ACTIVIDAD CULTURAL

Domingo 28 de Marzo de 2004

Restauración:
Templo de los Agustinos devela sus secretos

Tras un año de trabajos, la segunda iglesia más antigua de Chile reabrirá el 13 de mayo.

ANA MARÍA HURTADO

Agustinas, San Agustín, Agustinos. Los nombres de calles y galerías aún recuerdan que fue en este solar del Santiago antiguo donde se estableció una de las primeras órdenes que llegaron a nuestro país. La fundación del convento, creado para acoger a las viudas e hijas de los españoles muertos en el frente de Arauco, fue aprobada en 1571, ocupando terrenos donados por don Antonio González Montero. Han pasado 433 años y los terrenos agustinos, aunque jibarizados por el progreso y ocultos por las alturas vecinas, mantienen la historia.

En efecto, a partir de mayo, visitar el templo, construido en 1608 según los planos del arquitecto peruano Luis Fernández, se constituirá en una oportunidad única para apreciar la evolución de la arquitectura y del diseño decorativo en los templos chilenos, gracias al trabajo de un equipo especializado, dirigido por el arquitecto Cedric Purcell. El proyecto ha incluido trabajo ingenieril y arquitectónico, además de la restauración de todo tipo de elementos decorativos: pinturas, maderas, vitrales y estatuas, entre ellas el famoso Cristo de Mayo.

Hernán Ogaz y Claudio Cortés, especialistas en restauración de obras de arte y monumentos, pasean por el templo mostrando sus avances. El decorado de muros y la ornamentación son de estilo neoclásico, correspondiente a los arreglos que realizaron Santiago Eastwood y Fermín Vivaceta a fines del siglo XIX. Gracias al buen estado de la Sacristía y a fotografías de la época, se encontró la clave para devolver al templo ese espíritu que ocultó el original barroco.

"El Barroco se asociaba con el Realismo de los monarquistas españoles, enemigo del espíritu independentista de la época. La gente que entre ahora al templo lo encontrará como lo hacían los fieles de los primeros años de la República", explica Ogaz.

Pero el templo es mucho más antiguo, y así lo atestiguan ciertos detalles.

Secreto sagrado

En la parte trasera de la nave se observa mampostería y sillería al descubierto, además de relleno de barro mezclado con pelos de animal, tal como se construía en el siglo XVII. Ahí se ve la piedra viva, incluso con las grietas provocadas por el terremoto de 1647, el que habría movido la corona de espinas desde la cabeza al cuello del Cristo de Mayo. Los expertos no sabían que el templo guardaba este secreto. Ogaz reconoce que éste ha sido su hallazgo más emocionante, y enfatiza que, aparte de la Iglesia de San Francisco, este es el único lugar donde puede observarse con claridad estas pretéritas técnicas constructivas. También partes del acabado mantienen técnicas barrocas, con una mezcla de cal y polvo de mármol cuya propiedad de reflejar la luz es mejor que la de un vulgar estuco.

La luminosidad será una sorpresa para los visitantes. Las remozadas paredes ofrecen colores brillantes, más visibles gracias a un vitral también restaurado en el techo, y con un trabajo de diseño de iluminación especial para resaltar las pinturas de la bóveda: 32 escenas religiosas encargadas al maestro del impresionismo chileno Benito Rebolledo Correa.

El Cristo de Mayo y la Quintrala

El Cristo de Mayo, en este momento guardado luego de su restauración, es la primera escultura colonial chilena de autor conocido, y una de las mayores reliquias religiosas del país. Es de madera policromada y fue tallado por el agustino Pedro de Figueroa a principios del siglo XVII. Pertenecía a doña Catalina de los Ríos y Lisperguer, quien se lo regaló a los Agustinos diciendo que no quería "hombres que la miraran feo en su casa". La Quintrala, que fue enterrada en la iglesia, donó parte de su fortuna para financiar la procesión de la imagen por el centro de Santiago, rito que se celebra cada 13 de mayo, y que este año incluirá una misa solemne por la reapertura del templo.

El otro Rebolledo

Cuando Claudio Cortés visitó los Agustinos para su primera evaluación, vio que la firma de las pinturas de la bóveda, escondida por el tiempo y el smog, era de Benito Rebolledo Correa, y fechada en 1926.

Se trata de una faceta desconocida del maestro, popular por las escenas cotidianas que caracterizan al impresionismo. No sólo el tema es novedoso en su obra, sino también las dimensiones, que exigen otra técnica: trazos largos para que el ojo los defina a 18 metros de distancia.

Cortés trabajó para limpiar 32 escenas en óleo sobre tela, que muestran a los evangelistas y la vida de San Agustín.



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Bóveda con lienzos de Benito Rebolledo y púlpito de Fermín Vivaceta. Al medio, el carro para la procesión del Cristo de Mayo.
Bóveda con lienzos de Benito Rebolledo y púlpito de Fermín Vivaceta. Al medio, el carro para la procesión del Cristo de Mayo.
Foto:HÉCTOR FLORES


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