REVISTA DE LIBROS

Domingo 11 de Noviembre de 2007

Palabra y silencio en Lilian Elphick


En el marco de posibilidades que ofrece el acto narrativo encontramos, por una parte, escrituras que adscriben a una poética del decir diciendo, con una palabra que se expande y expresa llenando el espacio de la página en blanco, sometiendo al lector a importantes cantidades de información, a las definiciones y reglas que quiere -de algún modo- imponer el autor; y, por la otra, escrituras del silencio, minimalistas, microcósmicas, en las que la palabra escrita se repliega hasta la mínima expresión, como una manera de explorar significados, sentidos, imágenes que se potencian precisamente en el punto donde se inicia el silencio del texto.

Lilian Elphick pertenece a este último tipo de escritores, al de los que dicen lo mínimo y esperan que de ello surja el máximo significado posible. Así lo ha demostrado en sus anteriores publicaciones, de entre las que cabe destacar los excelentes cuentos de El otro afuera (Cuarto Propio, 2002). En su última publicación, Ojo travieso, el ejercicio es llevado al extremo, a un lugar donde la máxima economía de la palabra obliga a pensar en un texto lleno de significados en los que, sin embargo, la mayor parte de ellos termina por desarrollarse y adquirir pleno sentido fuera del libro como objeto, en un lector cuya retina actúa como telón de fondo. Elphick es una gran escritora de cuentos que se siente especialmente cómoda en la escritura de lo que se ha dado en llamar el microcuento, y dentro del cual cabe una gama variadísima de exploradores de palabra y silencio, desde Monterroso a Bellatin, en el ámbito latinoamericano. Desde las relativas 88 páginas de este libro, que son mucho menos en escritura estricta y mucho más en términos de resultado literario, vuelve a abordar sus exploraciones sobre la vida, la muerte, el amor, la compleja trama de sentido que se teje en el universo de la pareja, las distintas formas de violencia que se instalan en la vida cotidiana y el acto mismo de la literatura en tanto que gesto artístico.

Ojo travieso es un pequeño libro con grandes desafíos a la imaginación, con una invitación a leer más allá de la palabra impresa, a colaborar en la escritura descubriendo el relato implícito, a aceptar que la palabra en el papel sea breve y fugaz, pero que los significados posibles se queden pegados y se expandan a gusto del lector. "Y el fantasma vino corriendo y me atravesó. Cuando quise verlo ya no estaba. Ahora, dos pulsos me habitan y mi sombra algunas veces me besa en plena boca", habla de una impresión y de un efecto que la contradice, el fantasma no siguió de largo, no simplemente la atraviesa, sino que se queda, se instala y el lector puede imaginar las aristas posibles del resto de la historia no contada; un cuento que es solo título, "El significado del zen", y se abre en una página en blanco que entrega una imagen perfecta, llena de sentido, un sueño que cuenta: "Un pájaro soñó que era Chuang Tzu. Al despertar tenía brazos y no alas. Triste porque ya no podía volar, se dedicó a escribir. Una mariposa se posó en su ala y le dijo: 'No has despertado aún' ", insinuando que la realidad posible siempre conlleva una sorpresa mayor; las sugerentes historias que revisan textos mitológicos, leyendas y bíblicos en los Bestiarios I a III; o algo tan simple como "V", un cuento que habla de una ortografía alterada: "Un día todas las v cortas del mundo bolaron en bandada, representando una graciosa forma en el horizonte y que ahora algunas abes imitan", entregando una imagen amable y llena de humor, son sólo algunos de los ejemplos de este libro lleno de sorpresas.

Como epígrafe a uno de estos cuentos se incluye una frase de Clarice Lispector: "El silencio latía en la sangre, y ella jadeaba con él", y éste, como una de las muchas claves intertextuales que aparecen en Ojo travieso, denuncia la tensión que habita estos relatos mínimos, la fuerza de su significado y la razón por la que Lilian Elphick escribe libros breves y profundos que merecen ser leídos, celebrados como una muestra efectiva de la función literaria de su escritura microscópica.

Javier Edwards

OJO TRAVIESO

Lilian Elphick

Mosquito Editores, Santiago, 2007, 88 páginas, $5.500.

MICROCUENTOS


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