REPORTAJES

Domingo 10 de Octubre de 2004

EL DIFÍCIL AÑO DESPUÉS DEL PLEBISCITO
Cómo Cáceres negoció la entrega del poder a los civiles

El último ministro del Interior de Pinochet revela detalles del traspaso del mando al gobierno de Patricio Aylwin. Lo hace en la entrevista con la historiadora Patricia Arancibia Clavel en el tercer capítulo de la serie "Cita con la Historia", producción conjunta de ARTV, el Cidoc de la Universidad Finis Terrae, Megavisión y Reportajes de El Mercurio.

JUAN ARAYA DÍAZ

"Esta no, esta no, esta no". El ministro del Interior de la época, Carlos Cáceres, escuchaba perplejo en La Moneda al Presidente Augusto Pinochet un día de abril de 1989, cuando con enérgicos ademanes el general iba tachando las propuestas de reformas constitucionales acordadas con la Concertación, tras de la victoria del No en el plebiscito del 5 de octubre de 1988.

"Los no eran mucho más que los sí", recuerda Cáceres, quien trató de bajar la temperatura del ambiente sugiriéndole al Pinochet que dejaran la discusión para otro momento. El gobernante accedió, pero al día siguiente le pidió la renuncia, recuerda el ex ministro en entrevista con la historiadora Patricia Arancibia Clavel para el programa "Cita con la Historia".

Horas después, y tras la renuncia de varios ministros en solidaridad con Cáceres, entre ellos Hernán Felipe Errázuriz y Pablo Baraona, el general confirmó en el cargo al jefe de la cartera política.

El episodio, contado por el actual presidente del Instituto Libertad y Desarrollo, forma parte de las anécdotas de ese histórico período, en que se consensuaron las reformas básicas para permitir la transición del régimen militar al gobierno civil.

Cáceres reconoce que no estaba en sus cálculos que Pinochet le ofreciera la cartera de Interior para reemplazar a Sergio Fernández después del plebiscito. Entre las opciones que barajaba figuraban las carteras de Hacienda, que ya había ocupado, o la de Relaciones Exteriores, que el general le propuso, pero que él rechazó porque no se sentía con la "capacidad suficiente" para manejar la diplomacia.

Cáceres estaba consciente de que el cargo duraría un año y medio, hasta la entrada al poder del Presidente que resultara electo en los comicios de diciembre del 89. "Era como cortar la luz", evoca sonriente.

El ex ministro dice que la discusión sobre las reformas constitucionales se convirtió en un ajedrez "bastante complicado", que estuvo cercano al jaque mate, cuando Pinochet objetó varios de los acuerdos con la oposición de entonces.

-¿Por qué el general Pinochet quiso abortar este proceso?

-Nunca hubo un consenso en el gobierno y coexistían puntos de vista distintos. Había posiciones de relativo temor. Escuchando puntos de vista distintos, el general Pinochet puede haber llegado a pensar que esto le iba a causar más daño que beneficios al país y por lo tanto valdría la pena terminar estas conversaciones.

-Con la oposición debe haber tenido discusiones muy fuertes sobre el cambio...

-Don Patricio Aylwin era el negociador, pero a la vez representante de un bloque de partidos políticos, en el cual cada uno tenía puntos de vista distintos en relación a los cambios que se estaban pidiendo. Algunos querían cambiar la totalidad de la constitución y otros aceptar una negociación, con el criterio de que cuando llegaran al gobierno, modificarían el resto. En ciertos momentos llegamos a puntos casi irreconciliables.

-¿Cómo cuáles?

-En el tema de los senadores designados ellos insistían en forma muy clara y precisa que terminaran de inmediato. Nosotros pensábamos que esta institución era muy conveniente para el período de inicio de la plenitud democrática a partir de 1990. Lo solucionamos al aumentar el número de senadores elegidos y le señalamos a la Concertación: hagamos una especie de experiencia. Dejemos a los senadores designados por un período de 8 años y al cabo de ese tiempo evaluemos su gestión. Bueno, han durado 16 años...

-Entre las llamadas leyes de amarre, ¿cuál es la que generaba más conflicto?

-Yo creo que los quórum requeridos para la reforma de la Constitución eran fundamentales. Nosotros sosteníamos que una Carta Magna es demasiado importante en la vida de una sociedad como para someterla al escrutinio electoral cada cierto período de tiempo por la simple mayoría.

-¿Cuándo termina para usted la transición?

-El 11 de marzo de 1990, pero con una salvedad: las fuerzas armadas no fueron echadas ni abandonaron el poder, entregaron el poder...

LA DELICADA NOCHE DEL PLEBISCITO

El 5 de octubre

El ex ministro del Interior plantea dudas sobre las versiones que señalan que en un momento la noche del 5 de octubre del 88 hubo intentos de Pinochet de desconocer el resultado del plebiscito. Cáceres fue esa noche a La Moneda, pero admite que no estuvo al tanto de las deliberaciones.

"Un análisis lógico e inteligente permitía concluir que de haberse producido ese hecho, habría significado probablemente una derrota y un cambio en la obra que Pinochet había realizado".

PRIVATIZACIONES

"Ahora se habría llamado a licitación"

Cáceres recoge las críticas que se han hecho al proceso de privatizaciones llevado a cabo en la parte final del gobierno de Pinochet, objetándolo por su presunta falta de transparencia.

Los traspasos -enfatiza- "se hicieron dadas las circunstancias de entonces", pero reconoce que si se hubiesen llevado a cabo ahora, en un período en que la economía está globalizada, "probablemente se habría llamado a licitación internacional". Explica que "la primera parte de las privatizaciones consistió en devolver a sus dueños las empresas expropiadas por el gobierno marxista de la Unidad Popular. La segunda la manejó el ministro Hernán Büchi, una persona a quien conocemos por su transparencia y honestidad, y alimentado por un gobierno que había hecho de esas virtudes un caudal muy importante en su gestión".

Cáceres dice que las empresas valían de acuerdo a la evaluación de proyectos por flujos futuros que calculaban los interesados, y si el gobierno estaba de acuerdo, se procedía.

"Creo que las empresas adquirieron valor gracias a que fueron manejadas por el sector privado. De haber permanecido en manos del Estado, hoy tendrían un valor muy inferior en el mercado".



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