DEPORTES

Domingo 17 de Abril de 2005

COLO COLO:
Lo llevan en la sangre

La familia Arellano no se extingue con la figura del primer capitán y mártir albo, David, o de sus hermanos fundadores. Ochenta años después del nacimiento del club más popular del país -que se cumplen el martes 19 de abril- los descendientes de aquellos pioneros abren sus recuerdos y lamentan la pérdida del espíritu que inspiró la creación de la entidad.

Javier Piñeiro Dávila

E l 24 de junio de 1891 trajo felicidad para Antonio y Rosario. Aquel día nació su primogénito, Alberto, quien luego vería llegar a sus hermanos Paulina, Francisco, Carlos, Alejandro, David y Guillermo. Era el clan Arellano Moraga, una familia que haría historia en el deporte chileno y cuyos miembros ya fallecieron.

Un siglo más tarde, también un mes de junio, aunque el día 5, Colo Colo conquistaba el título más importante que atesore el balompié criollo: la Copa Libertadores de América. Vino el banquete de rigor y... "nadie nos llamó para invitarnos. De hecho, fuimos a la comida porque nos avisó una persona que no tenía nada que ver con el club. Y cuando nos presentaron al presidente de la época, un señor Menichetti, nos saludó fríamente".

Quien habla es Rosario Arellano Arellano, hija de Alberto Arellano Moraga y sobrina de David, dos de los impulsores de la creación de Colo Colo el 19 de abril de 1925 (ver recuadro). El primero fue clave como organizador de la institución, mientras que el segundo (nacido el 29 de julio de 1902) sería capitán, símbolo y prócer (falleció el 3 de mayo de 1927, en España, tras recibir un golpe que le detonó una peritonitis aguda).

Cuando se cumplen ocho décadas del nacimiento del cuadro blanco, los descendientes de los héroes albos no piden figuración ni rédito económico. Sólo cuando se les consulta, muchos de ellos dejan ver su molestia por la "falta de deferencia".

Rosario es hermana de otro Alberto, "Tito", quien reside desde hace 30 años en Viña del Mar.

"En el club nos han ignorado. Y da pena ver cómo está hoy Colo Colo. Los directivos se han robado todo el fútbol chileno, como gatos de campo. Es triste que se pierda el espíritu impregnado por mi tío David, mi papá y sus hermanos", lamenta el kinesiólogo.

Alberto, un guía

Sin ser futbolizada, hay datos que Rosario no olvida: "La idea de mi papá y mis tíos es que fuese sólo un equipo de chilenos, de gente que tuviera amor a la camiseta. Tengo tan grabado verlos molestos cuando el club contrató a su primer extranjero (los peruanos César Socarraz y Arturo Fernández, en 1940). Mi familia mantiene ese sentido de pertenencia y mis nietos, como Simón (quien posa en la foto con camiseta alba), gozan y sufren con los partidos".

"Mi papá fue profesor y periodista deportivo. Con él tenía cerca de 50 años de diferencia, pero me llevaba al Estadio Nacional. Siempre me habló de mi tío David como alguien de grandes condiciones deportivas y mucha bondad. Mi papá lo guió para que fuera profesor... En las reuniones familiares conocí a mis otros tíos y algunos primos. Mi papá fue el que más estudió y era muy dedicado a ayudarlos en lo que fuese necesario. Con el que más nos integramos fue con el tío Guillermo. A mi padre lo veían como de otro estrato y, por lo mismo, no siempre se le acercaban tanto. Cuando yo ya estaba mayor, me llevó donde mi tío Pancho, que vivía en forma más modesta en el sector de Mapocho", rememora Alberto.

Y agrega Rosario: "Mi papá fue presidente del Círculo de Periodistas Deportivos. Falleció en 1974 y salió en todos los diarios (N. de la R: conserva los recortes). Fue muy querido en Chile y en Sudamérica".

Su esposo, Francisco Ramos, repasa las tertulias con don Alberto. "Los Arellano Moraga eran originales del Santiago antiguo, entre Quinta Normal y la Estación Central. Varios de ellos, incluso, trabajaron en ferrocarriles. Mi señora se crió en Bellavista 0769, a orillas del San Cristóbal. Tuvimos contacto con muchos periodistas, más que con los futbolistas. Don Alberto, de hecho, fue quien llevó como ayudante al diario "La Opinión" a Julio Martínez. De los dirigentes, el que más contacto mantuvo fue Róbinson Álvarez (mandamás en los períodos 1934-35, 1939-42, 1943-49)".

