REPORTAJES

Domingo 3 de Junio de 2001


Vida y Muerte de Pérez Zujovic. A 30 Años del Estremecedor Crimen Político

El 8 de junio de 1971 tres individuos ametrallaron al ex Vicepresidente de la República y ex ministro de Estado Edmundo Pérez Zujovic. La víctima recibió nueve impactos de bala de una metralleta que había sido robada al carabinero Tomás Gutiérrez, también asesinado semanas antes. Previo al crimen, Pérez Zujovic había sufrido una campaña condenatoria de diarios de izquierda.
FUERON muchos los factores que desencadenaron la tragedia aquella fría mañana del 8 de junio de 1971. Una sistemática cruzada de aniquilamiento contra su persona culminó con nueve balas en su cuerpo tras aquel impactante tableteo de ametralladora.

Han transcurrido tres décadas desde que Edmundo Pérez Zujovic (59) tomara su Mercedes Benz, a las 10.35 de ese día, acompañado de María Angélica (Marisi), la más regalona de sus nueve hijos, a quien pasaría a dejar a unos cursos de sociología, para luego dirigirse, como todos los días, a su oficina ubicada en Bandera con Agustinas, en el centro de Santiago.

Partió de su casa en Hernando de Aguirre con Pocuro y a poco andar se sintió seguido por otro vehículo con tres ocupantes. Intentó reaccionar y le pidió a Marisi que le pasara una pistola que llevaba en la guantera. Sin embargo, era tarde. De un Acadian Beaumont, repintado color naranja, se bajó un individuo, de 25 a 27 años y, metralleta en mano, rompió con la culata el vidrio de la ventana del conductor, le gritó: "¡Ahora las pagarás todas, desgraciado!"... y le descerrajó la mortal descarga.

Luego, para no dejar rastro que pudiera individualizarlo, el terrorista se aprestó a liquidar a la hija de su víctima. Sin embargo, la inesperada presencia de un Volkswagen rojo lo desconcertó y junto a sus dos compañeros emprendió la fuga.

Fueron varios los testigos del drama. Julio Jung, actor de teatro y TV, salió corriendo de su casa y se acercó al automóvil de Pérez Zujovic, quien yacía en estado agónico, mientras su hija sostenía desesperada la sangrante cabeza de su padre. También llegó Guillermo Arthur (23), egresado de Derecho, quien se hallaba estudiando la licenciatura junto con Raúl Lecaros. Al sentir el estremecedor ruido de metralleta, ambos salieron a la calle y alcanzaron a observar la huida de los homicidas en un automóvil con la patente cambiada. Arthur corrió hasta el Mercedes Benz y observó a Marisi que, con voz entrecortada, pedía ayuda para su padre. Al ver el estado agónico de Edmundo Pérez, el joven estudiante tomó el volante del automóvil y se lanzó en veloz carrera hacia el Hospital Militar. Sin embargo, la llegada a ese recinto sólo sirvió para constatar que el ex vicepresidente de la República había muerto...

Una sociedad estremecida

El país quedó convulsionado. El gobierno de la Unidad Popular llevaba sólo meses en el poder y ya parecían confirmarse los augurios de muchos chilenos que veían cómo el odio se manifestaba en estos sangrientos sucesos. De inmediato, el Presidente de la República, Salvador Allende, decretó Estado de Emergencia en la provincia de Santiago, por "haberse configurado una situación de calamidad pública con ocasión del criminal atentado..." y, ¡cosas del destino! , el mandatario designa Jefe de Plaza al general de división Augusto Pinochet Ugarte, quien ordena el acuartelamiento en 1er grado de todo el personal de las Fuerzas Armadas.

