DEPORTES

Miércoles 10 de Noviembre de 2004

Sólido


Edgardo Marin

Lo había escuchado muchas veces, pero aquella noche en la casa vieja de Palestino en la calle Santo Domingo fue especial por su elocuencia, por su sentimiento, por la variedad espléndida de su palabra versada. A Raúl Hernán Leppé lo regalaban con el premio "Amador Yarur Banna" y él nos regalaba con su discurso. Ahí estaban la anécdota entretenida, el recuerdo emotivo, el apunte oportuno, la metáfora elegante.

Debe haber sido a comienzos de los 70 y si a todos conmovía, más a los que nos asomábamos a este mundo de luces encandilantes y oscuridades profundas que están en el deporte y en el periodismo. Tiene que haber sido antes del 73 o al menos antes de septiembre, porque lo que vino después no lo iba a soportar Leppé, al menos permanentemente. Y como ya conocía los climas de Buenos Aires, se volvió a los que eran también sus pagos. Llamaba a las cosas por su nombre el redactor que vino del sur - como Víctor Alonso, el "Cañón", legendario goleador de la U y cronista más tarde- , y en alguna recepción oficial, cuando el horno no estaba para bollos, le aclaró a algún agregado de uniforme: "Yo no soy militarista". Lo decía todo Leppé. Por su nombre. Y el nombre de las cosas no es siempre una grosería.

Lo mismo fue cuando, formando en un grupo pequeñísimo
- como son siempre los grupos de incorruptibles- le hizo frente al desquiciador proceso que llevaría al futbol chileno al naufragio de España en 1982. Le costó su cargo de jefe de la sección Deportes de un matutino. La falta de respaldo de la Dirección motivó una renuncia: la de este columnista. Nunca se lo dije a Leppé. Ahora que se ha ido, ya puede saberlo. Ahora que ya sabe todo.

No sé quién fue el que un día me habló de "Saúl Hernán Pelé". Tampoco sé cuál sería el chiste, pero sonaba gracioso y vinculaba al periodista con el gran futbolista de todos los tiempos. Y viviendo en Argentina, Leppé conoció a glorias del fútbol mundial, aunque siempre se comentó que los conocía menos profundamente de lo que aparecía en su anecdotario. Debe haber sido por su sentido del humor, parecido en eso a Alberto Buccicardi ­que fuera jugador de la Catolica, seleccionado nacional, seleccionador y luego periodista de nota- , que siempre deleitaba con unas anécdotas completamente inventadas . Y "Bucci" las relataba con gesto de gran ingenuidad. Yo creo que Leppé también llegaba finalmente a creer algunas de sus notables historias. O tal vez no tenía ninguna intención de que le creyeran y gozaba interiormente con el desconcierto de su auditorio. Quién sabe...

No era el fútbol el gran tema de Leppé. Era el boxeo. Y sabía. Sabía muchas cosas. He venido a saber recién ahora que su hijo Jaime canta tangos (eso le viene del gusto máximo de su padre) y flamenco (seguro que de Clarita, su madre, argentina de raíces hispanas). Y recién he conocido personalmente a Fernando, su hermano, de quien supe tanto a través de tantos años de anécdotas, sin saber que es copia fiel de don Raúl. En su cara y en sus gestos.

Hubiese querido saber más en otros tiempos de este buen periodista que nunca ganó mucho y que no lloró nada en la desgracia. Y si lloró, no lo hizo en primera página. Sólido. Como los hacen en Punta Arenas.

"Leppé conoció a glorias del fútbol mundial, aunque siempre se comentó que los conocía menos profundamente de lo que aparecía en su anecdotario".


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Edgardo Marin
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