REVISTA YA

Martes 8 de Junio de 2010

 
Las nuevas madrastras del siglo 21

Aquí está la clave: acompañar a los hijos del marido, apoyarlos, quererlos, pero jamás imponer ni querer ser la mamá.
Por Ximena Urrejola B.  EL DIFÍCIL COMIENZOAmbos viudos, Tere Walker (hermana de los senadores Ignacio y Patricio) y Andrés Heusser se conocieron y al poco tiempo se enamoraron. Él llevaba diez meses de viudez y ella dos años cuando hablaron por primera vez por teléfono. Se comunicaron un par de meses a través del mail hasta que decidieron conocerse. Muy temprano en la mañana, y con todos los cafés de Vitacura cerrados, terminaron tomando desayuno en una bomba de bencina. La conexión fue inmediata, de a poco comenzaron a salir y, muy pronto, a pololear. Todo estaba bien, con la salvedad de que ella tenía seis hijos y él, cinco. Once personas -de entre 10 y veintitantos años- a quienes tenían que convencer de que lo mejor para todos era que ellos estuvieran juntos, que se casaran, a pesar del poco tiempo de fallecidos de sus respectivos padre y madre. "Yo tenía experiencia como madrastra, porque crié desde los diez años, y hasta que se casó, a mi ahijada y sobrina Carolina Bunge, quien es una hija más. Pero me encontré con que para las niñitas de Andrés fue muy difícil. Yo tengo cuatro hombres y dos mujeres, mientras que él cuatro mujeres y un hombre. Yo llevaba más tiempo sola, los míos me veían sola. Fue muy difícil el pololeo porque se enojaban, salíamos escondidos. Para no quitarles tiempo, nos veíamos después de que se acostaban, y andábamos agotados porque al día siguiente teníamos que trabajar. Hacíamos asados, y los dos grupos de niños se mantenían separados. Una vez una de las niñitas de Andrés se levantó de la mesa con su plato porque no quería compartirla conmigo. Quedé destruida por bastante tiempo; incluso pensé en arrancar de todo", recuerda Tere Walker, sentada en el living de la casa familiar, después de tres años de matrimonio.Estuvieron dos meses sin verse, tiempo en el cual se dieron cuenta de que todo había sido demasiado rápido para los niños. Pero estaban enamorados y se querían casar. Buscaron la ayuda de una psicóloga, quien, entre otras cosas, les dijo: "Tienen 49 años cada uno, esto no pasa por una consulta con los niños. Ustedes les tienen que informar". Les informaron, cada uno a los suyos, y de a uno, y los primeros resultados fueron catastróficos, sobre todo para las niñitas, quienes, según Tere, "quedaron muy mal". Para Rosario Moore tampoco fue fácil. Había sido bastante "polola" en su juventud, pero llegó a los 37 años sola y sin hijos, pensando en que se iba a quedar soltera. Pediatra de la Universidad Católica, hacía años que ubicaba a Patricio Montes, también médico, once años mayor que ella, casado y con seis hijos. Hasta que un día, hace cerca de 20 años, la mujer del doctor falleció repentinamente de un tumor cerebral. Se fueron acercando de a poco, ella le preguntaba cómo estaban sus hijos, conversaban en los pasillos de la clínica, se tomaban un café entre paciente y paciente. A los seis meses de haber quedado viudo, él la invitó a salir. Rosario Moore dice que la conexión entre ambos fue inmediata. Pero que fue un pololeo complicado. Ella no iba a la casa en donde él vivía con sus hijos, en ese momento de 23, 22, 20, 15, 13 y 11 años. Se veían muy poco, pero a los dos meses ya sabían que se querían casar. "Para los niños fue muy difícil. Nos pidieron que por favor esperáramos un año desde la muerte de su madre. Así lo hicimos"- recuerda Rosario. Fue muy complicado, pese a que tenía claro que mi rol iba a ser acercarme a ellos porque ellos no se iban a acercar a mí. De a poco tenía que convencerlos de que yo no iba a quitarles a su papá, que venía a acompañarlos, a ayudarlos con sus tareas, a apoyarlos en lo que necesitaran. Al principio sufrí mucho". Carola Zúñiga, periodista y dueña de Zeta Comunicaciones, casada con el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Felipe