Durante las horas que siguen al atentado se suceden una serie de hechos y de circunstancias que sólo servirán para sembrar dudas, algunas de las cuales nunca fueron aclaradas. Lo mismo ocurre con el comportamiento de las nuevas autoridades, que hace presumir que pronto serán sobrepasadas por los núcleos revolucionarios y extremistas que actúan al interior o en forma paralela al gobierno. Así, el Presidente Allende, en un improvisado discurso al país, llama al pueblo a estar alerta ante la existencia de una conspiración sediciosa e incorpora la autoría del asesinato a los mismos que mataron al general René Schneider (ocho meses antes) y al cabo de Carabineros Tomás Gutiérrez. El mandatario enfatiza que lo ocurrido es un intento de la burguesía de detener los cambios sociales de su programa.

Todo esto sucedía en circunstancias que, el mismo día del crimen, el gobierno ya sabía la identidad de los tres extremistas y su militancia en la Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP 2), un grupo de izquierda formado en su mayoría por ex MIR que consideraban que este movimiento estaba dirigido por burqueses dedicados a enfrentamientos intelectuales nocturnos en torno a una botella de alcohol, en lugar de reemplazar la palabra por la acción, que es lo que correspondía.

La VOP fue creada en agosto de 1968 por un escaso grupo de nueve personas, entre los que estaban los hermanos Rivera Calderón, hijos de un antiguo militante comunista. Ese mismo año el subsecretario general del Partido Socialista, el ex senador Adonis Sepúlveda, enfatizaba que su partido había optado también por la vía armada para llegar al poder.

En sus comienzos, la VOP se insertó dentro de esa línea de la acción violenta. Los vopistas, en su mayoría de estratos bajos, confundían sus objetivos políticos con actos delictivos de poca monta. En su lógica, la revolución no se podía hacer con estudiantes ni obreros que vivían de una paga, sino que la vía más pragmática era a través de un pacto con delincuentes.

Extremista indultado

En la fase final del gobierno de Frei Montalva, entre marzo y junio de 1970, la policía logró desarticular la VOP, al capturar a buena parte de sus integrantes. Sin embargo, los extremistas permanecerían entre rejas por poco tiempo. Una de las primeras medidas adoptadas por Salvador Allende al llegar a La Moneda fue la de conceder el indulto a casi un centenar de extremistas.

Uno de los beneficiados fue el vopista Arturo Rivera Calderón (20), quien meses más tarde integraría el comando que asesinaría a Pérez Zujovic. Este fue indultado por Allende sin esperar - como legalmente correspondía- la dictación del fallo definitivo en el proceso que se le seguía, en circunstancias que había sido detenido por la policía en febrero de 1970 y se hallaba confeso de un crimen y de varios robos con intimidación.

Arturo hacía dupla con su hermano mayor Ronald Rivera Calderón (24), alias "Manuel Campillay", casado, dos hijos, quien fue el autor de los disparos que causaron la muerte del ex vicepresidente de la República. Ambos, poco tiempo antes, habían asaltado el supermercado "Miraflores", en Santa Rosa, en donde dieron muerte al carabinero Tomás Gutiérrez cuando custodiaba una camioneta bancaria. A la víctima le robaron la metralleta Carl Gustav, de origen checoslovaco, con la que asesinarían a Pérez Zujovic. El tercer integrante del comando era Heriberto Salazar Bello, alias "El Viejo" (45), ex policía, sindicado como el ideólogo del grupo.

Un dato significativo: El "Día de los Inocentes", 28 de diciembre de 1970, mediante un decreto de insistencia, Allende repuso el otorgamiento de indulto para los violentistas presos, que había sido rechazado por la Contraloría. Este indulto motivó una acusación constitucional en contra del Ministro de Justicia, Lisandro Cruz Ponce. La gestión se perdió al no concurrir con sus votos los diputados demócrata cristianos. Indirectamente se allanaba el camino para la muerte de uno de sus camaradas.

La cacería

Muchas dudas surgieron - algunas de las cuales persisten- una vez que Investigaciones lanzó a la calle, como una estampida, a más de 200 policías a la cacería de los tres integrantes del comando vopista. Había razones para pensar que la orden, de carácter político, fue de que había que atraparlos ¡muertos o muertos!

