EL SÁBADO

Sábado 18 de Febrero de 2006

Osvaldo Puccio, ministro secretario general de gobierno
El vocero a capella

El verano le hace tan bien, que ahora Osvaldo Puccio ronca en La Moneda.
Por Ximena Pérez Villamil
Foto: Juan Eduardo López

Nos quedó dando vueltas. ¿Cómo es que el ministro tranquilo y de hablar cansino se infartó? Llevaba 20 días como embajador de Chile en Brasil, en septiembre de 2003, cuando su corazón se agotó y terminó asistido por tres by-pass.

La respuesta está en sus genes. Su padre murió de un ataque cardiaco a los 55 años, después de sobrevivir a dos avisos, uno de ellos cuando estaba relegado en la Isla Dawson. Su hijo ­el actual ministro Secretario General de Gobierno­ pidió ayuda y escuchó decir a un oficial "lo mejor que puede hacer es morirse para no gastar balas".

Su familia es de colesterol alto. El suyo lo mantiene a raya "a pura pichicata" después del infarto que le llegó a los 50. Quien lo atiende es su hermano menor, José Miguel, cardiólogo y uno de los médicos de cabecera del Presidente Lagos. Se especializó en corazón precisamente por lo ocurrido con el jefe de familia.

Osvaldo Puccio no sólo comparte la condición genética de su padre, sino también su nombre y su pensamiento político. Y lo más importante: parte de su destino. El 11 de septiembre de 1973 debía dar un examen en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, pero decidió acompañar a su padre ­secretario privado de Salvador Allende­ a La Moneda y cumplir después con su obligación estudiantil.

Por cierto, cuando salió de Palacio lo hizo con los brazos en alto y rumbo al Ministerio de Defensa. De allí pasó por varios lugares y situaciones poco felices (estuvo 73 días incomunicado en Las Melosas, un recinto de Carabineros en el Cajón del Maipo) hasta reencontrarse con su padre en la Escuela Militar. Un oficial pasó lista y cuando fue el turno de Osvaldo Puccio, dos hombres ­uno de 20 y otro de 47­ dieron un paso al frente. "Ah, son dos", dijo el militar. Y ordenó que subieran a un bus que los llevaría, avión mediante, a la Isla Dawson.

­¿Quién marcó más su vida: Allende o Pinochet?

­Allende le dio un sello a mi vida. Pinochet ha sido de una agresiva intrusividad en una vida que nadie quisiera haber tenido jamás.

A Salvador Allende lo trataba de tío y de usted. Jamás vio a nadie que lo tuteara. "El imponía una gran presencia". Allende dicho sea de paso, fue la primera palabra que Puccio aprendió a escribir, a los tres años y medio, a instancias de los amigos socialistas de su padre. Lo hacía de derecha a izquierda, partía por la E y terminaba en la A. "Yo tengo una gran admiración por Allende como la puedo tener por José Manuel Balmaceda. Es un personaje muy potente de la historia".

Allende llamaba a Puccio "compañero joven".

"El punto de click fue la Vivi"

Como fue de los últimos ministros del gabinete en llegar a Palacio, en mayo del año pasado, optó por no tomarse vacaciones. Y como avisó con tiempo, los que sí pensaban salir en febrero le pidieron que los reemplazara. Por eso, las dos semanas anteriores, sumando y restando, ocupó cuatro ministerios simultáneamente. El suyo, Interior (Francisco Vidal), Defensa (Jaime Ravinet) y Secretaría General de la Presidencia (Eduardo Dockendorff).

­¿Cómo estuvieron esas reuniones de gabinete consigo mismo que anunció?

­Como todas las reuniones conmigo, entretenidas.

­¿Viudo de verano o bien acompañado?

­Bien acompañado.

­¿Su mujer austríaca no toma vacaciones?

­Qué más vacaciones que estar conmigo.

La aludida, Ingrid Kohlhofer, a la que conoció mientras era embajador en Austria durante el gobierno de Frei, es una mujer poco convencional para los cánonces chilenos. De partida, va todos los días al centro en bicicleta. Y vive en Colón 7.000, en uno de los departamentos del complejo Imago Mundi, "con sus 2.500 habitantes técnicamente podría ser comuna y tener alcalde", acota con ese fino humor que tuvo escondido y que los chilenos hemos apreciado en estos meses de calor. El departamento se lo prestó un amigo cuando Puccio llegó de Brasil, separado de Ulrike, su primera mujer, una alemana que conoció en la RDA, donde vivió su exilio.

