VIDA Y SALUD

Sábado 8 de Julio de 2000


La Trayectoria de Un Padre

La infancia de un hombre creativo no pudo ser sino una especial, y la que vivió el doctor Julio Meneghello Rivera fue el prólogo de una vida marcada por la investigación y la docencia. Reconocido como el padre de la pediatría moderna en el país, los diversos estudios que junto a su equipo desarrolló en esta especialidad traspasaron nuestras fronteras y le han retribuido con el reconocimiento internacional. Y aunque ese nunca fue su propósito, al final me convencí de que más de alguno me lo merecía, dice encantado. Tan activo como cuando niño, acaba de publicar un tratado de siquiatría y sicología de la infancia y la adolescencia, y se prepara para el lanzamiento de otro libro en agosto.
CON apenas ocho años, el pequeño Julio Meneghello dividía su tiempo entre el estudio, los juegos y su revista. Así, mientras la mayoría de los otros niños de su edad se dedicaba a correr y juguetear por las entonces campestres y polvorientas calles de Los Andes, Julio y un grupito de amigos se afanaban en dar vida a una publicación infantil llamada La Luna.

Había un compañero que tenía una letra preciosa y usaba pintitas de todos colores para graficar las páginas. El no tenía buena situación y mi abuela lo protegía; entonces iba a trabajar conmigo todos los días en la revista. Sacábamos varios ejemplares por número y todos los regalábamos, recuerda casi ochenta años después aquel pequeño emprendedor.

La Luna tuvo tanto éxito entre sus congéneres que al poco tiempo les salió competencia, pero fueron derrotados, precisa con genuino orgullo y una amplia sonrisa el niño que aún lleva dentro el doctor Julio Meneghello Rivera.

Destacado pediatra y docente chileno, aquella iniciativa infantil no fue sino el prólogo de toda una vida dedicada a llevar adelante transformaciones que han marcado durante más de seis décadas no sólo la pediatría nacional, sino también aquella que se ejerce más allá de nuestras fronteras.

Por eso, cuando en 1996 se dieron a conocer los nombres de los galardonados con el Premio Nacional, con uno de ellos se estaba saldando una deuda pendiente desde hacía muchos años. El de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas fue concedido al doctor Meneghello, por su constante y notable aporte a la pediatría chilena y a la solución de severos problemas de la salud infantil.

La desaparición de la desnutrición y la decisiva caída de la mortalidad infantil en nuestro país se deben en gran medida a su trabajo, dijo el entonces Ministro de Educación, Sergio Molina, al dar cuenta de las razones que tuvo el jurado para otorgar tal distinción a un hombre que, con humildad, reconoció que ese logro no fue personal, sino el resultado del trabajo de varios médicos y especialistas chilenos.

Pero él era la cabeza de aquellos equipos; por eso su labor en el campo científico, a través de la enseñanza de numerosos especialistas y diversas publicaciones, es considerada fundamental en la pediatría latinoamericana. Reconocimiento que en 1995 la Academia Americana de Pediatría plasmó en la entrega de la distinción Pediatric Education Lifetime Achievement Award - considerado el Nobel americano- , por primera vez, en un profesional no estadounidense.

Mucho ha contribuido a forjar esta fama su Texto de Pediatría - obra estimada como clásica en la pediatría clínica y social- , publicado por primera vez en 1972 y cuya quinta edición salió a la venta en 1997, con la colaboración de sobresalientes personalidades de la especialidad.

La pediatría es la medicina del hombre: se interesa por él desde la gestación y el nacimiento, e incluso de antes, con la genética, y luego continúa; no termina nunca, porque el hombre es un niño hasta el final, expresa con sencillez.

De Bombero a Pediatra

Sangre italiana corre por sus venas. Imagínese la decepción que sufrimos el otro día ante Francia (en la final de la Eurocopa), dice entre suspiros.

Su padre, chileno, era hijo de un inmigrante italiano que llegó al país el siglo pasado. En tanto, su madre nació en tierras europeas, pero se trasladó muy pequeña, con su mamá y sus hermanos, a América. Mi abuela quedó viuda muy joven, como a los treinta años. Era una gran mujer, muy esforzada. Me acuerdo especialmente con mucho cariño de ella, confidencia.

Las historias que desde pequeño escuchó de labios de sus padres siempre lo mantuvieron ligado a la península y con la esperanza de poder visitarla algún día. Era un joven médico cuando concretó aquel anhelo por primera vez. Aprovechando un viaje a un congreso en Suiza, pidió algunos días de vacaciones y se fue a recorrer la tierra de sus antepasados: Génova y un pequeño pueblo cercano a Pisa. Estuve en la casa donde nació mi mamá y la fotografié. Fue una gran emoción, recuerda.

Luego, volvería muchas veces a Italia y recorrería otras tantas naciones invitado a congresos, dictando charlas, cursos y compartiendo sus experiencias.

Pero su historia comienza un par de años antes. Apenas había transcurrido la primera década del siglo XX cuando el matrimonio Meneghello Rivera tuvo a Julio, el segundo de sus dos hijos. El pueblo de Los Andes fue su cuna, el escenario de sus primeros pasos y del primer capítulo de su vida.

A los seis años ingresó al colegio. Me pusieron en uno de unas monjas francesas y aunque quedé con una impronta francesa no hablo el idioma. El otro día, por ejemplo, vi a esta artista macanuda en la tele (la modelo francesa Laetitia Casta), traté de escucharla sin leer la traducción, pero no entendí nada de lo que decía, dice risueño.

