ARTES Y LETRAS

Domingo 9 de Septiembre de 2007

REPORTAJE. La plaga que amenaza al patrimonio:
La invasión de las termitas en el Museo Histórico

Hasta ahora sólo conocíamos la versión de Barbara de Vos, directora del museo, quien dijo que la presencia de carcomas fue descubierta en febrero de este año. Pero otros antecedentes indican que se sabía del problema al menos desde septiembre de 2006 y que los xilófagos no eran los únicos invasores. Las termitas han atacado a numerosos museos en la última década.

ESTEFANÍA ETCHEVERRÍA

Las puertas del Museo Histórico están cerradas y se mantendrán así hasta el 28 de septiembre. Según explicó al diario La Segunda la directora del establecimiento, Bárbara de Vos, la medida se tomó tras descubrir una plaga de xilófagos -insectos que comen madera- durante una limpieza de la biblioteca en febrero pasado. Eso es lo que dice la versión oficial, pero al menos hace un año la dirección del museo sabía que tenía esta plaga y que su presencia estaba provocando daños. Así lo demuestra un presupuesto para el "tratamiento de xilófagos" que realizó el 13 de septiembre de 2006 la empresa de fumigaciones Maok's y que tenía un diagnostico claro: "En la inspección a áreas del museo detectamos presencia de daños realizado por un insecto xilófago llamado Lyctus Brunneus".

Francisco Osorio, ingeniero de Maok's fumigaciones, cuenta que revisó el Museo Histórico el 11 de septiembre del año pasado en busca de una plaga de palomas. Ese día subió a los entretechos donde encontró "25 cm de base de fecas sobre los techos, lo que implica grandes riesgos estructurales, además por el material seco un peligroso riesgo de incendio. También encontramos aves muertas, nidos, estructuras expuestas y abiertas al medio que favorecen el libre acceso de las palomas. Esta situación hace que estos recintos estén altamente contaminados con riesgos significativos para la salud de las personas que trabajan en el museo", según consta en el informe que la empresa remitió a la institución. Pero además de comprobar la presencia de palomas en los entretechos, Osorio detectó que las vigas estaban siendo carcomidas y por eso informó de esta segunda plaga. Sin embargo, el museo no tomó medidas inmediatas.

Mal común

"Cuando se descubren uno o dos hoyitos, no siempre se les da la importancia debida y en verdad ése es el momento en que se debe hacer algo, porque después es demasiado tarde", asegura la restauradora Mónica Bahamóndez. Lo importante es actuar con premura apenas se encuentre la plaga. Una idea que reitera el entomólogo Ramón Rebolledo y que se vuelve de mayor urgencia cuando está en juego nuestro patrimonio.

A pesar de lo que se pueda pensar, el descubrimiento de insectos comedores de madera en museos no es un hecho aislado. Una revisión por la prensa de los últimos 10 años deja claro que muchos de nuestros edificios patrimoniales han sido afectados y que se han tomado medidas para repararlos.

De muestra: en 1997 el Museo del Carmen desinfectó el sector de carruajes que había sido tomado por los xilófagos. En 1999 el Museo de Bellas Artes de Valparaíso fue cerrado para ser restaurado. Uno de los principales motivos de su deterioro era la acción de voraces termitas. El mismo año se reparó el techo de la sala de mascarones de la casa de Neruda en Isla Negra. Otra vez los agentes destructivos habían sido los xilófagos. La casa Schüller en Valdivia, el Museo Regional de Ancud y las iglesias chilotas de Teupa, Compu y Castro también fueron atacadas por insectos hambrientos de madera. Y en febrero de 2005, el Palacio Vergara de Viña del Mar fue fumigado para acabar con las termitas; aunque en este caso el final no fue tan feliz, porque los químicos no sólo terminaron con la plaga, sino que también dañaron seis pinturas.

Los museos tienen claro que los xilófagos son una amenaza real. Por eso disponen de zonas de cuarentena, donde se aísla y estudia cada nuevo objeto donado, adquirido o prestado. El objetivo es evitar que un material infectado disperse una plaga por el lugar.

Con esta información, resulta evidente que los pequeños invasores gustan de domicilios culturales y que los museos saben que deben estar alertas. Entonces, ¿por qué no hicieron algo antes en el Museo Histórico? Las razones de la directora son una incógnita, porque tras varios intentos fallidos se negó explícitamente a conversar para este reportaje. Pero tal vez, como dice el restaurador Hernán Ogaz, se deba a que "en los museos normalmente hay distintas prioridades. Y muchas veces la gente trata de atender las cosas más externas, más visibles".

Daños con historia

El presupuesto de Maoks testifica que la plaga fue diagnosticada profesionalmente en septiembre pasado, pero la situación habría sido advertida con anterioridad. Osorio, que ya había trabajado con el Museo de Bellas Artes, cree que el problema no es nuevo y que debe tener cinco o seis años de desarrollo. Una fuente relacionada con la administración del museo asegura que antes de Maoks la directora ya había sido advertida del problema con xilófagos.

La gravedad de cualquier demora es que, como dice la restauradora Luz Barros, cuando las termitas atacan "el daño es muy expansivo, porque es contagioso". Así, sin las medidas adecuadas, los insectos pueden hacer de las suyas en arquitectura y exposiciones. Y así, según asegura la fuente relacionada al museo, unas antiguas persianas que se exponían en la sala de "la ciudad indiana" terminaron muy dañadas.