Morandé, lleva cinco años de matrimonio y una familia con "los tuyos, los míos y los nuestros". Felipe Morandé tiene tres hijos de su primer matrimonio; Carola, uno, también de un matrimonio anterior y hace cuatro años nació Diego, el hijo en común. Para Carola Zúñiga, quien vive con sus dos hijos pequeños y la hija menor de su marido, Francisca, el comenzar una nueva familia "reconstituida" no fue tan complicado. Más allá de los comentarios externos que se pueden haber dado por la rapidez con que formaron pareja y por la diferencia de edad entre marido y mujer, dice que se dedicaron a hacer familia hacia adentro, sin mirar hacia afuera, y sin apurar el paso. "Yo no quería forzar la situación con sus hijos, quería que las cosas se dieran de la manera más natural y relajada posible, y no como una imposición. En el caso de Carola Zúñiga, fue conociendo de a poco a los hijos de su marido, a cada uno a medida en que se iba dando la situación. "A la primera que conocí fue a su hija mayor. Fuimos a un restaurante. Yo iba nerviosa, pero empezamos a conversar y todo fluyó. Lo pasamos increíble. Ella me acogió muy bien. Con la Francisca, quien vive con nosotros, me sentí desde el principio muy reflejada: hace miles de cosas, es inquieta, le gusta viajar, estudiar. Cuando llegó a vivir a nuestra casa las dos nos fuimos a tomar un café y conversamos sobre la convivencia que se venía. Hablamos de nuestros temores y de reglas. Fue una buena forma de empezar". Para Lorraine Ecclefield (39), casada con Tomás Sánchez (50), madre de tres niños y "madrastra" de otros tres, las cosas también fluyeron de forma bastante tranquila. Conoció a su marido en la agencia de publicidad donde ambos entraron a trabajar el mismo mes y el mismo año, cerca de 15 años atrás. Después de tres años de pololeo, se casaron. Los hijos de Tomás Sánchez tenían diez, nueve y siete años. Cuando se casaron, los niños vivían con su madre. Fin de semana por medio se quedaban con ellos. Siete años atrás, por una decisión familiar, los tres adolescentes se fueron a vivir con su papá, su madrastra y las dos hijas que ya habían nacido del nuevo matrimonio: en ese tiempo, de cuatro y un años. Se tuvieron que cambiar de casa porque no cabían."No fue fácil, pero ya había cariño entre nosotros, porque los conocía desde hacía mucho. Me llevaba bien con ellos desde antes. Pero tuvieron que adaptarse a las reglas de su nueva casa, al mismo tiempo que nosotros nos tuvimos que adaptar a ellos. Esta transición duró cerca de un año y medio: fue difícil pero no imposible. Jamás se rebelaron. Jamás me dijeron "tú no eres mi mamá". Jamás los reté ni castigué, no era mi papel, pero si algo me parecía mal lo hablaba con ellos. Esa fue mi clave". II. EL COMPLICADO PERÍODO DE TRANSICIÓNRosario Moore y su marido, con el apoyo de una psicóloga, les explicaban a los hijos de él que la mayor pena y pérdida que habían sufrido había sido la muerte de su madre, y que eso no estaba relacionado con su matrimonio. Y que su papá iba a estar mucho más tranquilo y estable casado que cuidando a sus hijos solo. "Les costó darse cuenta, pero finalmente fue así. Fue un trabajo hacerles entender que iban a estar mejor con los dos, que los dos los íbamos a cuidar", cuenta. La mayor dificultad de Rosario estuvo especialmente con una de las hijas de su marido, quien se oponía a ella abiertamente. "Una vez hizo una fiesta con la música muy fuerte. Y yo fui despacito al living y se la bajé. Ella, literalmente, despotricó contra mí, y yo me di cuenta de que tenía que darles y respetarles sus espacios".Para Lorraine Ecclefield, uno de los temas más complicados fue el conciliar dos mundos tan distintos entre los tres adolescentes que tenía en su casa y la vida de las dos niñitas más chicas, a las que hace poco se sumó un tercero. "Cuando llegaban a las ocho de la noche con los amigos, las guaguas se estaban acostando. Cuando las niñitas se levantaban a las ocho de la