EL SÁBADO

Viernes 18 de Julio de 2003

Álvaro García y su balance sobre su paso por Inverlink
Perdí paz, prestigio y plata

Los diez meses que trabajó en Inverlink le costaron caro. Se quedó sin partido, sin las asesorías que prestaba, sin los amigos que creía tener. Ahora García ha vuelto a lo que sabe hacer: las consultorías. De su padre, de la indemnización que dice que no vieron sus hijos, de los que cree que, de verdad, sabían lo que pasaba en Inverlink, habla después de cinco meses de silencio.
Texto: Ximena Pérez Villamil

Fotos: Juan Eduardo López

Flaco como de costumbre, vestido de verde de pies a cabeza, haciendo juego con sus ojos, Álvaro García hace un crudo balance: "Los meses en Inverlink fueron los más caros de mi vida". Le costaron su militancia en el PPD, partido al que renunció; perder todas las consultorías independientes que estaba haciendo; constatar que tenía menos amigos de los que pensaba, y verse obligado a declarar en los tribunales.

Él lo resume así: "Perdí paz, prestigio y plata". Lo del dinero –explica– es porque todo lo que ganó en Inverlink no alcanza para pagar a su abogado, Davor Harasic. Su dieta como director de la AFP Magister era, según él, de 700 mil pesos mensuales; la de presidente de Le Mans seguros de vida 1,1 millones. Por una consultoría –hizo varias, siempre en el área comercial para acercar clientes a la AFP, la isapre y la aseguradora– podía obtener hasta tres millones. "El ser nombrado director de Empresas Inverlink, en diciembre del año pasado, no implicó incremento", asegura este economista de 49 años, graduado en la Universidad Católica y doctorado en la de Berkeley, California.

No llora miseria; simplemente responde a la consulta sobre los abultados sueldos que pagaba Eduardo Monasterio. Llama la atención, en todo caso, que un hombre que fue dos veces ministro, además de subsecretario de Mideplan, haya aceptado entrar al grupo Inverlink por cifras de ese orden. Él explica que ingresó en calidad de consultor: "Yo ofrecía servicios de análisis del entorno económico y un día me llamaron para que fuera a dar una charla. Después, di una segunda y puede haber habido una tercera". Lo contrataron en abril del año pasado y al mes siguiente le ofrecieron ser director de la AFP Magister y la presidencia de Le Mans.

En total, diez meses de trabajo. En el living de su casa de El Arrayán, que apenas logra temperarse con una salamandra, Álvaro García, quien ha guardado silencio desde que renunció a todos los cargos en Inverlink el 25 de febrero pasado, confiesa lo que ha vivido después de su salida: "He tenido rabia, he tenido pena, me he sentido frustrado. El peor momento fue marzo, cuando me informaba por los diarios de cosas que no podía creer que habían ocurrido y que yo desconocía. La cuestión de la Corfo y la corredora ilegal sobrepasaron toda mi imaginación. A esas alturas me sentía expuesto a cualquier cosa. Decían que me iban a citar a declarar, pasaban siete días y no me citaban. Lo más terrible es la intención que tenía todo, porque se generó una impresión terrible: que yo, por ejemplo, hice un esfuerzo por esconder información cuando quería cumplir con la ley".

Mientras aquello ocurría, este hombre se obligaba a hacer meditación, a mantener su rutina de ejercicios y a comer. Sólo las ojeras que se le vieron por televisión, y que ahora han disminuido, fueron la señal externa de lo que arrastraba por dentro.

García es un tipo poco expresivo, al que parece que no le entraran balas. Lo demostró cuando era ministro de Lagos y su padre fue la cara más visible del escándalo de las indemnizaciones, debido a que, por cinco años de servicio, cobró, gracias a un cambio que él mismo promovió en Enap, 157 millones de pesos, sin incluir vacaciones, pagos de impuestos y otros ítemes. García hijo siguió en su cargo de ministro y García padre –militante de la DC– no renunció a la indemnización como hicieron otros personeros.

Llamadas a Kaplán y Yuraszeck

La disciplina es algo natural a su persona. De lunes a viernes se levanta a las seis y media de la mañana. Sin despertador y aunque haya trasnochado. Dice que le gusta tener tiempo para sus cosas antes de trabajar. Trotaba por El Arrayán hasta que se hizo "tira" las rodillas hace tres años. Ahora medita una hora, lo que significa respirar y rezar en silencio. Se hizo vegetariano en California y, desde 1975, no ha probado un pedazo de pollo, carne o chancho.

