REPORTAJES

Domingo 22 de Octubre de 2006

EL ÚLTIMO DESAHOGO DE JUAN PABLO DÁVILA ANTES DE VOLVER A PRISIÓN POR EL CASO CODELCO:
El ministro Benquis dirigió la investigación para proteger a personas

Cuando cumplía casi seis años en libertad, estrenaba nuevo trabajo y planeaba adoptar un hijo con su segunda mujer, la Corte Suprema lo condenó a volver a la cárcel por fraude al fisco. A días de su reclusión, conversa con "El Mercurio". Y, aunque reconoce "errores", acusa una trama política en la investigación que encabezó el ex ministro Benquis por más de una década.

Andrea Sierra
Desde Temuco

Juan Pablo Dávila abre la Biblia y lee el capítulo 2, versículo 10 del Apocalipsis. "No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré con la corona de la vida". Son las 6 AM del jueves y el principal imputado por el mayor fraude económico cometido en Chile, que costó 208 millones de dólares a Codelco, se da tiempo para la oración.

Su vida acaba de sufrir un cambio radical. Se prepara.

Tras doce años de investigación, la Suprema ratificó un fallo de la Corte de Apelaciones que lo obligará a volver a prisión por siete años, pagar una indemnización de 186 millones de dólares a Codelco y una multa de casi $2 millones. En una semana más estará en la cárcel, piensa. Respira hondo. Y junto a su segunda esposa (Marcela, 33 años) emprende desde Chillán el rumbo a Temuco, donde está su abogado, para reunirse con "El Mercurio".

"Tengo mucho de qué arrepentirme", dice. Y aunque está triste, pues sabe que la sentencia cortará de raíz los proyectos de rehacer su vida y el anhelo de adoptar un hijo a los 47 años, saca la voz para acusar de irregularidades al ex ministro de la Suprema que encabezó la investigación en su contra, José Benquis, y detallar cómo se gestó la intrincada madeja, a su juicio política, que hace doce años cambió su vida para siempre.

"Tengo una sensación de pesadumbre", dice. Sus marcadas ojeras y una calvicie incipiente lo avalan. Pero no se declara sorprendido.

-¿Por qué?

-Porque durante los últimos 12 años el proceso siempre fue dirigido hacia un solo objetivo. El fallo no me sorprende.

-¿Se arrepiente?

-Por supuesto. Hubo muchas cosas que se hicieron incorrectamente, que es lo que pasó en Codelco. ¡Nunca se debió haber especulado!, pero yo no especulé porque a mí se me ocurriera; quizás nunca se debió llegar a los niveles de operaciones que se llegó, pero los riesgos eran conocidos por todos.

-Claro que hay que arrepentirse de cosas -reitera, al tiempo que se toca el cuello, donde habita una roja cicatriz de un antiguo tumor, el que fue la señal del diagnóstico del cáncer testicular que ahora le impide tener hijos.

Sigue:

-Hay que arrepentirse de lo que se hizo, hasta donde se llegó, de la situación que se provocó. Las operaciones de mercado a futuro se siguen haciendo en Codelco y tarde o temprano habrá pérdidas, pero no se harán públicas. Mirando retrospectivamente, uno dice: si hubiera sido más cauto, si se hubiese pensado con mayor claridad, si se hubiese tenido un consejo en el momento oportuno...

-¿Pero usted reconoce que hizo transacciones para apropiarse de dineros a través de Codelco?

-No se hizo ninguna transacción generando alguna coima, como las personas piensan.

-Pero la investigación reveló que usted tenía cuentas en las islas Caimán...

-Yo abrí, por los años ochenta, una cuenta en el Deutsche Bank en la calle Estado. Dónde esa institución ubicara la cuenta no es problema mío. Además ahí estaban mis platas, porque yo no nací en Codelco. Trabajé en otras empresas y en el mercado financiero durante varios años.

-Pero nadie en Chile, menos un funcionario público, llega a acumular millones de dólares...

