VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 10 de Marzo de 2001


Un pasado por salvar

Hijo ilustre de la bonanza salitrera, el Palacio Astoreca de Iquique, actualmente museo de época y sede del Centro de Extensión de la Universidad Arturo Prat, intenta mantenerse joven promoviendo las actividades culturales en la zona, sin olvidar su antiguo encanto.
Por Analya Céspedes

Fotografías, Juan Francisco Somalo

La historia del Palacio Astoreca es espejo de las crónicas iquiqueñas y está indeleblemente unida a los vaivenes de la industria salitrera en el norte chileno. Habla de pasados gloriosos y de olvidos, de historias nostálgicas y de sueños para un futuro lleno de renacimientos.

El Astoreca es un edificio de mil cien metros cuadrados, construido con un entramado de madera de pino Oregón y tabiques de mortero, una mezcla de cemento de cal y arena. Está en la calle Baquedano, en el centro de Iquique, donde los magnates salitreros de la región levantaron las casas y edificios que hoy se consideran como los más representativos de la arquitectura de esa ciudad, inspirados en el estilo georgiano y que datan de entre 1880 y 1930.

Su superficie se reparte entre veintisiete habitaciones que, durante la época de gloria de la casona, estaban íntegramente decoradas con el lujo y la belleza escenográfica de estilos tales como el neo Luis XVI, el Neorrenacimiento francés y el Art Nouveau. Actualmente, no todas esas habitaciones se encuentran habilitadas para las visitas del público y se conservan sólo algunas de las piezas originales de mobiliario.

Por mucho tiempo el Astoreca fue sede de la Intendencia y casa habitación del intendente. Dichas funciones institucionales y domésticas, que concluyeron el año 1977, lo dejaron un poco cansado, sintiendo en su piel y en sus huesos el peso de tantos años de historia. Por eso se hace importante concretar las iniciativas que permitan restaurarlo, para devolver a los espacios la belleza de sus primeros días.

El Palacio Astoreca está ambientado como un museo de época, lo cual lo ha puesto en el circuito turístico iquiqueño obligatorio. En la actualidad, la Universidad Arturo Prat tiene la tuición del lugar y en su interior funciona el Centro de Extensión de esa casa de estudios, que lidera los intentos de remozar el lugar. "Se están haciendo los esfuerzos para concretar una renovación", explica René Madariaga, encargado de gestión del Centro de Extensión.

Mientras eso ocurre, en su interior se organizan conciertos de cámara, seminarios y otras actividades culturales. Además, una constante rotativa de exhibiciones permite a la comunidad conocer el trabajo de artistas locales y afuerinos. "La idea ha sido potenciar ambas actividades las de casa museo y de centro cultural que estaban un poco desgastadas", dice Madariaga.

historias de oro blanco

A principios del 1900, estaba en su punto más alto la industria del salitre, de la cual Iquique se alimentó durante las primeras décadas del siglo XX. Los métodos de procesamiento del "oro blanco" se encontraban ampliamente desarrollados, y las exportaciones desde el norte chileno hacia diversos países de Europa parecían no tener fin.

En la época existían unas 170 oficinas salitreras. Sus dueños, los amos del lujo, construyeron grandes casas de estilo georgian en Iquique, las cuales se concentraron especialmente en la calle Baquedano. En ese contexto histórico se levantó el palacio Astoreca, en 1904. El encargo fue de Juan Higinio de Astoreca, ligado a las oficinas La Granja, Felisa, La Aurera e Iris.

Don Juan Higinio de Astoreca fue un rico comerciante español radicado en Chile en el último tercio del siglo 19. Estaba casado con Felisa Granja y juntos tuvieron seis hijos. La señora Felisa pertenecía a una rica familia salitrera, por lo que la alianza entre ellos significó la entrada oficial de Juan Higinio de Astoreca a la sociedad iquiqueña.

La construcción de la gran casona familiar proyectada por la pareja, se comenzó en 1903, pero don Juan no pudo ver terminadas las obras, porque falleció poco después de que éstas se iniciaran.

A fines de 1904, la familia se fue a Valparaíso. En 1909, la señora Astoreca la vendió al fisco con todo su equipamiento y desde entonces quedó destinada como sede de la intendencia. Hasta 1977 sirvió para esas funciones y a partir de 1978 se estableció que serviría para fines culturales.

Ese pasado aristocrático aún permanece como una marca del lugar. Más bien como un pequeño defecto, que lo hace un poco lejano a la gente. "Históricamente, éste ha sido un sitio poco visitado", dice Madariaga, quien agrega que el trabajo para promoverlo se ha orientado a bajar el perfil del lugar, para transformarlo en un espacio más asequible. "Por ejemplo, logramos crear un logotipo colorido para el Palacio Astoreca", comenta.

También en el ítem de los logros, Madariaga se refiere a la realización de algunas actividades, por ejemplo, la producción "Bienvenida la Primavera", del 21 de septiembre pasado, durante la cual se pintaron las aceras de las calles aledañas al edificio.

Para este año, la agenda ya comenzó a llenarse. Del 4 al 18 de marzo, en el lugar se efectúa la muestra "Pintura en Sal", en la que se exhibe el trabajo que realizó un grupo de artistas sobre bloques de dicho mineral. La idea es seguir sorprendiendo, invitando a la gente a entrar al Palacio y recordando, a turistas y lugareños, que el Astoreca es un lugar que vale la pena disfrutar, conservar y restaurar.


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1 La madera empleada en la construcción llegaba hasta Iquique en las bodegas de los barcos que venían en busca del salitre.
1 La madera empleada en la construcción llegaba hasta Iquique en las bodegas de los barcos que venían en busca del salitre.
Foto:Juan Francisco Somalo


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