ECONOMÍA Y NEGOCIOS

Sábado 12 de Enero de 2008

Las razones que estuvieron detrás de la decisión:
A 25 años de la intervención bancaria en Chile

La medida fue tomada para frenar una de las mayores crisis económicas y financieras que haya sufrido el país y que le representó un costo que se ha estimado en hasta un 35% del PIB.

LINA CASTAÑEDA y CLAUDIA RAMÍREZ

Mañana se cumple un cuarto de siglo de la mayor intervención de la banca en Chile que formó parte de la crisis económica y financiera de 1981, considerada entre las más grandes de este siglo.

Eran los años de la "plata dulce". El motor de la economía mundial -Estados Unidos-, venía creciendo a tasas en torno al 5% en los años 1976 a 1978. Con la alta liquidez vino el "boom" del consumo que se extendió al resto del mundo.

Chile no fue la excepción. Después de pasar la crisis del petróleo de mediados de los 70, la economía comenzaba a recuperarse. El Producto Interno Bruto (PIB) que había declinado entre 1971 y 1975, volvía a remontar, empinándose en 1980 a un 7,9%.

La demanda doméstica por consumo privado y las inversiones en capital fijo habían aumentado rápidamente a cifras record.

El país recurría al abundante ahorro externo de la banca privada internacional para financiarse, lo que se vio reflejado en los déficit en cuenta corriente de 6,4% del PIB en 1980 y de 14,5% en 1981.

En tanto, tras desacelerar su crecimiento a un 3,2% en 1979, la economía de Estados Unidos entra en recesión, con una caída de 0,2% en 1980.

Para entonces, Chile estaba inundado de dólares y abruptamente se corta el financiamiento externo. A mediados de 1981 los niveles record de consumo e inversión ya no eran sostenibles. Las tasas de interés subieron en todo el mundo y con la recesión se deterioraron los términos de intercambio.

"El sistema bancario jugó un rol clave en la euforia de 1980-1981", de acuerdo a un estudio sobre el origen y solución de la crisis en Chile, de Edgardo Barandiarán y Leonardo Hernández.

Créditos relacionados

Con un esquema de tipo de cambio fijo, las empresas y personas estaban altamente endeudadas en dólares, con el ingrediente "criollo" de los créditos bancarios a empresas relacionadas que fueron posibles por vacíos en una regulación financiera que no había sido tocada por las reformas de la apertura de la economía.

La recesión, la caída en los precios internacionales de los productos de exportación, las altas tasas de interés y el fuerte aumento del precio del dólar, elevan la morosidad de los créditos y se precipita la crisis bancaria.

Dos grandes bancos (de Talca y Español Chile) fueron intervenidos en noviembre de 1981 acusados de haber tomado un riesgo excesivo. También fueron intervenidas otras cuatro sociedades financieras (Compañía General, Cash, de Capitales y del Sur) y dos bancos más pequeños (de Linares y Fomento de Valparaíso).

Cuando la crisis se profundizó en 1982, el deterioro del portafolio de préstamos se debió principalmente a las nuevas condiciones macroeconómicas: el PIB de Chile cayó un 13,6% en 1982 y el déficit en cuenta corriente llegó a 9,5% del Producto.

El 13 de enero de 1983 se produce la mayor intervención bancaria. El Gobierno decide intervenir a cinco bancos (Banco Unido de Fomento y Banco Hipotecario de Chile, BHC, entre ellos) y liquida otros tres, por problemas de liquidez a insolvencia, incluyendo a una sociedad financiera.

Entre 1982 y 1986 la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras intervino y cerró 16 instituciones financieras por transgredir las leyes y regulaciones que les eran aplicables y que estaban en situación de completa insolvencia debido a pérdidas que excedían su capital y reservas, de acuerdo a un estudio de Gonzalo I. Sanhueza publicado por el Banco Central.

Soluciones

Las soluciones implementadas para resolver la crisis fueron básicamente tres, según dicho estudio:

Liquidación de las instituciones insolventes o traspaso de activos y pasivos a instituciones solventes.

Compra de cartera riesgosa sin recursos líquidos con compromiso de recompra.

Compra de cartera riesgosa con recursos líquidos con compromiso de recompra, sujeto a utilidades.

Según Sanhueza, este último mecanismo fue el más eficiente para sanear la situación de insolvencia de un importante número de instituciones y las facilidades para capitalizar los bancos e incentivos para que recuperaran sus créditos riesgosos aceleraron el proceso de recuperación de la banca. Según sus cálculos, el costo de la crisis bancaria fue de 35,2% del PIB.

