ARTES Y LETRAS

Domingo 18 de Septiembre de 2005

PATTI SMITH. A 30 años de "Horses":
La poeta arrogante en el Central Park

A poco de cumplirse 30 años desde el debut discográfico de la rockera y poeta Patti Smith, ella sigue tan provocadora como entonces, aunque es más respetada.

JOSÉ MANUEL SIMIAN

En noviembre se cumplirán 30 años del lanzamiento de "Horses", el disco debut de Patti Smith. En la carátula del disco puede vérsela poco antes de cumplir sus 30 años. La foto en blanco y negro de un aún no famoso Robert Mapplethorpe, tomada con luz natural, premeditada e improvisada por partes iguales, haría historia. Smith mira al lente de la cámara con la cara desprovista de todo maquillaje, despeinada y vestida con un traje de hombre. Absolutamente andrógina, no sólo traducía de una manera misteriosa lo que se escucharía en el tocadiscos, sino que abría caminos inexplorados a las mujeres.

La discografía de Smith comenzaba para el mundo con los versos que introducían su versión de "Gloria", el clásico de los Them de Van Morrison: "Jesús murió por los pecados de alguien, pero no los míos". La provocación era totalmente consciente: a mediados de los '90, en una entrevista que concedió al terminar un retiro artístico de prácticamente 15 años, Smith le decía a la publicación francesa Les Inrockuptibles que por entonces ya no tenía esa arrogancia adolescente, aquella que era, sin embargo, necesaria para la creación artística y sin la cual su adorado Arthur Rimbaud no hubiese escrito "Una Temporada en el Infierno".

Entonces y ahora

Ahora es agosto de 2005 y Patti Smith se sube al escenario del Summer Stage del Central Park de Nueva York, la serie de conciertos principalmente gratuitos que cada verano desde 1986 presenta a músicos que se han convertido en clásicos junto con las sorpresas de la temporada. Smith pertenece, obviamente, a la primera categoría y si bien no hay arrogancia adolescente en su actitud determinada, se pueden percibir sus huellas. Tiene el pelo completamente gris, pero está tan flaca y ágil como en la famosa portada. Escupe reiteradamente como una punk recién nacida sin dejar por ello de tener movimientos delicados cuando las letras lo ameritan. Está cantando una canción que podríamos considerar veraniega, "Summer Cannibals". Aúlla, susurra y recita versos sobre comerse a los caníbales de esta temporada, mujeres moviéndose como pirañas en el río y el suelo bajo sus pies descendiendo hacia el infierno. Y para los que estamos aquí parados mientras se hace de noche, mirando ese escenario de techo redondo que parece un hongo gigante surgido en medio del bosque, el suelo está, efectivamente, caliente.

Camino

Patti Smith recorrió un largo camino para instalarse por primera vez a esta ciudad en 1967 e iniciar su carrera. Creció entre Chicago, Filadelfia y un pueblito de Nueva Jersey, donde la leyenda dice que trabajó en una fábrica para ahorrar el dinero necesario para llegar aquí: una mujer fuerte que se abre paso a punta de talento y esfuerzo. Con el tiempo comenzó a recitar su poesía, a veces acompañada por la guitarra de Lenny Kaye. Fue amante del dramaturgo Sam Shepard, con quien escribió obras y actuó, y antes de ello, del ya mencionado Robert Mapplethorpe. La carrera de éste presenta algunos rasgos similares a la de Smith: mientras hace menos de dos décadas una retrospectiva de su obra motivó acciones judiciales contra el centro de arte organizador y su director, e incluso la promulgación de legislación respecto del financiamiento público de obras artísticas (se la consideraba "obscena"), por estos días acaba de terminar en el Museo Guggenheim la muestra "Robert Mapplethorpe y la Tradición Clásica", que exploraba "el diálogo entre sus fotografías y el arte clásico, en particular los grabados manieristas flamencos del tardío siglo XVI". De la misma forma, los discos punk de Patti Smith son hoy parte del canon musical y poético estadounidense, y las mujeres que crecieron sintiéndose interpretadas por su sensibilidad rebelde han sacado adelante sus vidas igual que la cantante, quien hoy es acompañada en guitarra por uno de sus hijos.