-Yo no soy empleado público, nunca fui contratado como tal y tampoco sujeto a sus normas y regulaciones. En la cuenta de Deutsche Bank había 1,5 millón de dólares. Eso se explica porque yo recibí una instrucción de consultarles a varios corredores si a cambio de una importante operación de cobertura de riesgo que se iba a realizar estaban dispuestos, con parte de sus utilidades, a pagar dinero para comprar una máquina para cálculos renales para el Hospital Militar. Esa instrucción llegó directamente de La Moneda. Y es una parte del dinero, porque efectivamente estaban en dicha cuenta. La máquina se compró y quedó un remanente, pues valía menos de lo que se había indicado. Pero el ministro Benquis, gran investigador, nunca revisó eso, sino que asumió que yo hice una operación que le había ocasionado un daño a Codelco. Nunca debí acatar dicha instrucción.

-¿Qué bienes tiene hoy día Juan Pablo Dávila?

-Ninguno. Tengo todo embargado.

-El vicepresidente de Estrategia y Gestión de Codelco, Juan Eduardo Herrera, dijo que hay entre 5 y 10 millones de dólares perdidos y que usted los tiene en alguna parte...

-Eso es falso.

-¿Y cómo pagará la indemnización por US$ 186 millones a Codelco?

-No se paga. Es imposible.El "Davilazo"

-¿Cuál es su versión de lo que ocurrió en el llamado "Davilazo"?

-En Codelco se llevaban a cabo operaciones de alto riesgo financiero que involucraban un alto grado de especulación. Se ganó mucho dinero, pero llegó un momento en que pensando que el mercado iba a bajar, actuó por razones técnicas a la inversa. Eso generó que yo tomara la decisión, como encargado del departamento, de cerrar el libro del cobre, con una pérdida que en esa oportunidad era en torno a los 90 millones de dólares, pero adicionalmente se dejó una posición de compra abierta pensando que el cobre iba a subir. De ahí en adelante las operaciones fueron manejadas por los ejecutivos de aquella época, como Juan Eduardo Herrera.

-¿Y cuándo se pierde el resto del dinero?, porque las pérdidas sumaron US$ 207 millones...

-Cierran los libros de cobre y la gente de Codelco sigue estimando que el precio no va a subir, sino que va a bajar. Me acuerdo patente que se le dijo al ministro Benquis que pidiera el libro para saber cuáles eran las posiciones, y qué se estaba haciendo con ellas, porque en caso de subir el precio las pérdidas se anularían y habría una pequeña utilidad. Hay una declaración mía de aquella época diciendo que el precio del cobre iba a subir por sobre los 100 centavos y que a ese nivel no debía existir la pérdida, pero la respuesta fue que eso era especular, que eso era una mentira, que era otro invento más de Juan Pablo Dávila y se cerraron las posiciones. Es más, Codelco compró una cantidad muy alta de millones de dólares en una opción llamada "Put" pensando que el precio iba a caer, pero subió. Ahí se genera la diferencia.

-¿Cuál fue a su juicio el gran error de Juan Pablo Dávila?

-Haber llegado a un nivel de operación tan alto que generara tamaños riesgos. Cuando se ha hablado de que no existía control, ¡sí existía control!, porque las informaciones se le entregaban al Banco Central mensualmente de acuerdo con la ley. Sí había control porque se le informaba al comité de mercados a futuro todas las operaciones. Sí había control porque yo hacía las operaciones con las cuatro o cinco personas que trabajaban conmigo. Esos fueron mis errores. Llevar esto más allá de lo prudente, como también prestar servicios a terceras personas sobre las materias en que yo era experto. A mí se me pidió hacer las coberturas de El Bronce cuando el vicepresidente ejecutivo de Codelco era Alejandro Noemi y El Bronce es de la familia Noemi, que al final pagó nueve millones de dólares a Codelco para que no siguiera adelante con ningún tipo de acción legal. Esos errores me condujeron finalmente a una debacle familiar, personal. En eso pienso que hay que hacer un mea culpa y aprender.La familia se desmiembra

-¿Cómo enfrenta que haya sido su cuñado quien lo acusó, como dijo el juez Benquis?

-Yo tengo mi opinión sobre Benquis. Él manifiesta que lamenta mucho que Marcelo Avendaño, que es casado con una hermana de mi ex mujer (Ximena Pradenas), fuese condenado con pena remitida. Y lógico, porque a él se le ofreció impunidad en virtud de que declarara en contra mía.

