REVISTA DE LIBROS

Domingo 29 de Abril de 2007


Vivir en tiempos de Stalin



Con este primer libro de Danilo Kis, editorial Acantilado se propone la edición completa de la obra del escritor serbio-judío (1935-1989), quien vivió parte importante de su vida exiliado en París. Poco conocido en el ámbito hispano, resulta todo un desafío introducirlo pese a que la elección de esta novela es un acierto al ocupar un lugar clave en su narrativa. Para un lector común, ante todo, es un prolijo atestado contra el estalinismo desarrollado a través de un relato de tono archivístico, como el de un acucioso cronista, si bien no exento de humor y parodia. El libro, con escalofriante verosimilitud, narra las vicisitudes de una serie de personajes concretos (revolucionarios, traidores, espías, miembros de la policía política, torturadores, fanáticos o idealistas, inocentes o culpables), estructurado en siete cuentos breves autónomos cuyo hilo conductor es apenas perceptible, aunque su unidad es innegable: la sutileza con que la construye es un mérito formal sobresaliente (los personajes de un cuento rara vez - y sólo marginalmente- aparecen en otro), poniendo en juego el arte de la combinación, del reenvío, de ecos lejanos, del "montaje", de repeticiones de detalles y motivos, de ligeras variaciones, de cambios de "tempo" y ritmo. Los siete relatos (que incluyen el proceso seguido en 1330 contra un judío, Baruh David Neumann, en el tribunal de la Inquisición de Pamiers, y la vida del poeta A.A. Darmolatov) son variantes del género "vidas imaginarias"; es decir, biografías constreñidas al máximo, en las cuales lo que cuenta no es la sucesión cronológica lineal de los hechos, sino un gesto, un rasgo extravagante de carácter, el devenir de una jornada o de algunas horas o la pertinacia de un detalle insignificante. Sus antecedentes literarios más nítidos (y casi insuperables), que Kis conocía bien, son Vidas imaginarias, de Marcel Schwob, y la Historia universal de la infamia, de Jorge Luis Borges. El tono borgeano de estos relatos se extiende, además, a ciertos aspectos de la sintaxis (cuando dice, por ejemplo: "esa herida confirió a su rostro el cruel sello del heroísmo") y, de sobremanera, por el recurso permanente a la cita de documentos (enciclopedias, biografías, diarios, noticias, declaraciones judiciales) verdaderos o falsos. La propuesta literaria de Danilo Kis es, sin embargo, no un ingenioso juego literario o la puesta en escena de tesis metafísicas o teológicas, sino más bien reconstruir "muertes imaginarias" ("parece más difícil elegir la muerte que la vida"), dejar registro de personas a las cuales la Historia amenaza dejar sin traza, aniquilar a tal punto que incluso la tumba quede vacía. Sus relatos, que convergen en Una tumba para Boris Davidovich, son, como él mismo señala, una suerte de cenotafios, monumentos funerarios que denuncian una forma concreta en que el mal histórico se encarnó en una época y arrastró hacia la nada a tantas personas. La puntillosa urdimbre entre ficción y no ficción y la apelación al documento que atestigüe rastros fragmentarios de vidas fragmentarias acusan aquí la urgencia mayor de la falta de un testigo real.

Comparativamente a otras novelas que se mueven en el mismo ámbito histórico (El cero y el infinito, de Arthur Koestler, o Un día en la vida de Ivan Denisovich, de Alexander Solzhenitsyn), la obra de Kis no se sitúa en la desesperanza de héroes que se hunden en la nada histórica ni en la actitud de espera ante un Dios que conferirá sentido a su sacrificio, sino en el enigma de que "a pesar de todo el temporal sufrimiento de la existencia es más valioso que el definitivo vacío de la nada".

Pedro Gandolfo

UNA TUMBA PARA BORIS DAVIDOVICH

Danilo Kis

Acantilado, 2006, $19.000.

NOVELA




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