VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 24 de Junio de 2006

Vuelta a la esencia

Hernán Ogaz e Isabel Sotomayor comparten casa, hijos, vocación y taller, además de la pasión por restaurar imágenes del pasado atrapadas en pinturas, imaginería religiosa, y diversos objetos de madera.

Texto y producción, Soledad Villagrán Varela / Fotografías, Homero Monsalves

Sobre el comedor y abalconado hacia el gran living de su casa en Providencia tiene su taller este matrimonio de restauradores, que lleva junto prácticamente los mismos años que ha dedicado a poner en valor obras de arte. Como dice Hernán Ogaz (55), "este cuento partió ligado a mi romance con Isabel". Ambos estudiaban Arte en la Universidad Católica, donde él fue su ayudante en primero. Al año siguiente, 1977, pololeo ya establecido, ella partió a España a estudiar restauración de pintura de caballete.

A su regreso, Hernán empezó a estudiar las rumas de papeles que Isabel traía. "Fue una atracción que llenó mi intención artística", asegura, aunque entonces ya intuía su vocación de restaurador y la había puesto a prueba recuperando cuadros guardados en una bodega familiar. "Me sentía afectado por los objetos artísticos que se deterioraban, me pasaba algo", dice Hernán, quien también fue ayudante de pintura de Adolfo Couve.

En 1981, ya casados y ambos con título en mano, partieron con su primera hija a Cusco por seis meses, donde él hizo un curso de restauración, organizado por la OEA y apoyado por la UNESCO. La idea era que los participantes volvieran a sus países de origen y armaran proyectos en torno al tema.

Él emprendió el desafío de fundar en conjunto con la DIBAM, el programa de formación de restauradores profesionales de la Universidad Católica. Lo dejó en 1990 para sumarse al trabajo solitario y silencioso de su mujer, quien cumple diariamente con cinco horas de trabajo "científico y técnico" en la restauración de imaginería religiosa, pinturas y objetos antiguos. El resto del tiempo Isabel Sotomayor (49) lo deja para compartir con sus seis hijos.

- La creación de pinturas me involucra entera, es demasiado absorbente; en cambio, la restauración se resuelve bien siendo metódica, no necesito inspiración- , comenta Isabel sobre su opción de concentrarse en esta tarea, en vez de realizar sus propias obras. Sin embargo, reconoce que trabajar con óleos deteriorados es lo que más le apasiona, porque la acerca a su formación universitaria.

En este taller (teléfono 274 7776), Isabel, Hernán y su colaborador hace varios años, Eduardo Walden, discuten ideas antes de comenzar una intervención, porque cada pieza implica un desafío distinto, según sea el daño en materiales y estructuras.

Luego se sumergen en diversas labores como reconstituir partes faltantes de una obra de madera ­usando una pasta inventada por ellos, que cumple con la normativa de diferenciación de materiales respecto al original­ o encontrar el solvente preciso para sacar barnices y capas oscuras dejadas por la polución y el paso del tiempo en pinturas antiguas. Actividades que declaran "fascinantes", y que Hernán y Eduardo desarrollan también trabajando in situ, restaurando muros y objetos de iglesias santiaguinas.




Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir

Foto:Homero Monsalves


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales