REPORTAJES

Domingo 21 de Mayo de 2006

Monseñor Ricardo Ezzati se refiere a la medida adoptada
La Iglesia está constituida por hombres y mujeres sometidos a la fragilidad de la condición humana

El Obispo Auxiliar de Santiago orienta acerca de cómo comprender la dura decisión del Papa Benedicto XVI.

JUAN ANTONIO MUÑOZ H.

Casi ocho años tardó la Santa Sede en dar una respuesta definitiva.

Los presuntos abusos sexuales del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel Degollado (86 años), eran materia de controversia desde 1998 e incluso antes. Pero el viernes, pese a los juramentos de inocencia por parte del acusado, la Santa Sede decidió apartar al padre Maciel del ministerio público.

Monseñor Ricardo Ezzati Andrello -Obispo Auxiliar de Santiago, presidente del Área Educación de la Conferencia Episcopal y miembro del Departamento de Vida Consagrada e Institutos Religiosos de la Conferencia Episcopal Latinoamericana- explica las razones de la decisión de la Iglesia y sus repercusiones para los fieles chilenos.

-¿Por qué si es que desde 1998 hay denuncias recién hoy se toma una determinación? ¿No es excesivo un plazo de ocho años para una investigación de esta naturaleza?

-El Comunicado Oficial de la Santa Sede da respuesta a su pregunta. Afirma que "todos estos elementos (es decir, las acusaciones) han sido objeto de un examen maduro por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe". Luego agrega: "Tras haber sometido los resultados de la investigación a un atento estudio...". La Santa Sede analiza cuidadosamente las cosas que son sometidas a su juicio. Por experiencia, sabe que muchas acusaciones son verdaderas y que otras no lo son. El respeto a los derechos de la persona le exige ser muy responsable, tratar con sumo cuidado las situaciones para llegar a conclusiones que respeten la verdad y el derecho.

-¿Ve algún cambio en relación con la forma en que la Iglesia hasta ahora ha llevado los casos de pedofilia y homosexualismo al interior del clero? ¿Un estilo distinto en Benedicto XVI respecto de Juan Pablo II?

-Las normas que orientan esta materia fueron promulgadas por el entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, con la aprobación del recordado Papa Juan Pablo II. Ellas están contenidas en el documento "Sacramentorum sanctitatis tutela". Por lo tanto, no advierto cambio de orientación ni de forma de proceder entre los dos pontífices. El actual Prefecto de la Congregación, cardenal Willian J. Levada, ha llevado a término la investigación iniciada por su predecesor, en consonancia con las normas propias de la Iglesia.

-¿Es un llamado también a todos los obispos del mundo y los cardenales respecto de la forma de actuar al interior de sus comunidades cuando hay denuncias de este tipo?

-Los obispos de Chile, en el año 2003, como también las demás Conferencias Episcopales del mundo, han elaborado los criterios que orientan la forma de actuar en estas situaciones dolorosas. Con Juan Pablo II hemos afirmado que el abuso sexual con menores "es ante todo un abuso y un espantoso pecado a los ojos de Dios". Con el mismo Papa hemos afirmado que no hay lugar en el sacerdocio y en la vida religiosa para quienes dañan a los jóvenes. Por eso, en todas nuestras diócesis se ha nombrado un Promotor de Justicia, cuyo oficio es promover y tutelar el bien público, de acuerdo al canon 1430 del Código de Derecho Canónico. En el caso de una denuncia verosímil, se procede de acuerdo a lo establecido por el Derecho y las normas establecidas en el documento arriba indicado.

-¿De qué manera esto afectará a los Legionarios de Cristo, una congregación que aporta muchas vocaciones y tan dedicada a la educación de niños y jóvenes?

-A su pregunta respondo con dos consideraciones: la primera, contenida en el comunicado de la Santa Sede, que dice textualmente: "Se reconoce con gratitud el benemérito apostolado de los Legionarios de Cristo y de la Asociación Regnum Christi" y la segunda contenida en la declaración de la Congregación Legionarios de Cristo: "Renovamos nuestro compromiso de trabajar con toda intensidad para realizar nuestro carisma de la caridad y extender el Reino de Cristo sirviendo a la Iglesia". Espero que las dos consideraciones ofrezcan a los Legionarios el estímulo necesario para mirar con serenidad y para comprometerse cada vez más con la tarea de hacer presente la Persona y el Mensaje de Jesús en el mundo de hoy, especialmente entre los jóvenes.

-¿Qué le parece la reacción de los propios Legionarios al insistir en la inocencia del padre Maciel, aunque acaten la decisión del Vaticano?

-He leído con atención la declaración de la Congregación de los Legionarios de Cristo. En ella destacan tres cosas: el hecho de las denuncias; la afirmación de inocencia por parte del padre Maciel, y el acatamiento de la decisión de la Sede Apostólica. Es una reacción lógica y de fe: está el dolor por las acusaciones hechas a su padre fundador, la convicción de su inocencia y la acogida en espíritu de fe de la decisión de la Santa Sede.

-¿Un pecado personal puede destruir una obra valiosa? La Iglesia en Chile también ha tenido denuncias variadas de esta naturaleza. ¿Cuál es su impresión general sobre su gravedad y los diversos desenlaces que ellas han tenido?

