REPORTAJES

Domingo 26 de Octubre de 2003

JORGE ARRATE MAC NIVEN Progenitor del socialismo renovado:
Los economistas de la UP estaban vinculados a la Cepal

Analiza los errores de la política económica de la Unidad Popular, entre ellos la poca consideración hacia el aspecto financiero y la aplicación de supuestos que no resultaron realistas. Ésta es una síntesis de la entrevista que se transmite hoy en Mega a las 9.15 hrs. y en ARTV a las 22.00 hrs., una producción conjunta del Cidoc de la Universidad Finis Terrae y Reportajes.

PATRICIA ARANCIBIA CLAVEL
Historiadora, directora de Cidoc

Jorge Arrate Mac Niven fue uno de los impulsores de la renovación del socialismo, junto a Carlos Altamirano, cuando ambos se encontraban exiliados en Europa. El ex ministro Secretario General de Gobierno y de Educación se desempeñó como asesor económico del Presidente Salvador Allende y vivió desde dentro las contradicciones del modelo de la Unidad Popular.

- Ud. es uno de los gestores del socialismo renovado. ¿Significa eso que validaron la democracia liberal como sistema?

- Lo que se ha llamado el proceso de renovación corresponde a una reflexión que se hace en el país y en el exilio en los años siguientes al golpe militar. Lo que se examina es la relación entre democracia y socialismo. Al hacerlo hay una revalorización de ese proceso renovador de la democracia liberal, por la que siempre había habido un aprecio, pero que se tendía más a destacar sus limitaciones. La renovación se incrusta en una reflexión que, por lo demás, es universal. Estoy hablando de los años en que Enrico Berlinger lleva al partido comunista italiano al "peak" de sus performances electorales, en que la obra de Gramcsi comienza a ser difundida. Es un debate en todo el mundo y la renovación se funde en ese contexto.

- Por lo tanto, el proceso tiene una influencia muy fuerte del pensamiento gramcsiano y del eurocomunismo.

- ¿Usted era revolucionario en los 60?

- Sigo considerándome revolucionario.

- Pero los métodos cambian...

- El ex rector de la Universidad de Chile Eugenio González - el más grande teórico del socialismo chileno- tiene una frase: "Se es revolucionario por los fines".

El modelo económico

- Volviendo atrás, ¿tuvo participación, después que llegó de Estados Unidos, en la elección presidencial de Allende?

- Me fui dos años, aprobé mis exámenes de doctorado y correspondía que hiciera mi tesis. La universidad me pedía que me quedara a hacerla allá, pero volví al Instituto de Economía de la Chile, y me incorporé a hacer clases en el posgrado.

- Me vine porque quería estar en la elección presidencial y me incorporé a la campaña. Era un economista y con un grupo de colegas socialistas nos dedicamos a recorrer los comités de Unidad Popular. Participamos en todos los eventos de masas de la campaña, pero no tuve un rol particular de dirección en ella.

- ¿Cómo llegó a la asesoría en materia económica del Presidente Allende?

- Sentía admiración por Allende. Recuerdo hasta el momento en que lo vi físicamente por primera vez, porque como no había televisión o ésta era muy limitada, uno veía rara vez a sus líderes y la oportunidad era yendo a las manifestaciones.

- Yo era amigo de sus hijas, en particular de Isabel y Beatriz, con quienes compartimos una época en la universidad. Isabel estudiaba Sociología y Beatriz, Medicina. Yo, Derecho, soy abogado, pero nunca ejercí. Y por esa vía tuve más acceso al Presidente Allende. Antes habíamos tenido un contacto el 63 o 64, en que fui candidato a presidente de la FECh por el FRAP... recuerdo que me proclamaron en el patio de la FECh, Allende y Teitelboim.

- El Presidente Allende, antes de asumir, me hizo llamar porque había una reunión del Pacto Andino en Lima. Gabriel Valdés, que era el Canciller, le ofreció a Allende que incorporara en la delegación a alguien para que se hiciera la transición. Me llamó Osvaldo Puccio, el secretario de Allende, y me dijo: "Usted se va mañana a Lima". Yo era profesor de Teoría Económica en la Chile.

