REPORTAJES

Domingo 7 de Enero de 2001

Cambio Chico, Infierno Grande
El Ajuste que Perjudicó a Claudio Orrego

El ex biministro supo de boca de Lagos que podría ser removido. Sin embargo, como lo dejaron sobrevivir hasta el 10 de diciembre, se dio por confirmado. Su salida resultaría menos conflictiva que la de cualquier otro democratacristiano. Además, se potenciaría a otro decé con aspiraciones presidenciales. Pero la forma en que se hizo el cambio, sin darle tiempo a Orrego de continuar con su carrera política y sin avisarle a la DC, hizo que el ajuste se transformara en otro dolor de cabeza para el oficialismo.
Por Pamela Aravena Bolivar

CUANDO a fines de noviembre comenzaron los rumores sobre un posible cambio de gabinete, el nombre que más fuerte sonó fue el de Claudio Orrego, el niño maravilla y el más joven de la Generación del 80 concertacionista.

Desde ese momento y en adelante, dentro del biministerio de la Vivienda y Bienes Nacionales, cada vez que se discutía sobre la viabilidad de concretar algún proyecto o idea, se decía con cierto humor: "todavía nada se puede decidir, después del 11 hablamos".

La posible salida Orrego prácticamente paralizó a sus subordinados.

El 10 de diciembre era la fecha límite que los ministros tenían legalmente para renunciar a sus puestos y presentarse como candidatos a diputado o senador. Era obvio que Ricardo Lagos - por consideración a las carreras políticas de sus asesores- guardaría las precauciones y avisaría con tiempo quiénes se irían.

En esas condiciones todos creyeron que el sobre azul para Orrego llegaría el 7 de diciembre, cuando fue citado a La Moneda por el Presidente.

Lagos le dio a Orrego señales claras, cuando le habló de considerar la posibilidad de ser candidato a diputado o de asumir la Intendencia de la Quinta Región (a pesar de que su candidato a ese puesto siempre había sido Raúl Allard, incluso antes de nombrar a Josefina Bilbao).

El biministro se negó y prefirió el gabinete, asumiendo la principal crítica que se velaba desde Palacio: que no había lucido el biministerio, que se había dedicado a los temas de ciudad más que a construir - y sobre todo inaugurar- conjuntos habitacionales, que no supo sacarle lustre al hecho de que Vivienda era el principal creador de puestos de trabajo del Gobierno.

Continuó, entonces, con la agresiva campaña comunicacional que había iniciado a fines de noviembre, yendo a terreno, siendo entrevistado en los matinales, ofreciendo entrevistas.

Como Lagos no le pidió la renuncia ni el 7 ni el 10 de diciembre, no sólo sus subalternos, sino que él mismo y hasta la prensa lo dieron por confirmado. Era un espaldarazo, por lo menos hasta marzo.

Comprendiendo el valor de la segunda oportunidad, Orrego continuó con su nueva faceta comunicacional que le devolvió el perfil de hacedor: conferencias de prensa, participación en seminarios, entrevistas televisivas y publicación de artículos de opinión sobre la ciudad, consiguieron revertir la imagen de poco lucimiento.

Sin embargo, el aliento que le dieron desde La Moneda fue escaso. Como una mala broma de inocentes, el 28 de diciembre le pidieron su cargo, dejándolo a él, que había sido uno de los primeros laguistas dentro de la DC, sin pan ni pedazo.

Buena estrategia

Es cierto que la movida de Lagos solucionaba un montón de problemas estratégico-partidista a la coalición.

Uno de los graves conflictos del PPD era que Sergio Bitarveía peligrar su sillón de senador, por la competencia de un peso pesado como Jaime Ravinet. Obviamente si el actual senador perdía frente al ex edil, se crearía un problema no menor dentro del partido del Presidente. Es que Bitar es el contrapeso de Guido Girardi, por lo que su pérdida de poder influiría en los equilibrios internos de la colectividad, podría aumentar el conflicto interno y redundar en el gobierno.

Dejarle la pista libre, al quitarle su principal obstáculo para seguir en el Legislativo, era una meta a lograr.

Jaime Ravinet por su parte, es hacedor, técnico, eficiente y decé como Orrego, pero maneja el tema urbano mejor que su antecesor y, por sobre todo, es un mago del marketing. Era evidente que el ex alcalde le sacaría lustre al Ministerio, tal como en algún momento lo hizo Lagos en Obras Públicas. No era secreto, por lo demás, que Ravinet prefería un ministerio antes que una senaduría en la 1 Región, la que, por lo demás, no tendría asegurada hasta que se contaran los votos en diciembre del 2001.

Dentro de la DC se asegura que, aunque el colorín explique una y otra vez que se sorprendió con la propuesta tanto como el resto del país y que sólo el mismo jueves 28 de diciembre se enteró de ella, la verdad es que el jefe de gabinete José Miguel Insulza ya lo había tanteado, aunque en principio vitrinearon otros ministerios.

Su inclusión en el gabinete también serviría para frenar los ímpetus independentistas y críticos de Ravinet hacia la gestión de gobierno, que podría asumir en su afán de no perder protagonismo para las próximas presidenciales. A la par, desde Vivienda el decé sería un buen contrapeso para la figura deJoáquín Lavín y conseguiría con una buena gestión mejorar la imagen corporativa del gobierno, a la vez que subir sus propios bonos personales.

En otras palabras todos, más bien casi todos, se verían beneficiados.

Todo hubiera sido perfecto si, además, le hubieran avisado a tiempo a Orrego.

El más débil

Era verdad que Orrego tenía problemas de trato con sus colaboradores, que le habían significado - entre otras cosas- conflictos con su subsecretaria, la socialista Sonia Schorne.