-Marcelo, por razones personales, sentía un gran temor de pisar la cárcel y a él se le ofreció eso. Aún recuerdo el día en que me llevaron a un careo con él, pero en realidad fue con el ministro Benquis. Marcelo Avendaño nunca contestó una pregunta, eran balbuceos y el que redactaba las respuestas fue el ministro. Avendaño no es la pieza clave que el ministro dice, sino sólo un medio para que en el expediente quedara lo que me perjudicara. A él nunca se le ha tocado ningún bien, nunca se le hizo un embargo. Y él era el dueño de la empresa que representaba a los corredores, fue entrenado en Londres y Nueva York y fue el representante del corredor ante el Banco Central.

-Si la historia es como usted la cuenta, ¿por qué es el principal acusado?

-Porque había que culpar a alguien. ¿Cómo explicarle al país que Codelco entró al negocio de la especulación y perdió, si no era a través de generar un delito?

-Pienso que hay responsabilidades de distinta magnitud. Desde quien dirigía la compañía en aquella época, el presidente de la empresa; de quienes conformaban el comité de mercados a futuro y tomaban las decisiones y que después dijeron "nunca supimos"; hasta la persona que estaba a cargo de la ejecución que soy yo. Todos tenemos responsabilidades, pero ¿dónde se corta el hilo para hacer pagar las responsabilidades? En mí.

Juan Pablo Dávila continúa:

-El ministro Benquis, que ahora se atribuye una investigación acuciosa y ciertos méritos, lo que en realidad hizo fue dirigir la investigación para proteger personas y hacer caer la responsabilidad sólo en mí. El juicio, durante 12 años nunca tuvo la intención de aclarar con exactitud qué es lo que ocurrió dentro de Codelco y si hubo o no una pérdida real, negligencia o delito. Desde un principio, a las pocas semanas de iniciado este tema, ya había un culpable en el tema: yo. Entonces, cuando tú tienes un ministro con una idea preconcebida, entonces no le creo. Yo me acuerdo de una frase que él me dijo: lo único que vale en un caso judicial es lo que queda en el expediente y ¿qué quedó en el expediente? Solamente lo que quisieron que quedara.

-¿La justicia se ha pronunciado dentro del expediente si yo era empleado público o no? Porque si yo soy empleado público, todos los demás lo son y están impunes. Por eso, vamos a ir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La Corte Suprema aprobó que Noemi, Guerrini, Derpch y Trivelli no eran funcionarios públicos y, por eso, fueron dejados en libertad. Ellos también trabajaban en Codelco. Se han establecido diferencias arbitrarias.

-¿Usted cree que hay otras personas tan culpables como usted o más?

-Yo era el jefe de departamento de mercados a futuro, yo hacía las operaciones, pero no firmaba los cheques. Y durante años se pagó con cheques a los corredores... ¿O una persona que firma un cheque de 7, 9, 10 millones de dólares no va a preguntar qué es lo que está firmando? Es impensable. Cuando a mí me dicen esto lo hizo Juan Pablo Dávila escondido, en un cuartucho, en un cuarto piso...Yo no lo creo. Es imposible pensar que una persona en una empresa de ese tamaño haya hecho todo lo que se supone que hice sin que nadie supiera nada. Los corredores estaban registrados en el Banco Central, había sistemas de auditoría que funcionaban y otros que se estaban construyendo a solicitud mía.

-¿O sea, usted intenta decir que no hubo fraude de su parte?

-No hay robo, no hay lucro. Las operaciones se hicieron con más de 20 corredoras, donde el corredor que se supone que me pagó coimas representaba el 1% que era Sogemín, que lo representaba Avendaño en Chile. Entonces, Codelco alegó porque la comisión pagada a su representante en Chile era excesiva y, por eso, pidió la devolución de dinero, pero esa comisión no la recibí yo, sino Avendaño. Y lo que se pregunta Herrera debería preguntárselo a Avendaño y no a mí. Y Benquis se apena mucho porque Avendaño haya sido procesado. Por algo será.