- Le dije: "Me puede decir ¿a qué?". A una reunión del Pacto Andino con el canciller Gabriel Valdés. "Mire - le respondí- , no tengo idea qué es el Pacto Andino. Yo me dedico a la teoría económica". No importa, me dijo Puccio, ésta es una instrucción del Presidente.

- Partí al día siguiente. No tenía en realidad mucho que ponerme porque era un profesor universitario que usaba un suéter grueso para hacer clases. Al regreso volví al Instituto de Economía y Allende me pidió, en el mes de diciembre, que negociara la compra de Zig Zag.

- Me dijo: "No quiero que esto lo negocie el Ministerio de Economía porque ésta es una empresa de ideas. No quiero forzar la compra, , quiero que sea con el pleno consentimiento de los dueños porque quiero armar una gran editorial pública. Pero no quiero que nadie diga que quiero monopolizar la difusión de las ideas. Eso fue Quimantú.

- Ahí estuve dos meses, pero en febrero tenía que volver a la U., yo era director del Instituto. Pedro Vuskovic se había ido al Ministerio de Economía. Desesperadamente empecé a tratar de deshacerme de estas asesorías para volver al Instituto. Finalmente lo logré, pero ahí me llamó Beatriz. Me dijo: "Mira, mi papá quiere que lo vengas a ayudar a La Moneda en cuestiones económicas".

- Parece que Allende sabía poco de Economía...

- Sabía poco, no era su fuerte.

- ¿Cuál era el planteamiento económico que tenía la UP?

- No era su fuerte el tema económico, pero tenía un equipo de economistas que lo había acompañado en todas sus campañas desde 1958, y que eran desarrollistas de izquierda, vinculados a la Cepal y a los organismos internacionales. Ahí estaban Pedro Vuskovic, Carlos Matus, Gonzalo Martner padre, Max Nolf, Ernesto Torrealba, Jacobo Chatán y otros.

- El que hacía de cabeza era Vuskovic y lo que Pedro planteaba en materia económica, que fue la política del gobierno de la UP, era generar en Chile lo que él denominaba un círculo virtuoso, esto es, romper un círculo vicioso que hacía que el sector industrial tuviera una capacidad ociosa muy alta y, por lo tanto, la política de Pedro Vuskovic era, en términos macroeconómicos, una política keynesiana.

- Él planteaba una redistribución por la vía de aumento de los ingresos de los sectores más bajos que impactaban en el aparato productivo y aumentaban los niveles de producción. Y, paralelamente, la constitución de un área de propiedad social, con la nacionalización de las grandes minas de cobre y otro en la industria, con la creación del área de propiedad social, es decir, la incorporación de decenas de grandes empresas industriales a un área de propiedad del Estado.

- ¿Y por qué fracasó?

- Hay distintos factores. Si encapsulamos este concepto en términos económicos, lo sacamos de su contexto político social. Diría que el planteamiento del gobierno tenía debilidades. Por ejemplo, en la consideración de la política monetaria. Todo el aspecto financiero de la economía estaba poco considerado y, en segundo lugar, tenía algunos supuestos que, en el modelo de Vuskovic, probaron que no eran realistas. Uno se refería hacia donde se iba a orientar la demanda cuando se produjera el aumento de los ingresos. Se suponía que la gente iba a comprar más alimentos esenciales, más productos farmacéuticos, más ropa, más artículos básicos. Los hechos probaron que parte importante de esa demanda se iba, por ejemplo, a la línea blanca. Podía una familia ser pobre, pero quería tener acceso a bienes como televisores, que recién se estaban difundiendo. Y, además, la idea de la capacidad ociosa era correcta, pero hay una cosa en la economía que se llama la matriz de insumo-producto y que establece la relación entre los distintos sectores.

- Cuando se tiene capacidad ociosa, la economía la puede ocupar si crece, pero hasta el límite del sector que tiene menos. Entonces, por ejemplo, uno de los sectores que tenía menos parecía ser el transporte y, por lo tanto, allí tendía a topar, las otras industrias o empresas no podían crecer más porque tenían un cuello de botella en la más baja.