Llamaba la atención que el nuevo director de Investigaciones fuese un médico. La oposición indicó en aquel momento que desconfiaba de la metodología que este gastroenterologo socialista pudiera utilizar en la captura de los terroristas. Eduardo "Coco" Paredes (32), con estudios en la Universidad de Chile y especialización en Salud Pública en Francia, había pasado también un par de años en la Escuela Militar. Durante su infancia vivió en el mismo barrio de Pérez Zujovic y fue amigo de juegos con los Pérez Yoma. Se ignora en qué momento se inclinó por el pensamiento y la prácticas revolucionarias.

Decía en aquel momento: "Admiro a Lenin, por sobre todos. Detesto a Nixon hoy, ayer hubiese detestado a Johnson, mañana al futuro presidente de EE.UU. Mi reforma predilecta es la revolución bolchevique". Tras un acuerdo a regañadientes de Frei con Allende ya electo, se consiguió que Paredes ocupara la subdirección de Investigaciones durante los últimos meses del gobierno DC. El "Coco" comentaba: "Le tiene que haber dolido como diablo al señor Frei que se le haya exigido mi nombramiento".

Para resumir: no se le dio tregua a los hermanos Rivera Calderón, hasta que en la madrugada del domingo 13 se libró la última batalla en una casa del sector Vivaceta. Nunca hubo un relato exacto de lo que allí ocurrió. Versiones que no pudieron ser aclaradas, indicaron que Ronald Rivera fue acribillado en el techo de aquella vivienda, estando ya rendido, y que a Arturo Rivera lo "habrían suicidado".

Aún faltaba el tercer integrante. Sin embargo, Heriberto Salazar, "El Viejo", no quiso esperar a la avalancha de detectives. Sabía que no tenía escapatoria y que jamás volvería a pisar la cárcel o un tribunal. Había orden de exterminio, porque el gobierno de la UP no quería que nadie se fuese por la libre revolucionaria. Por lo mismo, prefirió adelantarse e ir directamente al Cuartel de Investigaciones. El "ideólogo" se adosó dinamita al cuerpo y, metralleta en mano, llegó hasta la sede central de la policía civil en calle General Mackenna. Allí alcanzó a dar muerte a tres detectives antes de volar en pedazos al ser alcanzado por una bala.

Rigor y franqueza

Nacido en Antofagasta el 11 de mayo de 1912, en el seno de un hogar humilde, Edmundo Pérez tuvo una infancia con privaciones, lo cual forjaría su carácter. Su padre, dueño de una fábrica casera de baldosas, vivió las crisis del salitre y la gran depresión de los años 30. Cuando murió, el joven Edmundo siguió con la actividad de su padre y con empuje se fue abriendo camino como hombre de empresa en la construcción y en la industrialización de materiales. A partir de su propia maestranza, construyó el malecón del puerto de Antofagasta, que fue en su época la mayor obra pública chilena.

Casado con Lidia Yoma, también antofagastina, tuvo nueve hijos, cinco mujeres y cuatro hombres. Su esposa nunca pudo reponerse de su muerte y murió a los pocos años.

Pérez Zujovic era franco y riguroso, rechazaba el mundo político de pactos, camarillas y transacciones. Estas características de su personalidad, que le permitieron triunfar en la actividad empresarial, le hicieron ganar enemigos entre los profesionales de la política, comenzando por gente de su propio partido. Aun cuando fue fundador de la Falange y luego de la Democracia Cristiana, no había incursionado en la vida pública, sino hasta que su amigo Eduardo Frei Montalva, a quien había conocido en la Acción Católica, lo llamó a integrar su gabinete. Fue Ministro de Obras Públicas, luego de Economía, y finalmente del Interior, por lo que debió desempeñar la vicepresidencia de la República las veces que Frei viajó fuera de Chile. Era la culminación de una carrera política que no buscó.

