REVISTA YA

Martes 22 de Mayo de 2007

Ángela Contreras: Su entrevista más personal

La actriz de TVN vuelve a los protagónicos en las teleseries después de seis años. Este tiempo fuera lo pasó siendo mamá y construyendo, literalmente, su casa. Antes de retomar el ritmo televisivo decidió irse diez días a San Pedro de Atacama, al sitio que tiene allá, con sus dos hijos, Pedro y Jerónimo, y su marido, Roy Burns. "Con él somos súper buenos amigos, como que seguimos pololeando. Me he fijado que en varias parejas, después de que pasa el tiempo, el contacto cálido pasa a segundo plano. Yo sigo súper enamorada de mi marido, quiero seguir con él y, de hecho, me gustaría casarme de nuevo con él", dice.
Por Natalia Núñez. Fotografías: Ulises Nilo.

Hace trece años la actriz Ángela Contreras se fue al norte con su mejor amiga para probar el primer auto que se había comprado en su vida: un Opel Corsa. Recorrieron gran parte de la región juntas y en el camino se encontraron con un amigo de su amiga: Roy Burns. "Fue mágico, nos vimos y como que enganchamos altiro. No fue amor a primera vista, porque yo ya lo había visto un par de veces antes, pero nunca lo había pescado porque estaba con otros pololos y no andaba mirando para el lado. Pasó el tiempo, y mi amiga me lo presentó de nuevo en Arica. Él estaba trabajando allá y yo de viaje. Al tercer día de 're-conocernos' comenzó el amor. Me gusta todo de él. Fue algo mutuo, se nos dieron las cosas", recuerda ella.

Hoy Ángela se mueve en una enorme camioneta Ford 4x4, negra, que alberga en los asientos traseros algunos de los juguetes de sus hijos, y que comparte con su marido hace diez años, el señor Burns. "No tiene ningún, pero ningún parecido con Mister Burns de Los Simpsons", dice la actriz entre carcajadas. "Mi marido es precioso, es bien bonito", comenta con orgullo.

Que Roy apareciera en la vida de Ángela significó un cambio radical. La actriz dejó de vivir en su céntrico departamento de soltera de Plaza Italia, rodeada de esmog y micros ruidosas, para cambiarse a un cerro en la comunidad ecológica de Peñalolén donde vivía su pareja. Así, sin pensarlo demasiado, asumió un estilo de vida mucho más conectado con la naturaleza que con el ritmo citadino. Mucho más relajado. De hecho, se casó en una ceremonia civil que hizo en la casa de sus suegros, vestida de blanco invierno y con 80 invitados. Cero estrés. El festejo lo organizó con apenas unos días de anticipación. "Fue súper rápido, creo que los más neuróticos fueron nuestros papás. Nosotros estábamos súper tranquilos y relajados. De hecho, queríamos algo de súper bajo perfil y familiar", cuenta.

Ángela asumió esa tranquilidad, esa calma irresistible de no complicarse la vida, como algo propio. Como parte de un estilo que se materializa en la elección de vivir rodeada de caminos de tierra, de perros quiltros, de vecinas que también son sus cuñadas y de ir construyendo su propia casa. "La hicimos entre los dos. Era una pieza cuando yo llegué. Fue así: párate aquí, porque me imagino un ventanal y lo hacíamos con ayuda de tres maestros. Llevo una década viviendo ahí y la casa no se ha caído todavía. Trabajé ene en el baño pegando cerámicos, clavando, aserruchando, aprendí mucho y me encanta mi casa, la encuentro súper bonita, es como poco pretenciosa y está hecha con mucho amor", dice.

Sus rincones favoritos son la pieza de sus hijos Pedro y Jerónimo - "me encanta", dice- , el living y el baño. "Tiene la tina como hacia abajo, es decir, tú no levantas el pie para meterte, está hundida. Tiene aplicaciones de madera y me gusta porque lo tengo lleno de angelitos y cosméticos". Tanta es la dedicación de Ángela por la casa que, de hecho, la tiene más preocupada el sendero de tejas rotas que está armando con sus propias manos que su inminente retorno a las teleseries en un rol protagónico, algo que no hacía hace seis años en TVN. "Me encantaría también hacer otras cosas, me carga que digan ella es actriz y quedar encasillada. No pues. Uno puede experimentar con cosas nuevas, distintas a las que uno hace. Me encantaría fabricar una casa yo sola; de hecho, tomé un curso de construcción en barro. O quizás estudiar escultura, o meterme a hacer algo nada que ver con lo que hago", comenta.