mañana, los grandes estaban durmiendo porque habían llegado tarde y los molestaban. A veces llegaban a las cuatro de la mañana de una fiesta y se metían a la cocina y cocinaban: despertaban a toda la casa. El desorden fue otro ítem: con Tomás somos súper ordenados y sus tres hijos eran completamente opuestos en ese sentido. Fueron temas que aprendimos a conciliar. Siempre hablando, conversando, en forma directa, pero con mucho respeto". Aunque hay detalles que pueden parecer superficiales, las "madrastras" que dieron su testimonio en este artículo señalan que cada minucia puede ser vital en el frágil equilibrio que se va formando en las nuevas familias. Tere Walker, por ejemplo, la pasó muy mal por el tema de la comida. La mamá de los niños de su marido era una excelente cocinera, y, según ella, era inevitable que al comienzo la compararan. "Esto mi mamá lo hacía de otra manera", le enrostraban. "La lasaña no se come así", le decían. "Al final me pasaba horas en el supermercado comprando seis tipos de yogur, seis tipos de cereales distintos para darles el gusto a todos. A veces hacía cinco comidas diferentes, con tal de que todos estuvieran contentos. Sentía que estaban todo el tiempo poniéndome nota, cómo me vestía, cómo hablaba, las cosas que decía. Pisando sobre huevos. Pero una psicóloga me ayudó mucho. Me dijo: No te odian por lo que tú eres sino que por lo que tú representas, y lo que representas es la muerte de su mamá. Éste es un proceso que no se puede apurar: es tiempo, paciencia, convivencia. Pero yo sentía que no tenía la culpa de que su madre y mi marido hubieran muerto, que era muy injusto para mí. Yo estaba apurada, lo estaba pasando demasiado mal. Era muy humano lo que les pasaba a las niñitas, pero también muy desgastante para mí. El primer año de matrimonio me lo lloré entero". Todas las "madrastras" hablan de que tuvieron miedo. Miedo de enfrentarse a niños que más bien eran adolescentes, en una época -siglo 21- en que éstos son independientes y autónomos, con ideas propias y, en general, difíciles de conquistar. "Entré a la familia con miedo: sentía que todo lo que hacía era escrutado por seis pares de ojos. Tenía terror de que en cualquier momento alguno me dijera No eres mi mamá. Una vez uno me lo dijo, pero después se arrepintió. En esos momentos uno tiene que ser madura, darse cuenta de que ellos son los niños y uno el adulto, el que tiene que contener, aunque estés muerta de rabia. Uno evita cualquier situación que pueda romper el frágil equilibrio que has logrado", dice Rosario Moore. Carola Zúñiga habla de que tenía un cierto susto por el día a día de la convivencia, pero que dejar las cosas claras desde el principio, con cariño, fue la clave que les permitió salir adelante airosas. El otro tema, que todas mencionan, y en el que están de acuerdo, es el de no confundir los roles: "Para mí, lo más difícil fue compartir con estos niños tan grandes, porque ya estaban formados. Pero una madrastra no puede traspasar los límites que le corresponden: el que reta y delimita lo que pueden o no hacer sus hijos es el papá. Uno no puede hacer de mamá porque ellos ya tienen la suya. En el caso de Fran, yo soy su amiga, confidente, me preocupo de insistirle de que estudie, de que un título universitario va a ser su garantía para la vida. Me importa lo que le pasa y la quiero muchísimo. Ése es mi papel". III. LA LUZ AL FINAL DEL RECORRIDOA Tere Walker le costó casi los tres años que lleva de matrimonio para sentirse cómoda, feliz, con todos sus niños. Pero dice que de repente su casa se transformó en la más entretenida del mundo. "Hoy día los niños se adoran. No es que se quieran: se adoran". Lo que sí descubrieron -también con la ayuda de la psicóloga- es que debían mantener tres subsistemas: el de los Heusser, el de los Echenique (el primer marido de Tere se llamaba Marcos Echenique) y el de los Heusser-Walker, "porque no se puede perder la intimidad de cada familia. A veces Andrés