Hace 18 años se le quemó completamente la casa de El Arrayán. Él estaba en Brasil. Su primera mujer, la norteamericana Nicole Mintz, y sus dos hijos mayores, Daniela y Álvaro, regresaban de un fin de semana fuera de Santiago y se encontraron con las cenizas. Como si fuera lo más natural del mundo, cuenta que arrendó la casa deshabitada del vecino, y que allá estuvieron diez meses mientras se construían otra. La actual es de adobe y madera, con desniveles y varias habitaciones pequeñas.

Volviendo a Inverlink, García recalca cada dos por tres que él no estaba en el área financiera, que no era su ámbito, que no tenía idea lo que pasaba en la corredora. "Yo recién tuve oficina en el edificio de Inverlink (en Apoquindo con Coronel Pereira) en diciembre del año pasado. Me ofrecieron una cuando empecé con las consultorías, pero no era muy cómoda y seguí en la mía de Vitacura. Esta otra alcancé a usarla los pocos días de febrero, porque en enero estuve unos días fuera de Chile".

–Si no tenía injerencia en lo financiero, ¿por qué llamó al alcalde de Viña, Jorge Kaplán, para pedirle que no retirara anticipadamente los depósitos de la corredora?

"Yo estaba preocupado por el hecho de que hubiera una corrida. Había un grupo de gente en el pasillo de Inverlink y, en un momento, pregunté y me dijeron que había personas que podían provocar una corrida porque tenían depósitos significativos. Me dijeron, creo que fue Monasterio, 'sería bueno saber qué van a hacer".

–¿Al llamarlo estaba usando su influencia política para pedirle un favor?

"A Kaplán no le pedí un favor, le dije que no retirara los depósitos anticipadamente, que le quedaban cuatro días y que el problema de los retiros anticipados era que producían corridas. Y punto. Me acababan de nombrar director del grupo (Empresas Inverlink) y evidentemente había un riesgo de corrida. Me constaba que las platas se estaban pagando con plenitud. Lo que hice fue tratar de aminorar el problema".

–Le salió cara la llamada.

"Desafortunadamente, ese hecho ocurrió en medio de todo el cuestionamiento y, por lo tanto, se me metió en ese carro. Creo que Kaplán tomó una decisión equivocada (al renovar un depósito por 1.500 millones) y trató de deslindar su responsabilidad. Equivocadamente no sólo por la injusticia de adjudicarle a otro una decisión propia, sino también porque abunda en su problema. Imagínate, un alcalde que decide invertir porque alguien lo llama por teléfono".

–Pero usted no es un don nadie. Es un economista, doctorado y era uno de los rostros serios del grupo.

"Si esa es la interpretación, lo lógico es que me hiciera caso. Y no lo hizo. Yo le dije que retirara los depósitos el día que correspondía".

Varios días antes de comunicarse con ­Kaplán, García realizó otro llamado. A José Yuraszeck, cuya empresa Comanda tenía nueve mil millones de pesos depositados en la corredora. "Me atendió Marcos Zylberberg. 'Quiero saber si van a retirar anticipadamente los depósitos', le pregunté. 'Es una decisión de Yuraszeck', me respondió".

Cuando inquirimos detalles acerca de si el llamado no fue directamente a Zylberberg, como se ha informado en la prensa, García plantea: "Mi secretaria fue la que llamó, puede que Yuraszeck no haya estado, pero la cosa es que apareció Marcos por el teléfono".

–¿Le pidió usted a su amigo Enrique Méndez, quien trabajó para el grupo Enersis, que llamara a Zylberberg y le pidiera que si le preguntaban por la llamada no confirmara nada?

"Yo soy muy amigo de Enrique; fuimos compañeros en el Saint George y en la Católica y él me comentó que había hablado con Zylberberg, no sé en qué momento, pero sé que habló después".

–¿Méndez hizo la gestión por propia iniciativa?

"No sé qué gestión pudo haber hecho. A lo mejor lo llamó para preguntarle qué pasaba".

–En qué quedamos, ¿habló o no habló con Zylberberg?

"Él me comentó que había hablado con él".

–¿Está arrepentido de los llamados?

"Sí. Posteriormente me sentí mal, porque estaba metiéndome en un área que no conocía y en la que no tenía ninguna relación. Por eso, no hice nunca más nada. Incluso, Yuraszeck me llamó de vuelta y preferí no hablar. 'Para qué me meto en una área en que no sé qué pasa', pensé".