La primera participación electoral la tuvo en 1958 como uno de los jefes de la campaña presidencial de Eduardo Frei. Una vez conocidos los resultados, todos cayeron en la más profunda depresión. Frei llegó tercero, luego de Alessandri y Allende. No pensaban ganar, pero tampoco ser derrotado de manera tan estrepitosa. Pérez Zujovic reaccionó positivamente, les dijo a sus cabizbajos camaradas: "Mi compadre va a ser Presidente de Chile en la próxima ocasión, así que no se preocupen porque yo me hago cargo de todas la deudas". De inmediato, volvió la alegría. (Le decía compadre a Frei, porque efectivamente era el padrino de su hija Irene Pérez, arquitecta).

La sólida personalidad de Pérez Zujovic atraía a la derecha. Por lo mismo, hubo especulaciones en 1970 de que fuera su candidato presidencial de consenso. La idea era que la DC bajara a su precandidato Radomiro Tomic, quien llevaba un plan de gobierno más revolucionario que el de Allende. Por su parte, Alessandri (73) no tenía deseos de vivir de nuevo los sacrificios y tensiones de La Moneda, por lo que estaba dispuesto a que los partidos políticos que lo apoyaban, buscaran una fórmula de solución en un candidato tan moderado ideológicamente como podía ser Edmundo Pérez para triunfar sobre la Unidad Popular. Desde la actual perspectiva, 30 años después, de haber tenido éxito esa fórmula, hubiese cambiado la historia de Chile. Sin embargo, la DC arrastraba un dogma: 1 Frei y luego el turno era de Tomic. Pero éste no era santo de la devoción de Pérez Zujovic, quien se inclinaba por Andrés Zaldívar.

Ultimo diálogo con Frei

En 1971, una semana antes de salir hacia Europa, en un viaje que duraría más de dos meses, el ya ex Presidente Frei cerró la campaña DC para regidores, diciendo: "Chile no puede despeñarse por el camino de las pasiones desatadas. Nuestra patria tiene enormes reservas morales. Hoy más que nunca cuentan los valores espirituales...".

A la mañana siguiente, Frei telefoneó a Pérez Zujovic y le preguntó: "¿Qué te pareció mi discurso?". La respuesta fue tajante: "Un vals de Strauss en una fiesta hippie. No tiene nada que ver con la realidad que estamos viviendo".

Frei y Pérez Zujovic discrepaban en muchas cosas. Eran polos opuestos. El primero era tan analítico y consideraba tantas variables, que tardaba o le costaba tomar una decisión. Pérez Zujovic, en cambio, era de decisiones rápidas y drásticas. Quizá, por lo mismo, Frei lo consultaba con frecuencia, a sabiendas que no le iba a gustar la respuesta de su amigo y ministro. Otras veces, el Presidente se enojaba y no le hablaba durante una semana. Luego, comenzaba a buscarlo...

A los pocos días de aquel diálogo, Frei se hallaba en Bruselas, cuando le sorprendió la trágica noticia del asesinato de su amigo. Envió un cable a su partido en que decía: "Yo soy, como nadie, testigo de su esfuerzo, de cómo forjó una familia ejemplar, de su fidelidad a la Democracia Cristiana, su lealtad, su fe en Chile. En el Gobierno su anhelo fue servir...". Más tarde, suspendió la gira y regresó a Chile.

Emocionante fue también el homenaje que senadores de todos los partidos le rindieron en la Cámara Alta.

Especialmente sincero fue su correligionario Osvaldo Olguín al reconocer que "la verdad es que este mundo político no lo atrajo, pero debió trabajar en él y tener más responsabilidad y honores que lo que la mayoría de nosotros tiene, ha tenido y tendrá. No sabía disimular, y aquí entre políticos eso es necesario y conveniente; no sabía esquivar el bulto, y ese es otro defecto grave. Sacaba la cara por él y por todos los suyos, cuando convenía y cuando no era conveniente. Era franco y decía de frente lo que pensaba, y en la política hay que decir muchas veces algo distinto a lo que se piensa y no pensar en los demás, sino en función de la política. En definitiva, no tenía los vicios tradicionales del político chileno...".