A poco andar el concierto, Smith dice: "Ahora vamos a cantar una pequeña canción folk. Ustedes conocen la letra, así que acompáñennos". Los acordes familiares que suenan a continuación no pertenecen a la famosa American Anthology de Folk Music, de Harry Smith, ni nada que se le parezca. Se trata de "Like a Rolling Stone", de Bob Dylan, la canción que este verano cumplió 40 años y recientemente ha recibido honores como una "biografía" por parte de Greil Marcus o ser votada por actores y músicos consultados por la revista Uncut -entre ellos, la propia Smith- como el momento artístico que cambió el mundo. Cuando Dylan la estrenaba en vivo con su banda eléctrica, recibía pifias e insultos por haber dejado de lado, precisamente, la acústica música folk. Pero lo que dice Smith esta noche sobre la calidad folk de la canción no es una exageración ni un insulto para nadie, salvo quizás puristas extraviados. En alguna parte se escribe el cuerpo de la música popular estadounidense, ésa que ha logrado el respeto de la crítica y la devoción del público y que -con cierto optimismo- es parte de la identidad de este país.

Y ésa es precisamente la sensación que provoca el oír al público neoyorquino jugando a cantar con Patti Smith los versos escritos por Dylan en el momento correcto de una interpretación lenta e intensa: la de un pueblo que comparte algo más bien intangible.

En Battery park

Hablando de este país, el pasado 4 de julio se presentaba Yo la Tengo -probablemente una de las mejores bandas de rock del planeta- en un concierto gratuito en el Battery Park, desde donde se pueden observar con sólo girar la cabeza tanto la silueta ausente de las Torres Gemelas como la Estatua de la Libertad. El líder de esa agrupación, Ira Kaplan, decía entonces que ellos, a diferencia de muchos de sus colegas, pensaban que sí valía la pena celebrar al país en su aniversario, y que esperaban que el año siguiente fuera mejor que el presente.

El resto de su manifiesto político no consistió, entonces, en palabras ni en canciones de protesta sino en música popular, tanto original de ellos como del acervo al que me refería: los Beach Boys, Grand Funk Railroad, The Ramones, y un solo de guitarra que terminó con varias cuerdas menos.

Es esto lo que quiere decir en parte Smith esta noche y que enfatiza, por ejemplo, al recordar la vida de Jerry Garcia, el líder de los Grateful Dead mientras improvisa un poema sobre la antigua "Not Fade Away", de Buddy Holly, uno de los rockandrollers originales.

Himno

Habiendo invocado a los muertos y tras despedirse con su himno "People Have The Power", Smith sube nuevamente al escenario e interpreta una última canción, aquella que abría "Horses". Al recitar esos versos sobre Jesús y los pecados de otras personas su voz suena tan desafiante y vigente como en 1975. Lo suyo -al igual que las fotos de Mapplethorpe y el acto de golpear las cuerdas de una guitarra eléctrica hasta que se corten- es, finalmente, tanto un gesto artístico como un recordatorio de la libertad de expresión, una de las garantías que aun en estos tiempos extraños poca gente se atreve a cuestionar livianamente en este país.

Después de todo, las fotografías en blanco y negro suelen envejecer con gracia y adquirir más significado a medida que pasa el tiempo.



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En agosto de 2005, la legendaria cantante rockera y poeta Patti Smith se presentó en el escenario del Summer Stage del Central Park de la ciudad de Nueva York, en el concierto aquí comentado.
En agosto de 2005, la legendaria cantante rockera y poeta Patti Smith se presentó en el escenario del Summer Stage del Central Park de la ciudad de Nueva York, en el concierto aquí comentado.
Foto:José Manuel Simián


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