EL SÁBADO

Sábado 11 de Marzo de 2006

LA OBRA OCULTA DEL PINTOR
Mural oculto de Matta

Tras un muro en la comuna de La Granja, se encontró un mural que pintó el famoso artista durante la UP.
Por Francia Fernández

A fines de 1971, mientras trazaba El primer gol del pueblo chileno sobre un muro, en la Piscina Municipal de La Granja, Roberto Matta resistía el calor provisto de una chupalla. Su obsequio para esta comuna obrera era un mural de 25 metros de largo por 4 de alto que pintó codo a codo con la Brigada Ramona Parra y que, después del golpe militar, quedaría sepultado por capas y capas de pintura.

Por años se alimentó el mito de que la festiva imagen de una "pichanga" de barrio con público en las galerías y jugadores detrás de una pelota, se había evaporado para siempre. Hasta que un grupo de estudiantes de la Universidad de Chile aseguró que la obra original de Matta existía y que en ella basarían su tesis.

Con un poco de incredulidad, el alcalde de la comuna (Claudio Arriagada, DC) decidió constatar esta posibilidad. Los primeros expertos descartaron la idea. Recién hace unos meses se probó que debajo de la muralla rojo colonial y de recubrimientos de cal, estuco, graffiti y spray ­que en algunas zonas alcanza hasta catorce capas­ sobrevive la marca indeleble del pintor surrealista chileno.

"Esperamos recuperar hasta el 70 por ciento o un poquito más. En restauración, si existe 50 por ciento del original ya se considera auténtico, uno puede reintegrar lo restante", explica el restaurador a cargo, Francisco González Lineros. Entre los diferentes registros que daban por destruido el trabajo del artista, figuran catálogos de sus propias exposiciones. Ernesto Gallardo, biógrafo de Matta desde hace décadas, sostiene que, como historiador, le dijeron durante mucho tiempo: 'No insista, el mural ya no existe'. "Se decía que las tanquetas lo habían echado abajo y que los restos habían caído en la piscina, piedra sobre piedra", relata.

El propio Matta, quien también era arquitecto, diseñó el muro (de cemento y hormigón) inclinado para que corriera el agua, en caso de lluvia, y el sol no pegara tan fuerte.

El primer gol del pueblo chileno es uno de los tres murales (estáticos) que Matta realizó en el mundo (los otros dos están en Cuba e Italia). "Un cuadro puedes moverlo, trasladarlo e incluso sacarlo del país. Pero este mural con su soporte fijo es el cordón umbilical de Matta acá, algo que permanecerá", dice Alejandro "Mono" González, encargado artístico de la Brigada Ramona Parra (BRP) en los setenta.

Para entonces, Roberto Matta había dejado atrás las imágenes futuristas que caracterizaron sus primeros trabajos. Y, después de haber puesto el acento en el ser humano, se hallaba en una etapa de preocupación política y espiritual. De hecho, ya había pintado un mural (móvil) de 12 metros, Vivir enfrentando las flechas, en la Universidad Técnica (actual Usach).

"Hay momentos determinantes en la obra de Matta. En los setenta desarrolla una relación muy cercana al cómic, algo bastante desconocido en él, o sea, justo cuando viene a Chile y realiza este mural", analiza González Lineros. "Es el documento plástico más importante de ese período histórico, porque es la única obra de este tipo que existe. Los otros son dibujos o grabados. Además, es muy interesante: en general, el trabajo de Matta es bastante serio y esto es bien suelto, mágico", opina.

LA BRIGADA Y EL CRILLÓN

La BRP estaba conformada por integrantes de las Juventudes Comunistas. La mayoría eran estudiantes secundarios y obreros, que cobraron protagonismo como instrumento de propaganda política, durante la campaña presidencial de Salvador Allende.

En un principio, su trabajo era directo, simple y rápido, sin pretensiones estéticas. La idea era que la ciudad se despertara con un nuevo mensaje, que los transeúntes o los pasajeros que iban arriba de una micro pudieran "leer" con un mero vistazo. Los brigadistas eran capaces de pintar quince muros en una noche. El mural de Matta, en cambio, les tomó 15 días.

"Éramos muy desordenados, gente que estaba dispuesta a mucho, porque había enfrentamientos, o teníamos que escapar de los carabineros porque estaba prohibido pintar, incluso en el tiempo de Allende", recuerda Eduardo Carrasco, muralista exiliado, que se quedó en Italia.

Matta y la BRP se conocieron mediante Carmen Waugh, representante del pintor en Chile y dueña de la Galería Central. Los presentó mientras los brigadistas transportaban los cuadros de Matta a su galería y al Museo de Bellas Artes, donde se montarían dos exposiciones paralelas. En ese camión, al que llamaban "La tetera", Matta y compañía fueron hasta La Granja a tomar las medidas para el boceto del Primer gol del pueblo chileno, llamado así en referencia al cumplimiento de un año de gobierno de Salvador Allende.

En 1971, Matta era uno de los diez mejores pintores del mundo, de acuerdo a la prensa europea. Había llegado a Chile (país con el que siempre mantendría una relación compleja) invitado por el propio Allende. "Para nosotros, que éramos unos cabros chicos, Matta era un personaje especial, porque parecía que tartamudeaba, pero, en realidad, confundía los idiomas: hablaba francés, italiano, inglés. Eso nos daba risa. El tenía ideas muy geniales", rememora Carrasco.

En sus visitas a Chile, el Premio Nacional de Arte (1990) se instalaba en el lujoso Hotel Crillón, que quedaba en calle Agustinas. Muchas veces llegó al salón de té con los 15 brigadistas vestidos con mamelucos de obreros, cascos y pintura hasta en la cara. "Sírvanles desayuno a estos niños", les pedía Matta a unos mozos que se pegaban contra las paredes para evitar el contacto con sus invitados. "Era muy divertido, porque la brigada era considerada una banda de delincuentes comunes, no sólo por la derecha, sino que también por mucha gente de izquierda", evoca Carrasco. "Nosotros agarrábamos papa, nos comíamos todo. Y Matta, que era un genio, se divertía haciendo barrabasadas, como las llamaba".

En una entrevista publicada a fines de los setenta, Matta lo recuerda así: "Ellos no tenían nada y yo los invitaba a comer. Primero, si no hubiera sido el gobierno de la Unidad Popular no los habrían dejado entrar... Pero como estaba yo allí... Estábamos en la mesa y pedían cosas. Y los mozos... que eran siúticos, estaban como ofendidos de tener que servir rotos y se 'acaballeraban' si servían a caballeros... Estaban todos con las bocas fruncidas. Lo más divertido era que como llegábamos tarde, toda la gente empezaba a irse. Quizá era también porque ellos llegaban. En fin, ellos se paraban y se comían todo lo que quedaba en las otras mesas... Era una chacota, no una cuestión didáctica...".

No todo era broma. Matta se tomó en serio a esos jóvenes que coloreaban las calles con los mismos materiales que los obreros pintaban sus casas: tierras de color, brochas. "Él apadrinó o llegó a esto porque tuvo la visión de darse cuenta de nuestro trabajo, un arte popular que, recién ahora, tres décadas después, se reconoce", afirma "Mono" González. "Si revisas el currículum de José Balmes u otros, él único que incluyó a la Brigada Ramona Parra fue Matta. O sea, que para él esto fue un mérito", agrega.

MAESTRO PEDRO

Sobre el muro de La Granja, Matta imprimió la luminosidad de su paleta: o sea, rojos carmesí, amarillos, azules y negros. "Acá hay mucho dibujo y los colores son de una calidad impresionante, para la época son finísimos", subraya el restaurador González Lineros.

Para trabajar, el pintor pidió pigmentos y optó por los colores en degradé. Según el biógrafo Gallardo, en la pintura participaron no sólo brigadistas, sino pintores con conocimiento. "La Ramona Parra fue un instrumento para gestar esto. Matta tiene que haber trabajado mucho formando a estos chiquillos, para que supieran cómo era el proceso plástico", enfatiza.

"Pero nosotros también le aportamos", subraya "Mono" González. "Lo aterrizamos respecto de la sensación política y social del país, y este mural de La Granja lo hizo ver lo que es la población, no el Hotel Crillón".

Durante el régimen militar, Matta, expresó su solidaridad hacia la BRP. A González, quien permaneció en Chile después del golpe, le enviaba unas cartas en que lo llamaba "maestro José", mientras que él se hacía llamar "maestro Pedro". El artista le adjuntaba diseños de sillas para hacer en madera y "chequeras" con dibujos para que los vendieran en diferentes galerías, lo que les permitió a González y otros militantes de izquierda sobrevivir en la clandestinidad.

"Estoy agradecido de haber estado en el momento indicado y haber hecho algo con eso", resume González, quien ahora es escenógrafo. "Y en eso, Matta no se equivocó. Si nos dio importancia en sus catálogos, significa que se dio cuenta. Ahora lo está haciendo un municipio que no es comunista, sino de la Democracia Cristiana, gente con otras ideas. O sea, las visiones han cambiado". Afortunadamente, el mural no, pese a todos los años y las 14 capas que han pasado por él.

EL ESPACIO MATTA

"Queremos recuperar la obra tal cual fue concebida por Matta y generar un polo de desarrollo cultural para todo el sur de Santiago", señala Stanley Freeman, secretario general de la Corporación Cultural de La Granja.

Según dice, la idea es difundir la actividad positiva que se realiza en esta zona, acostumbrada a las crónicas rojas con que las poblaciones del sector suelen hacer noticia.

La Corporación Cultural se creó a partir del hallazgo del muro, y allí esperan levantar el Espácio Matta, un proyecto de más de mil millones de dólares. Son 3.050 metros cuadrados, que incluirán un teatro para mil 300 personas, fuentes de agua y espacios de contemplación. La obra estará lista a fines de 2007.


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El pintor, en el centro, el día de la inauguración del mural. Más arriba, los brigadistas, quienes eran considerados
El pintor, en el centro, el día de la inauguración del mural. Más arriba, los brigadistas, quienes eran considerados "delincuentes comunes".


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