Ajetreado último día

Su último día de trabajo en Inverlink fue el 25 de febrero pasado. El relato de aquella jornada se vuelve desordenado. Parte con un llamado del gerente general de Le Mans, quien le informa que había un hoyo por diez mil millones por el famoso cheque que la corredora no pagó. García cita a directorio, discuten la idea de que para salir de la situación, se hiciera un traspaso de acciones de las otras empresas del grupo, léase AFP, isapre Vida Plena y clínica Las Lilas, a Le Mans. Acto seguido presenta su renuncia ante los otros dos directores de Le Mans: Ignacio Wulff, socio de Monasterio, y Andrés Kern. De la oficina de Encomenderos, donde funcionaba Le Mans, se dirige al centro, a la Superintendencia de Valores y Seguros, habla con Álvaro Clarke –entonces cabeza del organismo–, le plantea la situación "y hago la denuncia". A decir verdad, lo que García llama denuncia fue informar del hoyo que quedó en Le Mans. De allí, subió al edificio de ­Inverlink en Apoquindo a presentar sus renuncias a los directorios de Magister y ­Empresas Inverlink, el holding del grupo. Su carta de renuncia se la entregó a Monasterio y al resto de los directores. Al día siguiente, volvió a Inverlink, "supongo que a sacar mis cosas y Monasterio me encara y me dice 'ha ocurrido esto' (la denuncia) y le digo 'sí, ha ocurrido esto'. No me acuerdo qué me dijo exactamente, pero algo como que era un traidor". Junto a Monasterio estaban Francisco Edwards, cuñado de García, socio minoritario y director de Empresas Inverlink; ­Antonio Yáñez, gerente general del holding, y un par de abogados internos. "Ellos ya ­sabían que había hecho la denuncia. Dije que me parecía inconcebible lo ocurrido". Entre idas y venidas, García envió el hecho esencial de carácter reservado en el cual informaba a la Superintendencia de Valores y ­Seguros del dinero faltante en Le Mans. El que fuera reservado y no público –de conocimiento para todo el mercado– fue cuestionado por la prensa, aunque defendido por el prestigiado economista José Cox, socio de ­Sebastián Piñera, quien envió una carta al diario apoyando la decisión de García. Se conocen, dice él, pero no son amigos.

Según García, "si el mercado sabía que íbamos a liquidar las acciones, estas se iban a depreciar y había que velar por el patrimonio de la compañía". Lo que no cuadra es que Monasterio estuviera dispuesto a desprenderse de todas las acciones de sus otras compañías para salvar a Le Mans. Pero García desoye el argumento, como si la ­intención de traspasar títulos de otras ­empresas del grupo bastara y pudiese ser considerado una negociación. Porque sólo en esos casos, cuando existe negociación en marcha, se pueden enviar hechos reservados a la ­Superintendencia de Valores.

–Insisto en que usted, en su calidad de director de Empresas Inverlink –el holding que controlaba la isapre, la AFP, la aseguradora y la corredora–, tuvo que haber tenido injerencia en el tema financiero.

"Sólo hubo una reunión del holding, el 27 de diciembre, cuando se constituyó el directorio y se dio la bienvenida. Fue la última, porque después salimos de vacaciones".

–El contador de Inverlink, Patricio Reyes, declaró a La Tercera que los directores, ­incluyéndose usted, conocían el endeudamiento del grupo, que sabían que era un ­endeudamiento no autorizado.

"Él fue bien explícito en señalar que había informado al directorio de las deudas formales, pero de las informales no, porque no sabía. Nosotros no conocíamos las deudas informales. Cómo puede decir que las conocíamos si él no las conocía. Es una cosa bien rara".

–¿Quiénes sabían de la corredora informal, del apoyo ilegal de la Corfo y de la ­información que recibían del Banco Central gracias a Pamela Andrada?

"Los únicos que se movían en ese mundo eran Bertinelli y Monasterio. Tengo una duda respecto de Ignacio Wulff, creo que él sabía y dejaba hacer, pero no era un actor".

La muerte y las acusaciones

A estas alturas, a casi cinco meses de renunciado, el ex ministro ha vuelto a lo que sabe hacer: las consultorías. A eso se dedicó cuando regresó del doctorado. Asesoró al BID, a la Cepal, a la OIT, a la ONU, y a gobiernos latinoamericanos en políticas económicas y de desarrollo. Cuando el presidente Lagos –de quien no ha sabido nada desde que estalló el escándalo de Inverlink– le pidió la renuncia a la Secretaría General de la Presidencia, volvió a las consultorías. Tenía varios clientes. Hoy no le queda ninguno. El Banco Mundial lo contrató después de su salida de Inverlink para ­definir "un marco comprensivo de desarrollo para la presidencia del banco". Es la ­traducción del inglés al castellano de su trabajo, que consiste en mirar las distintas políticas de desarrollo de distintos países en el ámbito económico y social, "que ellos después aplican a sus créditos". Estuvo una ­semana en Washington a comienzos de julio para entregar parte de lo que ha hecho.

