REVISTA DEL DOMINGO

Domingo 28 de Marzo de 2010

 
Bogotá a la medida

Es fácil perderse entre las decenas de sitios turísticos y espacios renovados que vienen con el auge de esta ciudad.
Por Mariné Moré Morera  clásico

Una vida cultural intensa: artesanías, teatro, música y poesía. El centro histórico se renovó (antes era peligroso) para convertirse en un espacio artístico y lleno de hostales, muy al estilo Valparaíso: casonas coloniales, calles estrechas con murales y esculturas y pasajes peatonales -como la avenida Jiménez / Eje Ambiental- donde conviven artistas y universitarios.

Junto a esta zona, llamada La Candelaria, están los edificios  de gobierno. Por aquí circulan los "cachacos", bogotanos de antigua raigambre. Son fáciles de reconocer: con sus trajes oscuros y sus exagerados modales, parecen sacados de una película en blanco y negro. Lo "cachaco" también se vislumbra en el pequeño restaurante La Puerta Falsa (Calle 11 número 6-50), donde podrá comer un desayuno clásico bogotano: agua de panela con queso (bebida caliente de melaza y trozos de queso campesino adentro) y almojábanas (pasteles caseros).

 Muy cerca está la casa de Rafael Pombo, el más reconocido poeta infantil de Colombia. Hoy convertida en fundación (Calle 10 con Cra 4), ofrece talleres de literatura y teatro que son dictados por actores caracterizados como sus personajes clásicos: Rin Rin Renacuajo y la Pobre Viejecita.

Caminando hacia el norte, llegará al Museo del Oro (Calle 16 número 5-41). Su restauración duró 10 años, así que es el nuevo orgullo patrimonial de los capitalinos. Sus salas modernas custodian la colección más grande de piezas de oro en el mundo. Era una visita obligada en el colegio, pero en su versión reloaded todos quieren conocer la nueva sala de La Ofrenda: un salón donde se puede experimentar la sensación de estar en una ceremonia mística como las que inspiraron la leyenda de El Dorado (martes a domingo de 9 a 18 hrs, $3.000, gratis menores de 12 años; domingo de 10 a 16 hrs., entrada gratuita).

La plazoleta el Chorro de Quevedo (Calle 13 Carrera 2), donde se presume que se fundó la ciudad, es el epicentro de la movida de los jóvenes y artistas bogotanos, el espacio hippie por excelencia. Se toma chicha de maíz y, en medio de ventas artesanales, la gente se sienta a escuchar cuentos y poesía al aire libre.

 Un clásico también es el cerro de Monserrate, de madrugada o en la noche (el resto del día está repleto). Si sube a pie los 3.182 metros de altura se encontrará en el camino a deportistas y a peregrinos que lo ofrecen como un sacrificio. Si lo suyo no es el deporte ni la peregrinación, puede subir en funicular o en teleférico. Acá tendrá la mejor vista nocturna de Bogotá. Una vez arriba, no se pierda la comida bogotana (especialmente el ajiaco) de los restoranes San Isidro y Santa Clara. Y tenga cuidado si va con el novio: la tradición dice que quien entra al santuario de Monserrate en pareja no se casará. Mejor visite la basílica solito. bohemio

En las faldas de la cordillera oriental de Bogotá, donde hace unos años no se podía caminar de noche, hoy está el epicentro hippie-chic de la ciudad: La Macarena, restaurada, con casonas convertidas en lofts, galerías de arte, pequeños restaurantes (con tiendas de ropa alternativa) y recorridos en bicis vintage. Acá están el Museo Botero, el MAMBO y las Torres del Parque, construidas por Rogelio Salmona (apodado "el transformador de ciudades").

Escondido entre sus calles está el restaurante de Leo Cocina y Cava. Ella, Leonor Espinoza, es chef del Canal Gourmet, y su local, un secreto que se quiere conservar (aunque es uno de los mejores de Latinoamérica según las revistas especializadas). Su cocina es única. ¿La razón? Viajó durante dos años por todo el país descubriendo los secretos de la gastronomía ancestral, luego los fusionó con platos gourmet. Recomendado: el helado de Kola Román (una bebida fucsia y muy dulce que se toma en la costa caribe colombiana) con vainilla sobre rodajas calientes de plátano (Calle 27 número 6-72, reservar al 57-1 / 286 7095).

 La Juguetería es un restaurante de comida colombiana (especialidad en parrillas), donde la inspiración son los más de 2.000 juguetes recolectados durante 7 años por sus dueños. Todo es hecho de juguetes: las mesas, los platos y los vasos. Sin embargo, no es un lugar para niños: su clientela -muy de elite- son ejecutivos y empresarios. gastronómico

 La zona G está en el exclusivo barrio Los Rosales. Su oferta va desde Harry's, un bar cosmopolita, hasta Casa Vieja, un restaurante tradicional de comida colombiana. En La Cigale (Calle 69A número 4-93), su propietario, el chef François Cornelis, atiende personalmente. No es el típico restorán francés; su ambiente es más informal y sus platos son "a la minuta", con ingredientes frescos, comprados en pequeñas cantidades en ferias locales. Tiene una cava con 300 referencias para elegir el vino perfecto.

 Si prefiere la exclusividad (es el único club dentro de la zona G) y la comida asiática (muy de moda entre los bogotanos), la mejor opción es Buda Gardens. Entre sus 50 socios hay empresarios y personalidades influyentes, como el presidente de Caracol (la cadena de radio más grande), el director estratégico del grupo Prisa, actores de moda y presentadores de noticias.

 Para comer bogotano-bogotano tiene que ir a Club Colombia (Av. 82 número 9-11). No es parte de ninguna zona (G o T) pero definitivamente amerita ir. Insertado en el barrio Chicó -muy residencial-, una restaurada casa patrimonial resguarda el restaurante que unió los esfuerzos de los dos chefs colombianos más reconocidos: Leo Katz y Harry Sasoon. Espectacular la versión del ajiaco santafereño (el plato típico bogotano y muy diferente al ajiaco chileno, pues es una sopa espesa, hecha de tres tipos de papa, pollo y guasca, una hoja local). También es el lugar ideal para tomar en copa la clásica cerveza Club Colombia, creada en 1949 y elegida en 2008 la mejor cerveza del mundo. chic

Bogotá es conocida como una ciudad fría (aunque el cambio climático tiene a la ciudad con temperaturas récord de 26 grados). Para vestirse, piense en el equivalente a ropa de otoño en Chile: vestidos, leggins, botas y abrigos. En Bogotá la ropa es mucho más barata que en Santiago (casi el 50%). El mejor lugar para comprar: la zona T.

En la Calle de los diseñadores (Calle 82 Cra 11 a 14) encontrará las famosas carteras con mariposas de Mario Hernández y los tejidos en lana artesanal de Pepa Pombo. No se asuste: los precios son razonables.

Hacia el occidente encontrará pequeñas tiendas de diseño alternativo y muy trendy. Por ejemplo, se puede conseguir ropa con telas recicladas (Cra 13 entre calles 82 y 83).

La zona T también es reconocida por sus restaurantes y vida nocturna. Los pubs de cerveza artesanal y de martinis con frutos exóticos y de colores son los preferidos. El bar de moda: Pravda (Calle 83 número 12-20), es el punto de encuentro de los diseñadores, modelos y fashionistas de la ciudad. Para conseguir mesa, es recomendable llegar temprano y "tardear" -pasar la tarde- en su terraza. Si no lo logra, puede quedarse en uno de los múltiples bares de su estilo que se han creado alrededor.

rumbero

En Bogotá no hay previas. La rumba empieza a las nueve y, si llega después de las diez, seguro no encontrará cupo en ningún lugar. La recompensa: terminará su jornada de 9 horas de rumba encima de la mesa, bailando entre botellas (porque en Colombia, el licor se pide en botellas).

Andrés Carne de Res de Chía (un pueblo a las afueras de la ciudad) es el mejor sitio de rumba de Bogotá. Ir a Andrés es un hito entre los bogotanos, a tal punto que la primera visita es conocida como el "el bautismo de la rumba". Nunca se olvida. Su éxito esta en el ambiente donde todos los detalles son divertidos y en que el ánimo de la gente se potencia con grupos de teatro que bailan y entretienen.

En su versión de Chía, a los más jóvenes les asignan las mesas de la tienda y de la barra del fondo, mientras al Presidente de la República, o a Juanes, los instalan en "El Trono", la mesa mejor ubicada, donde se baila sin estar tan apretado y dónde todo el mundo te ve. Hace poco fue inaugurado Andrés DC, en la zona T de Bogotá. Con una estética más industrial, tiene cuatro niveles: infierno, tierra, purgatorio y cielo. Allí van los candidatos a la Presidencia y las actrices de moda.

 En los alrededores del Parque de la 93 (que en realidad es una plaza), encontrará las discotecas: Gaira (de Carlos Vives) para bailar vallenatos y Kukaramacara o El Sitio (con orquesta en vivo), donde se puede bailar de todo. No es raro encontrarse a un artista top cantando en la tarima. verde

Muy cerca de Bogotá el escenario se transforma. Todo es verde, rural y propicio para eco-aventuras. Para llegar, por la autopista norte o la Carrera Séptima, ármese de paciencia por el taco. Otra opción: coja el Tren de la Sabana, un tren turístico, con papayera incluida.

 En la sabana encontrará pequeños pueblitos coloniales como Chía y Cota, donde puede comer dulces recién hechos como el merengón de guayaba o mazorca asada (choclo salado).

 La Catedral de Sal de Zipaquirá es la protagonista. Después de descender 386 metros bajo tierra se llega a las 14 estaciones del Vía Crucis y a las tres naves, cada una de 13 mts de alto y una cúpula mayor. Todas las piezas son talladas en sal-roca. De regreso a la ciudad, termine su viaje como todo bogotano, parando en el kiosko (Carrera 11, número 144-76) donde venden "las mejores empañadas de Bogotá": son fritas y con papa adentro. Créalo: saben mejor de lo que suena.

 Nuevos HotelesCelebrities Suites es conocido porque sus habita- ciones están inspiradas en celebridades como Michael Jackson, George Clooney y Bob Marley (plan fin de semana para dos personas: 240 dólares más impuestos, Zona T: calle 74 #10-33 www.celebritiessuites.com). El Continental All suites (inaugurado el 11 de marzo) es un icono en la restaura- ción del centro histórico de la ciudad. Aunque conserva su fachada clásica, sus habi- taciones son loft modernos (Avenida Jiménez con carre- ra 4. Telefóno 6063000. Tarifa por habitación doble 150 dólares más impuesto).


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Foto:Héctor Flores


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