VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 12 de Junio de 2004

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Desde el acceso hasta la última conexión eléctrica, todo estuvo incluido en la restauración de la Iglesia San Agustín.
Texto, Claudia Pérez / Fotografías, Homero Monsalves

Arreglo de fachadas y muros interiores, de vidrios y vitrales, de puertas, ventanas y mamparas, de pisos, cielos y techumbres. Esas fueron parte de las intervenciones que durante un año se ejecutaron en el Templo Nuestra Señora de Gracia, más conocido como Iglesia San Agustín, ubicada en Agustinas con Estado, en Santiago Centro.

Los trabajos realizados por un equipo de 80 personas, encabezado por el arquitecto Cedric Purcell y el restaurador Hernán Ogaz, le cambiaron la cara hasta a los Santos de este Monumento Nacional que se comenzó a levantar en 1608 y que hasta 1985 sufrió varias modificaciones: tuvo tres techos, pasó del barroco al neoclásico y de la piedra al adobe y luego al hormigón, fue pintado y repintado.

- Por un año estuvimos investigando para descubrir cómo había sido la iglesia realmente, y cómo trabajar en un lugar que estaba estructuralmente en buen estado, pero mal mantenido- , comenta Purcell.

Luego de este tiempo, concluyeron que la intervención hecha por Fermín Vivaceta en 1860 ­quien redecoró el edificio y le agregó la fachada y las torres de los campanarios, dándole el aspecto neoclásico­, sería la guía "porque era la expresión que había tenido en el pasado más cercano y sobre la que existían más testimonios", explica el profesional.

Las huellas de ese período las encontraron principalmente en la Sacristía, recinto que conservaba los colores y elementos que Vivaceta ocupó, y que reprodujeron en el resto de la construcción.

- Ocupamos materiales que atestiguaran lo que había sido esa época, como estuco intónaco en los muros, mezcla usada originalmente, hecha con arena, cal y tierra de color- , dice el arquitecto.

El equipo de profesionales, más que agregar cosas, eliminó aquellas que no respondían a ningún propósito y que deslucían el edificio, como ventanas ciegas, arcos peraltados sin proporción y capas de pintura. De esta forma se rescataron las que sí tenían que lucirse, como las superficies policromadas con imitación de mármoles y las molduras y filetes de cornisas.

Otros elementos que estaban opacados por la suciedad y el esmog eran las imágenes religiosas que se encuentran en los altares de las naves laterales, y que en su mayoría corresponden al siglo XIX, como las de Nuestra Señora de Gracia y Santa Rita, o el Cristo de Mayo del siglo XVII.

- Se hizo un taller dentro del mismo templo para restaurarlas porque, entre otras cosas, alguien las había pintado con látex. También se repararon las pinturas del techo y se despejó el retablo mayor, que había sido tapado por un altar preconciliar, uno postconciliar y un comulgatorio- , dice Purcell.

La iluminación fue otro recurso usado para destacar los Santos y el edificio en general, y estuvo a cargo de la especialista Paulina Sir. Ella cuenta que el mayor desafío consistió en introducir la tecnología de tal forma que no pasara a llevar la historia y que no contaminara visualmente el edificio. "Observamos la ornamentación y detalles arquitectónicos para poder ocultar ahí los focos y conexiones", explica.

La idea fue no agregar nada, porque las lámparas existentes en los pilares y arcos eran, como dice la profesional, "suficientes para vestir el espacio". Una vez hechas las restauraciones, se les cambiaron las ampolletas por unas con forma de vela, iluminación usada en los tiempos de Vivaceta, que alumbran de modo más tenue el plano inferior de la nave central. En el superior, en cambio, se usó una luz más general y potente para destacar las pinturas del cielo y unificar el espacio.

En tanto, en las naves laterales el trabajo de luces se centró en los altares. "Cada uno es diferente, y se hizo de manera individual para darle su propia atmósfera, pero en todos se buscó crear, por medio de focos ocultos, la impresión de que las imágenes están flotando", cuenta Paulina.

La fachada también fue tratada con luces que resaltan los diferentes detalles constructivos como balaustradas y torreones, porque según Cedric Purcell, aquí, como en todo el edificio, "las intervenciones debían apoyar la arquitectura y respetar la historia".


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En la nave central, la luz más tenue es la que acompaña el recorrido de los fieles.
En la nave central, la luz más tenue es la que acompaña el recorrido de los fieles.
Foto:Homero Monsalves


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