"Estoy súper enamorada de mi marido"

Esas ganas por hacer otras cosas no quieren decir que Ángela esté aburrida de la actuación. Pero le gustaría ser "multifuncional". Respecto de su regreso a los roles protagónicos en telenovelas, asegura que para nada echó de menos la televisión en este tiempo que estuvo ausente. "Recién cuando empiece a grabar (en junio) veré cómo será. Ya lo tengo súper asumido y estoy preparándome para lo que viene. No es nada nuevo, ya sé cuáles son las horas de grabación, sé que hay que hacer las escenas nocturnas, que de repente hay que llegar a trabajar un sábado o los feriados, etcétera", resume.

Esta producción será la apuesta dramática de la red estatal para el segundo semestre, se filmará en la playa y para su personaje, Ángela deberá someterse a un look que la haga verse más joven. "Ya no estoy para hacer de colegiala", reconoce. "Mi edad (36 años que cumplirá el domingo) la tengo súper asumida. La primera cana me salió hace tiempo y las tengo todas tapaditas. Los años pasan y no en vano. Hay que darse cuenta de que igual está el efecto de la gravedad, igual te van a salir arrugas y la cirugía para mí no es opción. Además, no es esto (lo físico) lo que somos. Me gusta como soy, no me cambiaría nada, pero no por eso me siento Miss Universo; sólo estoy súper satisfecha con lo que me tocó".

Antes de sumergirse en los libretos de la nueva teleserie, Ángela decidió irse por diez días a San Pedro de Atacama en familia. Se fueron al sitio que tienen en ese lugar. "Es realmente muy bonito", describe la actriz. Su marido tiene una empresa de captación de aguas subterráneas y por estos días le tocó trabajar ahí. Ángela explica: "Mis hijos y yo vamos de comparsa de Roy. Él hace pozos, fondajes, no es ingeniero, pero ha hecho de todo en la vida: ha sido artista, diseñador, arquitecto".

Dice que se siente tan enamorada de él como el primer día que lo conoció. Que por supuesto tienen discusiones chicas, pero las superan. "Somos súper buenos amigos, como que seguimos pololeando. Porque me he fijado que varias parejas, después de que pasa el tiempo, la cosa cálida de contacto pasa a segundo plano. Para mí es súper importante pololear con él y ser buenos amigos, conversar, ser cómplices. Las peleas uno no las evita, las tiene no más. ¿El secreto? Querer seguir adelante, y yo quiero seguir con él. Estoy súper enamorada de mi marido, me gustaría casarme con él de nuevo. Todas las parejas tienen sus problemas, pero son súper arreglables. Si te das cuenta de que te equivocaste hay que saber reconocerlo, mirarse un poco y ponerse en el lugar del otro. De hecho las peleas entre parejas son casi siempre por malentendidos y, por lo tanto, por problemas de comunicación".

Hablar las cosas. Ésa ha sido la clave de Ángela para mantener su matrimonio intacto y sin crisis graves que declarar. "A esta edad siento que tengo las cosas bien claras en mi vida, soy una mujer bien estable, con mi familia armada, mis hijos, diez años siendo mamá, trece de relación... Cuando chica siempre jugaba a la mamá y el papá y mi regalo favorito fue una muñeca enorme que venía con una cuna de mimbre y una mamadera que la inclinabas y se le desaparecía la leche. ¡Imagínate!".

Su niñez la pasó en Quilpué. Dice que era buena amiga y que dentro de su grupo era la líder, "la mandona", pero con los adultos era tímida. "Con mis iguales era la que daba las ideas, pero frente a la gente grande me daba vergüenza; era súper cortada. De hecho, yo me creía Heidi, tenía el pelo corto igual que ella y todas las demás niñitas tenían el pelo largo. Nunca ordeñé una vaca, pero crecí rodeada de paltos, pinos, teníamos conejos, gallinas, era una casa grande. Salíamos, caminábamos dos cuadras, llegábamos a un fundo y cruzábamos un estero para jugar".

"Siempre me han tildado de hippie"

Fue la única mujer de tres hermanos, muy regalona de su padre y muy amiga de su madre, ambos abogados. En un principio Ángela quiso seguir el ejemplo familiar y entró a estudiar Derecho a la Universidad Gabriela Mistral. Duró apenas un año. "Había entrado con una visión muy idealista de la justicia. Se presentó la oportunidad de estudiar teatro en la Escuela de Fernando González y ahí quedé. Para mis padres fue fuerte el cambio al comienzo".

- ¿Has pensado tener más niños?

