CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Domingo 20 de Mayo de 2001


La Obra de un Soñador

Con la reciente muerte de Enrico Bucci, despedimos a uno de los principales responsables de la apertura expresiva en la plástica chilena.
Las manifestaciones propias del arte contemporáneo - como instalaciones, performances, videos y acciones de arte- circulan cada vez con más soltura en los diferentes espacios de exhibición. Pero al plantear su recorrido histórico, es indudable que se establece un "antes y un después de la Galería Bucci". Su propietario, el veneciano Enrico Bucci, se radicó en Chile en 1953, encontrando en estas tierras un lugar "idílico", aislado y en gran medida ignorante de las nuevas tendencias artísticas que él había visto en su Europa natal, en el doloroso proceso de la post-guerra.

Su labor se inició de a poco y en forma bastante tradicional. Constituyó primero una importante colección de pintura chilena del siglo XX, consiguió el auspicio de la Universidad Católica del Norte para instalar una galería en Antofagasta y divulgar desde allí esas obras, creadas por Sergio Montecinos, Ximena Cristi, Nemesio Antúnez, Ramón Vergara Grez, Carlos Pedraza y Hardy Wistuba, entre muchos otros. Paralelamente, pudo recorrer el norte con colecciones de arte precolombino, fue acrecentando sus colecciones con expresiones renovadoras, como las de Arturo Duclos, Patricio Rueda, Mario Soro, Francisca Núñez, Eugenio Dittborn, Francisco Brugnoli, José Balmes, Gracia Barrios o el Padre Gustavo Le Paige, y a la vez ejercía el periodismo artístico en medios escritos y audiovisuales.

En 1973 instaló su galería en la calle Huérfanos. Su quehacer, hasta entonces limitado a la difusión y venta de pintura, experimentó un vuelco radical 10 años después.

"En un comienzo, era un galerista comercial - recuerda el artista Patricio Rueda- su galería durante toda la década del 70 era sólo cuadros colgados. Pero poco a poco se fue entusiasmando con lo que sucedía en el país, con la tremenda efervescencia juvenil y las ganas de hacer cosas nuevas. Comenzó a acoger las acciones de arte y a proponer convocatorias extrañísimas, de todo orden, pero siempre de corte experimental. La galería empezó a ceder terreno a este otro tipo de práctica. El período 1984-1988 fue la "edad de oro" de la Galería Bucci. Eran tiempos en que no existía ningún otro espacio para nuestras manifestaciones. Todos hemos pasado por allí y eso le da un prestigio y un posicionamiento innegables".

El renovado sitio quería expandir un concepto de obra abierta, donde el artista experimental era dignificado como agente en plena formación de los futuros lenguajes plásticos. En esos años, Enrico Bucci declaraba:

"La plástica nos proporciona un campo amplio para estimular nuestra reflexión. El arte de este siglo no es imitativo, como antes, sino inquisitivo, creativo, explorativo. Los artistas no ahondan tanto en el oficio, sino que se preocupan de crear nuevas ideas. Hoy, a veces no sabemos cuándo un objeto es real y cuándo actúa en función representativa. La intención creadora es capaz de transformar un material ordinario en obra estética, con un cambio de contexto. Me interesa no comprometer mi vida por conceptos estables, inmanentes, trascendentes, fijos. Me inclino al cambio, a la aventura del pensamiento en ebullición".

Convencido de una necesaria puesta al día del arte nacional, Bucci comenzó a definirse "más chileno que italiano", aquí tuvo hijos y nietos. Desde aquí viajaba periódicamente a las ciudades precursoras de tendencias estéticas, como Madrid, Londres, París o Nueva York, entrevistaba a artistas, historiadores y directores de los grandes museos. Esta retroalimentación le permitía expandir sus postulados y hacer real este pequeño espacio de libertad en el complejo Chile de los 80.

"En los tiempos más difíciles, él creyó en una alternativa diferente - dice Francisco Brugnoli, director del Museo de Arte Contemporáneo- . Él se atrevió a mostrar a gente como Mario Soro o Víctor Hugo Codoceo, entre muchos otros nombres. En la última década, creó convenios con las Escuelas de Bellas Artes de la Universidad Arcis, Universidad de Chile y Católica. Era un personaje difícil de clasificar, pero todo lo que emprendía, era guiado por el entusiasmo".