-¿Qué relación tienen Avendaño y Benquis?

-Yo creo que a Benquis, Avendaño le cayó como anillo al dedo para configurar esta figura y poder condenar a Juan Pablo Dávila. ¿Iba a condenar a Noemi? ¿Al sobrino del Presidente de la República de la época, Patricio Aylwin? ¿Al ministro de Minería? No. Tenía que ser alguien que no pertenecía a un partido político, que no tenía vinculación de poder. Yo.

-A usted lo han acusado de mitómano. ¿Cómo responde a eso?

-La mejor forma de debilitar a una persona es desprestigiarla. Y ésta ha sido una campaña permanente que ha durado 12 años, pero la gente común no es tonta y sabe leer entre líneas.

DÁVILA RELATA SUS CINCO AÑOS EN LIBERTAD TRAS EL ESCÁNDALO:

"Fueron los años más felices de mi vida"

En junio de 2000, Juan Pablo Dávila sentía que su vida había cambiado. Tres años y medio en prisión lo acercaron a Dios, dice él. Por eso, una vez libre lo primero que hizo fue bautizarse en una de las iglesias adventistas que hay en Viña del Mar.

Escogió su pasaje bíblico favorito. Apocalipsis 2, versículo 10, que fue leído en la ceremonia. En ese entonces él no sabía que quien sería su segunda esposa también había elegido ese texto cuando decidió entregarse a la fe cristiana, hace casi 20 años, cuenta.

Pese a su imagen dañada, Dávila encontró trabajo asesorando empresas en Quillota, algo que incluso hizo mientras estaba recluido. Algún tiempo después, la Iglesia Adventista le pidió que hiciera clases en el Colegio Técnico profesional de Los Ángeles y en la universidad de la congregación en Chillán.

En ese tiempo, dice, vivió tranquilo. La gente no lo molestaba y muy pocos lo reconocían como el protagonista del gran escándalo financiero de Codelco. Planeaba adoptar un hijo y mantenía una buena relación con sus dos hijas del primer matrimonio.

"Fueron los años más felices de mi vida".

La suerte comenzaba a cambiar.

Su esposa, con quien contrajo vínculo en 2002, trabajaba como sicóloga en la Universidad Adventista, donde sigue hasta hoy, y Dávila logró sumar una nueva ocupación, la dirección ejecutiva del Hotel Las Terrazas, en Chillán, donde logró un alza en la ocupación de hasta 80%.

Pero todo se desmoronó de golpe este lunes, con el fallo de la Corte Suprema que lo obligará a volver a la cárcel.

LUIS MENCARINI, ABOGADO DEFENSOR:

"Iremos a la Corte Interamericana de Derechos Humanos"

"Vamos a ir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos", dice el abogado de Juan Pablo Dávila, Luis Mencarini, quien llegó al caso por su cercanía con la hermana mayor del ex operador de Codelco.

A su juicio, inculpar a Juan Pablo Dávila "fue la única forma de explicar al país las pérdidas de Codelco", afirma.

A su juicio, el ex ministro Benquis exculpó al resto de los involucrados del caso - funcionarios de mayor jerarquía de Codelco- para acercarse a la Democracia Cristiana, que en ese entonces estaba en el poder.

"Benquis encontró en esta causa la forma de llegar a la Suprema. El Presidente de la República era Patricio Aylwin, tío del vicepresidente ejecutivo de Codelco, cuando ocurrieron los hechos. En ese círculo se metió Benquis para llegar a la Suprema. Por eso es que él cerró todos los caminos que afectaban a las personas que debía proteger", afirma.

Mencarini agrega: "Traté de hablar con Soledad Alvear, cuando era Ministra de Justicia, para que no le negaran a Juan Pablo los beneficios penitenciarios que el consejo de la unidad le otorgó cuando estaba preso en Quillota. Lo mismo ocurrió con Zaldívar. Nadie me recibió".


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
En el centro de Temuco, Juan Pablo Dávila acepta conversar con
En el centro de Temuco, Juan Pablo Dávila acepta conversar con "El Mercurio" a pocos días de entrar a la cárcel a cumplir una sentencia de siete años.
Foto:Mario Quilodrán


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales