VIDA Y SALUD

Martes 15 de Octubre de 2002

Tribus urbanas:
El perfil y las motivaciones de los graffiteros

Muros y señales de tránsito son sus objetivos y la adrenalina que inyecta el riesgo, su recompensa.
PAMELA ELGUEDA

Adrenalina, ser conocido en el ambiente, autovaloración. Tres de las motivaciones que tienen los adolescentes que van por la vida haciendo graffitis, esas letras muchas veces ininteligibles que cubren los muros, señales de tránsito y todo lo que esté de pie en Santiago.

Para una parte importante de los capitalinos, se trata de rayas sin sentido, que ensucian y afean la ciudad y que causan un serio daño económico a los propietarios de los muros pintados. Un ejemplo: según un cálculo de la Corporación para el desarrollo de Santiago, el 50% de las fachadas de la comuna ha sufrido algún tipo de rayado. Vandalismo puro, reclaman los perjudicados.

Los adolescentes y jóvenes que crean y pintan esos signos hacen una diferencia entre lo que ellos mismos denominan hacer daño y hacer algo bien hecho. Zetro (como se hace llamar) tiene 21 años y vive en Colón Oriente. Desde los 14 que se dedica a hacer graffitis callejeros, y actualmente centra toda su energía en pintar murales.

No es necesario rayar una casa mil veces con la misma firma. Eso es hacer daño. Hay que tomar una firma y perfeccionarla, pero los cabros chicos están muy agrandados y quieren hacerlo todo de una.

Carlos Cáceres (17), también de Colón Oriente, tiene una opinión muy parecida: Hay mucho cabro chico que raya, que ensucia, y dejan mal a los verdaderos 'graffiteros'. No saben para qué rayan, no tienen estilo, son puras líneas, feas. A estos cabros les dicen los 'toys', juguetes, porque no tienen cultura hip hop, andan haciendo maldades y dejan mal a los raperos reales.

Independiente de su condena a los toys, Zetro y Carlos reconocen que alguna vez también salieron a la calle a marcar muros con su firma y a pintar letras. Su motivación: Tratar de mostrar nuestra cultura, el Hip Hop, dice Zetro. Pinto porque me gusta y porque en un dibujo puedo expresar lo que siento y lo que no me gusta, recalca Carlos. Me gusta hacer mi tag (firma) para que me conozcan, para que sepan quién soy, pero en el ambiente 'graffitero', porque a ellos sí les gusta, remata Rata, de 20 años, compañero de 'tribu' (grupo) con Zetro.

A estas razones, Tommy (17 años) y Rodrigo Gisue (18 años) agregan un ingrediente común a todos los graffiteros: la sensación de riesgo. Hacer firmas en los sitios más elevados, donde nadie llega... algo por lo que te puedan llevar detenido si te pillan. Algo peligroso, arriesgado, que te haga saltar la adrenalina, comenta Tommy, quien junto a Rodrigo y otros compañeros del Liceo Benjamín Vicuña Mackenna, de La Florida, tienen un grupo llamado Dónde están.

Grito marginal

Sentir la adrenalina fluir es un deseo común entre los graffiteros de todo el mundo, reflexiona Mario Sandoval, sociólogo y coordinador del Centro de Estudios en Juventud de la Universidad Cardenal Raúl Silva Henríquez, a partir de sus conversaciones con jóvenes graffiteros holandeses.

Hay una necesidad de subvertir el orden establecido y salir incólume, explica. La provocación no es solamente a la autoridad: En la idea de hacerlo en lugares arriesgados, en un túnel ferroviario antes de que pase el tren, por ejemplo, está presente el deseo de desafiarse a sí mismo y decir: 'Soy capaz de hacerlo, me atrevo y valgo por eso'.

Afianzar la autoestima pasa también, agrega el sociólogo, por ser reconocidos por sus pares, valorados, queridos y aceptados por ellos. Mientras más riesgo y más adrenalina hay, más 'bacanes' son.