Después de un breve paso por aquel colegio, lo cambiaron al de los hermanos Maristas, donde estuvo hasta tercero de humanidades. Los últimos tres años de colegio los hizo en el Liceo de Hombres de Viña del Mar - el mejor período de mi época escolar, recuerda- , lugar donde se estableció entonces su familia.

Al salir del colegio, la universidad estaba en sus planes, y Santiago era el siguiente y - pese a breves ausencias- definitivo destino. Su deseo infantil de ser bombero había quedado atrás y la medicina colmaba sus expectativas, no por vocación (porque no cree en ella) sino porque eso era lo que más le atraía. Pero por si las dudas, también postulé a farmacia y odontología. Pero lo mío era la medicina, precisa.

Desde el principio quise dedicarme a la pediatría. Me decían que me llevaba bien con los niños, pero no sé hasta qué punto, porque después, cuando tuve nietos y eran pequeños, me gustaba que vinieran, pero más me gustaba cuando se iban, dice entre sonoras carcajadas.

1928 fue el año de su ingreso a la Universidad de Chile. Habíamos postulado más de 300 estudiantes y quedamos 80. Muchos de los que no entraron en esa promoción lo hicieron después y se convirtieron en destacados médicos.

Equipo Imbatible

Aún era estudiante de medicina cuando comenzó a hacer ayudantías y luego a ejercer como profesor ayudante de la carrera, labor docente que no abandonó nunca más y que dejaría huella en innumerables médicos chilenos y extranjeros. De hecho su lema es asistencia, docencia e investigación.

Estaba nombrado oficialmente por la universidad e incluso me pagaban un pequeño sueldo. Cuando estaba en cuarto les hacía clases a alumnos de tercero. Uno de ellos fue Bernardino Piñera, recuerda sentado detrás del escritorio de su departamento, rodeado de numerosos libros (muchos de su propia autoría), de diplomas y de algunos de sus más preciados reconocimientos.

Convertido en médico en 1937, tres años más tarde recibió una beca que lo llevó a estudiar en las universidades de Harvard, Johns Hopkins y Cornell, en Estados Unidos. Estuvo tres años en el país de origen de la llamada comida rápida, que hoy tanto le disgusta porque ha alterado la dieta de los niños y adultos. Antes se comía en forma más saludable, lamenta.

A su regreso, en 1943, comenzó a trabajar en el Hospital Manuel Arriarán, donde lo hizo durante veinte años con un equipo imbatible. Con ellos mismos me trasladé después al Hospital Roberto del Río (donde estuvo por un tiempo similar, hasta su retiro).

Fue junto a ese equipo imbatible que el doctor Meneghello trabajó para mejorar la situación de la pediatría y de la salud de los niños chilenos. Entre 1940 y 1960, Chile tenía una alta tasa de mortalidad infantil. Esto era fundamentalmente producto de las deficiencias ambientales y de las elevadas cifras de desnutrición infantil, comenta.

La publicación del libro La desnutrición del lactante mayor, en 1949, despertó la preocupación internacional por el tema y fue el inicio de un trabajo que cambiaría la manera de enfocar la pediatría hasta entonces.

El doctor Meneghello es considerado el padre de la pediatría moderna en el país, entre otras cosas, porque fue el primero en el mundo - hacia 1955- en poner en práctica el uso sistematizado de sueros por vía oral para tratar las diarreas agudas con gran deshidratación en niños desnutridos. Además, junto a su equipo de trabajo halló la composición ideal de estos sueros hidratantes, que luego (con ciertas modificaciones) serían recomendados por organismos como la OMS y UNICEF para el manejo de estos menores.

La importancia de este trabajo científico y pedagógico fue reconocida por la revista especializada Lancet, en 1978, como uno de los avances médicos más importantes del siglo para los países en desarrollo.

El espíritu pionero que ha caracterizado gran parte de su labor lo llevó a organizar en enero de 1986 - junto con Entel-Chile- la Primera Teleconferencia Internacional en el marco del XXI Curso Anual de Post-Grado en Pediatría, vía satélite y en directo desde el Miami Children's Hospital hasta el Hotel Sheraton, en Santiago, y a diversas regiones del país. También fue transmitido a otros países, como Colombia, Venezuela, Bolivia, destaca el médico.

Bordeando los 90 años, bien erguido y con un bastón en la mano, aún conserva mucha energía para seguir con sus múltiples obligaciones: la presidencia (desde hace 20 años) de la Fundación de Docencia en Salud del Niño (Fudoc), la revista Pediatría al día y su participación - tal como lo viene haciendo desde 1950- en la dirección de cursos de posgrado, entre otras cosas. Diversas actividades de las cuales ha sido su creador y más activo partícipe.

Y tal como lo hiciera cuando tenía ocho años, este mes volvió a publicar un nuevo libro, Siquiatría y sicología de la infancia y adolescencia, junto al siquiatra infantil Arturo Grau, y se prepara para el lanzamiento de otra publicación en agosto, Pediatría Práctica en Diálogos.

Con más de mil páginas, la obra editada por el doctor Grau contiene el aporte de diversos y eminentes profesionales de la salud mental de la región, en forma didáctica, actualizada y, sobre todo, formadora de una sensibilidad social.

Un nuevo texto que se agrega a los más de 260 trabajos publicados en más de medio siglo. Y aunque lo contenido en ellos, así como su labor docente y sus aportes a la especialidad, le han significado el reconocimiento de múltiples naciones a través de los años, sin falsa modestia hoy reconoce que nunca trabajó para conseguir premios. Pero he recibido tantos a lo largo de mi carrera que al final me convencí de que más de alguno me lo merecía.

Cristian M. González S.




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