Entre 1983 y 1989 Chile renegoció su deuda con la banca acreedora externa y tomó los resguardos regulatorios para evitar nuevas crisis.

Comparando el contexto internacional actual con el de esa época, la crisis de los créditos hipotecarios de alto riesgo en Estados Unidos y sus efectos, vendrían a ser apenas "un resfriado" comparado con la "pulmonía" de los 80, dice el ex ministro de Economía, Andrés Passicot.

EL INGREDIENTE "criollo" fueron los créditos a empresas relacionadas.

Lecciones del '82: Regular la banca y pagar la deuda externa

1 Regular la banca: Una de las lecciones de la crisis es la necesidad de contar con una legislación adecuada para el sistema financiero.

Para conseguirlo, la institucionalidad regulatoria debió sufrir bastantes cambios, especialmente a mediados de los ochenta con la Ley de Bancos (1986).

Con todo, los analistas aseguran que incluso un sistema que funciona bajo esa ley no hubiera sido suficiente para evitar las quiebras bancarias de 1982. Esto por la gran influencia de factores externos, como el inesperado y violento aumento de las tasas, que en pesos superaron el 35% en 1981, y en dólares, el 20% en 1982.

De todas formas, gracias a la legislación "poscrisis", el país tiene uno de los sistemas bancarios más solventes de la región. Pero se advierte que en la actualidad "hay un costo de intermediación mayor del que podríamos tener".

2 Pagar la deuda externa: La importancia de cumplir con el pago de la deuda externa es otra de las enseñanzas que dejó la crisis.

En caso de no cumplir con el pago del servicio de la deuda (o "pago de la deuda") o hacer una renegociación, en esa época se amenazaba con el congelamiento de las reservas, el embargo de las exportaciones, y la dependencia alimenticia. Por eso, resultaba "imprescindible" pagar o renegociar.

Además, los analistas señalan que "era preferible hacer el reconocimiento de los compromisos financieros porque eso permitió mantener el sistema abierto al mercado internacional de capitales".

Esto se comprobó con la experiencia de países como Perú, que decidieron no pagar la deuda en los términos contratados y sufrieron una fuerte restricción en los flujos de recursos externos.

3 Asociar el cobro de tasas de interés con factores de riesgo: Una tasa de interés alta conlleva un riesgo alto.

Una de las "ambigüedades" que presentaba el mercado chileno antes de la crisis de 1982, según los expertos, era desconocer que cuando se asumían expectativas de rentabilidad alta, éstas estaban asociadas con niveles de riesgo igualmente altos.

4 No pedir garantías del Estado para el pago de deudas privadas: Los créditos a privados los asumen los privados.

Según los expertos, los bancos extranjeros aprendieron que al otorgar créditos directos a la banca nacional o a empresas privadas, los que incluyen una tasa de interés (calculada asumiendo el riesgo privado), no pueden exigir la garantía (o pago) de parte del Estado en caso de no pago de la deuda.

5 Mantener precauciones frente a debacles internacionales: Los préstamos internacionales pueden restringirse producto de una crisis internacional.

De hecho, se destaca como uno de los detonantes de la crisis de la banca que sufrió la región en los ochenta al cese de pagos de créditos que hizo México en 1982.

El cese del pago detonó el "corte" de la principal fuente de financiamiento de los bancos de la región, especialmente de los chilenos, que en gran porcentaje poseían pasivos de empréstitos provenientes de instituciones extranjeras.

6 Minimizar los "costos" de la crisis: En toda debacle financiera hay afectados. Por eso, los analistas aseguran que se debe tratar de minimizar los efectos.

Entre los principales "damnificados" de la crisis de 1982 están los dueños de los bancos, inversionistas en fondos mutuos y depositantes de instituciones financieras.

Sin embargo, los expertos señalan que los "damnificados" son producto de la crisis y no de la intervención de la banca. "Es como culpar al cirujano por los significativos achaques que uno siente después de una operación que se hizo para resolver un problema serio de salud", explican.

7 Bajas posibilidades de una crisis financiera: El panorama ha cambiado. Esto porque el manejo macroeconómico nacional e internacional ha progresado en conjunto con las regulaciones.

Pero, por la complejidad de los sistemas económicos, los expertos no descartan las posibilidades de una crisis, aunque no sería tan severa como la de los ochenta.

