REVISTA DEL CAMPO

Lunes 18 de Julio de 2005

Erik von Baer, el rey del trigo:
Semilla prusiana

Transformó a la agricultura en proveedora de la industria salmonera. Sus semillas de alta productividad y calidad le subieron el pelo al trigo sureño. Nada mal para un niño que llegó de un país en ruinas hace seis décadas.

Eduardo Moraga Vásquez

A10 kilómetros de Temuco, en el antiguo camino de entrada a la ciudad, en un paraje de suaves lomas de trigales a punto de ser cosechados, una caravana interminable de camionetas y autos ingresa al fundo "El Hualle".

Al mando van agricultores de toda la zona sur que llevan horas manejando.

Son más de cuatrocientas personas que se congregan en el fundo para asistir al día de campo que anualmente organiza al comienzo del verano Semillas Baer, una de las mayores empresas creadoras de semillas cerealeras en el país.

Todos con un objetivo en mente. Escuchar qué tiene que decir el "oráculo" del trigo en Chile: Erik von Baer, dueño de semillas Baer.

Espigado y de hablar pausado, con un ligero eco de su alemán natal, Von Baer proyecta la imagen de un catedrático universitario, arma que usa para promocionar sus nuevos productos y explicar las tendencias futuras del mercado cerealero.

Von Baer no es sólo imagen, él es responsable de algunos de los pasos modernizadores más significativos que ha dado el agro sureño en los últimos años.

Cuando los agricultores veían a la industria salmonera tan cercana a sus intereses como la producción de piña en Hawai, Von Baer dio el golpe a la cátedra al firmar contratos para la producción de materia prima destinada a la alimentación de salmones. Antes, en los setentas y ochentas, le subió el pelo al trigo sureño cuando introdujo variedades de calidad superior y de alta productividad, con lo que ayudó a destruir el mito de que en el sur se producían trigos inferiores.

"Puede que cuando hablo vengan cuatrocientas personas a escucharme, pero son cuatro mil los que paran la oreja para saber qué digo", afirma seguro Von Baer.

Su empresa vende anualmente casi 1,3 mil millones de pesos y controla el 44% de las semillas certificadas de trigo, el cultivo con más superficie de Chile, y el 80% del lupino, además de cuotas importantes en el mercado de la cebada y el raps.

Paralelamente, a través de su empresa Avelup, gestiona contratos de lupino entre las empresas procesadoras y los agricultores por cerca de 8.000 hectáreas, además de manejar su propia producción de avena.

De las trincheras a Gorbea

Su éxito actual no sería nada sin la ayuda de un soldado afronorteamericano 60 años atrás.

En los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas soviéticas se lanzaban a la conquista de Berlín, Erik permanecía junto a su madre, Agnes von Lochow, refugiado en Petkus, pueblo a 45 kilómetros al sur de la capital del Tercer Reich, en una granja propiedad de su familia materna, dedicada por generaciones a la producción de semillas.

Movidos por el temor a las represalias rusas, con su madre y un tío huyeron con lo puesto a un bosque cercano, esperando que pasara la ola invasora. El rumor de que los rusos estaban amenazando con matar a todos los "capitalistas" del campo, los obligó a tomar una decisión drástica: huir hacia el oeste donde estaban las fuerzas de EE.UU.

Sin embargo, los yanquis les impidieron el paso. Obligados a permanecer en el lado soviético, su madre tuvo que cavar trincheras para los rusos en prevención de un conflicto con los norteamericanos.

Sólo la buena voluntad de un soldado negro norteamericano, quien les facilitó un bote para cruzar el río que separaba el lado oriental del occidental, permitió que cruzaran al lado controlado por EE.UU.

Allí se reunieron con Erik, su padre, cabo del ejército alemán que había caído prisionero en Bélgica.

"Luego de cavar trincheras mi madre quedó convencida de que iba a haber una Tercera Guerra Mundial entre la Unión Soviética y EE.UU., por lo que quería irse de Alemania", recuerda Von Baer.

Su padre, un fitomejorador doctorado en el Instituto Max Planck, comenzó a enviar currículos a los cuatro rincones del mundo. Uno de ellos llegó a la sede de la SNA, que en ese momento estaba buscando un director para su campo experimental en Huelquén, comuna de Paine.

Dicho y hecho. En 1949 la familia Von Baer von Lochow se instalaba con camas y petacas en plena zona central para cumplir un contrato de seis años.

"Para nosotros fue un cambio muy drástico, llegamos a un país que no había pasado por la guera, en que había cantidades inmensas de frutas, sandías y uvas. Todo muy bonito", recuerda von Baer.

La ética laboral prusiana de su familia - su madre todavía sigue dirigiendo la lechería familiar- y el trauma de la guerra, lo llevó a trabajar en el campo siendo todavía niño. Algo que para él era perfectamente normal, pero que le valió una acusación a su padre por parte del contralor de la SNA.