se va con sus hijos a la playa, a veces yo con los míos". "Hoy día, después de tres años, no me siento frustrada como madrastra. Siento que estoy cosechando, siendo retribuida. Hoy día las niñitas me cuentan sus cosas, sus penas, todo fluye. No me siento dando examen ni siendo evaluada. Es súper difícil ser madrastra, pero también es muy gratificante cuando creas vínculos. A mí me conmueven sus palabras de cariño. Las niñitas han logrado entender que yo no quería convertirme en su mamá. Yo les decía: "Soy la Tere y las vengo a acompañar. Voy a estar con ustedes cuando necesiten ayuda con sus pololos, con su vestido de novia, voy a cuidar a sus hijos, las voy a cuidar cuando tengan guagua. Eso quiero, no ser su mamá".Carola Zúñiga dice que a Francisca la quiere como una hija más, y que las tres con la Sol, su "hijastra" más grande, incluso tienen instaurados almuerzos femeninos, donde conversan y se ponen al día con lo que le pasa a cada una. Para ella, su clave ha sido "enfrentar las cosas como vienen llegando. Somos una familia común y corriente, nos reímos, lloramos y nos acompañamos. Hoy día me siento súper querida y respetada, y eso se ha logrado porque todos hemos puesto de nuestra parte".Para Rosario Moore todo comenzó a fluir con la llegada de su primer hijo, Benjamín, diez meses después de su matrimonio. Y a los dos años, cuando nació Martín, todo cambió definitivamente. "Una de mis principales claves fue estar disponible, pero no imponer". Comenta también que con Cristina, con la que tuvo más problemas, es con quien hoy tiene más cercanía. "Se llega a querer mucho a estos niños, les tengo un afecto real, no obligado". Para Lorraine Ecclefield, una de sus claves fue jamás pensar en sus "hijastros" como un impedimento, una carga. Por eso, con su marido buscan instancias para compartir con todos, para que haya una real unión entre los seis niños. "Antes eran los hijos del papá, ahora son los hermanos grandes. Eso nos da una gran satisfacción. En el invierno vamos todos a esquiar. Y en el verano tratamos de pasar una semana todos juntos, porque ya son grandes e independientes. Además, todos los martes nos juntamos en el aperitivo familiar, que es sagrado". Para sus hijastros, Lorraine es "la Lolo". Loreto es "la Murri". Tere Walker es "la Tere" y Carola Zúñiga, "la Carola". Tips que funcionan1. Mucha conversación, decirse de frente las cosas, con respeto y cariño.2. No pretender convertirse en la mamá.3. No confundir los roles con el padre biológico: los retos, castigos y temas más delicados los tratan con el papá.4. Buscar actividades que los unan como familia.5. Veranear todos juntos por lo menos una semana.6. Darles la bienvenida y acoger a los amigos de los "hijastros".7. En la medida de lo posible, mantener una buena relación con la madre de los "hijastros" y jamás -jamás- hablar mal de ella.8. Respetar los espacios de los niños.9. Estar disponible, pero sin imponer.10. Si están los medios económicos, recurrir a la ayuda de un especialista que vaya dando pautas de cómo tratar a los niños.11. Pasar fechas importantes juntos, sin la presencia de otras personas:12. Los temas de plata manejarlos cada uno con sus respectivos hijos, aunque se les dé a todos por igual.

 



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Carola Zúñiga, casada con el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Felipe Morandé, lleva cinco años de matrimonio y una familia con
Carola Zúñiga, casada con el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Felipe Morandé, lleva cinco años de matrimonio y una familia con "los tuyos, los míos y los nuestros". Aquí aparece con sus "hijastras" Soledad y Francisca, y sus hijos Cristóbal (de su primer matrimonio) y Diego, el hijo en común. Su clave ha sido "enfrentar las cosas como vienen llegando. Somos una familia común y corriente, nos reímos, lloramos y nos acompañamos".
Foto:CARLA DANNEMANN


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