"En la casa de Covadonga se quedaron Alejandro, su esposa (Inés Grisolia) e hijos. La que más relación tuvo con Colo Colo fue una hija de ellos, Inés, quien trabajó como recaudadora del club y ya falleció. La otra prima que se relacionó un tiempo es la María Eliana, que pololeó con Mario Moreno, un gran jugador de Colo Colo", dice Rosario.

Los frutos de Guillermo

La aludida María Eliana Arellano Aguayo es hija de Guillermo (el menor de los pioneros) y sobrina de David.

"Mi padre fue excepcional, muy culto y preocupado por la gente. Era conciliador. Siempre me dijo que era el más parecido a David. Cuando falleció, en 1999, recibí las condolencias del entonces presidente, Peter Dragicevic. Él no tenía colores políticos y gracias a él conocí a presidentes de Chile como Gabriel González Videla, Salvador Allende y Augusto Pinochet. Mi papá, como David, era un educador que pretendía inculcar principios y aspiraba a un deporte de primer nivel", advierte.

"Mi abuelo ayudó a muchos jugadores y al club. Cuando se inauguró por segunda vez el estadio Monumental (1989), a cuya cancha bautizaron David Arellano en ese momento, estuve sentado con él muy cerca de Dragicevic. En ese sentido, por lo menos con él, hubo deferencia", interviene Marcos Guillermo Aguirre, hijo mayor de María Eliana.

Henchido de orgullo, el abogado consigna la participación de Guillermo en el Mundial de 1930. "Le hizo un gol a Argentina", menciona. "En ese campeonato le pegaron tan fuerte en el oído que, tiempo después, fue el primer chileno que importó un audífono. ¡Costó una fortuna!", añade la madre, dedicada al corretaje de propiedades.

Los otros dos hijos del matrimonio Aguirre Arellano son Carmen Paz, casada en Estados Unidos con un primo hermano de Juvenal Olmos (llamado Ricardo Juvenal Olmos), y Patricio, otro fanático del club albo.

"Con Marcos Guillermo tratamos de ir siempre a los partidos. Da pena ver hoy tan mal a Colo Colo. Compré acciones en 1989 y ahora vamos a la Tribuna Cordillera. Y si hay que comprar acciones en la nueva sociedad anónima, lo haremos para ayudar", cuenta el benjamín de María Eliana, quien tampoco descarta invertir.

Alberto Arellano Jordán, hijo de "Tito", posee un gran parecido físico con los fundadores y reconoce el fanatismo por el equipo popular.

"Como vivimos en Viña, tenemos un lugar en que nos juntamos a ver los partidos: la Ruca de Miraflores", señala. "Es un rincón albo", se ufana su hermano Pedro.

Así como el kinesiólogo y su hijo homónimo han jugado por años (ambos destacaron en sus universidades y el segundo actúa hoy en el Tarapacá, que compite en la ANFA), ni Marcos Guillermo ni Patricio barajaron la opción de jugar profesionalmente.

"Estudié en el San Ignacio y habían muchos buenos, como Raimundo Tupper y Francisco Hörmann", admite este último. Pero no todo está "perdido". A su lado, el único nieto varón de María Eliana, Diego Ignacio, golpea un balón.

A la abuela le brillan los ojos. "En una de esas, él toma el legado", proyecta. La hija de Guillermo se entusiasma con los recuerdos. Y se sonroja un poco al reseñar su noviazgo con Mario "Superclase" Moreno.

"Estuvimos comprometidos en 1960, antes de conocer a Marcos, mi esposo. Él ya estaba en la selección que se preparaba para el Mundial", confiesa María Eliana.

Un golpe eterno

La muerte de David Arellano en Valladolid marca a fuego a la familia.

"Cuando estaba en Santiago participaba de las romerías a la tumba de mi tío. El cuerpo estuvo mucho tiempo en el mausoleo de la familia Arellano Riesgraf, que era de mi abuela por parte de mamá, antes de que fuese traslado al del club", apunta Alberto.

"Es algo que se transmite de generación en generación", valora Daniela, la hija mayor de "Tito".

"El tío David fue una persona muy inteligente, de una gran vitalidad. Su interés era enseñarle valores a la gente. Y el fútbol era una vía sana. La gente lo quiso mucho y su funeral fue multitudinario", sostiene Rosario.

"Cuando trajeron el cadáver desde España, mi papá (Guillermo) lo acompañó en el vagón que vino desde Valparaíso. Tocó la cara de David y fue un polvo que cayó como desintegrándolo. Mi papá guardó muchas cosas de ese viaje, verdaderas reliquias. Las llevaron a la sede de Cienfuegos y allí desaparecieron... Le voy a contar algo que pocos deben saber: mi abuelita Rosario, la mamá de David, estaba muy sobresaltada el día en que ocurrió la desgracia en España. Antes de que le avisaran a la familia lo que había pasado, ella dijo a Davicito le pasó algo. Siento que se vino a despedir de mí. Tres días más tarde, llegó la noticia con su muerte. Es un hecho que nos marca a todos", narra María Eliana.