Ingrid va al centro ­incluida La Moneda­ en bicicleta con canasto y de vestido, aros, cartera y pulsera. Y según quienes la han visto, no transpira.

La primera vez que apareció en Palacio no la dejaron entrar. Tuvo que llamar a su marido para que intercediera por su vehículo que desde entonces deja estacionado detrás del portón o en la salita a mano derecha, donde el que no está anunciado entrega su carné.

"Debería aparecer porque me dijo que quería no sé qué cosa", anuncia el marido sorprendido ante nuestro interés por saber qué tanto hace Ingrid en el centro. "Tendrías que hablar con ella", se disculpa. El problema es que el castellano no es su fuerte. Ingrid no entendía por qué Vivi Kreutzberger, en su programa, amenazaba a su marido con "echarlo al agua" si no había una piscina en el estudio.

"Anda buscando casa para comprar", explica para nuestra tranquilidad. Puccio y su mujer quieren vivir en el centro. Pasamos el aviso: están buscando algo por la Plaza Brasil.

­La gente que lo conoce sabía de su buen humor, pero usted nos tuvo tantos meses con el lado B, guardándose la mejor parte.

­Al principio algunos medios me trataron mal (se refiere a la denuncia de que recibía dinero de asesorarías a Codelco mientras era embajador en Brasil, cosa que aclaró que no era así). Lo segundo es que el contraste con Pancho Vidal (su antecesor) era muy grande. Era un cambio de estilo muy violento. Me despertaba en la noche pensando qué irían a decir los diarios al día siguiente. La responsabilidad más grande que uno puede tener en la vida es ser ministro. Luego de ser papá, obviamente.

Cree que los chilenos se fueron acostumbrando a su manera de ser. "El punto de click fue la Vivi", dice por el programa de la hija de Don Francisco, donde cocinó, bailó y mostró su faceta graciosa.

­Sus bonos suben justo cuando le queda menos de un mes.

­Así es la vida. Pero viene un sucesor (Ricardo Lagos Weber) que además de ser profesionalmente muy preparado, es un chato súper simpático, con sentido del humor.

No le parece mal que Lagos Weber pueda ser visto como un continuador del gobierno de su padre, "porque siendo tan exitoso es un plus, no un minus". Su presencia, más que un elemento que contamine la gestión de Michelle Bachelet, "por el contrario, la fertiliza".

Le gustan los juegos de palabras al vocero, que asegura que no tendría problemas en volver a hacer asesorías a Codelco, una vez que abandone su cargo, "si me lo piden".

A veces, puede ser malvado. Como cuando sostuvo que la visita de Iván Moreira, el vocero veraniego de la UDI, a Lucía Pinochet Hiriart, era equivalente a comentar "una cueca de curados" el 18. "Moreira en lo personal no es un tipo que me caiga mal. Además tiene un mérito: independiente de si tiene razón o no, él ha sido muy consecuente en su pinochetismo cuando el pinochetismo en Chile ya no paga. Creo que hay una conducta más consistente que la de otros personajes que profitaron mucho más del régimen de Pinochet y si te he visto no me acuerdo".

que Pinochet no vaya a la cárcel

Puccio también fue leal con el fallecido Erich Honecker, el hombre que dirigió con mano de hierro los destinos de Alemania Oriental.

En sus 10 años de exilio en la República Democrática Alemana, como le gusta decir, jamás estuvo con el jerarca, pero en Chile lo visitó en su casa de La Reina. Fue a recibir a su mujer, Margot, al aeropuerto cuando llegó a vivir a nuestro país y la invitó a su cumpleaños número 50, en el estadio del Colegio Médico en La Dehesa. "Estaban desde Álvaro Saieh y Andrés Allamand hasta Margot Honecker y Lucho Corvalán (ex secretario general del PC)", cuenta haciendo notar la transversalidad de sus 80 invitados.

­¿Honecker fue un dictador o el Presidente de Alemania Oriental?

­Honecker era el jefe de un país donde funcionaba un sistema político que se entendía a sí mismo como una etapa superior, en la que una clase social, en este caso, la clase obrera ejercía el poder total. Claramente, esa forma de hacer socialismo era una dictadura y así se autodefinía, como la dictadura del proletariado. Yo tenía claro que no era el tipo de régimen político que me gustaba ni que quería, y eso lo pude expresar en la universidad (de Leipzig, donde estudió filosofía hasta doctorarse después de nueve años).

