VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 2 de Septiembre de 2000


Torres de tajamar

Del arquitecto Luis Prieto Vial fue la idea de levantar esta pionera obra de vivienda en altura. Aunque su propia oficina intervino, el proyecto fue desarrollado por Bresciani, Valdés, Castillo y Huidobro.
Fue parte de una oficina de arquitectura muy productiva la de Bolton, Prieto, Larraín y Lorca, pero Luis Prieto Vial siempre desarrolló actividades paralelas con la Constructora Larraín, Prieto y Risopatrón, la que también levantó esta obra. Como operación inmobiliaria, ésta fue su apuesta mayor: no tenía ni cliente. Sólo una idea, alzar un megaproyecto de vivienda y comercio que recibiera a todo aquel que enfilara de Plaza Italia hacia el oriente.

Lo de armar un grupo para comprar un terreno, proyectar, construir y vender fue una novedad; por eso, para dar más seguridad a los compradores prefirió entregar el proyecto a otros arquitectos, Bresciani, Castillo, Valdés y Huidobro, dejando su oficina de asociada. Como el gran sitio costó 700 mil dólares, fueron 14 participantes los que aportaron 50 mil cada uno. Cada grupo de arquitectos se asoció, también el Banco de A. Edwards y Copec con la condición de no tener competencia de su rubro, Cemento Melón, Vidrios Lirquén...

El proyecto tenía que ser de altura para compensar el precio del terreno. Más allá de este aspecto, para Fernando Castillo Velasco quien tuvo la visión central y sus socios Carlos Bresciani, Héctor Valdés Phillips y Carlos García Huidobro, debía constituir un hito urbano escultórico que dialogara en el remate del parque Balmaceda con el Mapocho, el cerro y el respaldo andino.

Aunque al principio proyectaron una torre más alta, una elevada aguja de 35 pisos sobre la ciudad, los ingenieros limitaron su altura quedando en 28, rodeada de tres algo menores, conformando una suerte de pantalla diagonal, independiente del trazado urbano, dialogante con el paisaje y la luz como pocas de entonces. Al medio, una plazoleta central.

Nunca se había construido algo así en Santiago, dos veces mayor que cualquier otra obra, 387 departamentos para 2.200 habitantes en menos de una hectárea. Luis Prieto con el gerente Samuel Sánchez Vial, debieron resolver temas inéditos como, por ejemplo, que cuando los obreros bajaban a almorzar se demoraban horas; no se sabía cómo propulsar agua a tanta altura; había que conseguir ascensores dos veces más rápidos que los conocidos en Chile.

El hormigón a la vista fue también una novedad sorprendente para el público. La convivencia de oficinas y comercio (en las dos primeras plantas), con residencias de altura y espacios públicos, expresaban un espíritu de crear trozos de ciudad, muy propio de la vanguardia; hasta el municipio participó, suprimiendo dos calles entre Providencia y la Costanera.

Estas viviendas colectivas, con toda la poesía de un futuro que se hacía presente, riguroso en su tecnología, expresaron cabalmente la postura de un vasto sector de los arquitectos de los años 60; ahí está, podrían decir, la ciudad que queremos.

El negocio no fue bueno. Las elecciones presidenciales de 1964 paralizaron inversiones, el gran comercio de Providencia se quedó más arriba, y el miedo a vivir en las alturas significó que el propio Luis Prieto se quedara con el dúplex de los pisos 27/28 de la torre más alta, para demostrarle al público que la estructura era segura. Al final se tuvo que negociar con Cemento Melón, que quedó de dueño principal, y los socios no recuperaron todo el capital aportado.

El proyecto funcionó como paisaje urbano, puerta de acceso a un moderno Santiago Oriente, aunque su pureza en algo se debe a la presión de los ingenieros; estos se responsabilizaron de las estructuras, con la condición de que todo fuera simple, simétrico, sin esfuerzos complejos. Mejor así, en una ciudad donde se aseguraba que los 12 pisos siempre serían su altura máxima, por los suelos del país.

Inaugurado en 1967, el público buscó, con embriaguez, alguien a quien visitar en la alta torre A, o al menos subir por sus rápidos ascensores, como antes sucediera en el Empire State Building de Nueva York. Tan clara era la idea de hacer ciudad que los arquitectos plantearon un teatro y cine espacio hoy ocupado por Atal autos, y un Foro Rafael Sotomayor de carácter cívico en el que, por un tiempo, se hicieron distintas conmemoraciones.

El placer de los autores, más allá de economizar suelo, fue también, según Luis Prieto, un viejo deseo humano de elevarse, ansia visible en la historia desde la Torre de Babel...

Por Miguel Laborde

Fotografías, Leo Vidal


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Foto:Leo Vidal
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