En su afán perfeccionista y eficiente, exigía de maneras no siempre aplaudidas que las metas se cumplieran.

Era cierto también que le ha dado especial relevancia a la modernización computacional del biministerio - que a pesar de sus esfuerzos aún no sale del subdesarrollo, con mayoría de computadores sin lector de CD's y sin posibilidades de acceder a información al instante y en línea- y a los proyectos del bicentenario, antes que a los contratos vistosos y los cortes de cintas, tan importantes para un gobierno en problemas como ha sido el de Lagos.

Era real que no era bien evaluado por La Moneda, pero también era obvio que no era un mal ministro, ni menos el peor. Mal que mal consiguió gastar el 97% del presupuesto, obtuvo su inicial meta de contratar 21 mil viviendas básicas, aportó más de 35 mil empleos directos y cerca de 64 mil indirectos (en un sector que ostenta un 20% de cesantía).

A pesar de ello y debido a los persistentes rumores, a principios de diciembre el partido prácticamente ya daba por descontada su partida del ministerio.

Además, como Orrego no forma parte de los acendradoscírculos de poder del partido, no tenía una base sólida como para afirmarse dentro del gabinete - como sí la tiene Claudio Huepe, por ejemplo- . Su debilidad política y su fuerte biministerio lo transformaban en el candidato ideal para salir del Ejecutivo sin causar gran escozor ni contratiempos a la Concertación.

Pero se equivocaron en 18 días. La forma en que se hizo el cambio rompió todos los esquemas en el partido. Consideraron que se hizo por sobre el ministro y su carrera política, y por sobre la DC, que tenía contemplado a Ravinet no sólo como senador para la 1 Región, sino también se había evaluado su participación en la 3 o la 5 Región. Mal que mal, Ravinet era su peso pesado en la cartilla parlamentaria.

La decisión derrumbaba un año de ajustes dentro del partido. Por eso se empezó a decir dentro de la DC que ésta fue la inauguración del "dedazo" al estilo PRI de Lagos, donde los nombramientos y designaciones no son consultados con nadie; donde se pide apoyo de los partidos, pero donde el Gobierno no respeta la institucionalidad democrática de ellos.

Su decisión le pareció a la DC una operación política de corto plazo para salvar a Bitar, más que para potenciar a Ravinet.

Consideran además, que se obvió la teoría de Lagos de que se debía privilegiar a los jóvenes. "No es el que dicen que es", repiten. Porque aunque nunca ha sido su fuerte, su gobierno perdió sintonía fina para sortear problemas con los partidos.

Culpan de ser cómplice de la mala actitud del gobierno a su camarada Jorge Burgos, pues se estima que él - en razón de estar subrogando al ministro del Interior- sabía con anticipación que Orrego saldría del gabinete. No comprenden por qué no advirtió con tiempo la decisión para negociar y quizás evitar el ajuste.

Si bien el más molesto fue la G-80 porque Orrego era su único representante en el Ejecutivo, la ira golpeó transversalmente al partido.

Una de las cabezas de la generación del 80, Eduardo Safirio, recuerda que hay maneras más estéticas de hacer las cosas, augura que este episodio evidencia la falta de pulcritud que ha existido en el Gobierno en su relación con los partidos y acusa que el hecho nuevamente romperá las confianzas ya heridas dentro de la Concertación. "Le dispararon por la espalda, a quemarropa a los grupos más jóvenes", afirma.

Y el debate subió de grado cuando a la afirmación de Lagos sobre su autonomía para designar a los hombres de su confianza y que éstos lo representan a él y no a los partidos políticos, el presidente del senado, Andrés Zaldívar, le replicó "que los ministros que integran el gabinete están ahí porque pertenecen a un determinado partido político".

Entretanto, la G-80 y otros amigos cercanos organizaron una cena de desagravio para Claudio Orrego, que se realizará este jueves en el Círculo Español, para demostrar la molestia que existe por la forma en que se trató a uno de los más leales laguistas del gobierno.

Consejo complicado

Por otro lado, las críticas a Ravinet - por no haber avisado al partido, por haber aceptado el cargo a pesar de la forma en que se haría el cambio y ahora por intentar nombrar él a su sucesor en las parlamentarias- suman y siguen.

Incluso, algunos más duros dudan de la valentía del ex alcalde, recordando que nunca se ha atrevido a pelear un cargo político. Se fue justo cuando Joáquín Lavín se presentó por Santiago y sólo días después de ser incluido en la plantilla parlamentaria, aceptó el ministerio evitando medirse con Bitar.

Se espera que en el Consjo Nacional de mañana las críticas al colorín, quien, dicen, no representa al partido en el gabinete apuntarán a dejar establecido a que privilegió su posición personal por sobre el bien común de la colectividad. También se intentará coincidir en una crítica al Gobierno por haberlos sorprendido con una decisión que el partido ya tenía por descartada y por no haber considerado al menos la opinión de esa tienda política en este primer ajuste ministerial, donde el único ministro que salió fue un democrata - cristiano.

El minicambio de gabinete consiguió encender los ánimos dentro de la coalición de gobierno. Fue un cambio pequeño, es cierto, pero el infierno que creó aún no termina.







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Claudio Orrego se fue lealmente. No desea hablar hasta tener ordenada su vida. Se dice que ha recibido ofertas del sector privado, que estaría evaluando aceptar, para después volver a la política sin pedirle favores económicos a nadie.
Claudio Orrego se fue lealmente. No desea hablar hasta tener ordenada su vida. Se dice que ha recibido ofertas del sector privado, que estaría evaluando aceptar, para después volver a la política sin pedirle favores económicos a nadie.
Foto:Jorge Jouannet


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