Este deseo de transcender frente al grupo los hace, incluso, desdeñar la crítica que generan sus rayados entre los adultos: Es el odio de la gente común. Pero en el ambiente lo ven como una hazaña, dice Tommy.

¿Qué hay detrás de un graffiti? Porque, según afirma Mario Sandoval, no se trata de un mensaje explícito, es decir, no existe una intención de comunicar algo claro, expreso. Tampoco tiene contenido político, pues busca distanciarse de este ámbito. Es un grito desde la marginalidad, pero no de la económica, sino de no sentirse considerados, tomados en cuenta.

Algunos autores, agrega, incluso hablan de una suerte de neoanarquismo. Hay conductas anárquicas de decir: 'no nos gusta esto, no estamos de acuerdo, el Chile actual no nos cae bien'. Un descontento que, sin embargo, no va acompañado por una propuesta alternativa o acciones para generar el cambio.

Evitar que estos adolescentes salgan a bombardear la ciudad (como le llaman ellos a llenar un lugar con firmas) es difícil. Mario Sandoval opina que reprimirlos sólo les generará más estímulo para intentar hacerlo sin ser pillados (ver recuadro).

Es un tema que trasciende a los graffitis y que va por el lado de que la sociedad genere mecanismos reales y efectivos de integración. En la medida que se sientan tomados en cuenta, integrados - tarea donde la educación y el trabajo son clave- , quizás será más posible disminuir este tipo de manifestaciones.

Génesis de un fenómeno

¿Dónde surgen los graffitis? Raúl Zarzuri y Rodrigo Ganter, sociólogos e investigadores de la Universidad Cardenal Raúl Silva Henríquez, encontraron los primeros indicios del graffiti moderno en Roma y en las inscripciones en los muros de los baños públicos de Pompeya.

En su trabajo Memoria, Cultura y Nuevas Narrativas Juveniles explican que los escritos que se encontraron en esos lugares recibieron el nombre de graffitis por parte de los arqueólogos e historiadores. También se han encontrado escritos que pueden recibir ese nombre en la época de la conquista de México, cuando Hernán Cortés tuvo que enfrentar a un grupo de soldados descontentos por la repartición del botín.

La historia más reciente del graffiti es más conocida. A fines de la década del 60, en Nueva York, con el surgimiento de la cultura Hip Hop, en el seno de la comunidad negra.

Para Mario Sandoval, el graffiti actual es una de las representaciones del profundo cambio cultural que está viviendo la sociedad. Se trata de una nueva estética, que para ellos es hermosa y que se caracteriza por tener una creación sobre la marcha, por su improvisación mientras crean.

Experiencias de integración

Hasta hace un año, el director del Liceo Benjamín Vicuña Mackenna, de La Florida, tenía un serio problema de ornato: sus alumnos competían intentando colocar sus tags en cualquier espacio limpio de las murallas del establecimiento, en los asientos, puertas, donde fuera.

Buscando una solución, cuenta Rubén Catalán, propusimos al centro de alumnos entregarles un muro de la parte trasera del colegio para que pintaran graffitis. Ellos establecieron una organización para ocupar el muro y vienen los fines de semana a pintar. Una idea de la que el director Catalán se felicita, porque la cantidad de graffitis disminuyó en 80%.

En la Municipalidad de Las Condes también saben que reprimir a los graffiteros no termina con el rayado de paredes. Por eso, en el Centro Cultural Diaguitas, ubicado en el corazón del barrio Colón Oriente, reciben durante toda la semana a grupos de jóvenes y adolescentes que se juntan a pintar en papelógrafos.




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El grupo Dónde están ganó el derecho de pintar los muros interiores de la Casa de la Cultura de La Florida.
El grupo Dónde están ganó el derecho de pintar los muros interiores de la Casa de la Cultura de La Florida.
Foto:Juan Eduardo López


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