"Es que a Colo Colo lo llevamos en la sangre. Literalmente", sentencia Marcos Guillermo a su lado.

El mito de la paternidad

David fue uno de los dos varones Arellano Moraga que no tuvo descendencia verificada (el otro fue Francisco, el "Mono").

Sin embargo, en diversas oportunidades, a la familia llegaron versiones relativas a la posibilidad de que el mártir hubiese procreado un vástago.

"Son sólo historias. No es verdad. Mi papá, Alberto, averiguó y no encontró nada", remarca Rosario. "Una vez se acercó un hombre diciendo que era hijo, pero ni siquiera coincidía su edad con la fecha de muerte de mi tío", relata María Eliana.

En rigor, no hay documentos sobre una eventual paternidad de David. Aunque hay quienes hoy aseguren lo contrario. El caso con mayores señas es el de Elba Saldías Escobar, de 86 años, quien lleva el apellido de su madre (Luisa) y de un tío.

"Mis abuelos llegaron a vivir a la calle Thompson y fueron vecinos de los Arellano. Ellos eran bien picaditos de la araña, pero buenos niños. Mi papá era muy joven cuando conoció a mi mamá. Habrán tenido 16 y 15 años cada uno. El tío que me quiso mucho fue Pancho. Él me contó la historia y fue padrino de matrimonio de mi hija menor. Mi abuelita por parte de padre, Rosario, también me ayudó mucho. Mi madre tuvo que trabajar y mi tía Aurelia, esposa de Carlos Arellano, me dio de mamar. Dicen que no soy su única hija porque habría un niño mudo que habría tenido con otra mujer", asegura la mujer, quien vive en la población José María Caro.

Doña Elba -quien solía ir al estadio a apoyar a Colo Colo- dice que no guarda rencores. "No hay cómo comprobar con papeles que soy su hija. Y no me interesa. He sido una persona feliz, aunque mi madre me inculcó un temor a mi papá. Recuerdo una vez que vino a mi casa, entró silbando y me llamó con un grito. Eso me intimidó. Era sábado y él andaba con su maletín donde guardaba su ropa para jugar. Después fui al funeral y vi su cuerpo embalsamado en la tumba de terciopelo café. No reniego contra él, pero cuando me dio esos gritos, arranqué. Si hubiese querido conversar conmigo, se hubiera acercado de otra forma".

"Vámos Quiñonez"

Colo Colo nace oficialmente el 19 de abril de 1925 tras una división interna en Magallanes. Motivados por la necesidad de progreso, un grupo de jugadores toma la decisión de abandonar la Academia para llevar adelante sus renovadoras ideas.

"Ancha es la puerta", les había dicho el presidente subrogante del cuadro carabelero, Santiago Nieto. Heridos en su orgullo, sobrevino el grito: "Vámonos Quiñónez", le dijeron a Juan, quien había hablado en representación de los futbolistas que se escindían.

Y Juan se marchó junto a David y Francisco Arellano, Clemente Acuña, Rubén Sepúlveda y Rubén Arroyo. Luego se les unirían otros jugadores, entre ellos Luis Contreras, quien propuso el nombre de Colo Colo. Meses más tarde se sumaría Guillermo Arellano (de entonces sólo 15 años), para completar el cuarteto de hermanos.

¿Quién era el otro? Alberto, entonces de 34 años y quien cumplió una labor clave fuera de las canchas. No en vano, organizó la maratónica gira que llevaría a los albos hasta Chiloé (1926) y tendría un activo rol en el primer periplo hacia Europa (1927).

"Dos hermanos, hombres inteligentes y sensibles al mismo tiempo. Uno en la cancha, jugando, aprendiendo y enseñando un fútbol científico; el otro, organizando, planeando la estrategia. Entre ambos dieron vida a un club que más tarde tendría que revolucionar a todo el fútbol y que lo obligaría a romper sus moldes estrechos (...) Fueron David y Alberto Arellano", escriben Edgardo Marín y Julio Salviat en "De David a Chamaco" (1975).

LOS PRECEPTOS

Los creadores dictaron siete principios. Uno era "tener completamente preparado el ánimo para recibir victorias, empates o derrotas".


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María Eliana con su hijo Patricio y sus nietos Daniela y Diego.
María Eliana con su hijo Patricio y sus nietos Daniela y Diego.
Foto:José Alvújar


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