Terminado el contrato, un grupo de ocho agricultores sureños invitó a su padre a instalarse en la zona de Gorbea y solucionar la grave escasez de semillas al sur del Biobío.

Fue así como se instalaron en un campo de 45 hectáreas arrendado por los productores y en 1956 se fundó formalmente Semillas Baer.

Nace un empresario

Seis años después de su llegada a Gorbea, no sin antes haber itinerado por todo el sur como asesor agronómico autodidacto para la empresa paterna, ingresó a la Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción.

Erik se codeó en esos años con los fundadores del MIR, a los que reconoce su interés social, a pesar de no compartir sus ideas.

"Tenían un idealismo teórico, de gente que nunca había trabajado ni había pasado hambre", afirma.

Alumno destacado - "era mucho más maduro que todos nosotros", reconoce un ex compañero- , cuando terminaba su carrera recibió un duro golpe. En 1965, producto de un ataque cardiaco, murió su padre.

En ese momento supo que sobre sus hombros, por ser el hijo mayor y agrónomo, caería el peso de dirigir la empresa.

"Cuando estaba mi papá era fácil ser crítico, ahora yo tenía que tomar las decisiones. Ahí aprendí que una de las claves de un buen empresario es asumir la responsabilidad no sólo del éxito, sino también del fracaso", afirma Von Baer.

El estilo Von Baer

Al mando de Semillas Baer no tardaría en hacerse notar su estilo empresarial, con un fuerte anclaje en la innovación.

A fines de los 60, gracias a un trabajo avanzado por su padre, lanzó la variedad "Intermedio", que permitió a los productores sembrar en invierno y verano. A comienzos de los ochenta ya arrasaba con "Peneca" en cuanto concurso de productividad había. Su mayor éxito hasta ahora, eso sí, ha sido el lanzamiento de la variedad "Otto" en 1990, especialmente hecha para los suelos sureños. Con el 25% de la superficie de trigo certificada del país - aquella en que está claro el origen de la semilla- , hoy esa variedad es la más sembrada en Chile.

Von Baer explica que su empeño innovador es sólo el atributo básico de cualquier empresario.

"La naturaleza y el mercado están en permanente cambio, todo evoluciona. Hay que estar en la cresta de la ola, si no, tarde o temprano, te va a romper encima", afirma.

Eso sí, el semillero destaca que la flexibilidad en los negocios debe estar asociada a una actitud, que por lo menos en el papel parece contrapuesta: la persistencia.

"Uno tiene que tener una viga maestra como empresario. En mi caso es mejorar lo que existe en semillas. Es importante perseverar, porque éste es el país de los monos, cuando algo funciona, todos copian, pero si tienes un traspié te dicen que eres un idiota por hacer algo nuevo", recalca Von Baer.

Su tenacidad, eso sí, le ha creado una fama de duro en los negocios. No son pocos los que en el sur han salido damnificados de un "encontrón" con Von Baer.

"No soy un ángel, quizás no tenga la paciencia que debería tener. Pero hay cosas que me revientan, por ejemplo, que no respeten los contratos. Hace dos años tuvimos la deserción del 25% de los agricultores por los altos precios del lupino. Para mí la palabra es importante y no volví a hacer negocios con ellos. Respondo como prusiano", señala el empresario.

Apertura salmonera

Otra clave del "estilo Von Baer" es que decidió no quedarse en la típica orientación productiva, básicamente técnica, sino le dio un giro comercial a su gestión, orientándola a satisfacer la demanda existente.

En un sector, como el de los cultivos tradicionales, en que la tónica ha sido la desconfianza y peleas entre agricultores y plantas procesadoras, Von Baer quebró el statu quo y se reunió con molinos para saber qué tipo de materias primas deseaban recibir.

Sin embargo, su salto más espectacular lo dio a mediados de los noventa cuando golpeó las puertas de los fabricantes de alimentos para salmones. Su objetivo era aprovechar la brecha dejada por la caída en la producción de harina de pescado, insumo básico para esa industria, y explorar en conjunto la posibilidad de usar proteínas de origen vegetal.

El resultado fue una demanda creciente por lupino dulce, una leguminosa rica en proteínas, como nueva alternativa productiva para el sur. Hoy ese cultivo ocupa 10.000 hectáreas y vino a ayudar a la necesaria rotación triguera.

A punto de cumplir 64 años a fines de este mes, Erik von Baer, como buen planificador, ya comienza a definir su estrategia de retiro de la empresa.

Sin embargo, está tranquilo. Dos de sus cuatro hijas, Karina e Ingrid, trabajan con él. La primera como gerente general de Saprosem, una empresa independiente, pero que trabaja multiplicando las semillas de Von Baer, y la segunda, encargada del área de fitomejoramiento.

"La parte comercial la he ido entregando y me quedé con la parte del área de desarrollo. Mi idea es delegar y no retirarme de golpe", reconoce Von Baer.

Ordenado hasta el final, como buen prusiano.


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