Su asesoría a Ferrostaal, el consorcio alemán que postula a la construcción de ­buques para la Armada, terminó en el plazo ­estipulado.

"En este tiempo, me he dado cuenta de que uno tiene menos amigos de los que creía. Pero los que tengo son mucho mejor aún de lo que pensaba", reflexiona cuando se le consulta por los apoyos incondicionales que ha recibido.

A García le ha llovido sobre mojado. El 18 de diciembre del año pasado se murió su padre de un cáncer al páncreas que duró diez meses y en el que no hubo tratamiento posible. "El papá lo pasó muy mal, era una persona que no expresaba ese malestar y trataba de mantenerse dignamente. Yo creo que uno puede somatizar un cáncer, pero no puedo afirmar que es lo que le haya ocurrido".

–¿Le dolió que junto con informar su muerte, los diarios mencionaran la indemnización millonaria y la querella por malversación de fondos que lo tuvo dos días preso en 1972, por un préstamo que otorgó siendo presidente del Banco del Estado para financiar la campaña de Tomic?

"La verdad es que no me extrañó. Ya estoy acostumbrado a eso. Es lo único que uno lee referido a cualquier situación".

–Ahora que él esta muerto y que no le va a hacer daño, puede decir si usted le pidió que devolviera la indemnización.

"Yo en ese tiempo era ministro y lo pedí públicamente. No a mi padre, a todos".

–Él no le hizo caso.

"Mi padre estimaba que al devolverla, tenía la connotación de reconocer que eran recursos mal habidos. Él estaba bastante consciente de que para los chilenos no era comprensible por la magnitud de las platas envueltas, más allá de lo adecuado o inadecuado de los procedimientos".

–¿Ha pensado de qué sirve el dinero si el nombre y la credibilidad terminan por el suelo?

"No sólo lo he pensado, sino que ha sido la regla de mi vida. Tengo esta casa desde hace 25 años, tengo una casa en Tunquén que me compré hace 14 años. No quiero más y no tengo más".

Ni Álvaro ni sus otros tres hermanos ­–Alfredo y Rodrigo, ambos agricultores que viven en Chillán, uno en el pequeño campo de la familia, y el otro, porque es dueño de la viña Valle del Itata, y Pilar– ni tampoco Diego, su medio hermano, recibieron herencia de su padre. De la millonaria indemnización, dice García, no han visto nada. "Mi padre tenía participación en algunas empresas a las que no les ha ido muy bien y que han requerido inyecciones de capital, sin muchos resultados". Por cierto, dos días antes de que muriera Álvaro García padre, el diario La Tercera informó de una querella por estafa en su contra presentada por una pareja que pagó por un proyecto de tiempo compartido en Reñaca, que nunca se ejecutó. El dinero nunca les fue devuelto.

Su padre, cuenta, no alcanzó a enterarse. "Ese proyecto implicó pérdidas enormes, compraron los terrenos carísimos. Es un área en la que, en todo caso, nunca me involucré. Yo estaba en el gobierno".

–¿Siente que ha pagado más caro por ­llamarse igual que él y porque los hechos ocurrieron con poco tiempo de diferencia?

"Sí. Es cierto que parte del problema en que me he visto envuelto está relacionado con esta concatenación de hechos en donde las indemnizaciones fueron bien importantes".

Pese a todo, García está agradecido de su padre, a quien describe como "un personaje extraordinariamente amable, respetuoso, que sabía acompañar y también dejar cuando correspondía. Ese es el recuerdo que tengo y esa es la persona con que me sigo relacionando aunque él esté muerto".

Y así como su padre renunció a la DC, su hijo lo hizo al PPD. No es la única coincidencia en la vida de Álvaro García Hurtado. Sus dos matrimonios tienen una característica común: sus dos señoras son extranjeras y dejaron sus países por él. "¡Qué terrible!", bromea. Nicole Mintz, a quien conoció en Berkeley cuando ella estudiaba ecología y que hoy es una de las dueñas del restaurante El Huerto, abandonó California y se vino con él a Chile. Y la argentina Cecilia Dellacasa, con quien tiene a Diego, el menor de 13 años, dejó Hawai, donde vivía con su hija Selene Podolni, por este chileno flaco, vegetariano, que alguna vez fue campeón nacional de natación en modalidad pecho, que tuvo handicap ocho en golf y que ahora anda en bicicleta.

"El papá lo pasó muy mal, era una persona que no expresaba ese malestar y trataba de mantenerse dignamente. Yo creo que uno puede somatizar un cáncer, pero no puedo afirmar que es lo que le haya ocurrido". En la foto, junto a su padre y el rector del Saint George el día de su graduación.


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Foto:Juan Eduardo López


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