Tenía 21 años cuando aterrizó en la RDA y lo mandaron a un internado en Leipzig, donde los alumnos extranjeros iban el primer año a aprender alemán. Allá conoció a Ulrike, "la gringa", encargada de los tutores que ayudaban a estudiar a los extranjeros. Le preguntamos si le echó el ojo altiro y él, socarrón, responde que "le echo el ojo a todas las mujeres". Al poco tiempo, vivían juntos en el departamento asignado por el Estado, donde ya habían aterrizado sus padres, sus dos hermanos ­Carlos y José Miguel­ y sus respectivas pololas. A decir verdad, eran dos departamentos pegados, por lo que ninguno tuvo que dormir en el living.

­¿Hay, a su juicio, diferencias entre Pinochet y Honecker?

­Siderales. El mundo socialista era reconocido internacionalmente, no era paria como el gobierno de Chile. Era un mundo muy activo en el sistema multilateral ­con la ONU, no sólo con el Pacto de Varsovia­, había un tipo de represión en que la norma era mucho más institucionalizada. Nunca se habló de detenidos desaparecidos.

Admite que el Muro de Berlín "era el tema de mayor malestar social", pero él lo cruzaba a diario, pues iba a buscar la prensa chilena para que el equipo del comité de Chile, que funcionaba en la RDA, editara una publicación "fantástica", según él, que se repartía en todos los países europeos donde había exiliados chilenos. Algo parecido a lo que hace su ministerio, que muy temprano prepara una radiografía con las noticias de diarios y la televisión, comentarios positivios y negativos que entregan a los ministros de La Moneda.

Cuando regresó, en 1984, Puccio se encontró con la paradoja de que "en Chile había mucho más espacio para la prensa democrática que allá".

­Si Honecker murió tranquilo en Chile, ¿por qué no puede hacer lo mismo Pinochet?

­A mí cómo se muera Pinochet....

­No me refiero a la forma física, sino a que lo haga sin juicio.

­Porque en Alemania decidieron que no había motivos para (ser juzgado por) el Poder Judicial.

­Honecker no fue enjuciado porque tenía cáncer terminal. Si Pinochet estuviera gravemente enfermo, ¿sería justo que los tribunales chilenos lo dejaran morir sin juicio?

­A ver, yo en ese sentido creo que los derechos humanos valen para todos. Yo creo que en los sistemas penales modernos ninguna persona mayor de cierta edad debería tener penas de cárcel.

­Si de usted dependiera, ¿no le daría una pena aflictiva?

­Ah, no, ¡absolutamente!

­¿La cambiaría por otra pena: reclusión domiciliaria por ejemplo?

­Yo no sé, en los sistemas más modernos hay reclusión domiciliaria o libertad controlada. Yo soy muy poco partidario de la pena de cárcel en todas sus formas. El derecho penal debe ir avanzando hacia formas más modernas de castigo.

Puccio no es rencoroso y sabe hacerse querer. En el año y medio que estuvo como embajador de Chile en Brasil, se disfrazó de Viejito Pascuero y cargando una bolsa al hombro repartió regalos a los hijos de los funcionarios. "Yo era el con más guata", dice y recuerda que no abría la boca para que no lo fueran a pillar. Su portugués no era tan bueno como su alemán.

Tanto cariño le tomaron que la embajada, en masa, fue a despedirlo al aeropuerto de Brasilia a las 5 de la mañana cuando regresó.

En La Moneda su gente destaca que puede ir en micro a comer al Centro Vasco, en Vicuña Mackenna, o en Metro al restorán El Parrón de Providencia. También puede salir a pie y volver con una bolsita de la farmacia o esperar a que lo atiendan en el mesón del banco.

Tiene otra gracia: es capaz de hablar mucho sin decir nada. Como cuando le preguntamos, post revelaciones de la tragedia militar en la Antártica, si al general Cheyre después del "Nunca más", el gobierno le perdona todo. "Es un respaldo que se orienta a lo que ha sido una transformación institucional muy relevante y los otros temas están donde deben estar, en la investigación interna y en su judicialización".

Foro: ¿Cuál ha sido el mejor ministro de lagos?
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Foto:Juan Eduardo López


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