El porqué de su muerte

Es difícil indicar con precisión cuál fue el comienzo del fin. Lo cierto es que su imagen política comenzó a ser vapuleada a partir de los sangrientos sucesos de Pampa Irigoin, en Puerto Montt, el 9 de marzo de 1969, que costaron la vida a ocho pobladores mientras carabineros intentaban desalojar a ocupantes ilegales de aquellos terrenos. Pérez Zujovic debió enfrentar muchas tomas, las que siempre resolvió con éxito. Sostenía que había que abordar la situación con un numeroso, fuerte y decidido contingente policial, ya que ante dicho escenario los insurgentes no tenían capacidad de reacción y deponían su actitud beligerante. En Puerto Montt no alcanzó a aplicarse dicha metodología porque un oficial de Carabineros, sin esperar la correspondiente orden, actuó por iniciativa propia con un escaso número de poli-cías, los que al verse sobrepasados por los pobladores y ante el temor de ser linchados, hicieron uso de sus armas con las lamentables consecuencias conocidas.

Los partidos de izquierda responsabilizaron de lo ocurrido a Edmundo Pérez Zujovic como Ministro del Interior y exigieron la "inmediata salida de este guardián del capitalismo". Los ataques surgieron en varios frentes. La virulencia cundía en los diarios "El Clarín", que reiteradamente le otorgaba el impopular "Huevo de Oro"; y "Puro Chile", este último con su caricatura de portada, el Enano Maldito, no le daba tregua y cada vez que tenía la ocasión lanzaba sus dardos injuriosos contra el jefe de gabinete de Frei. A estas publicaciones se sumaba la venenosa tinta de la revista "Punto Final" del MIR.

Otra forma de ataque, con mayor llegada a las masas, se realizaba por vía de la canción popular con mensajes políticos y subversivos. Uno de sus principales exponentes era Víctor Jara; los sucesos de Pampa Irigoin motivaron al cantaautor a componer en ese entonces una canción titulada "Preguntas por Puerto Montt" que acusaba a Pérez Zujovic de lo sucedido. Así, en una de sus partes, decía:

"Puerto Montt, oh, Puerto Montt... Usted debe responder señor Pérez Zujovic porque al pueblo indefenso contestaron con fusil. Señor Pérez, su conciencia la enterró en un ataúd y no limpiará sus manos toda la lluvia del sur...".

( Una anécdota: Jara tuvo el desatino de incluir esta canción en un recital que organizó el Colegio Saint George. Entre los asistentes estaba un hijo de Pérez Zujovic, que era alumno de ese colegio. El recital terminó en una trifulca de proporciones).

Por su parte, los camaradas filo izquierdistas de la DC también pedían la renuncia de Edmundo Pérez, y así expresaban de manera indirecta sus discrepancias con Frei Montalva, en aquel año que precedía a la elección presidencial que llevaría por candidato a Radomiro Tomic. El partido lo presidía Renán Fuentealba, en trato distante con Pérez Z., y su vicepresidente era Bernardo Leighton, quien no mantenía relaciones óptimas con Frei, luego que fuera sacado de la cartera del Interior aprovechando un viaje suyo a Europa. Lo cierto es que la DC era, por esos días, un molino en ebullición con una mesa directiva integrada por "rebeldes" y "terceristas". El freísmo temía una debacle.

Mientras tanto, la prensa extremista insistía en que el "Ministro del Interior es repudiado por la inmensa mayoría del pueblo que ve en él al símbolo más próximo de la represión, de la arbitrariedad, de la prepotencia y del abuso". Se decía que si Frei no le había pedido todavía la renuncia es "porque comparte sus torvas actuaciones y es solidario, cómplice y también responsable de todos los delitos cometidos contra el pueblo". Por lo mismo, se sugería que el lema del gobierno "Revolución en libertad" fuese cambiado por el de "Gobernar es masacrar".

Hacia la Navidad de 1970, recién asumido Allende, "Punto Final" títuló con "Chile: el enfrentamiento es inevitable", cuyo artículo contenía un llamado del MIR a la movilización de las masas y "estrechar en los barrios los lazos entre el pueblo y los soldados para responder a los intentos sediciosos de la derecha y del freísmo demócrata cristiano". ¡Era la primera Pascua con Allende ! A diarios y revistas de izquierda no les bastaba el haber publicado, con grandes caracteres, las violentas manifestaciones realizadas hacia fines del gobierno de Frei Montalva, mientras Pérez Zujovic ocupaba la cartera de Interior. Desde que asumió Allende, dichos periódicos se preocuparon de mantener vivo el rencor mediante la edición de "documentos históricos" en que se revivían aquellos mismos sucesos. Se reiteraba que "Edmundo Pérez era la imagen perfecta del dictador, que se apoya en una fuerza policial que tiene carácter militar".

Llegó lo inevitable: el cruel asesinato del ex ministro. Tal como ocurrió el primer día con Allende, la prensa, ahora oficialista en 1971, culpó al fascismo. La revista "Punto Final" sostuvo que el asesinato de Pérez Zujovic "ha sido la reacción encolerizada de los sectores más conservadores y tradicionalistas del país... para instaurar una dictadura fascista en Chile". A su vez, el senador comunista Volodia Teitelboim explicaba, en "Puro Chile", que "los ultraizquierdistas, por irse corriendo tan a la izquierda, y como el mundo es redondo, llegaban a instalarse en la Derecha...".

El tiempo pasa...

Han transcurrido tres décadas. Con la quietud que da el paso del tiempo, Marisi Pérez Yoma comenta que le sirvió emocionalmente estar ese día y en ese lugar con el padre agónico en sus brazos. Que el vivir aquel instante le permitió poder sobrellevar la pena con mayor fortaleza.

Varias veces le dijo angustiada a su padre: "Tengo el presentimiento de que a usted lo van a matar". El la tranquilizaba y le decía: "No hija, no va a pasar nada...". Marisi afirma: "Yo creo que él también lo presentía...".

El hijo menor, José Luis, tenía 12 años; conocido el atentado lo llamaron al colegio para contarle que su padre había sufrido un accidente. Respondió: "No es cierto, porque mi papá maneja muy bien...".

En recuerdo de su progenitor, Marisi reflexiona: "Estoy convencida que la figura de mi padre está vigente y es un modelo de vida para la juventud. Nació pobre y su padre murió en la crisis económica de los años 30, por lo que siendo muy joven debió hacerse cargo de una familia. Lejos de abrumarse, asumió su vida con alegría, esfuerzo, trabajo y sacrificio, lo que le permitió ser un gran empresario y formar una familia de nueve hijos, a los que adoraba".

También cree que lo ocurrido con su papá debiera servir para meditar a todos quienes no superan, o no quieren superar, los odios y rencores que arrastran desde septiembre de 1973. Enfatiza: "Es cierto que todo aquello fue muy penoso, pero deben intentar comprender y reconocer que Chile iba directamente al despeñadero...".

La hija de Pérez Zujovic considera que mantiene vigencia la frase que dijo en la homilía de la misa de funeral de su padre, el cardenal Raúl Silva: "Matemos el odio antes que el odio mate a Chile".




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A Edmundo Pérez Zujovic, empresario y político, le correspondió vivir desde el Ministerio del Interior una dura etapa de desórdenes y tomas.
A Edmundo Pérez Zujovic, empresario y político, le correspondió vivir desde el Ministerio del Interior una dura etapa de desórdenes y tomas.
Foto:El Mercurio


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