Pero los problemas no se limitan a la impunidad con que se dejó obrar a los insectos en nuestro patrimonio histórico. Francisco Osorio asegura que en una reunión con la directora y con la entonces conservadora del museo, le fue informado que debía esperar la licitación que aparecería en www.chilecompra.cl, plataforma virtual donde se realizan estos trámites. Y estuvo esperando, hasta que el miércoles 5 de septiembre se enteró por los medios que la fumigación había sido adjudicada a la empresa Aspersan. Osorio reclama que la licitación nunca se hizo y que con ello el museo cometió una irregularidad. En chilecompra.cl, desde febrero a la fecha, no se ha publicado ni cerrado ni adjudicado ni declarado desierta ninguna licitación que haya demandado la Dibam o el Museo Histórico para control de plagas. Ni siquiera revisando una a una las licitaciones del Museo Histórico se encuentra ésta que en prensa se ha asegurado fue realizada.

Luz Barros: "La arquitectura infecta las colecciones de los museos"

La presencia de termitas es más común en colecciones que en museos. Hay colecciones que tienen infectaciones de distintos microorganismos. Aunque no es muy común en Chile. No es uno de los principales problemas que enfrenta el material madera acá.

Generalmente lo que ocurre es que la arquitectura infecta las colecciones de los museos. Por eso, lo que hacen los museos es mantener medidas de control, para los insectos en general, no sólo para las termitas. Hay que estar revisando si hay residuos y excrementos. Se hace una labor preventiva de buscar rastros y ante el más mínimo indicio, aislar el objeto y tratarlo. Suele ocurrir que cuando la gente se da cuenta, ya está bastante avanzado el ataque. El daño es reversible, dependiendo el nivel en que sea este deterioro. Por eso mismo es tan importante la labor de prevención.

He restaurado objetos de colecciones particulares dañados por termitas, pero hay que hablar de desinfecciones. He tratado muebles y obras de arte. En ese caso atacan los marcos, los bastidores de las telas, atacan el soporte mismo cuando es madera. En esculturas de madera también. Se inyectan ciertos consolidantes de la madera, entonces se recuperan las características que se han perdido por el ataque de las termitas.

Mónica Bahamóndez: "Se requieren soluciones integrales"

La primera gran precaución que se debe tener es la inspección. Siempre estar pendientes del aserrín, que es un signo clarísimo de presencia de termitas. Lo otro importante es fijarse en la vegetación que está alrededor de los edificios, porque no se saca nada si se tiene cerca un árbol infectado. Por eso, se requieren soluciones integrales.

Eliminar las termitas es muy difícil. Un edificio se puede fumigar, y va a tener una solución temporal, pero las termitas volverán. La única solución es cambiar las piezas infectadas por piezas nuevas con tratamientos antitermitas.

Hasta hace poco el ataque de termitas no era común, pero cada vez lo es más. Hay muchos museos que tienen problemas; de hecho, en el Centro Nacional de Conservación y Restauración (CNCR) estamos restaurando una colección de pintura bellísima que tenía sus marcos totalmente afectados con termitas.

Una muestra de que éste es un problema concreto en el patrimonio es que en el CNCR diseñamos una máquina especial para desinfectar de insectos a los objetos. Se ponen en cámaras impermeables al oxígeno que llenamos con nitrógeno. Así, los objetos quedan sellados durante semanas, período en que las termitas mueren por asfixia. Todos los objetos que vienen con insectos xilófagos antes de ser restaurados se someten a este tratamiento. Es absolutamente eficaz y no deja ningún residuo en los objetos, pero tienes que repetirlo después de unos meses como prevención. Este sistema es más efectivo que los gases, porque éstos no penetran completamente los túneles que hacen las termitas.

Los hoyitos que dejan las termitas se pueden restaurar, pero es una locura. Significa tapar cada uno y después disimularlos con un pigmento. A no ser que se trate de un daño localizado y reciente, no se hace restauración, se hace conservación. Es decir, se mata la termita pero no se tapan los agujeros, porque eso sería casi hacer de nuevo el objeto.

Hernán Ogaz: "Es normal que existan xilófagos en las maderas de los museos"

Las termitas carcomen la madera por dentro, producen galerías y en esas galerías están los huevos y sobreviven las larvas. Estas son las que comen la madera y van produciendo un aserrín que es la evidencia de su presencia junto con los hoyitos.

Una madera muy dañada se quiebra con facilidad. Si está muy debilitada hay que inyectar productos consolidantes. Existen resinas y distintos tipos de materiales que se incorporan para mejorar su resistencia. Para las obras de arte en general se trata de evitar la incorporación de materiales que no sean los propios.

Es normal que existan insectos xilófagos en las maderas de los museos, sobre todo el anobium. Ese tipo se controla por fumigación ambiental y por inyección, porque se debe matar a la larva al interior de la madera. En casos más grandes, como edificios, se debe fumigar con gases. Actualmente trabajo en el Museo del Carmen de Maipú, donde unas cornizas estaban infectadas, pero ya pedí que las retiraran.



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Foto:El Mercurio


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