo llevarían a través de los Andes.

Sin embargo, el Central no estaba dispuesto a permitir que Jaramillo escapara e hiciera uso del dinero mal habido. Por ello, al descubrirse que el ex subtesorero pretendía salir del país por esa vía, funcionarios ejecutivos del Banco contrataron un helicóptero y dispusieron que un furgón se trasladara a las Melosas para establecer ahí una base de operaciones.

Se transportaron víveres e incluso se llevó combustible para recargar el estanque del helicóptero y que éste pudiera sobrevolar la cordillera transportando a funcionaros de investigaciones con la orden de detener a Jaramillo y a su acompañante.

Fue así como fue detenido - junto con Clemencia Garrido- , el jueves 28, y trasladado hacia Santiago en un furgón del Banco.

Jaramillo, además de su trabajo en el Banco, era presidente de la rama de fútbol del club de deportes Green Cross. En los interrogatorios, el ex subtesorero había declarado ante el juez que parte del dinero sustraído lo invirtió en gastos a beneficio de esa organización deportiva.

Al comienzo de la investigación quedó a cargo del caso el juez del Primer Juzgado del Crimen, Sergio Dunlop, que pronto dictaría también ordenes de detención contra Ernesto Burr Henckel (Tesorero), Gonzalo Morandé Bascuñán (Subtesorero), y el dirigente deportivo John Arthur.

El 1 de octubre la Corte de Apelaciones de Santiago nombraba como ministro en visita a Israel Bórquez, quien continúo la investigación. Entretanto, el vicepresidente del Banco, Fernando Illanes, informaba al presidente de la institución, Eduardo Figueroa, y al Ministro del Interior, doctor Sótero del Río.

A los dos días era decretada la libertad incondicional de Burr y Morandé, y el Banco Central presentaba una querella - posteriormente también lo haría el Consejo de Defensa del Estado- en contra Jaramillo y Clemencia Garrido, como autores, y contra Arthur, como encubridor.

Según avanzaba la investigación se fue determinando que parte de los fondos que Jaramillo habría destinado al club deportivo habrían sido para pagar facturas, contratos de jugadores, primas, sueldos y préstamos.

Cuánto fue al club deportivo no quedó bien determinado, aunque se calculó del orden de los 64.000 escudos. Tampoco se supo a dónde fueron los 200 mil escudos. Según declaraciones del propio Jaramillo, podría haber "invertido", en la importación de dos camionetas Ford Ranchero y haber perdido parte en especulaciones en la Bolsa.

El ministro Bórquez dictaría su sentencia en julio de 1963, condenando a Jaramillo a 12 años y 180 días de presidio como autor de delito de malversación de caudales públicos, en perjuicio del Banco Central. También condenaría,
a penas menores, a sus cómplices, Benjamín Raúl Bocaz ex gerente del club deportivo Green Cross y Gregorio Risco Villena, ex tesorero
del equipo.

Estos dos fueron condenados, según se indicó en los alegatos jurídicos, pues teniendo pleno conocimiento de la situación económica del club, se habrían concertado para alterar la deuda del club con Jaramillo, y ocultaron a los demás directivos del club esa información. Además, se sabía que Jaramillo no disponía de una situación económica que le permitiera contar con los recursos para traspasarlos a Green Cross. También fue condenado como encubridor, al dirigente de Green Cross, John Arthur, porque no sólo habría ayudado a Jaramillo en su escape, sino que, además, al ser amigo personal del ex subtesorero sabía que éste ni su familia disponían de dinero para que se gastara como lo hacía.

Las apelaciones llevaron a que el proceso - muy bullado y que en algún momento incluso llegó a compararse con el caso Dreyfus, en Francia- siguiera dilatándose. La defensa de Jaramillo intentó demostrar que éste había cometido el delito producto de problemas mentales. Sin embargo, informes emitidos por el Instituto Médico Legal determinaron que estaba en pleno uso de sus facultades como para hacerse plenamente responsable de sus actos.

Sólo sería en julio de 1964, cuando la Corte de Apelaciones de Santiago terminaría de escuchar los alegatos de los abogados de las partes involucradas en el delito y en diciembre de ese año confirmaría la sentencia dictada en primera instancia por el ministro Bórquez.


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Fernando Jaramillo Phillips se escudó detrás de los barrotes de la bóveda del Banco Central.
Fernando Jaramillo Phillips se escudó detrás de los barrotes de la bóveda del Banco Central.


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