VIDA Y SALUD

Viernes 14 de Septiembre de 2007

Desmanes del 11 de septiembre:
¿Quiénes son los que generan la violencia?

No hay un solo culpable de la furia de ciertos grupos juveniles que atacan las calles en fechas significativas. Para sociólogos y sicólogos, la responsabilidad debe ser compartida por padres, autoridades y políticos.

Cristián M. González S.

En los violentos disturbios del pasado 11 de septiembre que terminaron con la muerte del carabinero Cristián Vera, tres diferentes grupos de jóvenes coincidieron en las calles.

Por un lado, un pequeño grupo que conmemoraba un hecho histórico -el Golpe Militar de 1973-, con el propósito "de mantener viva la memoria de aquel suceso", como explica el sociólogo Mario Sandoval, director del Centro de Estudios de la Juventud de la U. Católica Raúl Silva Henríquez.

Esa noche también salieron grupos de delincuentes juveniles, vinculados al mundo del narcotráfico, armados y dispuestos a robar y matar. Pero la mayoría de los manifestantes fueron jóvenes que, "sin tener un perfil de delincuente, incurren en acciones delictivas, como saquear una panadería o destruir bienes públicos, para quejarse de una sociedad que se presenta como exitosa, pero que los excluye", dice Sandoval.

Eduardo Espinoza (18), el principal sospechoso de disparar contra el cabo Vera, es un ejemplo de eso: dejó el colegio en 7º básico y hoy no estudia ni tampoco tiene trabajo.

"La mayoría de estos niños ya no van al colegio y son de los que se juntan en las esquinas. Yo calculo que deben tener entre 14 y 20 años. Para el 11 hacían fogatas y tiraban botellas inflamables", cuenta Eliana, una vecina de la Villa El Rodeo, en La Florida.

Para los especialistas, ésta es la consecuencia de un país en donde "hay una distribución tremendamente desigual del ingreso, lo que produce bastante frustración en quienes no pueden acceder al consumo y los bienes materiales", comenta Cecilia Banz, psicóloga del Programa Valoras de la U. Católica.

Una frustración cargada, además, por promesas incumplidas. "Ésta es la generación de jóvenes más escolarizada en la historia del país, y a pesar de eso, no pueden acceder a lo que se supone son los beneficios de ser ilustrado", agrega Raúl Zarzuri, sociólogo e investigador de temas juveniles del Centro de Estudios Socioculturales (Cesc). "Como sociedad emitimos un discurso de que estudiar permite elevar la calidad de vida y la movilidad social, pero eso no se ha cumplido".

A lo anterior se suma una cultura que legitima la violencia como medio de resolución de conflictos. "Si tomamos indicadores internacionales, Chile tiene uno de los índices más altos de violencia infantil y hacia la mujer", dice Zarzuri. En la juventud, el sociólogo ve la violencia como un mecanismo de expresividad: manifestar su descontento y hacer efectivo el discurso de la transformación social.

"Una de las grandes consignas de este Gobierno es el sistema de protección social, pero los jóvenes de menores recursos están en el desamparo", dice Sandoval.

Y sus familias forman parte de ese círculo de exclusión: padres cesantes, grupos monoparentales, con escasas posibilidades de ascenso social e incluso con antecedentes penales. "Entonces se preocupan poco de controlar este tipo de situaciones, porque escapan a su control".

Según los especialistas, la familia actual está muy sobreexigida y tiene poco apoyo. Por ello, si bien tienen una cuota de responsabilidad, no cargan con toda la culpa de las acciones de sus hijos, como han planteado algunos políticos. Al contrario opinaron ayer algunos lectores en las Cartas al Director de este diario, que responsabilizan a legisladores, políticos y jueces al no dar alternativas para salir de la pobreza y la marginación.

Por eso, los especialistas concuerdan en que el camino para cumplir con las expectativas insatisfechas de estos grupos pasa, principalmente, por dos ámbitos: la educación y el trabajo.

"Hay que lograr una mayor retención en el sistema escolar, evitar que deserten y hacer un esfuerzo enorme para reincorporar a quienes ya están fuera", sentencia Mario Sandoval.

Según la última encuesta Casen, en los hogares del 10% de menores ingresos, los jóvenes entre 18 y 24 años tienen 10,6 años de escolaridad en promedio, 4 años menos que aquellos del 10% de mayores ingresos.

Para la psicóloga Cecilia Banz, el esfuerzo educativo también debe apuntar a "desarrollar habilidades socioafectivas que permitan canalizar la frustración y el autocontrol, para resolver conflictos de manera adecuada y no recurrir a la violencia".

El otro camino, dice Sandoval, apunta a fomentar una eficiente política de empleo para disminuir la tasa de cesantía juvenil. "La cesantía nacional está en torno al 7%, pero al analizar por edad, la juvenil la dobla, y si se desagrega por nivel socioeconómico, cerca del 30% de los jóvenes de sectores más pobres están sin trabajo".

POBREZA

El 81% de los chilenos cree que es "baja" o "muy baja" la probabilidad de que un pobre logre superar su condición (encuesta ECosociAL, 2007).


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Para los sociólogos, algunos jóvenes optan por la violencia para manifestarse porque la sociedad no les da alternativas para mejorar.
Para los sociólogos, algunos jóvenes optan por la violencia para manifestarse porque la sociedad no les da alternativas para mejorar.
Foto:MARIO QUILODRÁN


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