VIDA Y SALUD

Domingo 26 de Enero de 2003

Radioaficionados en Chile:
Un pasatiempo más allá de las catástrofes

Pese a la internet y los teléfonos celulares, los radioaficionados mantienen su espacio e incursionan como pioneros tecnológicos.
Nicolás Olea

"Cuando 45 niños se perdieron volando en un avioncito de papel, entre ellos mi hijo, me animé a tocar el timbre de todas las puertas de Chile. Y me di cuenta de que estaban abiertas y que aquella campanilla era innecesaria, porque el chileno siempre recibe con la casa abierta y el corazón en la mano".

Este mensaje fue escrito por el pintor Carlos Páez Vilaró, padre de uno de los sobrevivientes del accidente aéreo que cobró la vida de 29 pasajeros uruguayos cerca de San Fernando, hace 30 años. Carlos Páez hijo volvió tras 72 días desaparecido, para reencontrarse con su padre en las actuales dependencias de la 18ª comisaría de Ñuñoa, donde el subteniente de Carabineros Ricardo Schaffer acompañó su vigilia al lado de su equipo de radioaficionado.

Como Páez, el país se acuerda de los radioaficionados para las tragedias. Temblores e inundaciones inhabilitan las redes de comunicación y sólo quedan en pie quienes participan de este hobby.

Básicamente, una persona emite señales - textos, imágenes, mensajes de voz, pulsos en morse, etc.- a través de un equipo de radio en una determinada frecuencia. Otro la sintoniza (igual que las radioemisoras) y decodifica el mensaje.

La actividad tiene más de 10 mil practicantes acreditados, aunque el último cómputo de la Federación de Clubes de Radioaficionados de Chile (Federachi) contabiliza 6.553 licencias hasta el 30 de mayo de 2002. Los menores de 40 años componen apenas el 23,6 %, poco más que el total de mujeres (19 %).

Sólo dos mil personas ejercitan habitualmente este pasatiempo, lo que en comparación con el esplendor de mediados de los 80, donde se expendieron más de 17 mil licencias, muestra debilitada la actividad. Sin embargo, tiene de qué afirmarse.

En ese entonces, muchos dueños de fundo y habitantes de zonas apartadas superaron sus carencias de comunicación con equipos de radio. Estos "radionecesitados" desaparecieron con la telefonía celular e internet, lo que el aficionado Guillermo Guerra considera positivo. "Esto no es sólo hablar. Experimentamos con ondas y con la masificación de los satélites podemos tomar fotos a la Tierra o hablar con astronautas. Los viejos experimentaron cuando se construían las radios, hace décadas. Ahora los desafíos son otros y pueden atraer a los jóvenes".

Terreno virgen

Guerra construyó una estación satelital en el patio de su casa, para comunicarse con el espacio exterior. Además liderará una expedición a isla Mocha, que activará por primera vez las bandas HF, VHF, UHF y 6 metros. Así, entre el 5 y 9 de febrero, numerosos aficionados del mundo lucharán por contactarse por primera vez con un terreno "virgen" en estas lides. Como trofeo, quienes lo logren conseguirán una tarjeta especial para la ocasión.

La QSL plana es una postal que certifica que el mensaje fue copiado o comprendido, enviada por correo entre quienes empalmaron la comunicación. La tarjeta lleva los datos del contacto y la característica del remitente. En el caso del Radioclub de Carabineros, CE3AV: CE de Chile, 3 de la Región Metropolitana y AV de "amigos verdes". Se lee Charlie-Eco-Tres-Alfa-Víctor.

No sólo la merma de radioaficionados aflige a esta práctica en Chile. Problemas con la Subtel, la Onemi y las municipalidades empañan este pasatiempo.

Sin licencia

Desde 1982, cuando se liberó la compra de equipos desde el extranjero, no es necesaria una licencia. Sin embargo, la facilidad ha sido aprovechada por algunos usuarios para interferir comunicaciones, acto penado por la ley. "La Subtel no tiene personal para fiscalizar esto. Por suerte se han salido hartos con la llegada del celular", reconoce el ex presidente de Federachi, Fernando Sánchez (CE3FYK).

La Oficina Nacional de Emergencia también plantea sus reparos. Su director, Alberto Maturana, protesta por el desorden de la organización. "No confiamos en ellos. Hay un temblor e interfieren las bandas con informaciones imprecisas. Algunos tienen buenas intenciones y buscamos coordinar una acción conjunta, pero no son capaces de nombrar un vocero".

Sánchez se defiende asegurando que, por la cobertura de los equipos, la coordinación no puede centralizarse. "Un radioaficionado de General Lagos - I Región- no alcanza a contactarse con Iquique y menos con Santiago. Entonces, ¿de qué sirve un mando central?".

Finalmente, las municipalidades: "Dicen que nuestras antenas son peligrosas como las de los celulares. Pero las ondas de radio son más débiles. Además, reclaman que las antenas pueden caerse y mandan a fiscalizarlas por ingenieros, a pesar de que entre nosotros hay muchos de ellos", apunta el ex timonel.

El futuro se llama César

El gran orgullo de la radioafición chilena viajará al espacio. Se trata de César 1 (CE de Chile, S de Satélite, A de Aficionados y R de Radiocomunicaciones), que aspira a ser el primer satélite chileno operativo, construido en su totalidad por radioaficionados criollos.

Ignacio Martínez, gestor del proyecto, no esconde su satisfacción: "Faltan 250 mil dólares, que ojalá vengan del Estado. Hemos hecho toda la inversión, trabajando según nuestras posibilidades. Nos ayudan algunas empresas, como Entel y gente de la Armada, pero el trabajo es nuestro".

Fernando Sánchez reconoce el esfuerzo de la fundación: "Imagínate que un radioaficionado armó toda la corteza de aluminio en su fábrica metalúrgica. Es una estructura compacta que pesa una enormidad. Y la trabajó con sus propias herramientas".

César 1 girará en una órbita ubicada a 800 kilómetros de la superficie terrestre y pasará sobre Chile 5 ó 6 veces por día, acumulando 18 minutos diarios de dedicación exclusiva a las actividades locales: repetición de datos, difusión de un boletín para todo el país, comunicación entre "handys" a través de dos mil kilómetros y estudios de órbita y gravedad.

Tras los fallidos esfuerzos de la Fuerza Aérea, a través de Fasat Alfa y Bravo, el equipo contempla construir dos unidades más, para desarollar experimentos ligados con el agua del Océano Pacífico y el uso de suelos agrícolas.




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Para Guillermo Guerra, ya pasó el tiempo en que cada uno armaba su propia radio.
Para Guillermo Guerra, ya pasó el tiempo en que cada uno armaba su propia radio. "Las nuevas tecnologías ofrecen posibilidades que pueden ser muy atractivas para la juventud", afirma.
Foto:Cristián Carvallo
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