EDITORIAL

Miércoles 28 de Julio de 2010

 
El emplazamiento de los pobres: el otro enfoque

"...la encuesta Casen nos entrega otro dato al que, por extrañas razones, no se ha dado la importancia que tiene. Casi el 70% de los pobres tienen empleo, son asalariados...".  
Osvaldo Andrade Lara Ex ministro del Trabajo y Previsión Social Diputado Los resultados de la encuesta Casen nuevamente nos interpelan, a un tiempo como sociedad y como actores del debate político. Las cifras son elocuentes y siempre habrá buenas explicaciones para ello. Por cierto, en el aumento de la cifra de pobres e indigentes, la reciente crisis y el aumento del desempleo y el valor de la canasta alimentaria son suficientes para dar buenas y contundentes razones.

Pero, estando de acuerdo en ello, no encontramos similar consenso en los instrumentos idóneos para su solución. Para algunos, el crecimiento y el empleo son vitales. Para otros, las políticas sociales y las transferencias directas son de similar relevancia. Ambos tienen razón: sin crecimiento no hay riqueza para enfrentar el problema ni hay generación de empleo, y sin políticas públicas, eficientes y bien realizadas, no se enfrentan las desigualdades que genera el mercado.

La encuesta Casen da un claro ejemplo de lo anterior. La pobreza en los adultos mayores es del orden del 8,5%. Esta cifra es el claro resultado de la política pública más importante del gobierno de la Presidenta Bachelet, la reforma previsional, que finalmente terminara con la pobreza en este segmento de nuestra población.

Sin embargo, la encuesta Casen nos entrega otro dato al que, por extrañas razones, no se ha dado la importancia que tiene. Casi el 70% de los pobres tienen empleo, son asalariados.

¿Qué nos dice este dato? Que más de dos tercios de los pobres sí tienen empleo, pero con una remuneración tan precaria que los mantiene en la pobreza a pesar del trabajo. Por esta razón, en la última discusión sobre el reajuste del salario mínimo les insistimos tanto al Gobierno como a los ministros de Hacienda y Trabajo, sin ser escuchados, que su propuesta de reajuste no se hacía cargo de la importancia que tiene el salario mínimo en la lucha contra la pobreza y cómo éste ha sido un factor decisivo en el mejoramiento de estos índices.

No queremos reconocer que la clave para luchar contra la pobreza, reconociendo la importancia de crecer y de focalizar adecuadamente las políticas sociales, es la mejoría de los salarios de los trabajadores.

Es la distribución primaria, aquella que debe negociar entre trabajadores con sus sindicatos y empleadores, la que, finalmente, enfrentará el núcleo del problema. Ni el añejo chorreo ni el burocrático asistencialismo resolverán este dilema; sólo la negociación y el acuerdo de sindicatos y empleadores mejorará la productividad y transferirá parte de ésta a los salarios. De esta asociación y diálogo aparecerán los instrumentos para crecer con inclusión y para repartir con justicia.

La pobreza se enfrenta en realidad y con éxito sólo mejorando los ingresos autónomos de las personas, y éstos provienen del salario. De aquello que todos los días el trabajador construye en su trabajo. Desde la dignidad del trabajo se gana la batalla contra la pobreza. Para ello no basta con crecer y dar empleo, se requieren empleos con remuneraciones dignas y justas. Para ello no basta con políticas públicas bien focalizadas e idóneas, sino con un trabajo decente y remuneración suficiente; no basta con mejorar productividad, si ésta no se transfiere a los salarios; no basta con transferir para terminar dependiendo del Estado.

No es, como se dice en el mundo popular, ni lo uno ni lo otro, sino que ambos, pero como agregados de otra centralidad. Un trabajo con salario justo para salir de la pobreza con dignidad es el verdadero objetivo.

El emplazamiento de los pobres es que hagamos este debate desde la dignidad del trabajo y de su consecuencia material, un salario justo. El crecimiento y el solo empleo, las políticas sociales y la transferencia no deben opacar el centro de la discusión. Sólo derrotaremos la pobreza con salarios justos, con empleos dignos. Con trabajo decente.

 


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