REVISTA YA

Martes 30 de Junio de 2009

 
Ena Von Baer Quiero cambiar la realidad parlamentaria

MARÍA CRISTINA JURADO Por María Cristina Jurado. Fotografías: rodrigo Barrionuevo.
Poco antes de que cumpliera ocho años, los directivos del Colegio Alemán de Temuco llamaron a su mamá, Helga Jahn. No eran buenas noticias. A su niña, la tercera de sus cuatro hijas con el biólogo genetista Erik von Baer, la habían encontrado demasiado inmadura para pasar a tercero básico. Un problema no insoluble, pero un problema. Helga, cuyos bisabuelos habían llegado a Angol en 1850, durante la colonización alemana de Vicente Pérez Rosales, y quien llevaba años batiendo la mantequilla y fabricando las cecinas para su familia, no era mujer para sentarse a llorar. Llamó a su hija Ena y le comunicó que ese año no volvería a su colegio de siempre, al que asistía con sus hermanas. Por ese año, tercero básico, iría a la escuelita rural del pueblo de Cajón, un poblado de dos calles cercano al campo donde vivían, a once kilómetros de Temuco. Una escuela que mezclaba a gente de la ciudad con hijos de campesinos mapuches. La niña se encogió de hombros: lo que Ena von Baer quería a los ocho años, ya lo tenía. Ya sabía leer. "Yo, lo que quise siempre, desde que tuve uso de razón, fue aprender a leer. Y a los ocho años sabía leer de corrido. Nada más me importaba". Fue un tercero básico que marcó para siempre su vida. Durante todo ese año escolar, esta doctora en Ciencias Políticas de la Universidad de Aachem, de larga trayectoria como investigadora política en el think tank Libertad y Desarrollo, asesora parlamentaria durante diez años y aliancista, convivió mañana y tarde con decenas de niños humildes que llegaban a la escuela muchas veces sin zapatos o sin desayuno. Ese shock cultural a tan temprana edad definió su visión de la vida. "A veces siento que esos días fríos en la escuela de Cajón, cuando me tuve que acostumbrar a que me revisaran las manos y el pelo, cuando aprendí que había niños viviendo en el campo del lado sin ningún tipo de privilegio, niños de mi edad que no conocían nada salvo la naturaleza y el frío, me marcaron tanto, que tenía que terminar en las ciencias políticas".Al año siguiente, volvió a su colegio de antes, pero Ena ya no era la misma. Su prima, Alejandra von Baer, médico veterinario en Temuco, recuerda: "Ese año lo perdió, pero maduró. Quedó un curso más abajo que yo en el Colegio Alemán. A Ena siempre le costaron las materias, pero le hacía empeño, era muy responsable. Le costaban sobre todo las matemáticas y el deporte, fuimos compañeras en vóleibol y lanzar la pelota era su martirio". La niña de entonces constata hoy la influencia que tuvo ese año en su vida: "Desde la experiencia en Cajón empecé a incubar el germen del servicio público. Cuando me acuerdo de esos niños mapuches que no podían hablar su idioma en el recreo porque no los dejaban, me pregunto dónde hay un lugar donde los mapuches de hoy jueguen palín. Por eso, el tema indígena siempre ha cruzado mis preocupaciones. Vengo de Temuco e igual que Max Weber, estoy convencida de que la política sólo se puede hacer si uno tiene un sueño. Mi sueño es levantar a la Araucanía". Lo dice irradiando juventud, con sus manos expresivas dibujando en el aire, arrellanada en el sofá de su living. La casa de la flamante candidata a senadora -una independiente que postula por el cupo UDI en la IX Región de la Araucanía- es muy sencilla. Por fuera, la pintura se descascara, por dentro no hay calefacción. De la pared cuelgan buenas obras -un Samy Benmayor de tamaño mediano preside el living-, también hay esculturas. Es una casa joven. "Eduardo es de Osorno y yo de Temuco, estamos acostumbrados a un frío mucho más húmedo que éste", dice, riéndose, con frescura. Su marido, Eduardo Fröhlich, es ingeniero civil industrial. Con él se casó a los 24 años y comparte una mirada semejante, basada en valores y gustos comunes. Cultivan una relación de compañerismo: pololearon todos los años universitarios en bicicleta, siguiendo rutas de trekking, mochileando o remando en canoas. "Hasta hoy, las cosas importantes las decidimos caminando, ojalá en un cerro. Salimos a caminar siempre, ahora nos es más difícil por los niños, pero nos hacemos un espacio". Cristina Cortés, periodista de Libertad y Desarrollo, quien trabajó con ella, da fe de su sentido de familia: "Es una perfeccionista, se esmera por cumplir todos sus roles bien. Y es muy de darse espacios con su pareja, cuida mucho los límites, es reservada. Su ambición es, por eso, súper acotada".   Renovación con trabas. Es una madre presente, aunque ha trabajado desde siempre. Sus hijos, Clarita, de cuatro años, e Ian, de uno y medio, circulan en total libertad por la casa y ella está pendiente de los detalles. Puede estar hablando de alta política, pero con el rabillo del ojo no les pierde pisada: "Siempre he tenido pegas flexibles. Mis prioridades son claras y todos lo saben. Soy de las que si se pone una reunión a las seis de la tarde, me levanto y me voy. Yo necesito estar en la casa temprano. A mis dos hijos los amamanté hasta los ocho meses. Me acuerdo de que en Libertad y Desarrollo todos los días había una reunión de 10 a 12 del día. Puntualmente, me levantaba de mi asiento diez para las once, partía a la sala cuna a dar pecho y volvía. Nadie entendía, hasta que un día mis compañeros hombres me preguntaron. Les dije que, para mí, era normal dar pecho y volver a trabajar. Ahora que soy candidata, jamás aceptaría hacer una campaña exitosa que sacrificara a mis niños. Es una de las cosas que hay que enseñarle a la sociedad, que las mujeres somos muy capaces en política, pero que hacemos las cosas de otra manera". -En Chile hay sólo dos senadoras para 38 escaños y 17 diputadas, de un total de 120. ¿Esto no la desmotiva?-(Vehemente) ¡Todo lo contrario! Hay que luchar para que esta realidad cambie. Mi candidatura tiene tres signos: ser mujer, joven y heredera de la tierra de mis antepasados. La política puede transformarse. Durante mis años de investigadora y como asesora parlamentaria, trabajé con gente de todos los sectores, también de la Concertación, y fue gratificante. Tengo amigos de ideas opuestas. A mi generación la cruza una mirada transversal, nosotros no alcanzamos a vivir un Chile polarizado. Nos corresponde renovar el espacio político tendiendo puentes. Su esperanza de ganar es aterrizada por el actual senador RN por la Araucanía, José García, quien va a la reelección en diciembre: "Ella es excelente, joven, inteligente y trabajadora. Pero le queda muy poco tiempo para hacer campaña y tendrá que partir explicando quién es, porque no la conocen. A ella le va a costar mucho superar mi cercanía con la gente". Ena no se amilana. Desciende de alemanes por los cuatro costados. De alemanes que le legaron la laboriosidad y la perseverancia a ella y a sus hermanas. Hoy, Karina von Baer encabeza un holding agrícola; Ingrid es ingeniera agrónoma especializada en genética de plantas -igual que su padre Erik- y Sybille es artesana. Todas viven en la Región de la Araucanía. A la tercera de las von Baer, Ena, su determinación a veces la vuelve tozuda. "Es llevada de sus ideas, casi terca. Cuando llegó a dirigir el programa Sociedad y Política de Libertad y Desarrollo, cambió miles de cosas y tuvo que defender esos cambios frente a Cristián Larroulet. Al final salió con la de ella", dice su subalterna, Cristina Cortés. Una laboriosidad que tiene raíces familiares: "Donde me siento verdaderamente en casa es en Gorbea, donde llegó mi familia y donde vive mi abuela paterna, Mutti, que en realidad se llama Agnes. Mis dos abuelas fueron capitales para mí y mis hermanas. La Mutti todavía trabaja a sus 93 años: tiene un criadero de vacas que ha ganado varios premios".Orgullosa de su abuela, bautizó a su hija mayor como Clara Agnes y ella misma se llama Ena Agnes. No fue su único homenaje. Cuando el presidente de la UDI, Juan Antonio Coloma, la llamó hace dos meses para ofrecerle la postulación por el cupo senatorial en la Araucanía -y después de que Hernán Büchi y Cristián Larroulet la convencieran de aceptar- Ena voló a Gorbea: "Fui a buscar la bendición de mi abuela Mutti. Sólo después de recibirla, di mi primera entrevista como candidata al Diario Austral, con foto en la plaza de Temuco". -¿Qué cambios y costos le traerá su candidatura?-Ya me cambió. Estoy viviendo entre Santiago y Temuco, allá armé un equipo de campaña con puras mamás jóvenes. Las tuve que tranquilizar porque les daba susto la dimensión del compromiso, pero estamos todas en la misma: si a una se le enferma un niño, tiene que salir disparada a su casa y otra la cubre. Así debe ser la política para nosotras, la única manera de que transformemos nuestra realidad parlamentaria. Estoy consciente de que es una ruta desafiante, pero me siento bien preparada, no vengo llegando. Yo trabajo en política desde siempre, sólo que antes era a nivel técnico. La periodista temuquense Daniela González, compañera de Ena en el Colegio Alemán y en la Universidad Católica -la candidata estudió alguna vez periodismo, pero lo dejó rápidamente-, forma parte de su equipo de prensa: "Ena gestiona cosas desde que nació. Cuando estudiaba en Santiago, vivía en una Madchenshaft, un hogar alemán que quedaba en Antonio Varas, y ella fue quien gestionó la compra de su nueva casa. Ninguna de las mujeres de su equipo militamos, ella tampoco. Se ha preparado durante años con las asesorías parlamentarias y conoce todas las "yayitas" de los políticos que hacen las leyes. Su candidatura me la explicó en simple cuando me dijo que nada sacaba con saber hacer pasteles si no se metía a la cocina. Bueno, ya está en la cocina".  El desafío mapuche. Del periodismo pasó a las ciencias políticas cuando ganó una beca de una fundación alemana y partió a estudiar a la Universidad de Aachem, cerca de Colonia, en Renania?Westfalia. Se fue con Eduardo, a principios de 2000. Allá hizo un magíster y, a poco andar, le ofrecieron hacer un doctorado en ciencias políticas, que duró hasta el año 2004. Volvió a Chile doctorada. "Me tocó defender mi tesis en Aachem con siete meses de embarazo de mi hija Clarita". Eduardo está a su lado. "Somos un equipo, socios en todo. Él tiene un dicho, ?si tú estás feliz, yo estoy feliz?. Lo aplicamos mucho, y por eso siempre me ha apoyado en todas mis locuras. También en ésta, que, claro, es una locura bien calculada". Al pisar Chile, retornó a su casa profesional, el think tank de derecha Libertad y Desarrollo, donde Ena esponjó, hasta hace unas semanas, casi toda su carrera de investigadora y cientista política. Entre medio, se convirtió en profesora universitaria en la Universidad Adolfo Ibáñez y en la del Desarrollo, convocada por Andrés Allamand: "Enseñar me encanta, hacer clases es un vicio. El contacto con las nuevas generaciones es algo espectacular, y mientras más inquisidoras sean, mejor. Me fascina despertarle la mente a los jóvenes, y ojalá con algo que casi todos los profesores universitarios odian: hacer clases en primer año". Hasta que apareció Coloma. Hoy, a sólo unas semanas de esa tarde, Ena von Baer enumera algunos de sus grandes temas, los que siempre ha trabajado, los que siempre han estado en la esfera de su preocupación. Los que figurarán en su agenda parlamentaria. "La Araucanía tiene un potencial inmenso. Es una de las regiones más pobres de Chile, pero cuenta con mucha innovación y recursos naturales. No por eso podemos desconocer sus índices de delincuencia y desempleo. Para mí, los mapuches son un gran tema porque son de mi tierra, con ellos me crié. El actual enfoque del Gobierno desestima lo principal: que, aunque tengan una ligazón a la tierra, el 69% vive en las ciudades, no es rural. Hay que cambiar las políticas públicas".Los temas de las instituciones y la sociedad civil también la apasionan, así como el de la inscripción automática y el voto voluntario, al que le ha dedicado años de insomnio y disciplina. Como lo confirma Eugenio Guzmán, decano de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, quien fuera su jefe: "Ena es ordenada, sistemática y ambiciosa. Pero también un poco autoflagelante y demasiado autoexigente, no quiere cometer errores y eso le puede jugar en contra. En una cultura como la chilena en que nadie es claro, ella sí es muy clara. Pero tiene que tener cuidado, lo perfecto es enemigo de lo bueno". Cristián Larroulet, director ejecutivo Libertad y Desarrollo, la ve valiente: "Estamos viviendo un momento de gran desprestigio de las instituciones políticas, pero la gracia de Chile es que seguimos teniendo una clase política de excepción. Me parece admirable que ella se atreva justo ahora, cuando uno sabe lo difícil que es este terreno para una mujer, y más, si es joven. La política no es amistosa con las mujeres. Ena, que es metódica, ordenada y clara, está haciendo camino en Chile".
Producción: Germán Romero. Maquillaje y pelo: carla gasic. 


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Chaqueta y jeans: Benetton; polera SiSley. en PÁGinA tReS, Blusa: MnG; Chaqueta: Kenneth Cole; jeans: Benetton.
Chaqueta y jeans: Benetton; polera SiSley. en PÁGinA tReS, Blusa: MnG; Chaqueta: Kenneth Cole; jeans: Benetton.


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