- No, ya no vamos a tener más hijos, cerramos la fábrica totalmente. Estamos súper felices y contentos con dos hijos, es súper cómodo para viajar: en una mano llevo un hijo y en la otra la maleta, y mi marido hace lo mismo; está como todo hecho para cuatro, los autos, etcétera. Y es una decisión que tomamos por el planeta también. O sea, ponerse a tener hijos no es llegar y hacerlo, son para toda la vida y más vale darles harta atención a dos. Me faltarían manos para atender a tres... No sé, evidentemente uno puede tener más, tengo amigas con seis y siete hijos y te juro que las admiro.

Sus niños lo son todo. Los lleva al Giordano Bruno, un colegio Waldorf que se caracteriza por no ponerles notas a sus alumnos para medir sus avances. "Siento que soy súper buena mamá, con las pilas bien puestas. Y opté por ese colegio porque tengo muchos conocidos que tienen a sus niños ahí. Me encantó la infraestructura; no es puro cemento, sino que tienen huerta, árboles, es bonito, cálido. Fui a la reunión informativa y sentí unos violines, unas flautas y quedé alucinada. Los niños están felices, no me pasa que digan hoy no quiero ir al colegio. Verlos así me gusta, ver que no son niños que tienen estrés, me encanta".

A simple vista podría pensarse que Ángela jamás tendría tiempo para andar desmalezando o empujando carretillas. Sin embargo, lo hace. Y le encanta. "La gente no debe pensar que yo maestreo, pero me gusta. Corto leña con hacha, soy como bien todoterreno. Vivo metida en el barro, limpiando, podando, sacando espinas. Donde vivo hay harta pega, o sea, mi casa es chiquitita, pero el jardín da harto que hacer".

- Vives en una comunidad ecológica, tus niños van a un colegio alternativo. Tienes una vida muy hippie.

- Siempre han querido todos encasillarme en lo hippie... No sé. Creo que en una época me creía hippie, en esa edad en que andas buscando tu camino, una moda y uno va probando con ser trasher o punk o artesa. Pero yo creo que proyecto una imagen hippie más que yo serlo efectivamente. Pienso que no tengo nada de ellos. Eso de construirme la casa no es ser hippie, es ser autosuficiente, y no tiene nada que ver una cosa con la otra. ¡Ojalá tuviera algo de hippie!

- ¿Cómo te definirías?

- Como una mujer trabajadora, súper cariñosa, muy de contacto de piel, de afectos. No quiere decir que ande en la calle sobando a todo el mundo, pero me gusta hacer cariño y que me hagan mucho cariño de vuelta. Siento que soy súper liviana de sangre, no soy conflictiva y sí soy súper responsable, es decir, se puede confiar en mí. Si yo me comprometo a algo lo cumplo como sea. Prefiero no prometer cosas si no las voy a poder llevar a cabo.

- Decía que eres hippie porque siempre te veo vestida sencilla, sin maquillaje...

- ¿Maquillarme? No. Pero sí uso rouge y me hago una rayita en el ojo, pocas cosas, y me cuido de mis alergias.

- ¿Y qué rutina sigues para mantenerte en forma?

- Igual me pongo mi cremita, estoy haciendo yoga para mi espalda porque estuve con lumbago a fines del año pasado. De repente me vino este viejazo que terminó en lumbago. Dieta no hago. De hecho, he tratado de subir de peso porque estaba como medio traumada de que todo el mundo me decía: ¡ay, que flaca! Tanto que me empezó a caer mal que me dijeran eso y traté de engordar y no pude. Fui al endocrinólogo porque lo encontré raro. Se supone que tengo un hipotiroidismo subclínico que debería provocarme que yo fuera al revés, es decir, que tuviera tendencia a estar calladita, cansada, a engordar, y soy todo lo contrario. Me dijeron que aprovechara no más. Así es que como chocolates, todas las noches me como uno y si no tengo, me abro un tarrito de leche condensada. Para mí es espantoso porque creo que algún día me voy a tener que inflar no más; el metabolismo cambia con la edad. Y me encanta cocinar. Una buena lasaña de berenjenas. ¡Y los hot dogs! Los como escondida porque en mi casa no les gustan. Mi marido no consume carne roja desde los 18 años... y tiene 46.

PRODUCCIÓN: CARMEN ROSA ECHENIQUE.
MAQUILLAJE Y PELO: ALEJANDRA DEL SANTE
AGRADECIMIENTOS: PALACIO RIESCO





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Vestido morado, Casta&Devota. portada: jeans, Vitamina; vestido, Casta&Devota; gorrito de lana, Poupée; botas, La Suite.
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Foto:Ulises Nilo


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