- He hecho un ejercicio casi escolar de análisis porque es imposible no poner la política económica de la UP en el marco político. Y allí tocaba los intereses agrarios, los intereses de las empresas internacionales de la minería y los intereses del poder económico financiero, los bancos e industrial en Chile.

- La intervención americana y la oposición concreta de la derecha y del empresariado significaron formas de sabotaje, de perturbación a la política económica de Allende que fueron serias y que implicaron que los defectos que su política podía tener, se magnificaron.

- El primer año económico fue excepcional. Pero la política económica que el gobierno incentivó el año 71 tenía como objetivo ganar elecciones y producir la transformación final hacia el socialismo. ¿Se da esa situación?

- No, por lo menos Allende no lo veía de esa manera. Nunca oculté, en mi nivel, las diferencias que tenía con las medidas que a veces se adoptaban y tenía la posibilidad de decírselas porque mi oficina estaba a 30 metros de la de Allende en La Moneda hasta mediados del año 71, y después que asumí la dirección de Codelco seguía yendo mucho al Palacio porque quedé pegado a ese grupo de amigos y de gente, en particular al Presidente.

- Allende creía lo que decía. No había maquiavelismo en su planteamiento. A lo mejor en otros podía haberlo. Es más, él creía en los éxitos de ese primer año. Yo trabajaba con mi querido amigo Arsenio Poupin, yo era asesor económico y él asesor político-jurídico y los dos teníamos una gran confianza. Yo tenía 30, 31 años, y por una parte tenía la irreverencia de esa edad y, también, una cierta conciencia de que no pesábamos mucho en lo que decíamos.

- En varias oportunidades le dije al Presidente: "No creo que hayamos parado la inflación". "Pero, Jorge, si las cifras dicen...". "Doctor, le digo, creo que si no adoptamos otras medidas la inflación puede tener un impacto más fuerte".

- Era un joven economista que no pesaba ni creo haber tenido tampoco la razón porque cuando la situación se complicó, era difícil decir qué hacer, porque había sobrepasado los instrumentos económicos, era una situación política y social.

LA VÍA VIOLENTA

El Congreso de Chillán del 67

- ¿Qué efecto produjo el acuerdo a que llegó el PS en Chillán, sobre la violencia como método para llegar al poder?

- Yo estaba fuera de Chile porque me fui a estudiar Economía a Estados Unidos el año 67 y regresé el 69, pero me siento solidario de la historia del PS, de sus luces y de sus sombras.

- Lo del Congreso de Chillán hay que considerarlo en el marco del mundo en que vivíamos. En realidad, América Latina vivía un momento de auge de las denominadas luchas revolucionarias.

- La Revolución Cubana había sido en 1959 y su impacto era muy grande. Chile y Allende eran una anomalía. El Presidente tenía que explicar en todas partes por qué era partidario de la vida democrática y del voto y no del fusil. Y el PS, donde siempre ha habido, desde su fundación hasta hoy día, distintas sensibilidades, tuvo un acercamiento con los sectores que tenían perspectivas revolucionarias y mayor desconfianza hacia la democracia en América Latina.

- Y ese sector expresó en el Congreso de Chillán una visión de sospecha respecto a las posibilidades de la vía electoral.

- Un poco más que sospechas ... Se dice ahí que la violencia es la única vía para llegar al poder y transformar la sociedad

- La resolución del Congreso de Chillán era contradictoria con el planteamiento de Allende.

- Para quienes plantearon ese acuerdo, el Estado democrático, liberal, constituye violencia en esa teorización, porque el Estado es un aparato que maneja el monopolio de las armas a través de las fuerzas armadas y la policía. Además de otros mecanismos ejerce una violencia física o intelectual o moral sobre la ciudadanía.

- De modo que esta violencia que el partido Socialista aprueba en ese congreso es de respuesta. No la estoy justificando, pero sí explicando.

- Lo que pasa es que más que respuesta, a lo de Chillán se le toma como la manifestación más clara para entender después lo que va a pasar el 11 de septiembre de 1973.

- Hay una desproporción entre los dos hechos. Si se leen los veintitantos congresos del PS y todas sus resoluciones, vamos a encontrar decenas de acuerdos que no se llevaron a la práctica.