>> La intervención de la banca según los protagonistas

CARLOS CÁCERES

Durante la crisis de 1982, el ingeniero comercial y MBA de la Cornell University fue presidente del Banco Central. Luego de la intervención de la banca, asumió como ministro de Hacienda hasta 1984.

Uno de los aspectos con el que tuvo que lidiar fue la petición de la banca y las empresas privadas de garantía sobre las deudas contraídas. "En el caso de la banca se sostenía que con la quiebra del Banco Osorno se había sentado el precedente de la garantía del Estado y que, por lo tanto, no cabía ahora la alternativa de no entregarla. Distinto era el caso de la deuda que había sido contraída directamente por las empresas ante las cuales no cabía otorgar la garantía del Estado", explica. Hoy Carlos Cáceres recuerda este episodio como "un punto delicado de la negociación".

Sin embargo, uno de los "costos" más importantes de la crisis, para él, fue la incertidumbre. "Se perdió la credibilidad en el sistema económico y se creyó que no había resultado su aplicación para Chile, pero fueron los instrumentos los que fallaron, no el modelo". Actualmente es presidente de Libertad y Desarrollo.

ROLF LÜDERS

Académico, economista y doctorado de la Universidad de Chicago, fue biministro de Hacienda y Economía entre agosto de 1982 y febrero de 1983.

El 13 de enero de 1983 se encargó de decretar la intervención de cinco instituciones financieras y la liquidación inmediata de tres, entre ellas el Banco Hipotecario de Chile, en el que hasta 1982 se desempeñó como vicepresidente ejecutivo.

Aunque han pasado 25 años, Lüders sigue convencido de que la intervención de la banca fue la mejor alternativa. "Financiar públicamente las pérdidas de empresas y bancos a sus dueños habría sido una señal terrible, que habría significado validar un sistema que privatiza las ganancias y socializa las pérdidas. La otra opción, permitir la quiebra de la mayoría de las empresas y de casi todo el sistema financiero, habría significado el caos".

Luego de dejar el gabinete en 1983, el fisco se querelló contra él por estafa. Pero después de casi 20 años, la Corte de Apelaciones lo absolvió, al igual que al resto de los ejecutivos del BHC que estaban acusados.

GUILLERMO RAMÍREZ

Este ingeniero comercial y máster en Economía de la Universidad de Yale fue superintendente de Bancos e Instituciones Financieras entre febrero de 1985 y marzo de 1990. Al momento de la crisis se desempeñaba como director de estudios de la Superintendencia, cargo al que accedió en 1980.

Sobre la Ley de Bancos dictada después de la crisis (en 1986) y de la que fue ideólogo en conjunto con Hernán Büchi, Ramírez destaca: "Lo sensato era resolver o normalizar el sistema bancario rápido, lo que tuvo altos costos. Luego se debieron adoptar medidas correctivas para que los 'males' no volvieran. En ese aspecto, la recuperación fue exitosa porque hubo otros países que se demoraron décadas en resolver la crisis y, peor aún, no adoptaron las medidas correctivas y las crisis se han repetido tiempo después", asegura.

Desde 1990, Guillermo Ramírez mantiene una empresa de consultoría especializada en temas financieros, especialmente asesoría en riesgo, gestión, valorización de negocios y planificación estratégica.

HERNÁN SOMERVILLE

El abogado y actual presidente de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras fue director del Banco Central y ha sido señalado como uno de los principales negociadores de la deuda externa entre 1983 y 1989.

Desde ese puesto se encargó de las negociaciones con la banca internacional y con el Club de París (foro de acreedores y deudores internacionales).

A partir de esta experiencia publicó el libro "Negociación en tiempos difíciles", en el que cuenta su participación como negociador con la banca internacional.

Orgulloso de su papel tras la crisis, en una entrevista con "El Mercurio" en 2005 declaró: "Tengo trayectoria en el campo público. Manejé la deuda externa de este país y he estado 12 años en la Asociación de Bancos, en la que logramos sacar adelante la nueva ley de bancos...".

Hernán Somerville tiene desde 1988 una oficina de inversiones. Además de participar en los directorios de diversas empresas, fue presidente de la Corporación de la Producción y del Comercio entre 2004 y 2006.


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Con la intervención de 1983, la banca en manos del Estado pasó a representar más del 50% del sistema financiero.
Con la intervención de 1983, la banca en manos del Estado pasó a representar más del 50% del sistema financiero.
Foto:EL MERCURIO


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