-La Iglesia de Chile no está más allá de la naturaleza propia de la Iglesia Universal: es santa porque su cabeza es Cristo y porque su alma es el Espíritu Santo. Al mismo tiempo, es pecadora y necesitada de continua conversión, porque está constituida por hombres y mujeres sometidos a la fragilidad de la condición humana.

Hemos sufrido y enfrentado también nosotros algunos casos dolorosos. Hemos respetado el camino propio de la Ley Civil, ante la cual somos ciudadanos como todos los demás, hemos actuado de acuerdo a la Legislación Canónica y hemos implementado orientaciones y pedagogías para un mejor discernimiento y acompañamiento de las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa.

-¿Cómo deben entender los fieles, y especialmente los seguidores del padre Maciel, la medida adoptada -invitación a una vida reservada de plegaria y penitencia y renuncia al ministerio público- sin un juicio eclesiástico de por medio? ¿No choca esto con la presunción de inocencia propia del derecho occidental?

-En la Iglesia hay leyes penales y leyes medicinales. En este caso, "teniendo en cuenta tanto la edad avanzada como su delicada salud", se ha optado por indicar al padre Maciel el camino de "una vida reservada de oración y de penitencia, renunciando a todo ministerio público". Es bueno recordar que la fecundidad de la vida cristiana no se manifiesta únicamente en las grandes empresas en los gestos que acaparan la atención pública. La santidad que florece en los monasterios de clausura, en la limitación de tantos ancianos, en el dolor de tantos sufrientes. Su aporte tiene un incalculable valor para la sociedad y para la Iglesia.

-¿Por qué cree que el Santo Padre comunica esta decisión en los mismos días en que la Iglesia se enfrenta a las repercusiones del estreno mundial de "El Código Da Vinci"? ¿Debilita la reacción unitaria que ha mostrado el mundo católico o es una prueba de la transparencia de la Iglesia en momentos en que se especula sobre su oscurantismo?

-La Iglesia cree en la fuerza de la verdad, en esa verdad que nos hará libres, en la verdad que es su Señor. Personalmente, pienso que el comunicado acerca de la situación que afecta el padre Maciel y el hecho del estreno mundial de la película "El Código Da Vinci" son una invitación a centrar mucho más nuestra atención y nuestra fe en la Persona de Jesús el Señor, la única "roca", cuya consistencia no será vencida por los huracanes y los vientos; es decir, por una cultura que muchas veces es bastante adversa.

OCHO ACUSADORES

Las denuncias

Según informa "El Universal" de México, en 1996, ocho ex miembros de los Legionarios de Cristo acusaron públicamente a su fundador, Marcial Maciel, de haber abusado sexualmente de ellos cuando eran adolescentes, en Italia y España, en las décadas de los 40 y 50.

En 1997, estos hombres enviaron una carta a Juan Pablo II para denunciar las vejaciones. "Somos varios hombres cristianos, doblemente víctimas en dos claras épocas de nuestra vida: primero, durante nuestra adolescencia y juventud y, luego, en nuestra madurez, por parte de un sacerdote y religioso muy allegado a Vos, que repetidamente abusó, antaño, sexualmente y de otras maneras de nosotros, indefensos, lejos de nuestros padres o tutores, en países diversos y lejanos del nuestro".

La carta fue escrita por Félix Alarcón Hoyos, José de J. Barba Martín, Saúl Barrales Arellano, Alejandro Espinosa Alcalá, Arturo Jurado Guzmán, Juan Vaca Rodríguez y los hermanos Fernando y José Antonio Pérez Olvera.

El proceso judicial se inició el 17 de octubre de 1998 ante el tribunal de la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede.

SANTA SEDE

Versión íntegra del comunicado

"A partir de 1998, la Congregación para la Doctrina de la Fe recibió acusaciones, que ya en parte se hicieron públicas, contra el padre Marcial Maciel Degollado, fundador de la Congregación de los Legionarios de Cristo, por delitos reservados a la competencia exclusiva del dicasterio.

"En 2002, el padre Maciel publicó una declaración para negar las acusaciones y para expresar su descontento por la ofensa recibida por algunos ex Legionarios de Cristo.

"En 2005, por motivos de edad avanzada, el padre Maciel abandonó el cargo de Superior General de la Congregación de los Legionarios de Cristo.

"Todos estos elementos han sido objeto de un examen maduro por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y según el Motu Proprio "Sacramentorum sanctitatis tutela", promulgado el 30 de abril de 2001 por el Siervo de Dios Juan Pablo II, el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger, autorizó la investigación de las acusaciones. En ese tiempo tuvo lugar el fallecimiento del Papa Juan Pablo II y la elección del cardenal Ratzinger como nuevo pontífice.

"Tras haber sometido los resultados de la investigación a un estudio atento, la Congregación para la Doctrina de la Fe, bajo la guía del nuevo prefecto, el cardenal William Joseph Levada, decidió -teniendo en cuenta tanto la edad avanzada del padre Maciel, como su delicada salud- renunciar a un proceso canónico e invitar al padre a una vida reservada de oración y de penitencia, renunciando a todo ministerio público. El Santo Padre aprobó estas decisiones.

"Independientemente de la persona del fundador, se reconoce con gratitud el benemérito apostolado de los Legionarios de Cristo y de la Asociación Regnum Christi".


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"En nuestras diócesis se ha nombrado un Promotor de Justicia. En una denuncia verosímil, se procede de acuerdo a lo establecido por el Derecho y las normas establecidas".
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