El pintor Pablo Domínguez expuso en más de una ocasión en la Bucci. En ese entonces integraba el colectivo Contingencia Psicodélica junto a Carlos Pareja, Carlos Araya, Hugo Cárdenas, Rodrigo Hidalgo y Miguel Hiza, quienes llenaban con su colorido expresionista las salas, la escalera y el subterráneo de la galería:

"Entonces no habían otros espacios y eso convertía cada acción en algo muy político y contingente. El lugar mismo era como una crónica, era todo muy fresco. Lo que estaba pasando, se mostraba allí irremediablemente".

Con el tiempo, cambió el paisaje social y político del país. La Galería Bucci cumplió su etapa y abrió una nueva perspectiva. Hoy existen salas institucionales y también estrictamente comerciales en el terreno de la experimentación. Aunque con un funcionamiento precario - exclusivamente financiado por su propietario- y un futuro más bien incierto, la galería ha seguido apostando por el arte joven.

"Actualmente, las salas de la competencia están muy bien instaladas y tienen una serie de contactos para ofrecer ventas de obras", explica Brugnoli . "Hoy el artista está preocupado del mercado y de cómo el contacto con el público es un elemento de su producción. La Galería Bucci sigue siendo un buen laboratorio, es algo que hay que ver, porque ofrece sorpresas. Estos lugares tan irregulares acarrean un tipo de expectativa a veces mayor que los lugares muy consagratorios".

"Desde 1995, comenzó un periodo de altos y bajos - dice Patricio Rueda- , creo que se ha convertido en una instancia muy escolar. Pero la historia de los 80 quedará como el período vivo, creativo, muy potente".

Enrico Bucci declaró, en una de sus últimas entrevistas: "Hoy en Chile, la actividad de las artes plásticas es importante. Los artistas se cuentan por cientos y están conectados al arte mundial. No realizan un arte chileno, sino un arte alineado a lo universal".

Elisa Cárdenas Ortega.

Flores para Sanar

La trayectoria de Enrico Bucci no se limitó a la gestión artística. La abundancia de ideas y lenguajes que circulaban a su alrededor incentivó la inquietud de extender su concepto de galería hacia otros espacios, y más tarde a realizar sus propias acciones de arte, como aquella en que envuelve su cuerpo en material de neumático.

Pero el proyecto de más largo aliento es la recopilación de pinturas con motivos florales, que encargó a reconocidos artistas. La idea original era instalar estos cuadros en diferentes contextos. Con el tiempo la acción fue originando su propia significancia: trasladar la belleza a aquellos lugares de Chile donde ha habido dolor:

"Las flores representan la plenitud de la naturaleza vegetal, la luz, el color, la energía, el sol. Son la vida en su expresión máxima. Son la esperanza. Los cuadros de flores, colocados en hilera a lo largo de 100 o 200 metros, producen un impacto estético extraordinario, independiente de la lectura que le asigne cada uno", señalaba.

Estas pinturas se exhibieron en la galería y también a 4.500 metros de altura, en el Cerro Quimal, en el Volcán Antuco, en el Vertedero Lo Errázuriz, en la Villa Grimaldi, en los cerros San Cristóbal y Santa Lucía, en la Oficina Salitrera Chacabuco, en el Valle de la Luna, en el Salar de Atacama. En 1997, las flores se extendieron en forma de cruz a lo largo y ancho del Estadio Nacional, una acción cuyo único registro se lo llevó un equipo de la televisión alemana.

Este "Itinerario del Dolor" fue postulado por Bucci, Soledad Silva y Mario Soro al Fondart 2001, para llegar a otros lugares, como La Moneda y el Río Mapocho, con una mejor infraestructura y registro.

"En mis performances e instalaciones de arte, los signos que manejo estimulan una comunicación-reflexión. Son estimuladores mentales en acción. Busco inventar y crear situaciones nuevas", decía Bucci.

Otros proyectos quedaron en el camino, como la pintura de lugares tradicionales en Santiago, junto al artista peruano Julio Campos Ayala, o un libro-memoria de la Galería Bucci, idea que alimentó hasta sus últimos días.




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José Balmes, Gracia Barrios, Rodrigo Toro, Andrés Astaburuaga, Pier Echenique, Julia Ossa, Ciro Beltrán, Fernando Tejeda y Hardy Wistuba fueron algunos de los artistas que pintaron flores para el galerista. Hasta el momento, había recopilado más de 500 cuadros.
José Balmes, Gracia Barrios, Rodrigo Toro, Andrés Astaburuaga, Pier Echenique, Julia Ossa, Ciro Beltrán, Fernando Tejeda y Hardy Wistuba fueron algunos de los artistas que pintaron flores para el galerista. Hasta el momento, había recopilado más de 500 cuadros.


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