- Los partidos y las personas tienen que ser juzgados por sus hechos. No digo que los dichos no valgan, porque estos también generan conductas, pero el hecho es que, a poco andar del Congreso de Chillán de 1967, el PS se estaba preparando para las parlamentarias de 1969 y las presidenciales de 1970 y levantando la candidatura o de Salvador Allende o de Aniceto Rodríguez.

- Entonces este partido que adoptó este acuerdo tan trascendente en Chillán resulta que una semana después volvía a lo que era su práctica política, que era democrática.

- Aunque en el 71, en el Congreso de La Serena, reafirman lo de Chillán...

- En La Serena, lo que se reafirma es una desconfianza respecto a que los sectores dominantes de la sociedad chilena vayan a respetar la democracia y permitirle a Allende que gobierne. La historia muestra que esa desconfianza tenía una cierta justificación, porque mi visión personal es que tanto el intervencionismo norteamericano como la acción de la derecha chilena perturban las posibilidades de gobernar de Allende.

- Usando su mismo argumento de que las personas deben ser juzgadas por sus hechos, lo que hizo el general Pinochet en 1990, al entregar el mando a Patricio Aylwin, ¿lo convierte en un gestor del inicio del proceso democrático posterior?

- No me parece. Lo que él quería era permanecer por ocho años más. Ésa era su voluntad. Se presentó de candidato al plebiscito para eso. La Constitución de 1980 se hizo así para permitir de manera menos burda que él gobernara hasta 1997. Y entiendo además - no conozco el interior de esos debates- que no fue fácil que él reconociera el triunfo del No en el plebiscito.

ALLENDE Y ALTAMIRANO

"El PS proponía cambiar los mandos de las FF.AA."

- ¿Cómo era la relación entre el PS y Allende?

- Por momentos, muy conflictiva. Por ejemplo, el partido siempre planteó al Presidente que debía hacer uso de sus facultades constitucionales y buscar una modificación de los mandos de las Fuerzas Armadas que permitieran el acceso a la dirección de oficiales que no tuvieran prejuicios con el proyecto del Presidente Allende.

- No se trataba de nombrar militares socialistas, que probablemente no había o eran pocos, pero sí de militares que no tuvieran un prejuicio y sí una fuerte adhesión democrática. Eso lo planteó siempre el partido y, por una u otra razón, el Presidente no lo hizo. La razón más importante era porque él tenía una política militar que significaba mantener una relación óptima con el general Carlos Prats y eso pasaba por un ejercicio respetuoso y cauteloso de lo que eran sus facultades. Pero había diferencias, por supuesto, entre el Partido Socialista y el Presidente.

- En este tiempo se ha hablado mucho del Partido Socialista, incluso leí a un columnista que escribe artículos periodísticos hablando del deshonor del PS de no haber apoyado a Allende. Eso no es así. Los principales colaboradores de Allende eran todos socialistas. Estoy hablando de Jaime Suárez, José Tohá, Arsenio Poupin, Hernán del Canto, Rolando Calderón, de su hija y lo que ella representaba. Todos ellos estaban con Allende.

- El problema es que el comité de la Unidad Popular tenía que dar el visto bueno para todas las decisiones políticas que tomaba Allende.

- Si hubiera sido así, nunca se habría podido adoptar ninguna decisión. El PS era tozudo y en algunas cosas equivocado, pero las decisiones siempre se adoptaron.

- Allende dialogó tres veces con el Partido Demócrata Cristiano. El PS sostenía que no le gustaba ese diálogo porque la DC tenía una visión dogmática y, sin embargo, los diálogos se hicieron porque el PS, en definitiva, no vetaba las decisiones. Se hicieron y no llegaron a buen término porque, yo creo, ya era muy difícil que tuvieran éxito.

- El gran momento para un entendimiento entre la UP y la DC fue el primer período del gobierno, antes que asesinaran a Edmundo Pérez Zujovic.



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"Lo que se hizo fue una revalorización del proceso renovador de la democracia liberal, por la que siempre había habido un aprecio, pero que se tendía más a destacar sus limitaciones".
Foto:Julio Maillard


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